“Un film le cambió la vida”

Image1948. Londres, capital inglesa, es la sede de los Decimocuartos Juegos Olímpicos de la Era Moderna. El calor es sofocante en la víspera de la Ceremonia de Inauguración. La alta temperatura reinante provoca que muchos de los participantes tengan que ser hidratados, aunque no impide que estos intercambien saludos, experiencias… El calor no limita el nacimiento de nuevas amistades.

Llama la atención un jovencito húngaro, de no tan elevada estatura, pero de fuerte complexión. Tiene 22 años y sus 75 kilogramos de peso definen una excelente musculatura. Es Laszló Papp, y muchos no imaginan que está a punto de entrar en la historia del olimpismo y del boxeo mundial.

Es una estrella que apenas titila pero que no resulta inadvertida para la prensa. Antes de su llegada a la cita londinense ya había sido blanco de muchas críticas positivas:

–       “Laszló Papp parece hipnotizar al adversario con su fija y persistente mirada. Sus movimientos despiden tranquilidad. Seguridad en sí mismo. Espera. Avanza. Retrocede. Aprieta sus puños contra el pecho y, mientras el adversario, nervioso, evita ponerse al alcance de sus puños, él juega como el gato con el ratón. Sabe que, tras intercambiar los primeros golpes, el nerviosismo del contrincante se convertirá en miedo”.

Si bien es cierto que no posee títulos importantes en Laszló Papp han sembrado una gran esperanza de título y no defrauda. Antes de discutir la final de la categoría 75 kilogramos derrota, inobjetablemente al finlandés Valfrid Resko,  a Jean Welter, representante de Luxemburgo, y al belga Auguste Cavignac, todos por nocaut, y por decisión unánime de los jueces a Ivano Fontana, de Italia.

En el combare por la medalla de oro se enfrenta a John Wright. Un marino inglés, mucho más alto que el magyar, pero este no se amilana. Papp, desde el mismo primer asalto toma la iniciativa de las hostilidades y a ritmo de jabs y ganchos al rostro le proporciona una gran paliza al inglés:

–       Tú eres más fuerte que él, Lasló- Grita su entrenador Zsigmon Adler- Si vences me tiro con ropa a la pileta.

El segundo y tercer round son copia fiel del primero. De la fuerza de los golpes, la inteligencia y una depurada técnica nace una simbiosis muy difícil de superar. Por eso nadie se sorprendió con el veredicto final del partido:

–       Vencedor, y nuevo Campeón Olímpico de la categoría boxística de los 75 kilogramos, de Hungría, Laszló Papp.

Todos lo abrazan. Todos lo agasajan. Todos incluyendo al húngaro Ferenc Mezó, miembro del Comité Olímpico Internacional:

–       A este magnífico muchacho solo lo supera el boxeador siciliano Tisandros, nacido en Naxos, quien hace 2 mil 400 años ciñó a su frente su cuarta corona olímpica. Brindemos pues por el Tisandros húngaro.

Acto seguido el directivo del Comité Olímpico Internacional se lanza, con ropa, a la pileta junto a Zsigmon Adler, el entrenador de Papp, cumpliendo la promesa que este último había hecho:

–       Si ganas me lanzo con ropa a la pileta.

Laszló, por su parte, llora de alegría. Llora y recuerda. Recuerda que en Budapest, capital de Hungría, era un muchachito aprendiz de técnico industrial, que buscaba ser estrella en el fútbol para lograr una mejoría económica. Buscaba ser estrella de fútbol pero la película “El último round” hizo que su vida diera un cambio brusco: Hace que abandone el reino de los golpes y se inserta en el mundo de los cuadriláteros.

Se propuso no ser segundo de nadie y lo consiguió.

Tras su oro olímpico de los 75 kilogramos en Londres’ 1948, sumó los de los juegos de Helsinki’ 1952 y Melbourne’ 1956 pero llama la atención que se tituló en divisiones inferiores. En los 71 kilos y 67 kilos en Helsinki y Melbourne respectivamente. Hizo caso omiso al aumento de peso que experimenta el ser humano con el transcurso del tiempo y en 12 años disminuyó 8 kilogramos, sin perder su forma física.

Laszló Papp, con su título olímpico en Melbourne’ 1956, se convirtió en el primer boxeador que logra tal hazaña. En la actualidad, aunque comparte esa distinción los cubanos Teófilo Stevenson y Félix Savón nadie olvida que el ídolo magyar tiene la primicia.

Papp nació en Budapest, capital húngara, el 25 de marzo de 1926 y falleció, en la misma ciudad, el 16 de octubre de 2003. Por sus sobrados méritos fue incluido al Salón de la Fama del Boxeo en el año 2001.

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“Sin hijos… ¡Pero con mucho sexo!”

ImageUna de las más increíbles hazañas ocurridas en toda la historia del baloncesto la protagonizó Wilton Norman Chamberlain, el día 2 de marzo de 1962, en la ciudad de Hershey, Pensylvania, Estados Unidos. En la ocasión se enfrentaban los clubes “Warrios” de Filadelfia y “Knickerbockers” de New York.

Chamberlain, apodado “El zanco” por sus 2 metros y 14 centímetros de estatura, era integrante de los “Warrios” y había nacido el 21 de agosto de 1936, lo que indica que en el momento de su proeza tenía 26 años.

¿Su proeza? Lograr convertir 100 puntos en un solo partido.

Increíble, pero cierto. Increíble, pero antes, un poco de historia.

Wilton Norman Chamberlain, “Wilt”, como era apodado cariñosamente, de niño, por su descomunal estatura, tuvo problemas de adaptación en su hogar en cuanto a los muebles y a su vestimenta, ya que no hallaba ni ropa ni zapatos de su talla. De niño, además, dio muestras de un gran futuro en el baloncesto ya que en un partido escolar logró anotar 36 puntos.

Ingresó el la universidad de Kansas, pero abandonó los estudios porque Abe Saperstein, y sus famosos “Trotamundos de Harlem” lo convirtieron en jugador profesional.

Indudablemente que los “Trotamundos” eran archiconocidos, pero Chamberlain estaba hecho para empeños mayores, y por esta razón es que, tras 9 meses de giras por todo el mundo, acepta el contrato de los “Warrios”, y 3 meses más tarde, escenifica su hazaña, nunca antes vista en la historia de la National Basketball Asociation, también conocida por NBA.

¿Qué sucedió el 2 de marzo de 1962 ante los “Knickerbockers” de New York?

Desde el mismo comienzo del partido, Kilt, tomó las riendas del mismo y con una fuerza devastadora comenzó a encestar balones. Era como un demonio convertido en basketbolista imposible de dominar en la cancha. Los representantes de “La Gran Manzana” no sabían qué hacer y al terminar el primer tiempo de partido el marcador señalaba 79 tantos a 68 a favor de los “Warrios”, y de esos 79, 41 puntos estaban en poder de “Wilt” Chamberlain.

Para la segunda media hora los neoyorquinos estaban dispuesto a hacer hasta lo imposible para frenarlo, y “Wilt”, decidido a lo contrario: No dejarse frenar.

Comenzó la etapa complementaria y, nuevamente, las embestidas de Chamberlain que logró, nada más y menos, que convertir 51 puntos. El resultado final fue victoria de los “Warrios” ante los “Knick” 169- 147, logrando, “Wilt”, 100 anotaciones de las 169 de su equipo. Comentan que el último punto logrado fue a solo 46 segundos del pitazo final y, como la victoria era inminente, el público se lanzó a la cancha y se lo llevó en andas.

Chamberlain se retiró en el año 1974 logrando 31 mil 419 tantos y 12 mil 681 canastas en los mil 45 partidos que jugó en su brillante carrera.

Tras su adiós al deporte activo entró de manera triunfal en la industria del entretenimiento y se convirtió en hombre de negocios. Logró patrocinar equipos profesionales de voleibol y atletismo, protagonizó anuncios comerciales, y en la película “Conan el destructor” junto con Arnold Schwarzenegger en 1984, encarnó un rol secundario. Además publicó varios libros en los que critica duramente a la NBA de la década de los 90 por mostrarse irrespetuosa con los jugadores del pasado.

“Wilt” meditó regresar al baloncesto en la década de los 80 debido a su gran estado de forma pese a su edad. En la temporada 1980-81, Larry Brown admitió que Cleveland Cavaliers había hecho una oferta a Chamberlain, que por entonces tenía 45 años. Cinco años más tarde, New Jersey Nets lo intentó de nuevo pero volvió a declinar la oferta. Hasta su rápido empeoramiento de salud, Chamberlain siempre estuvo en un gran estado físico, llegando incluso a correr a menudo maratones.

De su vida personal llama la atención el no haber tenido hijos, aunque, en vida, afirmó haber tenido relaciones sexuales con unas 20.000 mujeres. Esto significaría que, en promedio, tuvo sexo con más de una mujer nueva diariamente desde los 15 años hasta el instante de su fallecimiento.

Fue muy criticado y acusado de realizar estereotipos sobre los afroamericanos, y de su comportamiento irresponsable, especialmente debido a la crisis del SIDA, que avanzaba con fuerza en los 80, cuando se produjeron varios de sus encuentros con mujeres. Wilt se defendió diciendo que solamente estaba haciendo “algo natural”, y que procuraba no acostarse con mujeres casadas.

El 12 de octubre de 1999, Chamberlain falleció de un ataque cardiaco mientras dormía en su casa de Bel-Air, California. Estaba bajo cuidado de cardiólogos y otros médicos debido a sus problemas de corazón en sus últimos años de vida. Tenía 63 años y en 1978 había sido incluido en el Salón de la Fama del Baloncesto.

“Hitler tampoco pudo con Ilona”

Image1934. Helene Mayer, floretista alemana campeona de las Olimpiadas de 1932 en la ciudad californiana de Los Ángeles, se refugia en los Estados Unidos. No comprende las leyes que ha impuesto Adolfo Hitler y, por tal, le es imposible residir en su país. Tilda al Fürer de maniático, loco y excéntrico, hecho que provoca la ira de este y que tome la decisión de declararla persona non grata en “su imperio”.

1935. La cuenta regresiva para los Juegos Olímpicos de 1936, con sede en Berlín, ha comenzado. La esgrima es una de las disciplinas más populares en Alemania y Hitler no quiere perder la oportunidad de demostrar al mundo, además, su potencialidad en esa deporte, sobre todo en la rama femenina.

Ángela Hass es favorita pero Hitler quiere que tanto el oro como la plata queden en manos alemanas. Entonces la idea. Entonces la llamada. El Fürer a un lado de la línea, del otro, nada más y nada menos que Helene Mayer, desde Los Ángeles. La quiere convencer de que regrese, de que todo ha sido olvidado. En un principio, la campeona, se niega. Hitler, entonces, encarna un rol de bondadoso. Helene no accede y provoca que su presidente pierda la paciencia. El tono bonachón y complaciente se torna agresivo y amenazante:

Si no regresas a competir por Alemania me veré obligado a tomar represalias con tu familia.

Entonces la Meyer, que conoce la ira de su presidente, analiza y en su decisión hace un giro de 180 grados:

–       Mañana parto para Berlín, Fürer, despreocúpese.

1936. Juegos Olímpicos. Ya Jesse Owens hizo lo suyo y echó por tierra las esperanzas alemanas en el atletismo conquistando 4 títulos. Hitler no quiere aceptar, pero uno de sus asesores lo consuela:

–       Tranquilícese. En la esgrima femenina no fallaremos.

La gran favorita es Helene Mayer. 4 años antes había vencido inobjetablemente a sus contrincantes y nadie duda de que repetirá su título. Nadie duda de que el título y el subtítulo irán al cuello de las alemanas. La imaginación de un ser humano es capaz de predecir la más impredecible de las situaciones, pero la del Fürer más. Por eso la decepción. Por eso la ira cuando Ángela Hass pierde ante la austríaca Ellen Muller Preis y tiene que conformarse con el cuarto lugar:

–       Tranquilícese. Helene Mayer no fallará.

Helene Mayer está en muy buena forma física, pero no psíquica. Las tensiones, la presión, las amenazas hacen que constantemente sufra de desconcentración. Muchos están convencidos de que revalidará su título, pero ella no. No obstante llega a la final ante Ilona Elek, una desconocida húngara que, a los 29 años, debutaba en un evento de envergadura.

La sala de competencias está repleta. El público abarrota y entre los espectadores se encuentra Adolfo Hitler. El público quiere ver ganar a su favorita. Hitler más. El público que es dueño de un gran sentimiento competitivo. Hitler no. El Fürer es odio, rencor, desprecio hacia el mundo. Quiere que gane la Mayer solo para demostrar al mundo el poderío ario.

Comienza el combate y, estocada tras estocada, los presentes ver cómo la desconocida húngara de 29 años pone en ridículo a su contrincante. Al concluir todos escuchan:

–       Ilona Elek. Nueva campeona olímpica en Florete Femenino.

Ambas rivales se abrazan en un gesto de sinceridad deportiva. Helene Mayer levanta el brazo de la recién titular y los presentes aplauden reconociendo que la magyar fue mejor que la alemana. Todos aplauden menos El Fürer. Hitler no sabe qué hacer. Por eso se levanta. Hace una seña a su séquito y se marcha. Dicen que en su despacho maldijo. Golpeó mesas, puertas. Dicen que gritó con todas sus fuerzas que tenía deseos de quitarse la vida. Creo que de hacerlo le hubiera hecho un favor a la humanidad.

Sucedió en 1936. 3 años después, entre 1939 y 1945, hundió al mundo en la página más sangrienta que conoce la historia: La II Guerra Mundial.

Ilona Elek nació el 17 de mayo de 1907 en Budapest, Hungría, y entró en la historia de la esgrima mundial a los 29 años, una edad en que, deportivamente, se comienza a pensar en el retiro. En 1948 revalidó su título olímpico en Londres y, 4 años más tarde, en 1952, se invistió como subcampeona olímpica. Tenía 45 años. En campeonatos del Mundo, a partir de 1937,  ganó 6 títulos, 4 medallas de plata, y una de bronce. Falleció el 24 de julio de 1988 en su ciudad natal.

“Un negro se burló de Hitler”

ImageCorre el año 1936. Estamos en Berlín, capital alemana, sede de los XI Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Adolfo Hitler no solo disfruta sino que impone. Impone a tal punto que el saludo olímpico se confunde con el nazi, haciendo caso omiso de las advertencias del conde belga Henry de Baillet Latour, presidente del C. O. I:

–       Ruego que consideréis que sois aquí, en los Juegos Olímpicos, un huésped y no un organizador. El organizador es el Comité Olímpico Internacional, que velará para que estos juegos se desarrollen sin propaganda política.

Pero el Fürer no entiende. Solo ordena. Y una de las órdenes fue ubicar en el centro de los aros olímpicos la svástica que simboliza el nacismo. Adolfo Hitler es todo felicidad, pero no contaba con un negro nacido el 12 de septiembre de 1913, en Oakville, Estados Unidos. No imagina, el más asesino de los asesinos, que el estadounidense James Cleveland Owens, cariñosamente conocido como “Jesse”, le echaría a perder el espectáculo.

Salto Largo. El alemán Lutz Long marca el paso hacia el título con 7 metros y 87 centímetros, pero a Jesse Owens le queda una oportunidad. El negro estadounidense ya había conquistado le medalla de oro en los 100 metros planos con 10 segundos y 30 décimas, pero también quiere ser Campeón Olímpico en Salto Largo.

Lutz Long minimiza la situación y se cree campeón. Saluda al público. Sube a las gradas donde está ubicado Hitler que lo abraza emocionado. Jesse Owens, por su parte, se concentra. Inicia la carrera. Salta, pero… Increíble. Logra 8 metros con 6 centímetros y el ansiado título olímpico. Lutz Long rompe a llorar y el Fürer, que no puede soportar tal humillación, se levanta y se marcha. No quiere estrechar la mano al negro que acaba de destronar la raza aria.

Jesse Owens le da la vuelta al estadio con la bandera norteamericana en alto. Algunos aplauden. Otros lo miran con odio e impotencia, sin darse cuenta de que odiar es admirar con rabia.

No es la Olimpiada de Hitler, sino del estadounidense que alcanza 2 títulos más: En 200 metros, registrando 20 segundos y 7 décimas, y en le relevo 4×100 metros junto a Metcalfe, Wykoff y Draper, cronometrando 39 segundos y 8 centésimas, resultando ser la primera vez que una cuarteta rompe la barrera de los 40 segundos.

Su cosecha de títulos fue perfecta: 4 medallas de oro en las 4 disciplinas que participó. Se despidió de Alemania con la mejor de sus sonrisas, a pesar de haber sido discriminado por Adolfo Hitler, aunque al llegar a su país esa sonrisa se le transformó en una mueca: El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt, también lo discrimina al rehusar recibirlo en la Casa Blanca. Roosevelt se encontraba en campaña de reelección y temía las reacciones de los estados del Sur, notoriamente segregacionistas, en caso de rendirle honores al multicampeón.

Tras los Juegos, tuvo muchas dificultades y pasó a ser un promotor del deporte, esencialmente un animador de espectáculos donde llegó a correr contra un caballo. Su autopromoción acabó eventualmente convirtiéndole en relaciones públicas en Chicago, incluyendo una larga temporada como pinchadiscos de música jazz.

En 1968, Owens recibe críticas por apoyar los turbulentos disturbios raciales que sucedieron en los Juegos Olímpicos de México, no obstante, 8 años después, en 1976, fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos en 1976 por el entonces presidente Gerald Ford y, a título póstumo, la Medalla de Oro del Congreso por George Bush, padre, el 28 de marzo de 1990.

Jesse Owens, falleció el 31 de marzo de 1980, con 66 años de edad, debido a un cáncer de pulmón, en Tucson, Arizona.

Como dato curioso podemos agregar que, antes de los Juegos de Berlín, un amigo le ofreció unos “zapatos especiales para correr”. Ideados por él, consistían en unas zapatillas con 3 clavos delanteros.

–       Los clavos se hunden en la arcilla y te van a permitir correr mejor, Jesse. Tómalos. Los hice para ti.

Lo cierto es que Jesse Owens aceptó el obsequio, compitió, ganó y pasó a la historia como el primero en usar zapatillas de Atletismo. La moda que impuso en Berlín, 1936, se mantiene pues el modelo sirvió de base para las que se usan actualmente. Las usadas por Jesse Owens se conservan celosamente en el Museo Olímpico, sito en Lausana, Suiza.

“Lo juro por ese muchacho que murió de SIDA”


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La Organización de Naciones Unidas, ONU, desde 1988 decidió instaurar el 1 de diciembre como “Día mundial de la lucha contra el SIDA”; en el año 2011, el título varió por “Día mundial de la respuesta contra el SIDA”. Estadísticas afirman que desde 1981, año en que se diagnosticaron los primeros 5 pacientes, el SIDA, iniciales de la pandemia conocida como Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, ha provocado la muerte de casi 30 millones de personas en todo el mundo. En la cifra anteriormente citada se contempla a Juan Alberto, primogénito de Juan Carlos. “Albertico, como le decíamos, nació el 17 de julio de 1970 y murió, según me cuentan, el 21 de agosto de 1998”. Quizás se sorprendan por la expresión de “según me cuentan”, pero así sucedió: Juan Carlos, próximo a cumplir los 70 años, sufre, en silencio, por la actitud asumida para con su primer, y único hijo. “Cuando supe que era gay no quise saber de él; cuando la madre fue a casa a decirme que tenía SIDA, le dije que, para mí, todos los putos tienen morirse, y entre ellos Albertico. Supe que se había muerto como 3 meses después. No sabe cuánto lo lamento”. Juan Carlos, entre sollozos y sorbos de cerveza, accedió a narrar su historia, su triste y, para no pocos repudiable, historia. “Me arrepiento de todo. Lo juro por ese muchacho que murió de SIDA”.

Es llamativa su actitud, Juan Carlos. ¿Por qué contra su hijo?

Ser padre era lo que más soñaba ser. Cada hombre quiere ser padre, como cada mujer quiere ser madre. Iba a ser padre y cuando aquel, 17 de julio de 1970, me dijeron que por fin era padre, y de un varón, sentí que volaba. ¡Había nacido mi niño! ¡Se había cumplido mi sueño, y por partida doble, porque quería ser padre, y de un bebé! ¡Era niño y no niña! Me hice mil ideas yendo al fútbol a ver a Cerro Porteño, compartiendo unas cervezas, que me hablara de sus novias, en fin. Yo no cabía en mí, periodista. Ese día lo recuerdo como uno de los más felices de mi vida; o, para ser exactos, como el día más feliz de mi vida. Yo amaba a mi hijo; siempre estuve con él; incluso, teniendo Albertico poco más de 10 años, me divorcié de su mamá, pero seguimos juntos. El divorcio había sido en buenos términos, y siempre dije que me divorciaba de la que era mi esposa, pero no de mi niño. Y así fue.

¿Qué motivó el cambio en su actitud?

Sucedió en 1985. Fue como en septiembre, porque Albertico había cumplido 15 años. En la escuela, dónde estudiaba, lo sorprendieron teniendo sexo oral con otro compañero. Aquello no trascendió, pero nos llamaron a su mamá y a mí, y nos explicaron que iban a dejar que terminara el curso, pero que para 1986 tenía que ser matriculado en otro centro. O sea, no querían gays, y expulsaban a mi hijo en silencio. Era un colegio privado que ya no existe.

No importa el nombre del colegio, Juan Carlos. Acá lo llamativo es la actitud que usted asumió.

No tengo perdón ni de dios, ni de nadie. Lo sé.

¿Qué sucedió ese día del mes de septiembre de 1985 al salir del colegio donde estudiaba Albertico?

Al salir no. Ahí mismo, en la oficina de la directora, delante de la directora y mi ex esposa, la emprendí a golpes contra él. Recuerdo que se cubrió el rostro y me decía “perdóname, papá”. Solo repetía que lo perdonara por no ser como yo había soñado. Cuando lograron controlarme le grité a la madre que para mí todos los gays estaban muertos, por lo tanto, Albertico, mi hijo, mi único hijo, también lo estaba. Di media vuelta y me fui.

¿Nunca más conversaron?

Nunca más. Nos cruzamos en la calle, y me daba cuenta de que quería saludarme, pero yo siempre le di la espalada. Me contaron que muchas dijo que me había perdonado, que para él todo estaba olvidado, pero el orgullo, el rencor pudo más. Incluso, le conversó a mis hermanos, a mis amigos, que si yo iba a verlo, me daba un beso y un abrazo, pero ya le digo, el rencor pudo más.

Eso, precisamente, es lo que no comprendo. ¿Por qué tanto rencor?

¿Usted tiene la respuesta?

¿Yo? Para nada, Juan Carlos.

Si la encuentra, dígamela. Yo hace mucho me la hago la misma pregunta, y tampoco puedo responderla. Lo único que puedo decirle es que me arrepiento de todo.

¿Cuándo supo que Albertico estaba enfermo de SIDA?

Sería por 1995. Laura, mi ex mujer, se apareció en mi casa. Recuerdo que cuando abrí, y la vi en el umbral, llorosa, comprendí que algo muy grande sucedía. La invité a entrar y me contó. Me dijo que Albertico hacía un tiempo que padecía de una gripe muy fuerte, y le hicieron unos estudios. Así le detectaron la enfermedad. Le dije que conmigo no contara. Le repetí lo mismo que aquel día de septiembre de 1985: Para mí todos los putos están muertos, por lo tanto Albertico también lo está. Ella rompió a llorar, pero no me importó. La eché de mi casa. Y le digo, con la misma sinceridad que he le hablado hasta ahora, que cuando Laura se fue, el que rompió a llorar fui yo.

O sea, si enfermó en 1995 y falleció en 1998, le sobrevivió 3 años al SIDA.

Así es, señor, en apenas 3 años mi hijo murió. Dicen que sufrió muchísimo, que no parecía él, pero que, a pesar de todo, no dejó de sonreír.

¿Quién le contó? ¿Laura?

¿Laura? ¡No, señor! ¡Laura me odia con todas sus fuerzas, y con toda su razón! Me contó Leonardo, su esposo. Laura no quería que nadie me contara, pero Leo lo hizo. Él quiere a Albertico como si fuera su hijo, lo apoyó en todo, y estuvo junto a él durante la enfermedad. Él y Laura vistieron el cadáver. Lo que yo no hice, lo hizo él.

¿Qué le contó Leonardo?

Que Albertico fue perdiendo peso; perdió tanto peso que se puso bien delgado, más que como era en realidad. Me dijo que le salieron unas llagas en la boca que no lo dejaban comer; que apenas hablaba; que llegó un momento que no podía sostenerse en pie; que por el rostro contraído, y silencioso, se daban cuenta de que soportaba los dolores terribles que le producían esas llagas en la boca; y que el día que murió pidió que lo cubrieran porque tenía frío, y que encendieran la luz de su cuarto; ahí se dieron cuenta de que estaba mal, porque todas las ventanas estaban abiertas, y eran las 10 y algo de la mañana; había sido que ya no veía. Cuando murió tenía 28 años. Todo eso lo supe como 3 meses después de Albertico haber fallecido. Leo me dijo donde estaba sepultado; yo imaginaba que era en el panteón familiar en el cementerio del este. Fui. Le puse una flores, y le mandé a hacer una tarja de mármol que decía “A mi hijo Juan Alberto, 1970- 1998. Sé feliz”. Era una tarja que quedó muy bonita, pero Laura la quitó. No sé qué hizo con ella.

¿Cómo es su vida ahora, más de 15 años después del fallecimiento de Juan Alberto, y tras haber asumido una actitud llamativamente rencorosa contra su propio hijo?

Vivo solo, como ya sabe. No tengo a nadie. Mis padres fallecieron; mis hermanos tomaron su rumbo. De vez en cuando me visitan. De Albertico tengo una fotografía, y muchos deseos de volverlo a abrazar. Sé que en algún momento, cuando dios quiera, va a suceder. Me arrepiento, pero es tarde; aunque, y le juro por lo más sagrado, que si pudiera echar el tiempo atrás todo va a ser distinto. Lo juro por lo más sagrado; lo juro por ese muchacho que murió de SIDA.

“¿Todo esto por correr unos metros?”

Año 1948. Ámsterdam. Holanda. Toda la ciudad engalanada para recibir, como merece, a la estrella Fanny Blankers- Koen, principal figura del atletismo de los Juegos Olímpicos de Londres. La holandesa, se burló de los pronósticos, convirtiéndose, para siempre, en “El rayo holandés”.

La estación principal de trenes está colmada de holandeses que quieren congratular a su ídolo. El tren se acerca lentamente. Banderas y pañuelos se agitan. Banderas y pañuelos que dejan de agitarse cuando las manos interactúan entre sí para regalar a la destacada atleta una cerrada ovación al descender esta del vagón en que viajó:

–       ¡Fanny! ¡Fanny! ¡Fanny!- Corean los presentes.

Fanny que saluda. Fanny que recibe todo tipo de agasajos. Fanny que llora de alegría. Un niño le entrega un ramo de tulipanes. Una niña lee versos escritas por ella y para la gran Fanny Blankers- Koen. Música. Palabras… Todo en su honor. Entonces el turno del alcalde de Ámsterdam.

El alcalde de Ámsterdam que, como casi todos los alcaldes, poco sabe de lo que expresan al orar. El alcalde de Ámsterdam que comienza un discurso con más desaciertos que aciertos. Un discurso hecho con frases elaboradas. Un discurso que arranca, en no pocos de los presentes, gritos de abucheos. El alcalde de Ámsterdam que no tuvo peor manera de concluir:

–       Y para usted, señora Fanny Blankers- Koen, un regalo por sus sobrados méritos deportivos que recibirá de manos del primer vicealcalde. Vicealcalde, por favor.

E hizo llamar al vicealcalde que, a duras penas, se acercó con una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto.

¿Una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto para premiar tanto mérito deportivo? Increíble.

Muchos de los presentes rompieron a reír y, por su parte, irónicamente, Fanny Blankers- Koen solo preguntó:

–       ¿Todo esto por correr unos pocos metros?

La historia de Fanny Blankers- Koen, que nació el 26 de abril de 1918, había comenzado 12 años antes cuando, con apenas 18 “primaveras”, había asistido a los Juegos Olímpicos de Berlín’ 1936.

En la ocasión solo había conseguido un par de sextos lugares: En Salto Alto, con 1 metro y 65 centímetros, y en el relevo 4×100 metros femenino:

–       No te desanimes- Le recomendó su entrenador Jan Blankers.

La esperanza era poder asistir a los Juegos de Tokio’ 1940, pero la Segunda Guerra Mundial suspendió esa edición olímpica:

–       Verás que para Londres en 1944.

Pero tampoco. Londres no pudo ser la sede olímpica. La Segunda Guerra Mundial, nuevamente, hizo que no se pudiera izar la bandera olímpica:

–       No puedes tener tan mala suerte, Fanny. Para Londres en 1948…

–       Para Londres en 1948 ya tendré 30 años, mi amor.

–       Tendrás que entrenar duro.

–       ¿Y los niños?

Sí, porque Francina Koen contrajo nupcias con su preparador, Jan Blankers, en 1939 y en 1944 trajo al mundo a su cuarto hijo. Francina Koen había dejado de existir en 1939, año en que nació Fanny Blankers- Koen:

–       Serás la estrella de los Juegos.

–       ¿Y los niños?

–        Serán tu inspiración. Serán nuestra inspiración.

Y con esa máxima arribó a la capital inglesa. Y en Londres su consagración mundial. Y se consagra mundialmente al ganar oro en 100 y 200 metros planos, en los 80 metros con vallas y, finalmente, en el relevo 4×100 metros femenino.

Participó en 4 disciplinas y 4 títulos fueron a su poder. 4 títulos que la encumbraron mundialmente. 4 títulos que fueron su consagración definitoria en la historia del atletismo mundial. 4 títulos que son el motivo para que Fanny Blankers- Koen haya sido promovida al Salón de la Fama del Atletismo. 4 títulos que inspiraron al alcalde de Ámsterdam que le obsequiara, miserablemente, una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto.

Francina Koen, convertida luego en Fanny Blankers- Koen, estableció 27 marcas del mundo durante su vida deportiva y falleció el 25 de enero de 2004. Su esposo había dejado de existir 5 años antes. Aseguran que en reiteradas ocasiones, afirmó que su único deseo era encontrarse con su amado Jan. Esa noche fue a dormir y no despertó. Un infarto agudo del miocardio le provocó la muerte. La hallaron en su cama, varias horas después, y sus labios esbozaban una sonrisa. Quizás el reencuentro con su amantísimo se había producido. Tenía 76 años.

“En Cuba, para poder vivir, hay que vivir de las prostitutas”

ImageSoy proxeneta, pero no me importa.

He leído. No mucho, pero sí he leído. Menos los periódicos de este país que desinforman y dicen más mentiras que el ilustre “Pinocho”, he leído cualquier cosa;  y como he leído le voy a decir que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, proxeneta, es aquella persona que favorece y procura, las relaciones sexuales ilícitas; persona que promueve la prostitución, que es la actividad a que dedica el ciudadano o ciudadana que mantiene relaciones sexuales con otra a cambio de dinero.

¡Y sí! Soy proxeneta y qué.

A otra cosa no me voy a dedicar, no lo soy porque quise, sino porque me obligaron. ¡Y no mi familia, sino el sistema! ¡Este sistema para muchos será muy bueno, pero para mí es una porquería!

Mi papá es un revolucionario de los viejos, que me puso Ernesto por el Che. Quería que yo fuera un tipo duro, serio, intachable, revolucionario, comunista… Se ponía orgulloso con eso de:

–       Pioneros por el comunismo… ¡Seremos como el Che!

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que en lo único que me parezco al Che es en lo del asma y en que me gusta el fútbol, porque en lo de comunista…

No soy ni un tipo duro, tampoco serio, mucho menos intachable, revolucionario ni que decir, comunista… Bueno ya te dije que no soy comunista y que me parezco al Che en lo de los ataques de asma. Y mi papá se ha resignado, y, por lo menos de dientes para afuera, me acepta como soy. Claro, no es ninguna hazaña; tiene que hacerlo, porque antes de meterme en esto nos estábamos comiendo a Tamacún desnudo y de espalda… Pasábamos un hambre terrible, por eso me dije:

–       Ernesto, tienes que salir a luchar a la calle, porque no te puedes quedar estancado. El tiempo pasa y te vas poniendo viejo.

No le di más vueltas a la noria, y salí a buscarme la vida tratando de que fuera de la manera más fácil e indigna posible.

Me fui a la calle a luchar, y desde hace como 7 años me dedico a proporcionarle sexo a los extranjeros. Tengo como una empresa. 6 muchachas que trabajan para mí: Una rubia, una trigueña de piel blanca, una trigueña de piel india, una negra, una mulata y una china.

¡Es como una mesa buffet de mujeres!

¡Todas en perfecto estado de salud!

Los extranjeros me piden, y yo ofrezco, y si no les gusta las que tengo, salgo a buscar una donde sea. Entran y se las exhibo desnudas, haciendo el amor entre ellas, para que exciten nada más de verlas.

A veces lo que tengo llama la atención, otras no, pero siempre resuelvo.

No hace mucho me pidieron una niña de 13 años, negra, alta, delgada… La negra que tengo en mi reserva es alta y delgada, pero no tiene 13 años. ¡Tenía que tener 13 años! Al principio pensé:

–       Coño, me la pusieron difícil.

La cosa cambia con una menor de edad:

–       ¡Qué me importa que sea una menor de edad, no me dedico a ese mercado, pero si me pagan bien soy capaz de buscar una recién nacida!

Sin mucho problema, encontré:

–       No quiero.

–       ¿Por qué?

–       Yo nunca he estado con un hombre.

–       Por una vez se empieza, niña.

–       No quiero…

–       100 dólares la noche, muchacha, dale.

Ahí la negrita tragó en seco:

–       ¿100 dólares?

Para ella, la pobrecita, 100 dólares son como ver a un dinosaurio bañándose en el malecón de La Habana, caminar de manos de un marciano exhibiéndose por toda La Rampa, o ir a bailar salsa en la luna:

–       ¿100 dólares?

–       100 dólares, niña, ¿tú alguna vez has visto 100 dólares?

–       Verlos sí.

–       ¿Han sido tuyos?

–       No.

–       ¡Entonces, princesa! Te llevo donde está el extranjero, haces todo lo que él te diga y listo.

–       ¿Y si se enteran en mi casa?

–       ¿Tú lo vas a decir?

–       No. Claro que no.

–       Yo tampoco voy a ir a tu casa a decirlo.

–       ¿Para cuándo es?

–       Para ahora mismo.

–       ¿Me cambio de ropa?

–       Chica, ¿tú eres idiota o imbécil? ¿Cómo vas a ir a darle el culo a un tipo con el uniforme de la escuela puesto? Te quitas el uniforme, te pones lo mejor que tengas y te vas conmigo.

–       Espérame aquí que vengo enseguida.

Según me dijo que, con los 100 dólares, le consiguió una medicina a su abuela, enferma de cáncer, en la Clínica Internacional “Cira García”, y con lo que sobró compró, para su casa, jabón, desodorante, aceite de cocina, un poco de carne de res y un juguete para su hermanito… Se me aguan los ojos diciéndote esto, pero  fue así. La negrita me dio una bofetada sin manos.

En su casa ni le preguntaron de dónde sacó el dinero, sino que respiraron aliviados porque, al menos por un tiempo, iban a usar jabón y desodorante para oler como humanos y no como animales… ¡Y también iban a comer carne de res que en Cuba es un objeto de antes de la Era Mesozoica!

¡Suerte para ella que encontró a un extranjero que le comprara en la Clínica Internacional “Cira García”, porque, como tú sabes bien porque no vives en el planeta Marte, los cubanos, los que vivimos en este país, los que soportamos como carneros todos los caprichos del gobierno, aún teniendo el dinero, no podemos ir a comprar medicamento alguno en ese lugar aunque nos estemos muriendo!

Pero lo más importante de todo esto es, que por 100 dólares, esa niña de 13 años se acostó con un viejo canadiense que daba asco. A ella, le pagaron 100, a mi 500.

¡Negocio redondo! ¿Verdad?

Y lo otro más importante fue que el viejo me habló tan bien de ella, de cómo se había comportado en la cama, que me embullé y me acosté yo también con la negrita. Gocé de lo lindo, y gozó ella; y se la tiré a los buitres, que son las 6 muchachas que trabajan para mí, y gozaron haciendo el amor con esa niña de 13 años que tiene una piel tan negra como tan fina, que tiene unos labios tan grandes como tan jugosos, que tiene unas piernas tan… ¿Quieres gozar tú también?

No hay problema, la llamo, viene y la pasas de maravillas, sin que te cueste un centavo porque eso va por la casa.

¿No quieres?

Embúllate.

Es material de primera. Te lo estoy diciendo en serio.

Tú te lo pierdes.

Lo mío es eso: Si los extranjeros quieren divertirse, les doy la diversión. Para eso tengo mi empresa, ¿no? Mis chicas están advertidas y educadas:

–       Muchachitas, métanse esto en la cabeza: Hay putas de tacón y putas de zapatillas; ustedes, como putas al fin, tienen que ser de tacón; o lo que es lo mismo, estiradas y finas para que las respeten.

Les compro cuanta cosa quieren, les pago bien, y, para cumplir con el trato, todos los días me acuesto con una distinta. Gozo de lo lindo 6 días a la semana y descanso uno.

No voy a negar que la policía, a veces, me pone la situación bien mala, y tengo que aguantar un poco, pero a mí hay que sorprenderme con la mano en la masa, porque si no, nadie me puede meter preso.

¡Yo a la cárcel no voy! ¡Primero muerto que encerrado!

Creo que me suicido, y como no me voy a suicidar, hago las cosas hilando fino para no escacharme.

Este es un negocio que da, pero hay que invertir. Para que te de un dólar, tienes que gastar 5. A las compras para mis chicas se le suma el soborno a los custodios de hoteles y a la policía.

A mí me da gracia porque se pasan la vida que la policía cubana es la bárbara, la bestial, la mejor, y los policías son los primeros que quieren enriquecerse a costa de uno. Te piden 10 y 20 dólares por hacerse los de la vista gorda, y eso conmigo no va, le doy a cada uno 5 y van andando. Porque yo no voy a mantener a ninguno de esos analfabetos con uniforme y pistola que no saben que 2×2 son 4, ni que Pinochet era el presidente de Chile y no de China, ni tampoco que el Che era médico y no abogado. El que los oye hablar se orina de la risa:

–       Óyeme, compay, lo siento mucho, pero “ete” dinero que me “dite” no me alcanza ni pá “empezal”.

Así habla la policía de este país. ¿Quién va a respetar a alguien que quiere poner respeto y no sabe hablar?

–       Dame “má” dinero que la cosa “tá” dura.

Yo sí que los despacho rápido:

–       5 es lo que te puedo dar; 5 por cada puta, y se acabó.

También los entiendo. Ellos tienen familia y mal comen con la misma libreta de todo el mundo, pero no me da la gana de que me quiten mi dinero tan fácilmente. No me da la gana, así de sencillo.

A veces los policías más viejos son los que más exigen, pero el lío es que ellos se acostumbraron a lo que se daba allá por los años 94, 95, 96, 97… Por esos años funcionaba lo que le decíamos “El triángulo de las bermudas” que era “El palacio de la salsa” del hotel Riviera, la disco “Aché” del hotel Cohiba, y el servidor  de combustible CUPET que está en Paseo y Malecón.

Aquello se ponía bueno de verdad. Aquello era un antro de perdición que nos estaba enriqueciendo por día.

¿Tú nunca fuiste?

Ay, mi hermano, si no fuiste… ¡Lo que te perdiste!

Las putas ligaban a los extranjeros en el CUPET que iban a echar gasolina, y se iban con ellos para la disco o para el palacio, pero como la felicidad en casa el pobre dura lo que el merengue en la puerta el colegio, primero cerraron el palacio, y después la disco, y todo se echó a perder.

Donde estaba el palacio pusieron de nuevo el famoso cabaret “Copa Room”, y donde la disco hicieron el “Habana café”. Son lugares en dólares, donde van extranjeros, pero los que van no son ni la cuarta parte de los que nos encontrábamos en el palacio o en la “Aché”.

¡En el palacio y en la disco “Aché” se vivía una morbosidad que enviciaba!

Aquí no cabe eso de que del lobo un pelo, porque con el CUPET solo poco se hace. Yo me acuerdo que salíamos de madrugada del palacio o de la disco con un extranjero y 3 muchachas, y nos íbamos para la playa.

3 muchachas, el extranjero y yo; y no tengo que decir lo que hacen borrachos, en una playa oscura, 2 hombres y 3 mujeres… ¡Lo que se formaba no te lo voy a decir! ¡Imagínatelo! ¡Nada más te voy a decir que lo que se formaba nunca ha salido ni por la Play Boy!

Yo tengo que vivir, y vivir bien. Comer en lugares buenos, vestir ropa de boutique, oler como un príncipe…

Así vivo yo…

Así tengo que vivir yo, y para vivir así no tengo bandera: Si para mi se pone una extranjera, bárbaro, si es un extranjero, bienvenido sea también; si una extranjera quiere mujer, se la consigo, si quiere hombre, ahí estoy yo; si es un tipo igual.

Yo, ni tengo miedo, ni tengo bandera:

–       Cuídate del SIDA.

Me dicen muchos, pero si te pones a pensar en el SIDA no vives. Claro, como de imbécil no tengo un pelo, siempre me pongo mi preservativo.

Hay gente que me ha dicho que lo hago no está bien:

–       Recapacita, Ernesto.

Hasta mi papá, que me dejó por incorregible, a cada rato me tira sus indirectas:

–       ¿Qué necesidad tienes de andar así? La revolución te lo ha dado todo.

–       Te voy a advertir, no empieces con lo mismo.

–       ¿Es mentira que la revolución no te ha dado todo?

–       ¡La revolución ya pasó de moda, papá! La revolución se quedó en los 60. Ya ni se debería llamar revolución. Revolución significa cambio, y aquí no ha cambiado nada.

–       Ernestico, respeta…

–       Te respeto a ti, respeto tus cosas, no a la revolución que no respeta nada… ¡Ni el derecho a vivir!

–       Ernestico…

–       Déjame tranquilo. Nunca te he criticado ni que seas del partido, ni que vayas a los desfiles, ni que seas presidente del comité, ni que sigas con las ideas esas que tú tienes. Mi vida es mi vida y punto.

Por supuesto, cuando se sienta a la mesa y mi mamá le sirve de lo que yo traigo y compro, no se acuerda de las cosas buenas de la revolución. Come sin hacer apenas comentarios, y si dice algo no es a favor del sistema:

–       Un bistec de res parecido a este me lo almorzaba yo en el capitalismo cuando llegaba de la escuela.

–       ¿En qué quedamos, papá? ¿Antes del 59 se vivía bien o no?

–       Bueno…

–       Sí, claro, por lo menos había un bistec de res para comer.

El problema, y para que me entiendas mejor, es que no estoy hecho para trabajar. Hace tiempo que llegué a una conclusión: el tiempo es dinero, y los que trabajan apenas tienen tiempo, por eso, decidí no trabajar para tener todo el tiempo del mundo, y por eso tengo dinero. ¿Viste qué sencillo?

Mi asunto es ganar plata sin tener que trabajar, amigo mío.

Yo a este sistema no le trabajo. ¿Para qué? ¿Para ganar 10 dólares ó 250 pesos cubanos mensuales?

¡El que lo piense está loco!

10 dólares me gano yo en un minuto, qué voy a trabajar por 10 dólares al mes que es el salario medio de este maldito país. ¡Y lo que más me indigna es que hay quien gana menos de 250 pesos dólares mensuales! ¡No me imagino cómo viven!

Hago lo mío, y a mi manera cuidándome de la policía y guardando mi dinero. Tengo que guardar dinero porque algún día esto se tiene que caer, y como aquí casi nadie tiene un centavo porque si tienes algo cualquiera te denuncia y la gente tiene miedo a que los denuncien, los que vamos a tener una tierrita somos los que vamos a sobrevivir.

A manera de epílogo: Tras muchos años ejerciendo como proxeneta, Ernesto, fue sentenciado a 20 años de privación de libertad, y confiscado todos sus bienes. Su padre, de la vergüenza, se quitó la vida; solo su madre le reprocha que fue el culpable de la muerte de su progenitor. Cuentan que se ha convertido en un ser solitario y taciturno. Hoy cumple en la llamada “Cárcel de Ciego de Ávila” a más de 500 kilómetros de Ciudad de la Habana. Nadie se explica que existiendo cárceles en la capital lo hayan enviado tan lejos, por ese motivo, las visitas que recibe son bien esporádicas y, también por ese motivo, hace, aunque en vano, huelgas de hambre exigiendo que sea trasladado hacia su ciudad natal.

Aclaración: Este relato forma parte de la selección de textos, que a su vez integran, el libro, de mi autoría “La vida es monólogo”, en proceso de edición. “La vida es un monólogo” lo integran una serie de entrevistas que hice en Cuba entre los años 1997 y 2005.

“Derrotado por… ¡5 manzanas verdes!”

Félix Carvajal Soto, "El andarín" infortunado
Félix Carvajal Soto, “El andarín” infortunado

Félix IV o El Andarín Carvajal, apodos que identifican al maratonista cubano Félix Carvajal, es uno de los perdedores más fantásticos que existe en la historia de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. ¿Su mayor contrincante? Pues nada más y nada menos que por 5 manzanas verdes.

Félix de la Caridad Carvajal Soto nació el 18 de marzo de 1875 en San Antonio de los Baños, Cuba. Siempre vivió en la más absoluta pobreza pero se hizo famoso por su gran resistencia, ya que ejercía su oficio de cartero corriendo y no pedaleando una bicicleta como es común.

Como buen “andarín”, andaba; como buen andarín, corría aproximadamente 50 kilómetros todos los días. No lo detenía absolutamente nada. Solo pensaba en que su sustento diario lo tenía que ganar repartiendo cartas a fuerza de piernas.

– ¿Te interesaría participar en los Juegos Olímpicos de San Louis?

– ¿Juegos Olímpicos? -preguntó extrañado-. Si no tengo dinero para comprar una bicicleta menos para ir a los Juegos Olímpicos.

– Quedan 3 meses. Puedes hacer una colecta pública.

Corría el año 1904 y la ciudad estadounidense de San Louis había sido seleccionada para ser sede de los III Juegos Olímpicos de la era moderna.

– Una colecta pública es tu solución, Félix. Hazla, compite y verás que ganas la carrera de maratón. Nadie corre como tú.

Lo anterior embulló al paupérrimo cartero que duplicó su andar por las calles habaneras. Cuando terminaba de repartir la correspondencia, se colocaba un cartel, hecho por él mismo, en el que se podía leer: “Coopere con un atleta que quiere participar en las Olimpiadas de San Louis”.

En principio lo tildaron de loco, pero paulatinamente lo fueron tomando en cuenta. Corría como un demente prediciendo su triunfo olímpico y logró reunir la cantidad de dinero necesaria como para sufragar su pasaje en barco y participar en la tercera edición de los Juegos.

Nunca había embarcado y el viaje lo hizo totalmente mareado. Lo poco que comía lo vomitaba. Estaba débil físicamente pero su voluntad era de hierro. Maltrecho y con hambre llegó a la meta de salida 10 minutos antes de iniciarse la maratón y pudo inscribirse en la misma, no sin antes cortar sus pantalones y las mangas de su camisa para tener aspecto de atleta.

En sus marcas… Listos… Fuera

Se dio la orden de arrancada y la maratón comenzó con el cubano Félix Carvajal entre sus integrantes.

Antes de vencer el primero de los 42 kilómetros y 195 que tiene la carrera de maratón, “El Andarín” marchaba a la cabeza gozando de una buena ventaja sobre sus más cercanos competidores. Fred Lordz, por ejemplo, uno de los representantes de los Estados Unidos, sobre el kilómetro 15 se ubicaba en segundo lugar a 5 kilómetros del cubano.

10 kilómetros… 20… 30… 40… “El Andarín” acariciaba el título olímpico. Ya se veía paseando en los hombros de los fanáticos y, en Cuba, fotografiado en todos los periódicos.

La imaginación de un ser humano es muy poderosa siempre y cuando no aparezca el hambre, y eso fue lo que sucedió con el infortunado Félix Carvajal. El hambre lo estaba venciendo faltando solamente 2 kilómetros para llegar a la meta. El hambre de muchos días sin probar bocado, el hambre que desde Cuba lo acompañaba, el hambre que lo hizo detener la carrera, subirse a un manzano y arrancar 5 manzanas verdes.

– Voy a seguir. Están verdes pero las comeré corriendo.

Se comió la primera… La segunda… La tercera… La cuarta y… Antes de consumir la quinta tuvo su primer vómito. Vomitó, pero siguió. Siguió pero lo atacó un fuerte dolor de estómago que lo obligó a internarse en un monte cercano para aliviarlo. Volvió a la carrera y con el regreso el dolor de estómago. Repitió la acción y al querer incorporarse vio como 4 corredores lo superaban. Rompió a llorar. No podía creer lo que estaba protagonizando: El título olímpico de la maratón de San Louis’ 1904 se le escapaba de las manos. Por mucho que luchó no pudo y clasificó quinto.

Llegó a la meta y nadie se percató de su presencia. Fred Lordz, el campeón, era felicitado, así como los lugares segundo y tercero. “El Andarín”, llorando, se retiró. Se fue bien lejos del lugar acompañado de la tristeza, su fiel compañera.

Tenía 29 años y para regresar a Cuba tuvo que hacer una colecta pública parecida a la que había hecho para asistir a los Juegos.

Falleció el 7 de enero de 1949, en La Habana. Tras discutir con un vecino, al que hizo correr varias cuadras, machete en mano sufrió de un infarto cardíaco. Iba a cumplir 74 años.

Ahora salta una pregunta, si “El Andarín” arribó a la meta en quinto lugar, ¿por qué le apodan “Félix IV”?

Sucede que se comprobó que Fred Lordz, que arribó a la meta en primer lugar, se había subido a un caballo de un amigo sobre el kilómetro 20 y se bajó en el kilómetro 39. Lordz fue apedreado por los presentes que lo felicitaban y expulsado, de por vida, de los Juegos Olímpicos convirtiéndose en el primer gran tramposo de estas lides. Al invalidársele el título, Félix Carvajal, ocupante de la quinta posición, le fue otorgado el cuarto lugar.

¿Es usted acaso triscaidecafóbico?

La terminología Fobia, según la Real Academia Española de la Lengua, proviene del griego Fobos, pánico, personaje mitológico, hijo de Ares y ImageAfrodita, que, a su vez, representa el miedo; Fobia, en el argot médico, se traduce en una afección emocional caracterizada por un terror intenso, o rechazo, hacia algo en particular; entiéndase, algo, lo mismo un objeto, que una situación determinada.

La Fobia, en el transcurso de la historia de la humanidad, y con el objetivo de proporcionar mejor su estudio, ha sido clasificada según el tipo de manifestación de quien la padece.

Por ejemplo, la Agorafobia, es el miedo a los lugares abiertos, empero, la Claustrofobia, es lo diametralmente opuesto, ya que implica el total rechazo a los espacios cerrados; aquellos que sienten temor a conducir vehículos, son señalados como amaxofóbicos, mientras que los sexofóbicos, son todos, y todas, que rehúsan las relaciones sexuales.

La fauna no están exenta de lo anterior; por solo mencionar tipologías fóbicas tenemos que la Ailurofobia, es pavor hacia los gatos; Aracnofobia, pánico de las arañar; Canofobia, espanto por los perros; Zemifobia, horror para con los topos; y Selacofobia, sobrecogimiento, terrorífico y espantoso, hacia los tiburones.

Deduzco, sin analizar un estudio previo, que en el mundo existan selacofóbicos en exagerada demasía porque, si bien cierto que las playas son un punto turístico muy concurrido, sobre todo en temporada veraniega, más cierto resulta que ninguno, pero ninguno de los bañistas, que acuden a estas en busca de esparcimiento, físico y espiritual, desea interactuar con esos feroces escualos.

Si así lo considera, amigo lector, tiene mi anuencia: Considéreme entre los millones de selacofóbicos que habitan el planeta tierra.

Recuerdo que el día viernes, 13 de mayo de 2011, el señor Humberto Rubín, Director General de “Radio Ñandutí”, formuló al aire la siguiente interrogante para todos aquellos radioescuchas que quisieran responder:

–       ¿Qué es la Triscaidecafobia?

Escuché, e ipso facto, recordé una versión televisiva, que se produjo en Cuba cuando yo acariciaba la ingenuidad que todo ser humano posee a los 10 años, sobre la novela policíaca “Los diez negritos”, publicada en 1939, de la autora inglesa Agatha Christie, donde uno de los ultimados se describía, además, como triscaidecafóbico. Aclaro que, esto último, no lo encontrará en la obra de la egregia novelista, sino que fue un aporte de quien escribió la versión para la pequeña pantalla.

La Triscaidecafobia es el trastorno de la personalidad que aduce temor desmedido, miedo irracional, pavor exagerado, descomunal, excesivo, desorbitado, hacia el número 13.

No existe la certeza de los motivos que originaron el nacimiento de la Triscaidecafobia, y, obviamente, de los tricaidecafóbicos. Algunos infieren que todo comenzó con la Última Cena de Jesús, donde existen 13 comensales; otros alegan que entre los vikingos, Loki, en el panteón nórdico, es el dios número 13, y este, al ser cristianizado, se convirtió en Satán, ángel número 13.

Históricamente, el día viernes 13, del año 1307, fueron exterminados, en la hoguera, los Caballeros Templarios, incluido Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden, quien, desde la pira lanzó una maldición versus el Rey Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V. Los antiguos egipcios, por su parte, consideraban que la fase número 13 del ciclo de la vida, era la muerte, de ahí surge que la carta número 13 del tarot, señala a la muerte.

Lo cierto es que la Triscaidecafobia existe, desde tiempos ancestrales, y muchas personalidades que, por fortuna o no, han trascendido la historia de la humanidad, son señalados por esta indisposición, nada arrechucha.

Adolfo Hitler, ejemplo, de triste recordación, triscaidecafóbico, de linaje y abolengo, ordenó que el avión caza alemán desarrollado tras el HE- 112 fuera el H-100, y no el HE-113; Arnold Schönberg, ejemplifico reincidentemente, compositor austríaco, imitaba al Fürer en cuanto a Triscaidecafobia se refiere, pero irónicamente nació el 13 de septiembre de 1874, murió el 13 de julio de 1951, y en el momento de su deceso contaba con 76 años, o sea, si sumamos ambos dígitos, 7 y 6, el resultado es 13; en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en 1944, aproximadamente, un bombardero cuatrimotor Superfortress B-29-BW, 42-6412, fue equipado con unas cámaras especiales para misiones de reconocimiento fotográfico y fue redesignado como F-13, la F para designar su categoría de serie de Foto Reconocimiento. El equipo regular de bombardeo y defensa fue mantenido en el avión, no obstante, otros 117 B-29-BWs y B-29As fueron similarmente modificados y designados como F-13 y F-13A para cargar cinco cámaras K-17B, K-22 y K-18.  En 1949 los F-13 fueron redesignados como RB-29 y RB-29A. Después de este caso particular, nunca más se ha utilizado el 13, ya que la superstición se impuso.

Los casos de Triscaidecafobia son innumerables, por tal motivo es imposible citarlos todos, sin embargo, deseo ilustrar que existe calificativos para todo ser humano que rechace los días martes y viernes, señalados con el número 13. La fobia específica al viernes 13, según los catálogos y diccionarios recurridos en el psicoanálisis, puede designarse de 3 maneras diferentes: Paraskavedekatriafobia, Friggatriscaidecafobia u Otocaidecamestafobia; mientras que la fobia al martes 13, se califica como Trezidavomartiofobia.

No deseo ser extenso, pero, antes de concluir, dejo plasmado que el 13 no es cifra exclusiva en ser discriminada por muchos.

Existe la Tetrafobia, que se traduce en miedo al número 4, muy experimentado en Japón, donde es frecuente que, hoteles y hospitales, no tenga cuarta planta por el hecho de que “shi”, en japonés, significa muerte y, al mismo tiempo, se pronuncia igual que el 4; y la última fobia que cito es la Hexakosioihexekontahexafobia, palabra nada sencilla y confortable en el momento de pronunciar, que expresa terror hacia el 666, combinación aritmética, que, según el verso bíblico Apocalipsis 13:18, indica el número de la bestia, por lo tanto identifica a Santanás o al Anticristo.

“La lobotomía, una práctica horrenda, y criminal, de la medicina moderna”

freeman_patientAño 1949. El doctor Antonio Caetano de Abreu Freire Egas Moniz, que desempeñaba su función profesional en los campos de la psiquiatría y la neurocirugía, se convierte en el primer ciudadano portugués, en la historia de la humanidad, en ser reconocido con el afamado, codiciado, y anhelado, Premio Nóbel; Egas Moniz, nacido el 29 de noviembre de 1874, recibió tan alta distinción en la categoría de Fisiología, y cito, textual, un fragmento del dictamen que emitió el jurado, atendiendo a “sus aportes en el descubrimiento de la lobotomía para el tratamiento de determinadas psicosis”.

Hurgando en archivos personales con el solo objetivo de encontrar un dato que, a su vez, me permitiera la conclusión de un artículo que refiere a la historia de la era peronista en la Argentina, pude un hallar un titular noticioso que, sin dudas, atrajo poderosamente mi atención: “Se sospecha que Evita Perón, terriblemente, fue lobotomizada”.

Reconozco que el término “lobotomizado” o “lobotomizada” era, totalmente desconocido para mí, por tal motivo decidí, de manera temporal, abandonar la era peronista argentina, para insertarme en la búsqueda de información que evacuara mi curiosidad, no solo periodística, sino personal.

Como suele suceder, mi punto de partida fue el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, RAEL, en el que no hallé definición alguna sobre los términos anteriormente citados; no obstante, la publicación de consulta me remitió una palabra similar: “Lobotomía” que, según la RAEL es la ablación, total o parcial, de los lóbulos frontales del cerebro.

Mi desconocimiento, sobre todo en el campo de la medicina, provocó que, al no comprender, en parte, la definición de la RAEL, consultara textos especializados; textos que, de manera obvia, saciaran mi interés, no que lo ampliaran.

Paralelo al avance de la investigación, se adueñó de mí un indescriptible, e inenarrable, sentimiento de desprecio hacia el doctor Egas Moniz, psquiatra y neurocirujano portugués, insisto, “merecedor” del Premio de Nóbel de Fisiología y Medicina, redundo, en 1949.

¿En qué consiste la lobotomía?

Para el “eminente científico” no existieron grandes obstáculos que le permitieran deducir su “feliz”, o infeliz, para ser exacto, conclusión. Para el primer experimento, en compañía de su colega Almeidas Lima, Egas Moniz tomó un chimpancé, lo ató a una mesa, y sin la aplicación previa de anestésicos, introdujo un objeto punzante en el orificio nasal derecho, y lo golpeó, con fuerza, supongo que con una especie de martillo, hasta que el infeliz simio, sin dejar de emitir alaridos lastimeros, sangró. Conclusión número uno: Había logrado despedazar el lóbulo frontal derecho. Para la continuación de la praxis, repitió la acción: Introdujo el objeto punzante en el orificio nasal izquierdo del chimpancé, y lo golpeó, nuevamente con fuerza, hasta hacerlo sangrar. Conclusión número dos: Había logrado despedazar el lóbulo frontal izquierdo. Tras esas dos conclusiones, el doctor Egas Moniz, arribó a una tercera: Había logrado separar la corteza prefontal del resto del cerebro. Y aunque el chimpancé, conejillo de indias de las ansias científicas del portugués, falleció a las pocas horas, este dedujo una cuarta, y última, conclusión: Si se aplica la Lobotomía en seres humanos, que padezcan cualquier patología psíquica, esta puede disminuir el sufrimiento, ya que la separación de la corteza prefrontal del resto del cerebro, provocará en los enfermos la pérdida de toda razón, y, por consiguiente, el calvario ante la enfermedad.

Lo anterior sucedió en el año 1935, y las propuestas para la aplicación de la Lobotomía, según Moniz, eran pacientes afectados por ansiedad crónica severa, depresión con riesgo de suicidio o severos desórdenes obsesivos- compulsivos, y enfermos en fase terminal.

La Lobotomía, en 1936, se popularizó en los Estados Unidos, gracias al “empeño y la buena voluntad” de un individuo llamado Walter Freeman, que ni siquiera era cirujano. El mencionado susodicho “inventó”, para vergüenza de la medicina contemporánea, el método popularmente denominado la “Lobotomía con Picahielo”.

¿En qué consistía la “Lobotomía con Picahielo”?

Freeman, intentando imitar al doctor Moniz, empleaba precisamente eso, un picahielo, que colocaba sobre el conducto lacrimal del paciente, derecho e izquierdo, y lo golpeaba con un mazo de caucho. El resultado de la práctica criminal era la misma: Separar los lóbulos frontales del resto del cerebro.

La “fama” de las Lobotomías aplicadas por Walter Freeman fue desmedida, a tal punto que, conduciendo el “lobotomobile”, como mismo definiera su vehículo, viajó por todo el territorio estadounidense para cumplir con su misión histórica: Paliar el sufrimiento de los enfermos. Se asegura que, entre 1936 y 1950, aproximadamente 50 mil enfermos fueron “lobotomizados” en los Estados Unidos.

Retornando a la génesis de este artículo, no solo Evita Perón fue sometida a tan execrable tratamiento; se afirma que una hermana de John F. Kennedy, ex Presidente de los Estados Unidos asesinado el 22 de noviembre de 1963, también fue “lobotomizada” porque padecía de una enfermedad, supuestamente Síndrome de Down, que le imposibilitaba comportarse como el resto de su prole, que tanta alcurnia, política y social, poseía.

A Walter Freeman, nacido el 14 de noviembre de 1895 en Pensilvania, Estados Unidos, se le retiró la licencia de aplicar Lobotomías en 1967, cuando uno de sus pacientes falleció in situ. Freeman murió el 31 de mayo de 1972, a consecuencia de un cáncer.

Por su parte, Egas Moniz, a quien se le “agradece” ser el pionero de la Lobotomía en el mundo, falleció el 13 de diciembre de 1955, a la edad de 81 años, en Lisboa, capital lusitana; en 1938, un paciente, limitado de sus capacidades mentales, alegando que no le estaba medicando correctamente, le propinó 8 disparos; tal agresión lo condenó a una parálisis de por vida. En la actualidad, familiares de pacientes “lobotomizados” exigen que se le retire el Premio Nóbel que recibió en 1949 por sus “aportes” a la Fisiología y Medicina, algo que, según el reglamento que rige la entrega de la distinción, es realmente imposible.