“Casi ni se recuerda el crimen de mis niñas”

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, ONU, firmó lo que, hasta nuestros días se conoce como Declaración Universal de los Derechos Humanos. Posteriormente, el 4 de diciembre de 1951, fue aceptada la propuesta de que cada 10 de diciembre se recuerde el “Día de los derechos humanos”. “Nadie será sometido a torturas ni a penas, o tratos crueles, inhumanos o degradantes”, asegura, en uno de sus artículos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no obstante el infortunio ha demostrado que, en ocasiones, no sucede así, y Gertrudis Franco de Miñarro, insisto que por caprichos del infortunio, puede dar fe de lo anterior. “Mis niñas fueron asesinadas el 20 de septiembre de 2001. Casi ni se recuerda el crimen de mis niñas”. De visita en la capital del país, Gertrudis accedió a conversar para, de esta forma, “revivir lo sucedido a Benedicta y Luisa Beatriz”, según afirmó entre sollozos. Este artículo, además de conmemorar el 10 de diciembre, es un homenaje póstumo, no solo a Benedicta y Luisa Beatriz, sino también a Diego Báez, Emilio Aguirre, Amín Riquelme, Felicita Estigarribia, menores que, sin apenas haber conocido las alegrías y sinsabores de la existencia terrenal, les fueron impuestos los caprichos de la muerte.

Han sucedido más de 12 años desde aquel 20 de septiembre.

El día era tranquilo. Vivimos en la compañía Capiitindy, distrito de Aba’i, Caazapá. La siesta estaba tranquila. Mis niñas jugaban, y me pidieron dinero para comprar chupetines. Les di 400 guaraníes, y salieron a una despensa que está bien cerca de la casa. Ellas iban siempre allí, no había peligro. Donde vivimos no hay peligros, Capiitindy es un lugar tranquilo. Salieron a comprar sus chupetines y nunca más regresaron. Ellas tenían 9 y 4 años. Benedicta era la mayor. No olvido que las vi salir de la casa tomaditas de la mano. Es la última imagen que tengo de ellas. Les advertí que tuvieran cuidado, que volvieran lo más rápido posible, pero no regresaron.

Si desea no contestar a alguna pregunta, no lo haga, Gertrudis. Sé que vamos a rememorar un momento, extremadamente, terrible. ¿Se conoce lo que sucedió realmente?

Se sabe, señor, porque los asesinos contaron todo.

¿Quiénes fueron?

Vidal y Evelio Benítez, que son hermanos, y Leonardo Troche, otro vecino.

¿Qué sucedió?

Ellos estaban en casa de Troche tomando alcohol, caña, y fumando marihuana. Desde la mañana estaban en eso, y tuvieron necesidad de mujeres. Salieron y, en lugar de mujeres, encontraron a mis niñas que nunca llegaron a comprar sus chupetines. Dicen que les cerraron el paso, y las llevaron a empujones, hasta una chacra abandonada. Allí las violaron, y las ahorcaron.

¿Las violaron y las ahorcaron?

Así mismo. Yo vi que se demoraban, pero pensé que se habían entretenido, pero al ver que pasaba el tiempo y no llegaban, mandé a mi hijo a la despensa, y allí le dijeron que Benedicta y Luisa Beatriz no habían estado por allá. No quería pensar en lo peor, pero aun así pedí ayuda a los vecinos. Se movilizaron y comenzamos a buscar.

Es increíble que algo tan terrible haya ocurrido a plena luz del día y que nadie, absolutamente nadie, haya visto o escuchado algo.

El único que dijo haber escuchado es un vecino que se llama José Velázquez; él le dijo a la policía haber escuchado un grito aterrador mientras descansaba en su casa. Pero fue un grito, no varios gritos. Los otros vecinos no escucharon nada.

¿Demoraron en encontrar los cuerpos?

Neco, mi esposo, y don Amadeo, otro vecino, buscando, llegaron a casa de Troche, que seguía bebiendo junto a Vidal y Evelio. Les comentaron que las niñas estaban desaparecidas, pero ellos dijeron que no sabían nada. Neco y Amadeo les pidieron que sumaran, como los otros vecinos, a buscar. Se negaron, pero ante Troche le dice a Vidal que acompañe a Neco y a Amadeo. Vidal salió, y se quedaron Evelio y Leonado bebiendo.

Violaron, asesinaron, y regresaron a continuar compartiendo como si nada hubiese sucedido.

Según contó Leonardo, cuando Vidal se fue, y quedó solo con Evelio. En un momento fue hasta un apartado del patio de la casa de Troche para orinar, y dice que no pudo hacerlo, porque comenzó a ver a mis niñas. Aterrado, Evelio, se orinó en los pantalones, lo que provocó la burla de Leonardo.

¿Cómo encontraron los cuerpos?

Prácticamente Vidal se delató, porque el grupo de vecinos que buscaba quiso hacerlo en la chacra abandonada, y él comenzó a negarse, a decir que para qué iban a buscar ahí si la chacra estaba abandonada; los vecinos insistieron en ir, pero Vidal los convenció que no. Al otro día fue que, cuando hice la denuncia a la policía, Amadeo, nuestro vecino, le contó al comisario, fueron, y encontraron los cuerpos de mis niñas ahorcadas. Tenían los cuerpos destrozados. El velatorio se hizo con los cajones cerrados.

¿Por qué demoró tanto en denunciar la desaparición de sus hijas?

No me pregunte porque no sé qué responder.

Agradezco su sinceridad, Gertrudis, proseguimos. ¿Cómo ocurrió la detención de los victimarios?

Cuando descubrieron los cuerpos de mis niñas, fueron a buscar a Vidal y a Evelio, pero ellos no estaban en su casa; pensaron que estaba en casa de Troche, pero tampoco estaba. Parece que se olieron que habían encontrado los cadáveres y huyeron, a los 4 días se entregó Vidal. Dice que no podía con tanto cargo de conciencia; Vidal, entonces, dijo donde estaban Evelio y Troche; ahí los detuvieron también. A los 3 los condenaron a 25 años de prisión. ¿Sabe una cosa? Le agradezco la entrevista, porque casi ni se recuerda el crimen de mis niñas. Nosotros, los vecinos, sí, pero nadie habla de ellas en los programas. Al parecer las olvidaron, pero con mi recuerdo, diario, es suficiente.

La violencia, sin temor a equivocarnos, es una de las formas extremas de profanación al sistema normativo de la sociedad. Una concepción restringida de violencia la define como una agresión que se realiza mediante la fuerza o la amenaza de fuerza; una definición más amplia podría extenderla a toda forma de agresión a través de la fuerza, el engaño o la desnaturalización de los mecanismos legales. Es imposible ir al pasado. Es imposible mitigar el dolor que sufrieron Benedicta y Luisa Beatriz en sus últimos instantes de vida, y paliar, a su vez, el sufrimiento de sus allegados. A las pequeñas no solo les fue segada la vida prematuramente, sino que se les impidió darle el último beso a mamá; el posible, y no dicho, “hasta pronto” fue convertido por execrables desvaríos se seres vivientes sin sentido de la civilización, sin reparos, sin miramientos, sin resquemores, en un trágico “hasta siempre”.

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