“No, ante todo soy paraguayo”

ericoLa historia paraguaya, indefectiblemente, obliga a recordar figuras que, en el transcurso de poco más de 200 años, han descollado y, a su vez, trazado un hito, en la historia de esta noble nación. 200 años, aclaro, que se traducen en 2 siglos, en 100 bienios, en 20 décadas, o en 40 lustros.

Los nombres, por ejemplo, de José Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López, Rafael Barret, Augusto Roa Bastos, Josefina Plá, Gabriel Casaccia, Agustín Pío Barrios, son recurrentes desde el mismo preciso instante en que se comenzó la preparación de los festejos patrios; los nombres, y ejemplifico nuevamente, de William Paat, Ramón Cardozo, Eusebio Ayala, Bernardino Caballero, resultan indispensables en esta coyuntura histórica.

La paraguayidad, y ofrezco disculpas por la invención lingüística que acabo de aportar a la lengua cervantina, no es una mera condición; la paraguayidad es, por sobre todo, un sentimiento que debe de primar, cimeramente, en el pináculo de las pasiones; es un algo que, por necesidad del espíritu, tiene que prevalecer, obviamente, en el orgullo nacional, tanto que no debe de existir paraguayos auténticos, o paraguayos mendaces, el paraguayo tiene que ser solo eso, paraguayo.

Aplaudo, hasta la saciedad, a todo aquel que enrumbe su derrotero con la convicción, la honra, el pundonor, de haber visto la luminiscencia terrenal en estos lares geográficos. Vitoreo, empero el hartazgo, a todo el que, como el gran Arsenio Erico, ha dado muestras de esa satisfacción guaraní.

Año 1938. Argentina organizaba la selección nacional de fútbol que participaría en la Tercera Copa del Mundo, a realizarse en varias ciudades de Francia. Querían integrar un potente equipo que les diera la posibilidad de besar el ansiado trofeo. Anhelaban que sus mejores jugadores vistieran la camiseta albiceleste, e ipso facto el nombre de Arsenio Erico, “El Saltarín Rojo”, futbolista paraguayo integrante del club Independiente, discurrió diligente, pero existía un gran obstáculo: Erico, “El semidios”, como también se le tildaba, no era argentino; sin embargo, y en ocasiones, para una gran problemática, existe una gran solución, y propusieron a “El diablo saltarín”, otro de los motes que recibió en el vecino país, la extravagante suma de 200 mil pesos por cambiar su nacionalidad. Para la época, aclaro, la suma ofrecida a “el rey del gol” resultaba exorbitante para la época, por lo que cualquiera no hubiese dudado en aceptar. Cualquiera, especifico, cualquiera que no fuese Arsenio Pastor Erico Martínez.

–       No- respondió serenamente- Ante todo soy paraguayo.

La anécdota anterior, tras hacerse pública, provocó en los aficionados un sentimiento de admiración tan fuerte que las décadas transcurridas, desde la fecha hasta la actualidad, no han podido disolver, y para ilustrar lo anterior expongo, para aquellos que desconocen, este otro suceso.

1977. Erico, tras graves complicaciones de salud, que incluyeron la amputación de la pierna izquierda, fallece el 23 de julio; al siguiente día, Independiente, club que testificó su esplendor futbolístico, enfrentó a River Plate. A pesar de ir debajo en el marcador, “Los rojos” pudieron vencer a “Los millonarios” 2- 1.  Aseguran, las crónicas deportivas, que los aficionados, de ambos clubes, muchos impidiendo contener las lágrimas por la emoción, tuvieron presente al insigne paraguayo que, apenas 24 horas antes, había dicho adiós, para siempre, a la realidad terrenal.

–       ¡Se siente!… ¡Se siente!… ¡Erico está presente!

Corearon. Corearon como muestra de despedida. Corearon como muestra de agradecimiento. Corearon como muestra de admiración a quien, a pesar de establecer su residencia en Argentina, nunca olvidó la tierra que lo vio nacer el 15 de marzo de 1915.

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Un comentario sobre ““No, ante todo soy paraguayo”

  1. Arsenio Erico es tan Paraguayo o más Paraguayo que cualquier otro, porque incluso se alistó en el Ejército Paraguayo para la defensa del Chaco, o sea, OFRECIO SU VIDA por el Paraguay. Es más, de allí lo trajeron para participar de la selección Paraguaya para participar en partidos organzados por la CRUZ ROJA para juntar dinero; incluso para ambos contendientes. Juntó mucho dinero para el ejército Paraguayo de aquel entonces. También, fue un hombre muy SOLIDARIO con sus compatriotas que vivía en Buenos Aires. En su casa (Merlo, Provincia de Buenos Aires) era como una embajada Paraguaya en el exilio.

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