“Sé que la droga me está matando, pero nada puedo hacer”

Pude acceder a él gracias a un amigo en común. Su nombre es José Ángel, tiene 38 años, y una vida señalada por la adicción a las drogas. Cuenta que, hace más de 2 décadas, siendo apenas un adolescente, y animado por su padrino, se llevó a la boca el primer cigarro de marihuana que consumió en su vida. “Yo tenía 13 años, lo probé, y me gustó; me gustó tanto que perdí la cabeza. Dejé de estudiar, y comencé a andar por Asunción buscando siempre un motivo para drogarme. Muchas veces no tenía dinero y robé; robaba cualquier cosa que luego vendía, o empeñaba. Me fui de la casa; estuve por ahí, dando vueltas; cuando regresé supe que mi madre había muerto”. Desde ya agradezco a José Ángel la gentileza, y la sinceridad; a Marcelo, reitero, nuestro amigo en común, el presentármelo, y, además, fungir como traductor en una entrevista donde mi interlocutor, en todo momento, se expresó en guaraní.

¿Recuerdas ese primer momento?

Por supuesto. Estábamos en casa. Mi viejo, mi padrino, y 2 amigos más, tomaban cerveza. Escuchaban música, reían, estaban prácticamente ebrios, cuando mi padrino sacó un cigarro, lo prendió, y todos comenzaron a fumar. Se lo pasaban uno a otro. En un momento mi padrino me llamó, cuando llegué le dio el cigarro y me dijo que fumara. Yo lo hice, pero mal. Había fumado cigarros comunes, pero no marihuana. Entonces me explicó cómo se hacía, y lo hice.

¿Qué sentiste?

De momento, nada; pero unos 10 minutos después se me aflojaron las piernas, la vista se me nubló, y todo me comenzó a dar vueltas. Escuchaba las voces de mi padre, mi padrino, y sus amigos, bien lejanas, como si yo estuviera en un hueco; pero lo peor de todo, es que me gustó. Me gustó sentirme así. Desgraciadamente me gustó sentirme así.

Tu padre estaba en el grupo y aprobó que fumaras.

A mi él no le importa nada. El que debió haber muerto fue él, y no mi vieja. Recuerdo que, al otro día, me desperté porque ellos estaban discutiendo. Mi vieja le reprochaba el haber permitido que me dieran a probar marihuana.

¿Vive tu viejo?

Sí, vive, aunque… Bueno, no sé si vive aún. Hasta hace como 5 meses estaba en casa de un hermano mío. Si vive debe de estar mal, muy mal. Es diabético y le cortaron una pierna, y la otra estaba por cortársela. También se había quedado ciego. Pero no me haga caso, no sé si vive. Hace 5 meses fui a verlo y terminamos discutiendo. Juré no verlo nunca más.

¿Por qué discutieron?

Y no sé. Yo estaba drogado, como siempre. Fui a casa de mi hermano a ver si comía algo. Estaba ahí, me dio rabia saber que vive y que mi vieja no. Yo tuve la culpa de la discusión, lo reconozco, pero no quiero verlo más. Sé que vamos a terminar discutiendo.

Después de aquella primera vez…

Solo pensaba en levarme un cigarro de marihuana a la boca. Robé. Les robé a los vecinos, le robé a la familia, le robé a mi mamá… Mi mamá sufrió mucho. La hice sufrir mucho. Creo que mi vida es un castigo de Dios por eso. Dios coloca todo en su lugar, y te devuelve las mismas acciones que uno comete. Recuerdo a mi madre llorando, delante de mí, pidiéndome que dejara la droga. Nunca le hice caso.

¿Puedes hablarme un poco de ella?

¿De mi vieja?

Si así lo quieres, de lo contrario…

Sí, quiero hablar de ella. Sé que me está observando, y quiero que sepa lo arrepentido que estoy de todo. Ella era muy buena. Lavaba ropa, vendía chipa, vendía dulces, sopa, caramelos… Todo para que mi hermano y yo pudiésemos tener una vida digna. Ella se sacrificó mucho por mí, por nosotros, y yo fui un ingrato. No le hacía caso. Nunca le hice caso. Cuando la veía llegar de la calle, la vigilaba, y le robaba todo el dinero que había hecho trabajando. Necesitaba dinero. Ya había dejado la marihuana, y consumía cocaína, crack. En una ocasión le pegué. Después de esa ocasión me fui de la casa y nunca más la volví a ver. Unos me dicen que murió de tuberculosis, pero yo creo que se murió de tristeza. Me arrepiento mucho de todo.

¿Para dónde te fuiste?

Me fui a vagar. Estuve un tiempo en Caacupé, en Luque, en Santaní… Así estuve 17 años.

¿17 años?

Tenía 15 años cuando dejé la casa, regresé con 32.

¿Estuviste 17 años sin que tu familia supiera de ti?

17 años, créame. Lo dejé todo por la droga, y no solo lo material, dejé la familia. Cuando llegué la gente apenas me conocía, cuando me identificaron me dijeron que mi vieja había muerto hacía como 5 años; que empezó a adelgazar, cayó en cama, y tosía mucho; tosía, y escupía, y vomitaba sangre. Mi hermano, y su esposa, fueron los únicos que la cuidaron. El velorio y el entierro se hicieron gracias a los vecinos que hicieron una colecta. Reconozco que no sé ni donde está enterrada. No sé porque no quiero saber.

¿Por qué no quieres saber?

Ya es tarde. Ya no vale. A mamá la recuerdo mucho, y si se fija tengo tatuado su nombre en la parte izquierda del pecho; quiero demostrarle a la gente que, la hice sufrir, pero la llevo en el corazón. Lea el tatuaje.

Estela María.

Ese es su nombre.

¿Tienes familia?

Mi hermano, su esposa, y 3 sobrinos. Mi viejo, ya le dije, no sé si vive. Mi hermano es albañil. Trabaja dignamente.

Me refiero a que si tienes hijos, esposa…

No me haga reír. ¿Quién va a querer cargar con un drogadicto?

Disculpa, José Ángel, pero no me estoy burlando de ti.

No, yo sé. Discúlpeme usted.

¿Has estado preso?

Nunca, y de puro milagro; porque mucho que robé para comprar droga, y mucha droga que ayudé a vender; aunque le digo una cosa, no me dedico a vender droga. He vendido

¿Dónde es más factible comprar y vender drogas?

Comprar donde quiera; donde quiera hay puntos que te venden, o te fían, si te conoce; vender, donde quiera también, aunque en las discotecas y en los colegios se vende muy fácil. Tiene que ver a los niños de 13 y 14 años fumando marihuana.

¿En qué colegios se vende?

En cualquiera, ya le dije; y ya le dije también que no me dedico a eso; le cuento, lo que me cuentan. No me gusta vender droga a niños, porque recuerdo mi vida. No le deseo a nadie lo que me tocó vivir. Créame que así es.

¿Por qué, constantemente, me pides que te crea?

Porque a alguien como yo nadie le cree. Créame que es así.

¿Cómo es tu vida en la actualidad?

Ni me explico cómo estoy vivo. Como a veces, me baño a veces, duermo a veces, pero me drogo siempre. Sé que la droga me está matando, pero nada puedo hacer. Nadie hace por mí, pero yo tampoco hago por mí. Mi hermano me dijo un día, “te ayudo si te dejas ayudar”, pero sigo en lo mismo. Ya estoy acostumbrado.

Te gusta la vida que llevas, porque no haces nada por dejarla.

Se equivoca, señor, no me gusta. Después de tantos años me he arrepentido de lo que hecho, de lo que hice con mi vida. Veo a mi hermano, y pienso que yo pude estar igual. Él, trabajando dignamente, tiene su casa, una familia, y, sobre todo, el recuerdo de mi madre, porque estuvo junto a ella hasta su último aliento. ¿Qué tengo yo? Nada. No tengo nada. No le puedo invitar a mi casa, porque ni casa tengo; Asunción es mi casa, y el cielo mi techo. Vivo hasta que Dios decida llevarme con él, con mi madre.

Si Estela María viviera, ¿qué le dirías?

¿Mi madre?

Sí, si tu madre ahora estuviera delante de ti, ¿qué le dirías?

Creo que le diera un beso, un abrazo, y le enseñara su nombre tatuado en el lado izquierdo de mi pecho, para que sepa, como lo saben todos, que la llevo en el corazón.

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