“Felicita, la niña asesinada en Yaguarón”

felicita“Hija mía, mi amor/ qué linda estabas/ cuando fui a despertarte esta mañana/ Tantas cosas pensé/ y no dije nada/ qué crecida te vi, mi amor/ qué larga”.

Abominable… Repulsivo… Deleznable… Atroz… Execrable…

Razono que es imposible calificar lo sucedido a Felicita Estigarribia. Resulta irrealizable cada esfuerzo por hallar un sinónimo capaz de describir el espeluznante acontecimiento vivido, por los vecinos de la ciudad de Yaguarón, Departamento de Paraguarí, el 1 de junio de 2004: En la peana del Cerro, homónimo para con la localidad, fue hallado, por leñadores que se dirigían a cumplimentar la jornada laboral, el cuerpo, sin vida y totalmente desnudo, de Felicita Estigarribia, niña de apenas 11 años, que vendiendo mandarinas, y chipa guazú, intentaba paliar la crítica situación económica de su núcleo familiar; la menor, según pesquisas policiales, resultó violada, estrangulada, y su cabeza golpeada, hasta el destrozo, con una roca. Como supuesto victimario es señalado Freddy Antonio Florenciano Brítez que, hasta hoy, se encuentra prófugo.Fredy

Versiones aseguran que, días antes, un amigo de Freddy Antonio, de nombre Wilson, la había amenazado con violarla; rumores afirman que Freddy Antonio, redundo, no concretó el vil asesinato solo, sino que se auxilió de 2 cómplices; bisbiseos manifiestan que Freddy Antonio, insisto, atentó contra la infante en solitario. El hecho, reitero, no solo fue vivido, sino que aún se mantiene vívido en la memoria de los pobladores.

– Un abuso. Fue un abuso. Felicita era un angelito. No voy a olvidar que rápido se conoció la noticia, y corrimos; corrimos todos y la vimos. Estaba destrozada. Cierro los ojos y la veo con sus ojitos abiertos, su boquita abierta. Pobre niña.

“Las palabras, ya ves/ jamás alcanzan/ si lo que hay que decir/ desborda el alma/ Pero atiéndeme bien/ cuando haga falta/ a tu lado estaré/ por si me llamas/ pequeña mía, por si me llamas”.

Condenable… Infame… Aborrecible… Repugnante… Aciago…

Continúo hojeando, y ojeando, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, y, a pesar de mi insistencia lingüística, todo esfuerzo por encontrar atributos, aposiciones, para con el caso de “La niña de las mandarinas”, ha resultado en vano. Felicita Estigarribia, hija de Florencia Estigarribia Ferreira y Claudio Mancuello, era estudiante del primer grado de la Escuela Básica 5355, del barrio Santa Librada, de Yaaguarón; Felicita Estigarribia era, además, la mayor de los 4 hijos de Florencia; Felicita Estigarribia era, también, el principal soporte en la manutención de su parentela. Felicita Estigarribia que, por sobre todo, jamás atentó, ni hizo daño a alguien.

– A Felicita solo le interesaba ayudar a su mamá, a su hermanitos. Demasiado buena era. Estudiaba y, luego, iba a vender sus mandarinas, sus chipas. Quisiera tener enfrente al que la asesinó para preguntarle por qué lo hizo. La madre le estaba preparando una sorpresa por su cumpleaños. La encontraron muerta el 1 de junio, y el 5 cumplía 12 años.

“El país que soñé/ que tú habitaras/ aún nos cuesta dolor/ sudor y lágrimas/ Pero existe, mi bien/ con tantas ganas/ en tus ojos lo vi/ esta mañana”.

Salvaje… Bestial… Inclemente… Inhumano… Sanguinario…

Mi niña salió de casa, el día antes, y no regresó. Al principio me extrañó, pero después me alarmé. No sé porqué pensé que algo malo había pasado. Un día vi a mi hija cariñosa, sonriente, al otro día, la vi muerta. Cuando vi el cadáver no la conocí. Tenía la carita con mucha sangre y no se le distinguían los ojos. Ella quería ser médico para ayudar a sus hermanitos, y para cuidarme a mí cuando sea viejita.

“No lo olvides jamás/ pequeña y canta/ es hermoso vivir/ con esperanzas/ El amor puede más/ que lo que pasa/ eso quise decir/ no hallé palabras/ pequeña mía, no hallé palabras”.

Aterrador… Tremebundo… Terrorífico… Alucinante… Sobrecogedor…

Ha transcurrido más  de una década, Felicita, de tu partida definitiva, de tu adiós para siempre, de tu despedida frugal y abrupta. Son inexactos los motivos de tanta saña contra tu inocente existencia. Tu victimario, llámese, por ejemplo, Freddy Antonio Florenciano Brítez, disfruta, del derecho a la vida; se deleita, precisamente, de lo que, de manera impune, te privó. Nada, ni nadie, puede explicar, ni desde los más profundos enigmas, la dimensión que ofrece el dolor, porque, Felicita, la muerte te privó de la existencia física, no obstante, hizo que te inmortalizaras en nuestro recuerdo. Descansa en paz, mi niña, y no olvido que, el pasado 5 de junio, hubieses cumplido 22 primaveras.

– Ella estuvo junto a nosotros todo el tiempo. Florencia, su mamá, me abrazó y me agradeció la fuerza que nosotros, sus vecinos, le estábamos dando, para continuar, hasta que se haga justicia, si algún día se llega a hacer justicia.

Válida aclaración: Los textos en negrita corresponde a “Canción para Verónica” de la cantautora argentina Teresa Parodi.

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3 comentarios sobre ““Felicita, la niña asesinada en Yaguarón”

  1. Fue una de las noticias más tristes que me toco vivir. No solo la violó, la golpeó y la estranguló, sino que luego intentó quemar su cuerpito. La encontraron muerta en el cerro, pero su breve pasar quedo marcado indeleble en su pequeño pueblo y en muchos corazones.

  2. Tristosima noticia en verdad y hermosa manera de recordarla, lo que sucedio quede marcado en la historia y sirva de ejemplo a legisladores para que ellos.con.la.imbestididura que poseen presenten leyes carcelarias y actuen con todo el peso de la ley ante tan atros acto..

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