“Derrotado por… ¡5 manzanas verdes!”

Félix Carvajal Soto, "El andarín" infortunado
Félix Carvajal Soto, “El andarín” infortunado

Félix IV o El Andarín Carvajal, apodos que identifican al maratonista cubano Félix Carvajal, es uno de los perdedores más fantásticos que existe en la historia de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. ¿Su mayor contrincante? Pues nada más y nada menos que por 5 manzanas verdes.

Félix de la Caridad Carvajal Soto nació el 18 de marzo de 1875 en San Antonio de los Baños, Cuba. Siempre vivió en la más absoluta pobreza pero se hizo famoso por su gran resistencia, ya que ejercía su oficio de cartero corriendo y no pedaleando una bicicleta como es común.

Como buen “andarín”, andaba; como buen andarín, corría aproximadamente 50 kilómetros todos los días. No lo detenía absolutamente nada. Solo pensaba en que su sustento diario lo tenía que ganar repartiendo cartas a fuerza de piernas.

– ¿Te interesaría participar en los Juegos Olímpicos de San Louis?

– ¿Juegos Olímpicos? -preguntó extrañado-. Si no tengo dinero para comprar una bicicleta menos para ir a los Juegos Olímpicos.

– Quedan 3 meses. Puedes hacer una colecta pública.

Corría el año 1904 y la ciudad estadounidense de San Louis había sido seleccionada para ser sede de los III Juegos Olímpicos de la era moderna.

– Una colecta pública es tu solución, Félix. Hazla, compite y verás que ganas la carrera de maratón. Nadie corre como tú.

Lo anterior embulló al paupérrimo cartero que duplicó su andar por las calles habaneras. Cuando terminaba de repartir la correspondencia, se colocaba un cartel, hecho por él mismo, en el que se podía leer: “Coopere con un atleta que quiere participar en las Olimpiadas de San Louis”.

En principio lo tildaron de loco, pero paulatinamente lo fueron tomando en cuenta. Corría como un demente prediciendo su triunfo olímpico y logró reunir la cantidad de dinero necesaria como para sufragar su pasaje en barco y participar en la tercera edición de los Juegos.

Nunca había embarcado y el viaje lo hizo totalmente mareado. Lo poco que comía lo vomitaba. Estaba débil físicamente pero su voluntad era de hierro. Maltrecho y con hambre llegó a la meta de salida 10 minutos antes de iniciarse la maratón y pudo inscribirse en la misma, no sin antes cortar sus pantalones y las mangas de su camisa para tener aspecto de atleta.

En sus marcas… Listos… Fuera

Se dio la orden de arrancada y la maratón comenzó con el cubano Félix Carvajal entre sus integrantes.

Antes de vencer el primero de los 42 kilómetros y 195 que tiene la carrera de maratón, “El Andarín” marchaba a la cabeza gozando de una buena ventaja sobre sus más cercanos competidores. Fred Lordz, por ejemplo, uno de los representantes de los Estados Unidos, sobre el kilómetro 15 se ubicaba en segundo lugar a 5 kilómetros del cubano.

10 kilómetros… 20… 30… 40… “El Andarín” acariciaba el título olímpico. Ya se veía paseando en los hombros de los fanáticos y, en Cuba, fotografiado en todos los periódicos.

La imaginación de un ser humano es muy poderosa siempre y cuando no aparezca el hambre, y eso fue lo que sucedió con el infortunado Félix Carvajal. El hambre lo estaba venciendo faltando solamente 2 kilómetros para llegar a la meta. El hambre de muchos días sin probar bocado, el hambre que desde Cuba lo acompañaba, el hambre que lo hizo detener la carrera, subirse a un manzano y arrancar 5 manzanas verdes.

– Voy a seguir. Están verdes pero las comeré corriendo.

Se comió la primera… La segunda… La tercera… La cuarta y… Antes de consumir la quinta tuvo su primer vómito. Vomitó, pero siguió. Siguió pero lo atacó un fuerte dolor de estómago que lo obligó a internarse en un monte cercano para aliviarlo. Volvió a la carrera y con el regreso el dolor de estómago. Repitió la acción y al querer incorporarse vio como 4 corredores lo superaban. Rompió a llorar. No podía creer lo que estaba protagonizando: El título olímpico de la maratón de San Louis’ 1904 se le escapaba de las manos. Por mucho que luchó no pudo y clasificó quinto.

Llegó a la meta y nadie se percató de su presencia. Fred Lordz, el campeón, era felicitado, así como los lugares segundo y tercero. “El Andarín”, llorando, se retiró. Se fue bien lejos del lugar acompañado de la tristeza, su fiel compañera.

Tenía 29 años y para regresar a Cuba tuvo que hacer una colecta pública parecida a la que había hecho para asistir a los Juegos.

Falleció el 7 de enero de 1949, en La Habana. Tras discutir con un vecino, al que hizo correr varias cuadras, machete en mano sufrió de un infarto cardíaco. Iba a cumplir 74 años.

Ahora salta una pregunta, si “El Andarín” arribó a la meta en quinto lugar, ¿por qué le apodan “Félix IV”?

Sucede que se comprobó que Fred Lordz, que arribó a la meta en primer lugar, se había subido a un caballo de un amigo sobre el kilómetro 20 y se bajó en el kilómetro 39. Lordz fue apedreado por los presentes que lo felicitaban y expulsado, de por vida, de los Juegos Olímpicos convirtiéndose en el primer gran tramposo de estas lides. Al invalidársele el título, Félix Carvajal, ocupante de la quinta posición, le fue otorgado el cuarto lugar.

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