“En Cuba, para poder vivir, hay que vivir de las prostitutas”

ImageSoy proxeneta, pero no me importa.

He leído. No mucho, pero sí he leído. Menos los periódicos de este país que desinforman y dicen más mentiras que el ilustre “Pinocho”, he leído cualquier cosa;  y como he leído le voy a decir que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, proxeneta, es aquella persona que favorece y procura, las relaciones sexuales ilícitas; persona que promueve la prostitución, que es la actividad a que dedica el ciudadano o ciudadana que mantiene relaciones sexuales con otra a cambio de dinero.

¡Y sí! Soy proxeneta y qué.

A otra cosa no me voy a dedicar, no lo soy porque quise, sino porque me obligaron. ¡Y no mi familia, sino el sistema! ¡Este sistema para muchos será muy bueno, pero para mí es una porquería!

Mi papá es un revolucionario de los viejos, que me puso Ernesto por el Che. Quería que yo fuera un tipo duro, serio, intachable, revolucionario, comunista… Se ponía orgulloso con eso de:

–       Pioneros por el comunismo… ¡Seremos como el Che!

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que en lo único que me parezco al Che es en lo del asma y en que me gusta el fútbol, porque en lo de comunista…

No soy ni un tipo duro, tampoco serio, mucho menos intachable, revolucionario ni que decir, comunista… Bueno ya te dije que no soy comunista y que me parezco al Che en lo de los ataques de asma. Y mi papá se ha resignado, y, por lo menos de dientes para afuera, me acepta como soy. Claro, no es ninguna hazaña; tiene que hacerlo, porque antes de meterme en esto nos estábamos comiendo a Tamacún desnudo y de espalda… Pasábamos un hambre terrible, por eso me dije:

–       Ernesto, tienes que salir a luchar a la calle, porque no te puedes quedar estancado. El tiempo pasa y te vas poniendo viejo.

No le di más vueltas a la noria, y salí a buscarme la vida tratando de que fuera de la manera más fácil e indigna posible.

Me fui a la calle a luchar, y desde hace como 7 años me dedico a proporcionarle sexo a los extranjeros. Tengo como una empresa. 6 muchachas que trabajan para mí: Una rubia, una trigueña de piel blanca, una trigueña de piel india, una negra, una mulata y una china.

¡Es como una mesa buffet de mujeres!

¡Todas en perfecto estado de salud!

Los extranjeros me piden, y yo ofrezco, y si no les gusta las que tengo, salgo a buscar una donde sea. Entran y se las exhibo desnudas, haciendo el amor entre ellas, para que exciten nada más de verlas.

A veces lo que tengo llama la atención, otras no, pero siempre resuelvo.

No hace mucho me pidieron una niña de 13 años, negra, alta, delgada… La negra que tengo en mi reserva es alta y delgada, pero no tiene 13 años. ¡Tenía que tener 13 años! Al principio pensé:

–       Coño, me la pusieron difícil.

La cosa cambia con una menor de edad:

–       ¡Qué me importa que sea una menor de edad, no me dedico a ese mercado, pero si me pagan bien soy capaz de buscar una recién nacida!

Sin mucho problema, encontré:

–       No quiero.

–       ¿Por qué?

–       Yo nunca he estado con un hombre.

–       Por una vez se empieza, niña.

–       No quiero…

–       100 dólares la noche, muchacha, dale.

Ahí la negrita tragó en seco:

–       ¿100 dólares?

Para ella, la pobrecita, 100 dólares son como ver a un dinosaurio bañándose en el malecón de La Habana, caminar de manos de un marciano exhibiéndose por toda La Rampa, o ir a bailar salsa en la luna:

–       ¿100 dólares?

–       100 dólares, niña, ¿tú alguna vez has visto 100 dólares?

–       Verlos sí.

–       ¿Han sido tuyos?

–       No.

–       ¡Entonces, princesa! Te llevo donde está el extranjero, haces todo lo que él te diga y listo.

–       ¿Y si se enteran en mi casa?

–       ¿Tú lo vas a decir?

–       No. Claro que no.

–       Yo tampoco voy a ir a tu casa a decirlo.

–       ¿Para cuándo es?

–       Para ahora mismo.

–       ¿Me cambio de ropa?

–       Chica, ¿tú eres idiota o imbécil? ¿Cómo vas a ir a darle el culo a un tipo con el uniforme de la escuela puesto? Te quitas el uniforme, te pones lo mejor que tengas y te vas conmigo.

–       Espérame aquí que vengo enseguida.

Según me dijo que, con los 100 dólares, le consiguió una medicina a su abuela, enferma de cáncer, en la Clínica Internacional “Cira García”, y con lo que sobró compró, para su casa, jabón, desodorante, aceite de cocina, un poco de carne de res y un juguete para su hermanito… Se me aguan los ojos diciéndote esto, pero  fue así. La negrita me dio una bofetada sin manos.

En su casa ni le preguntaron de dónde sacó el dinero, sino que respiraron aliviados porque, al menos por un tiempo, iban a usar jabón y desodorante para oler como humanos y no como animales… ¡Y también iban a comer carne de res que en Cuba es un objeto de antes de la Era Mesozoica!

¡Suerte para ella que encontró a un extranjero que le comprara en la Clínica Internacional “Cira García”, porque, como tú sabes bien porque no vives en el planeta Marte, los cubanos, los que vivimos en este país, los que soportamos como carneros todos los caprichos del gobierno, aún teniendo el dinero, no podemos ir a comprar medicamento alguno en ese lugar aunque nos estemos muriendo!

Pero lo más importante de todo esto es, que por 100 dólares, esa niña de 13 años se acostó con un viejo canadiense que daba asco. A ella, le pagaron 100, a mi 500.

¡Negocio redondo! ¿Verdad?

Y lo otro más importante fue que el viejo me habló tan bien de ella, de cómo se había comportado en la cama, que me embullé y me acosté yo también con la negrita. Gocé de lo lindo, y gozó ella; y se la tiré a los buitres, que son las 6 muchachas que trabajan para mí, y gozaron haciendo el amor con esa niña de 13 años que tiene una piel tan negra como tan fina, que tiene unos labios tan grandes como tan jugosos, que tiene unas piernas tan… ¿Quieres gozar tú también?

No hay problema, la llamo, viene y la pasas de maravillas, sin que te cueste un centavo porque eso va por la casa.

¿No quieres?

Embúllate.

Es material de primera. Te lo estoy diciendo en serio.

Tú te lo pierdes.

Lo mío es eso: Si los extranjeros quieren divertirse, les doy la diversión. Para eso tengo mi empresa, ¿no? Mis chicas están advertidas y educadas:

–       Muchachitas, métanse esto en la cabeza: Hay putas de tacón y putas de zapatillas; ustedes, como putas al fin, tienen que ser de tacón; o lo que es lo mismo, estiradas y finas para que las respeten.

Les compro cuanta cosa quieren, les pago bien, y, para cumplir con el trato, todos los días me acuesto con una distinta. Gozo de lo lindo 6 días a la semana y descanso uno.

No voy a negar que la policía, a veces, me pone la situación bien mala, y tengo que aguantar un poco, pero a mí hay que sorprenderme con la mano en la masa, porque si no, nadie me puede meter preso.

¡Yo a la cárcel no voy! ¡Primero muerto que encerrado!

Creo que me suicido, y como no me voy a suicidar, hago las cosas hilando fino para no escacharme.

Este es un negocio que da, pero hay que invertir. Para que te de un dólar, tienes que gastar 5. A las compras para mis chicas se le suma el soborno a los custodios de hoteles y a la policía.

A mí me da gracia porque se pasan la vida que la policía cubana es la bárbara, la bestial, la mejor, y los policías son los primeros que quieren enriquecerse a costa de uno. Te piden 10 y 20 dólares por hacerse los de la vista gorda, y eso conmigo no va, le doy a cada uno 5 y van andando. Porque yo no voy a mantener a ninguno de esos analfabetos con uniforme y pistola que no saben que 2×2 son 4, ni que Pinochet era el presidente de Chile y no de China, ni tampoco que el Che era médico y no abogado. El que los oye hablar se orina de la risa:

–       Óyeme, compay, lo siento mucho, pero “ete” dinero que me “dite” no me alcanza ni pá “empezal”.

Así habla la policía de este país. ¿Quién va a respetar a alguien que quiere poner respeto y no sabe hablar?

–       Dame “má” dinero que la cosa “tá” dura.

Yo sí que los despacho rápido:

–       5 es lo que te puedo dar; 5 por cada puta, y se acabó.

También los entiendo. Ellos tienen familia y mal comen con la misma libreta de todo el mundo, pero no me da la gana de que me quiten mi dinero tan fácilmente. No me da la gana, así de sencillo.

A veces los policías más viejos son los que más exigen, pero el lío es que ellos se acostumbraron a lo que se daba allá por los años 94, 95, 96, 97… Por esos años funcionaba lo que le decíamos “El triángulo de las bermudas” que era “El palacio de la salsa” del hotel Riviera, la disco “Aché” del hotel Cohiba, y el servidor  de combustible CUPET que está en Paseo y Malecón.

Aquello se ponía bueno de verdad. Aquello era un antro de perdición que nos estaba enriqueciendo por día.

¿Tú nunca fuiste?

Ay, mi hermano, si no fuiste… ¡Lo que te perdiste!

Las putas ligaban a los extranjeros en el CUPET que iban a echar gasolina, y se iban con ellos para la disco o para el palacio, pero como la felicidad en casa el pobre dura lo que el merengue en la puerta el colegio, primero cerraron el palacio, y después la disco, y todo se echó a perder.

Donde estaba el palacio pusieron de nuevo el famoso cabaret “Copa Room”, y donde la disco hicieron el “Habana café”. Son lugares en dólares, donde van extranjeros, pero los que van no son ni la cuarta parte de los que nos encontrábamos en el palacio o en la “Aché”.

¡En el palacio y en la disco “Aché” se vivía una morbosidad que enviciaba!

Aquí no cabe eso de que del lobo un pelo, porque con el CUPET solo poco se hace. Yo me acuerdo que salíamos de madrugada del palacio o de la disco con un extranjero y 3 muchachas, y nos íbamos para la playa.

3 muchachas, el extranjero y yo; y no tengo que decir lo que hacen borrachos, en una playa oscura, 2 hombres y 3 mujeres… ¡Lo que se formaba no te lo voy a decir! ¡Imagínatelo! ¡Nada más te voy a decir que lo que se formaba nunca ha salido ni por la Play Boy!

Yo tengo que vivir, y vivir bien. Comer en lugares buenos, vestir ropa de boutique, oler como un príncipe…

Así vivo yo…

Así tengo que vivir yo, y para vivir así no tengo bandera: Si para mi se pone una extranjera, bárbaro, si es un extranjero, bienvenido sea también; si una extranjera quiere mujer, se la consigo, si quiere hombre, ahí estoy yo; si es un tipo igual.

Yo, ni tengo miedo, ni tengo bandera:

–       Cuídate del SIDA.

Me dicen muchos, pero si te pones a pensar en el SIDA no vives. Claro, como de imbécil no tengo un pelo, siempre me pongo mi preservativo.

Hay gente que me ha dicho que lo hago no está bien:

–       Recapacita, Ernesto.

Hasta mi papá, que me dejó por incorregible, a cada rato me tira sus indirectas:

–       ¿Qué necesidad tienes de andar así? La revolución te lo ha dado todo.

–       Te voy a advertir, no empieces con lo mismo.

–       ¿Es mentira que la revolución no te ha dado todo?

–       ¡La revolución ya pasó de moda, papá! La revolución se quedó en los 60. Ya ni se debería llamar revolución. Revolución significa cambio, y aquí no ha cambiado nada.

–       Ernestico, respeta…

–       Te respeto a ti, respeto tus cosas, no a la revolución que no respeta nada… ¡Ni el derecho a vivir!

–       Ernestico…

–       Déjame tranquilo. Nunca te he criticado ni que seas del partido, ni que vayas a los desfiles, ni que seas presidente del comité, ni que sigas con las ideas esas que tú tienes. Mi vida es mi vida y punto.

Por supuesto, cuando se sienta a la mesa y mi mamá le sirve de lo que yo traigo y compro, no se acuerda de las cosas buenas de la revolución. Come sin hacer apenas comentarios, y si dice algo no es a favor del sistema:

–       Un bistec de res parecido a este me lo almorzaba yo en el capitalismo cuando llegaba de la escuela.

–       ¿En qué quedamos, papá? ¿Antes del 59 se vivía bien o no?

–       Bueno…

–       Sí, claro, por lo menos había un bistec de res para comer.

El problema, y para que me entiendas mejor, es que no estoy hecho para trabajar. Hace tiempo que llegué a una conclusión: el tiempo es dinero, y los que trabajan apenas tienen tiempo, por eso, decidí no trabajar para tener todo el tiempo del mundo, y por eso tengo dinero. ¿Viste qué sencillo?

Mi asunto es ganar plata sin tener que trabajar, amigo mío.

Yo a este sistema no le trabajo. ¿Para qué? ¿Para ganar 10 dólares ó 250 pesos cubanos mensuales?

¡El que lo piense está loco!

10 dólares me gano yo en un minuto, qué voy a trabajar por 10 dólares al mes que es el salario medio de este maldito país. ¡Y lo que más me indigna es que hay quien gana menos de 250 pesos dólares mensuales! ¡No me imagino cómo viven!

Hago lo mío, y a mi manera cuidándome de la policía y guardando mi dinero. Tengo que guardar dinero porque algún día esto se tiene que caer, y como aquí casi nadie tiene un centavo porque si tienes algo cualquiera te denuncia y la gente tiene miedo a que los denuncien, los que vamos a tener una tierrita somos los que vamos a sobrevivir.

A manera de epílogo: Tras muchos años ejerciendo como proxeneta, Ernesto, fue sentenciado a 20 años de privación de libertad, y confiscado todos sus bienes. Su padre, de la vergüenza, se quitó la vida; solo su madre le reprocha que fue el culpable de la muerte de su progenitor. Cuentan que se ha convertido en un ser solitario y taciturno. Hoy cumple en la llamada “Cárcel de Ciego de Ávila” a más de 500 kilómetros de Ciudad de la Habana. Nadie se explica que existiendo cárceles en la capital lo hayan enviado tan lejos, por ese motivo, las visitas que recibe son bien esporádicas y, también por ese motivo, hace, aunque en vano, huelgas de hambre exigiendo que sea trasladado hacia su ciudad natal.

Aclaración: Este relato forma parte de la selección de textos, que a su vez integran, el libro, de mi autoría “La vida es monólogo”, en proceso de edición. “La vida es un monólogo” lo integran una serie de entrevistas que hice en Cuba entre los años 1997 y 2005.

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