“¿Todo esto por correr unos metros?”

Año 1948. Ámsterdam. Holanda. Toda la ciudad engalanada para recibir, como merece, a la estrella Fanny Blankers- Koen, principal figura del atletismo de los Juegos Olímpicos de Londres. La holandesa, se burló de los pronósticos, convirtiéndose, para siempre, en “El rayo holandés”.

La estación principal de trenes está colmada de holandeses que quieren congratular a su ídolo. El tren se acerca lentamente. Banderas y pañuelos se agitan. Banderas y pañuelos que dejan de agitarse cuando las manos interactúan entre sí para regalar a la destacada atleta una cerrada ovación al descender esta del vagón en que viajó:

–       ¡Fanny! ¡Fanny! ¡Fanny!- Corean los presentes.

Fanny que saluda. Fanny que recibe todo tipo de agasajos. Fanny que llora de alegría. Un niño le entrega un ramo de tulipanes. Una niña lee versos escritas por ella y para la gran Fanny Blankers- Koen. Música. Palabras… Todo en su honor. Entonces el turno del alcalde de Ámsterdam.

El alcalde de Ámsterdam que, como casi todos los alcaldes, poco sabe de lo que expresan al orar. El alcalde de Ámsterdam que comienza un discurso con más desaciertos que aciertos. Un discurso hecho con frases elaboradas. Un discurso que arranca, en no pocos de los presentes, gritos de abucheos. El alcalde de Ámsterdam que no tuvo peor manera de concluir:

–       Y para usted, señora Fanny Blankers- Koen, un regalo por sus sobrados méritos deportivos que recibirá de manos del primer vicealcalde. Vicealcalde, por favor.

E hizo llamar al vicealcalde que, a duras penas, se acercó con una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto.

¿Una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto para premiar tanto mérito deportivo? Increíble.

Muchos de los presentes rompieron a reír y, por su parte, irónicamente, Fanny Blankers- Koen solo preguntó:

–       ¿Todo esto por correr unos pocos metros?

La historia de Fanny Blankers- Koen, que nació el 26 de abril de 1918, había comenzado 12 años antes cuando, con apenas 18 “primaveras”, había asistido a los Juegos Olímpicos de Berlín’ 1936.

En la ocasión solo había conseguido un par de sextos lugares: En Salto Alto, con 1 metro y 65 centímetros, y en el relevo 4×100 metros femenino:

–       No te desanimes- Le recomendó su entrenador Jan Blankers.

La esperanza era poder asistir a los Juegos de Tokio’ 1940, pero la Segunda Guerra Mundial suspendió esa edición olímpica:

–       Verás que para Londres en 1944.

Pero tampoco. Londres no pudo ser la sede olímpica. La Segunda Guerra Mundial, nuevamente, hizo que no se pudiera izar la bandera olímpica:

–       No puedes tener tan mala suerte, Fanny. Para Londres en 1948…

–       Para Londres en 1948 ya tendré 30 años, mi amor.

–       Tendrás que entrenar duro.

–       ¿Y los niños?

Sí, porque Francina Koen contrajo nupcias con su preparador, Jan Blankers, en 1939 y en 1944 trajo al mundo a su cuarto hijo. Francina Koen había dejado de existir en 1939, año en que nació Fanny Blankers- Koen:

–       Serás la estrella de los Juegos.

–       ¿Y los niños?

–        Serán tu inspiración. Serán nuestra inspiración.

Y con esa máxima arribó a la capital inglesa. Y en Londres su consagración mundial. Y se consagra mundialmente al ganar oro en 100 y 200 metros planos, en los 80 metros con vallas y, finalmente, en el relevo 4×100 metros femenino.

Participó en 4 disciplinas y 4 títulos fueron a su poder. 4 títulos que la encumbraron mundialmente. 4 títulos que fueron su consagración definitoria en la historia del atletismo mundial. 4 títulos que son el motivo para que Fanny Blankers- Koen haya sido promovida al Salón de la Fama del Atletismo. 4 títulos que inspiraron al alcalde de Ámsterdam que le obsequiara, miserablemente, una bicicleta y 2 neumáticos de repuesto.

Francina Koen, convertida luego en Fanny Blankers- Koen, estableció 27 marcas del mundo durante su vida deportiva y falleció el 25 de enero de 2004. Su esposo había dejado de existir 5 años antes. Aseguran que en reiteradas ocasiones, afirmó que su único deseo era encontrarse con su amado Jan. Esa noche fue a dormir y no despertó. Un infarto agudo del miocardio le provocó la muerte. La hallaron en su cama, varias horas después, y sus labios esbozaban una sonrisa. Quizás el reencuentro con su amantísimo se había producido. Tenía 76 años.

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