“Hitler tampoco pudo con Ilona”

Image1934. Helene Mayer, floretista alemana campeona de las Olimpiadas de 1932 en la ciudad californiana de Los Ángeles, se refugia en los Estados Unidos. No comprende las leyes que ha impuesto Adolfo Hitler y, por tal, le es imposible residir en su país. Tilda al Fürer de maniático, loco y excéntrico, hecho que provoca la ira de este y que tome la decisión de declararla persona non grata en “su imperio”.

1935. La cuenta regresiva para los Juegos Olímpicos de 1936, con sede en Berlín, ha comenzado. La esgrima es una de las disciplinas más populares en Alemania y Hitler no quiere perder la oportunidad de demostrar al mundo, además, su potencialidad en esa deporte, sobre todo en la rama femenina.

Ángela Hass es favorita pero Hitler quiere que tanto el oro como la plata queden en manos alemanas. Entonces la idea. Entonces la llamada. El Fürer a un lado de la línea, del otro, nada más y nada menos que Helene Mayer, desde Los Ángeles. La quiere convencer de que regrese, de que todo ha sido olvidado. En un principio, la campeona, se niega. Hitler, entonces, encarna un rol de bondadoso. Helene no accede y provoca que su presidente pierda la paciencia. El tono bonachón y complaciente se torna agresivo y amenazante:

Si no regresas a competir por Alemania me veré obligado a tomar represalias con tu familia.

Entonces la Meyer, que conoce la ira de su presidente, analiza y en su decisión hace un giro de 180 grados:

–       Mañana parto para Berlín, Fürer, despreocúpese.

1936. Juegos Olímpicos. Ya Jesse Owens hizo lo suyo y echó por tierra las esperanzas alemanas en el atletismo conquistando 4 títulos. Hitler no quiere aceptar, pero uno de sus asesores lo consuela:

–       Tranquilícese. En la esgrima femenina no fallaremos.

La gran favorita es Helene Mayer. 4 años antes había vencido inobjetablemente a sus contrincantes y nadie duda de que repetirá su título. Nadie duda de que el título y el subtítulo irán al cuello de las alemanas. La imaginación de un ser humano es capaz de predecir la más impredecible de las situaciones, pero la del Fürer más. Por eso la decepción. Por eso la ira cuando Ángela Hass pierde ante la austríaca Ellen Muller Preis y tiene que conformarse con el cuarto lugar:

–       Tranquilícese. Helene Mayer no fallará.

Helene Mayer está en muy buena forma física, pero no psíquica. Las tensiones, la presión, las amenazas hacen que constantemente sufra de desconcentración. Muchos están convencidos de que revalidará su título, pero ella no. No obstante llega a la final ante Ilona Elek, una desconocida húngara que, a los 29 años, debutaba en un evento de envergadura.

La sala de competencias está repleta. El público abarrota y entre los espectadores se encuentra Adolfo Hitler. El público quiere ver ganar a su favorita. Hitler más. El público que es dueño de un gran sentimiento competitivo. Hitler no. El Fürer es odio, rencor, desprecio hacia el mundo. Quiere que gane la Mayer solo para demostrar al mundo el poderío ario.

Comienza el combate y, estocada tras estocada, los presentes ver cómo la desconocida húngara de 29 años pone en ridículo a su contrincante. Al concluir todos escuchan:

–       Ilona Elek. Nueva campeona olímpica en Florete Femenino.

Ambas rivales se abrazan en un gesto de sinceridad deportiva. Helene Mayer levanta el brazo de la recién titular y los presentes aplauden reconociendo que la magyar fue mejor que la alemana. Todos aplauden menos El Fürer. Hitler no sabe qué hacer. Por eso se levanta. Hace una seña a su séquito y se marcha. Dicen que en su despacho maldijo. Golpeó mesas, puertas. Dicen que gritó con todas sus fuerzas que tenía deseos de quitarse la vida. Creo que de hacerlo le hubiera hecho un favor a la humanidad.

Sucedió en 1936. 3 años después, entre 1939 y 1945, hundió al mundo en la página más sangrienta que conoce la historia: La II Guerra Mundial.

Ilona Elek nació el 17 de mayo de 1907 en Budapest, Hungría, y entró en la historia de la esgrima mundial a los 29 años, una edad en que, deportivamente, se comienza a pensar en el retiro. En 1948 revalidó su título olímpico en Londres y, 4 años más tarde, en 1952, se invistió como subcampeona olímpica. Tenía 45 años. En campeonatos del Mundo, a partir de 1937,  ganó 6 títulos, 4 medallas de plata, y una de bronce. Falleció el 24 de julio de 1988 en su ciudad natal.

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