“Un negro se burló de Hitler”

ImageCorre el año 1936. Estamos en Berlín, capital alemana, sede de los XI Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Adolfo Hitler no solo disfruta sino que impone. Impone a tal punto que el saludo olímpico se confunde con el nazi, haciendo caso omiso de las advertencias del conde belga Henry de Baillet Latour, presidente del C. O. I:

–       Ruego que consideréis que sois aquí, en los Juegos Olímpicos, un huésped y no un organizador. El organizador es el Comité Olímpico Internacional, que velará para que estos juegos se desarrollen sin propaganda política.

Pero el Fürer no entiende. Solo ordena. Y una de las órdenes fue ubicar en el centro de los aros olímpicos la svástica que simboliza el nacismo. Adolfo Hitler es todo felicidad, pero no contaba con un negro nacido el 12 de septiembre de 1913, en Oakville, Estados Unidos. No imagina, el más asesino de los asesinos, que el estadounidense James Cleveland Owens, cariñosamente conocido como “Jesse”, le echaría a perder el espectáculo.

Salto Largo. El alemán Lutz Long marca el paso hacia el título con 7 metros y 87 centímetros, pero a Jesse Owens le queda una oportunidad. El negro estadounidense ya había conquistado le medalla de oro en los 100 metros planos con 10 segundos y 30 décimas, pero también quiere ser Campeón Olímpico en Salto Largo.

Lutz Long minimiza la situación y se cree campeón. Saluda al público. Sube a las gradas donde está ubicado Hitler que lo abraza emocionado. Jesse Owens, por su parte, se concentra. Inicia la carrera. Salta, pero… Increíble. Logra 8 metros con 6 centímetros y el ansiado título olímpico. Lutz Long rompe a llorar y el Fürer, que no puede soportar tal humillación, se levanta y se marcha. No quiere estrechar la mano al negro que acaba de destronar la raza aria.

Jesse Owens le da la vuelta al estadio con la bandera norteamericana en alto. Algunos aplauden. Otros lo miran con odio e impotencia, sin darse cuenta de que odiar es admirar con rabia.

No es la Olimpiada de Hitler, sino del estadounidense que alcanza 2 títulos más: En 200 metros, registrando 20 segundos y 7 décimas, y en le relevo 4×100 metros junto a Metcalfe, Wykoff y Draper, cronometrando 39 segundos y 8 centésimas, resultando ser la primera vez que una cuarteta rompe la barrera de los 40 segundos.

Su cosecha de títulos fue perfecta: 4 medallas de oro en las 4 disciplinas que participó. Se despidió de Alemania con la mejor de sus sonrisas, a pesar de haber sido discriminado por Adolfo Hitler, aunque al llegar a su país esa sonrisa se le transformó en una mueca: El entonces presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt, también lo discrimina al rehusar recibirlo en la Casa Blanca. Roosevelt se encontraba en campaña de reelección y temía las reacciones de los estados del Sur, notoriamente segregacionistas, en caso de rendirle honores al multicampeón.

Tras los Juegos, tuvo muchas dificultades y pasó a ser un promotor del deporte, esencialmente un animador de espectáculos donde llegó a correr contra un caballo. Su autopromoción acabó eventualmente convirtiéndole en relaciones públicas en Chicago, incluyendo una larga temporada como pinchadiscos de música jazz.

En 1968, Owens recibe críticas por apoyar los turbulentos disturbios raciales que sucedieron en los Juegos Olímpicos de México, no obstante, 8 años después, en 1976, fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos en 1976 por el entonces presidente Gerald Ford y, a título póstumo, la Medalla de Oro del Congreso por George Bush, padre, el 28 de marzo de 1990.

Jesse Owens, falleció el 31 de marzo de 1980, con 66 años de edad, debido a un cáncer de pulmón, en Tucson, Arizona.

Como dato curioso podemos agregar que, antes de los Juegos de Berlín, un amigo le ofreció unos “zapatos especiales para correr”. Ideados por él, consistían en unas zapatillas con 3 clavos delanteros.

–       Los clavos se hunden en la arcilla y te van a permitir correr mejor, Jesse. Tómalos. Los hice para ti.

Lo cierto es que Jesse Owens aceptó el obsequio, compitió, ganó y pasó a la historia como el primero en usar zapatillas de Atletismo. La moda que impuso en Berlín, 1936, se mantiene pues el modelo sirvió de base para las que se usan actualmente. Las usadas por Jesse Owens se conservan celosamente en el Museo Olímpico, sito en Lausana, Suiza.

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