“El prematuro adiós a la ‘Reina de las Uñas Largas'”

ImageEl 21 de septiembre de 1998 las agencias de prensa internacionales y las redes de Internet dieron a conocer la triste noticia:

“En horas de la madrugada de hoy falleció, en Los Ángeles, California, la ex atleta Florence Griffith- Joyner, mundialmente conocida como “La reina de la velocidad”, víctima de un ataque de apoplejía, derrame de sangre en el cerebro que determina la súbita suspensión de la función encefálica”.

Nacida el 21 de diciembre de 1959 en la propia urbe Angelina, apenas contaba con 10 años cuando los entrenadores de la fundación infantil “Ray Sugar Robinbson”, creada por el propio campeón de boxeo, comenzaron a valorar en la pequeña ciertas cualidades en la práctica de ejercicios múltiples.

Luego de concluir los estudios secundarios, en 1978, convertida en una esbelta joven, Florence Griffith, trabajó como cajera bancaria, función que alternó con los entrenamientos de carreras en distancias cortas bajo la égida de Bob Leerse, destacado entrenador y profesor de Educación Física de la Universidad Central de Los Ángeles, UCLA. Esto le facilitó matricular y concluir estudios superiores en Negocios Empresariales y Psicología, además de iniciar un vertiginoso ascenso hacia la cima del atletismo a lo largo de la década del 80, concretado en los Juegos Olímpicos de Seúl, Corea del Sur, en el año 1988.

Pero Florence no solo se destacó por su velocidad, sino por la imagen que proyectaba en cada presentación, algo que incrementó su popularidad. Usaba atuendos de vestir exóticos, como ajustarse al cuerpo un “bodie”, similar al usado por los patinadores sobre hielo, con cubrecabeza tipo verdugo y mallas que velaban una pierna. “El disfraz” anterior Florence lo llamaba de manera divertida “Salto de cama atlético”. Asimismo, mantuvo crecidas las uñas de las manos, principalmente las de la izquierda, alrededor de 15 centímetros, y se las pintaba con los colores del arco iris o lunares.

Paralelo a estas circunstancias tan extravagantes contrajo nupcias con el excepcional saltador de Triple Salto, Al Joyner, a quien en plena luna de miel le confesó la inconformidad de renunciar a su apellido y adoptar el marital, por lo que, a partir de ese momento y por mero capricho, pasó a llamarse Florence Griffith- Joyner.

De lleno en el escenario olímpico sudcoreano, la inmensa mayoría de los seguidores de la disciplina la inmensa mayoría de sus seguidores la consideraron como la gran favorita para conquistar los títulos en los 100 y 200 metros y en el relevo 4×100 metros planos femenino. Y no defraudó. Obtuvo los 3 títulos, pero además, una medalla de plata en el relevo 4×400 metros femenino. Y no solo obtuvo 3 medallas de oro y una de plata, sino que, en los 200 metros planos, hizo un astronómico tiempo de 21 segundos y 34 centésimas, Récord Olímpico y Mundial, que hizo trizas el 21.71 implantado por la alemana Marita Koch en 1979.

Las sensacionales actuaciones de Florence Griffith- Joyner en la cita olímpica coreana, en buena medida salvaron de la debacle el prestigio del atletismo mundial. Nunca se olvida que, en la misma cita deportiva, Ben Johnson, atleta canadiense de origen jamaicano, que triunfó, inobjetablemente en los 100 metros planos masculino, pero descalificado al dar positivo el control antidoping que se le aplicó.

No obstante varios atletas y periodistas especializados quisieron empañar su imagen victoriosa  al relacionarla, indirectamente, con lo sucedido a Ben Jonson. Tanto insistieron. Tanto molestaron que Florence Griffith- Joyner dijo adiós al deporte activo en 1989 con solo 30 años de edad y en la cúspide del atletismo en el orbe.

Se retiró de las pistas y dedicó todo su tiempo al modelaje, una actividad muy propia para quien poseía una belleza divina en su rostro y un cuerpo escultural, proveído de una casi perfecta musculatura.

Hoy, a más de 15 años de su prematura partida definitiva, Florence no logra descansar en paz. Su muerte precoz, a pesar del tiempo transcurrido, vuelve, una y otra vez a revivir el pasado y, no pocos, se atreven a ejemplificarla en citas alusivas a los peligros de dopaje.

Su verdadero nombre era Delorez Florence Griffith-Joyner, y popularmente se la conocía como “Flo-Jo”. Al morir tenía 38 años.

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