“La mirada infantil más triste que he conocido”

ImageSoy maestra retirada, y le impartí clases al infeliz de Pedrito en preescolar y primer grado; además, toda mi vida he sido su vecina, y de verdad le confieso que es digno de lástima.

Su mamá se murió hace 10 años, y su abuela, cuando se emborracha, le grita que él la mató. Pero se lo grita tan alto que se entera La Habana Vieja de punta a cabo.

–       Tú, Pedrito, tú mataste a tu mamá. Murió cuando tú naciste, murió en el parto tuyo… Tú la mataste… ¡Tú la mataste!

No sé por qué le dice eso.

–       Tú mataste a tu mamá.

¿Cómo le va a decir a un niño de 10 años que mató a su mamá solo porque esta murió en el parto?

Y no solo se lo grita, sino que le gusta repetírselo.

–       Tú la mataste, Pedrito.

Dicen que, al nacer, Pedrito, le tuvieron que hacer una operación grandísima que no aguantó y se murió. La recuerdo a ella embarazada y luego de la triste noticia de su muerte. La pobrecita. Era una muchacha joven, bonita, llena de vida, con enormes deseos de ser mamá, se había casado con un buen muchacho, simple trabajador, honrado, honesto, pero que no caía bien en la familia porque no ganaba dólares y… Le aclaro, a la familia que no le caía bien era a la de la mamá de Pedrito. Esa gente no sirve, tienen todos un signo de dólar en los ojos, y lo que no da ganancia no sirve.

Ay, señor, disculpe esto que le voy a decir pero, le puedo asegurar que la mamá de Pedrito se murió por negligencia de los médicos. Usted sabe cómo son aquí con eso de la mortalidad infantil, la mortalidad materna, la potencia médica, y de que tenemos uno de los sistemas de salud mejores del mundo… Cosa que nadie cree, pero así son las cosas; si alguien fallece le quieren echar la culpa al paciente y no a los médicos; y como los errores de los médicos se cubren con tierra…

Por eso esa señora le dice a todo el mundo que Pedrito mató a su mamá, pero como si no fuera suficiente, también le grita que mató a su papá.

–       Ese era un cobarde. Un miserable. Un poco cosa. No sé para qué mi hija se empató con él. La verdad es que nosotras las negras por estar con un blanco nos vamos con el primer blanquito peste a leche condensada que nos pinta gracia. Nos encantan los blancos para poder adelantar un poco el color. ¡Tu padre era blanco, pero también una bola de mierda! ¡Un tornero de mala muerte que se contentaba con la miseria que ganaba! Se murió tu mamá, y se pasaba el día entero llorando. Llorabas tú, lloraba él… No aguantó más y se ahorcó. Todavía tengo la imagen de él colgado del techo el baño. El muy maricón se ahorcó y me dejó contigo. ¡Tú tienes la culpa de que los 2 estén muertos, Pedrito, porque si no hubieras matado a tu mamá cuando naciste, tu papá ahora estaría vivo!

Sí, su abuela no es buena él. Es mala. Cuando está borracha le grita, le pega… Cuando no toma no, pero como se pasa el día entero borracha…

Él vive en ese cuartico de enfrente con la abuela, 3 tíos, las esposas de los tíos, 4 primos, y un pariente que, dicen las malas lenguas, vino de Oriente hace como un año para sacarse una muela y todavía no se ha ido, y por el camino que va creo que no se va a ir.

Vive con esa cantidad de gente en un espacio que apenas caben 2 personas.

Duerme tirado en el piso sobre una tela porque no tiene cama. Come lo que sobra, se baña de último, nadie le compra ni ropa ni zapatos, se pone la ropa y los zapatos viejos que le regalan los vecinos, ropa y zapatos viejos que usaban sus hijos o sus nietos y que ya no utilizan. ¿Me comprende?

Su abuela defiende a los tíos que son hijos suyos, los tíos a sus esposas, las esposas de los tíos a los primos, y al pobre Pedrito no lo defiende nadie. El infierno para ese niño comienza desde que se levanta para ir a la escuela.

–       Toma, Pedrito, este es tu desayuno.

–       ¿Esto, abuela?

–       ¿Qué tiene?

–       ¿Agua caliente con azúcar prieta?

–       Agua caliente con azúcar prieta. No tengo leche y se acabó el café.

–       Pero, abuela…

–       Pero, abuela, nada. Tómate eso que es lo único que hay.

–       Pero…

–       ¡Qué desgracia la mía contigo! ¿Cómo quedar bien? Ayer te di agua fría con azúcar y me dijiste que te gusta desayunar caliente, hoy te la caliento y protestas. ¿Qué es lo tuyo, chiquillo de los mil demonios?

–       ¿Y mi pan?

–       ¿Qué pan?

–       El pan que me toca. El pan que dan todos los días.

–       Bah…

–       Aquí todo el mundo desayuna con pan menos yo.

–       Tu pan me lo comí porque tenía hambre.

–       Yo siempre salgo perdiendo.

–       Tómate eso para que te acabes de ir para la jodía escuela. ¡Dale!

–       ¡No me lo voy a tomar!

–       No te lo tomes. Vete sin desayunar, pero si te desmayas porque no has comido nada que se las arreglen como puedan, porque no voy a correr contigo para el médico.

En la escuela es un caso.

Como siempre tiene hambre y sueño, no aprende nada. En todas las clases se queda dormido, y cuando no está dormido, se está cayendo a golpes con los demás niños porque siempre se burlan de él:

–       Pedrito, muerto de hambre.

Y allá va Pedrito a responder a golpes.

–       Pedrito, negro sucio.

Y vuelve Pedrito a responder a golpes.

–       Pedrito, burro.

Y Pedrito sigue tirando golpes.

–       Pedrito, ¿es verdad que tú mataste a tu mamá?

Y de nuevo Pedrito con los golpes.

–       Pedrito, por ahí están diciendo que mataste también a tu papá.

Y a Pedrito no le queda más remedio que volver a los golpes.

–       Pedrito, si mataste a tu mamá y a tu papá… ¡Eres un asesino!

Siempre me está en problemas, por eso siempre está de castigo.

–       Si sigues como vas, Pedrito, voy a tener que enviarte para una escuela para niños con problemas de conducta.

Como le dije fui maestra. Me gradué en 1965 y trabajé hasta que me jubilé en el año 2004 con 39 años de servicio y un desamparo social enorme. La pensión que recibo no me alcanza para nada y tengo que vender maní para poder subsistir. Le explico esto no para que sepa mi situación, sino para que entienda que en el tiempo que trabajé en educación no se amenazaba a ningún niño con llevarlo a una escuela de conducta y menos a un alumno que es un caso social como Pedrito. Esos métodos los usan ahora los maestros recién graduados porque es más fácil amenazar que educar.

A él constantemente lo están amenazando con que lo van a llevar para una escuela de conducta. Lo mismo la maestra que la directora de la escuela. Tanto la directora como la maestra están ensañadas con él. No se dan cuenta de que son los otros niños los que lo buscan y de que tiene serios problemas en su casa. A él nadie lo quiere. Ni en la casa, ni en la escuela.

Recuerdo que el Día del Maestro pasado… Nada más de recordarlo se me aguan los ojos.

–       ¿Quién cogió el jabón del baño?

–       Yo, abuela.

–       ¿Y a santo de qué, chico? Porque que yo sepa a ti no te gusta bañarte mucho. ¿Dónde lo metiste que me voy a lavar la cabeza?

–       Se lo regalé a la maestra.

–       ¿Qué cosa?

–       Hoy es el día del maestro, y como no tenía que regalarle…

–       Le regalaste el único jabón que tenemos para bañarnos.

–       No tenía que…

–       Y eres tan ridículo que encima de regalarle un miserable jabón, le regalas un jabón usado.

–       Lo que vale es la buena intención.

–       La buena intención se fue hace años del país. ¿Sabes lo que vas a hacer? Ahora mismo sales y compras un jabón nuevo.

–       ¿Con qué dinero?

–       Búscalo.

–       Yo no tengo dinero, abuela.

–       Búscalo. ¿Yo te mandé acaso a regalar el único jabón que había? Pues ahora te jodes. Sácalo de debajo de la tierra. Párate en la puerta de la una tienda y le pides 5 centavos de dólar a todo el que llegue. Con 7 monedas de a 5 centavos, haces 35, y con 35 compras el jabón.

–       Yo no soy ningún limosnero.

–       ¿Quién te mandó a regalar el único jabón que teníamos?

–       Tenía que regalarle algo a la maestra en su día, ¿no? Todos los niños regalan y yo nunca. No me interesa. Busca el dinero para comprar un jabón. ¡Y no te aparezcas aquí con las manos vacías porque te vas a acordar del día que mataste a tu mamá! Desaparece de mi vista y no regreses si no tienes el dinero para jabón, o el jabón.

Fue para la tienda, pidió el dinero, reunió 25 centavos y compró un jabón de 25 no de 35, pero cuando llegó a la casa, su señora abuela, le formó tremenda gritería porque ella quería uno de 35 y no de 25.

¡Se enfureció y le fue arriba! ¡Le dio con todo!

Los gritos de ese niño se escuchaban en todo el barrio:

–       Abuela, no me des… Abuela, yo no lo voy a hacer más… Me duele, abuela, me duele…

Pero ella como si no lo escuchara.

–       Para que aprendas… Para que aprendas.

Y le seguía dando golpes. Hubo un momento que Pedrito se pudo escapar, salió corriendo para alcanzar la puerta de la calle, y le tiró una olla de presión por la espalda que le dejó un hematoma tremendo. Él pudo salir y la abuela, haciéndose la víctima, le gritó bien alto como si Pedrito hubiese tenido la culpa de todo:

–       ¡Tú me vas a matar un día de un disgusto, chiquillo de mierda!

La que lo va a matar un día es ella, y no precisamente de disgustos; lo va a matar por los golpes que le da.

Lo que le cuento, sucedió por la tarde, por la mañana, cuando le entregó el regalo a la maestra el corazón, según me cuenta el propio Pedrito, se le puso chiquitico de tanta tristeza.

–       ¿Un jabón usado, Pedrito?

–       No tenía otra cosa.

–       Jabón usado y envuelto en una hoja de papel común.

–       Maestra yo…

–       ¿Esta basura es lo que tú me regalas?

–       No pude…

–       Me ofendes.

–       Pero, maestra, entienda. No tenía otra cosa.

–       ¿Tú te piensas que soy una muerta de hambre igual que tú?

–       Perdóneme…

–       Si no tienes dinero, roba. Total, en este país todo el mundo roba.

Esos son los consejos que les da la maestra a los niños.

–       Hay que luchar el dinero, niños.

Conozca a esa muchacha y no parece una maestra. Esa muchacha no valoró el gesto del regalo que le quería hacer ese pobre niño, y delante de él lo botó en un cesto de basura. ¡Eso no se hace!. Es muy joven y se hizo maestra por un plan de esos que hace el gobierno, que gradúan gente a la carrera para que trabajen. En esos planes ponen a la gente a estudiar aunque no le guste; el problema es graduar para cumplir.

Todo es una mentira, pero no importa. Hay que graduar gente para decir después que la revolución es buena y todo eso. Y aunque le parezca mentira, esos maestros que se llaman emergentes perciben un salario superior a los maestros que llevan 20, 30 y hasta 40 años en el magisterio. Es increíble, pero cierto. ¿A dónde va a llegar la educación en este país, si es que a lo que tenemos ahora se le puede llamar educación? Ni tenemos nivel educacional, ni tenemos nivel cultural, ni tenemos nivel social, y el que niegue lo que le estoy diciendo, que lo haga en mi cara que lo voy a desmentir

¡La maestra de Pedrito es emergente! Estudió menos de un año y a dar clases. A destruir la formación de los niños.

Ella es más vulgar que cualquiera de mis vecinas de la cuartería. Va a dar clases con sayas cortas, blusas abiertas, y cuando pasa algún hombre le grita.

–       Macho rico, me tienes abandonada. ¿Cuándo me vas a invitar a salir?

Eso lo grita ella en la escuela y nadie le dice nada. Así es la maestra de Pedrito.

Le tratan mal en la casa, le tratan mal en la escuela… La maestra, como no le puede hacer regalos buenos, lo considera un apestado; la directora, por su parte, le tiene constantemente amenazado.

–       Si te vuelves a fajar, te mando para la escuela de conducta.

Esas escuelas son un problema, porque allá no se compone nadie; los grandes abusan de los más chiquitos dándoles golpes y quitándoles lo poco que dan de comida y de ropa; esas escuelas de conducta, en lugar de componer, descomponen, y hacen que los niños se vuelvan carne de presidio para su futuro. Los más grandes violan, sexualmente, a los más chiquitos y a nadie le importa. Esas escuelas también son un infierno y la gente de la partido y la juventud dicen que no, que sí son buenas. ¡Mentira!

No sé qué va a ser de su vida. Pedrito no tiene nada. Lo único que quiero es irse de su casa para una beca donde entre el domingo y salga el sábado siguiente; las hay para niños de 11 años pero son especiales, y la abuela dice que no le hace las gestiones, entonces va a tener que esperar a tener 12 y empezar la secundaria, para becarse como un alumno normal.

No conoció a su mamá, pero tiene una foto chiquitica de ella; no conoció a su papá, pero también tiene una foto de él. Por las noches habla con ellos y llora. A veces pone la foto de su mamá, al lado de una él, y en el otro lado la de su papá, y como no tiene fotos con ellos, se hace la idea de que están los 3 juntos.

Esas fotos siempre acompañan a Pedrito, aunque en más de una ocasión, le he dicho que su mamá y su papá le cuidan desde el cielo.

Aclaración: Este relato es parte del libro, de mi autoría, “La vida es un monólogo”, que se encuentra en proceso de edición; la base del mismo son entrevistas que hice en Cuba entre los años 1997 y 2005. Cabe destacar que la imagen que ilustra este relato, es netamente de referencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s