“Algún día se va a hacer justicia por las víctimas del remolcador”

ImageEscuche lo que le voy a leer:

–       El Ministerio del Interior indagó y no hubo la menor intencionalidad de hundir el barco. ¿Qué vamos a hacer con esos trabajadores que no querían que les robaran su barco, que hicieron un esfuerzo patriótico, pudiéramos decir, para que no les robaran el barco? ¿Qué les vamos a decir? Oigan, dejen que se roben el barco, no se preocupen por el barco.

Esa fue la primera declaración del cínico gobierno de este país cuando sucedió lo del remolcador en julio del 94.

La verdad de que lo sucedió se la voy a decir yo.

Siempre soñé con irme del país, y en un momento ese sueño se convirtió en obsesión.

A partir de 1989 la cosa aquí en este país se puso tan dura que no había nada de nada… Ni ropa… Ni zapatos… Ni comida… Los apagones eran de 18 y 20 horas diarias… Y así no hay quien viva.

El futuro era muy incierto, o sencillamente no había futuro, y no quería eso ni para mí ni para mis hijos.

Nunca me lancé al mar en una balsa porque mi niño era chiquito y en febrero del 94, cuando mi hijita nació, también me vi frenado en ese aspecto, pero un amigo mío, que también murió en la masacre del 13 de julio de 1994, me habló de la posibilidad de irnos en el remolcador:

–       ¿En un remolcador?

–       Sí, en uno de esos barcos chiquitos que sirven de guía a otros barcos.

–       Yo sé lo que es un remolcador, no soy tan bruto.

–       No va a haber ningún problema.

–       ¿Y cómo vamos a hacer?

–       Conozco a un señor que es maquinista de uno. Le hablé de ti. Le dije que eres un hombre de confianza.

–       ¿Lo conoces bien?

–       Lo conozco como a la palma de mi mano. Es como tú para mí. Se llama Fidencio Ramel.

–       ¿Y se va a robar el remolcador?

–       El de él no; quiere llevarse uno que se llama “13 de marzo” que apenas se usa. ¿Te embullas?

–       Tengo a la niña que está de brazos… ¡Tiene apenas 6 meses!

–       No hay riesgo ninguno. El remolcador no es una balsa común, es un barco con todas las de la ley; además lo que queremos es llegar a aguas internacionales y que nos rescate un guardacostas americano.

–       ¿Me puedo llevar a mi familia?

–       Llévate a quien tú quieras siempre que sea de fiar.

–       Te hablo de mi familia. Mi mujer, mis hijos, mis hermanos, mis primos…

–       No hay problema. Te aclaro porque Tú sabes que la seguridad está metida en todos lados fastidiando la vida de la gente más de lo está.

–       ¿Y cuándo?

–       Quiere de 12 para 13 de julio, así que prepárate.

Y llegó el momento, y también la tragedia:

–       Aguanten a los niños que esos 5 barcos nos están rodeando y nos van a atacar.

–       No… No creo que nos ataquen y…

–       ¡Cuidado que están tirando chorros de agua!

–       Aguanten a los niños…

–       ¡Tenemos niños a bordo!

La tragedia que terminó llevándose a mi familia:

–       Los que se robaron el remolcador “13 de marzo” son piratas modernos. La tripulación de los otros remolcadores solo quería evitar que no se robaran. Ellos nunca atacaron al remolcador “13 de marzo”; este se hundió porque estaba muy viejo y no tenía condiciones para navegar.

Esa fue parte de la mentira que dijo el gobierno cubano tras la primera declaración.

Además de que asesinaron salvajemente a mi familia, me acusa de pirata.

No hay duda alguna de que en la madrugada del 13 de julio de 1994 las 72 personas que salimos de la bahía de La Habana apoderándonos de un viejo remolcador de madera y, que huíamos de Cuba en busca de la libertad que aquí se nos niega, fuimos perseguidos, sin compasión alguna, recibiendo chorros de agua a presión, y la embarcación golpeada por otros 5 remolcadores más modernos del gobierno cubano.

¡Y los chorros de agua iban dirigidos a nuestros rostros directamente!

¡Asesinos!

Esto ocurrió desde que salimos de la bahía.

A la vez que hacían estas maniobras también arrojaban potentes chorros de agua contra las personas que estábamos en la cubierta, quienes suplicábamos que había niños a bordo, que no siguieran arrojándonos agua ni golpeando nuestro barco, que nos rendíamos y regresábamos a Cuba:

–       Por favor… Hay niños… Auxilio…

–       Muéranse todos… ¡Patria o muerte!

Gritaban mientras nos enviaban su mensaje de muerte:

–       Muéranse todos… ¡Viva la revolución, hijos de puta!

Estaban como locos… Desquiciados… ¡Qué sé yo! ¡Yo creo que nunca creyeron que en el remolcador iban niños, porque no imagino que haya gente de esa calaña!

Al final, a 7 millas de la costa cubana una embestida por la popa hizo que el remolcador “13 de Marzo” se hundiera”, pero para completar el “espectáculo” los remolcadores giraban en torno a las personas que quedamos a flote haciendo remolinos para que se hundieran y continuaron arrojando sobre nosotros chorros de agua a presión.

El saldo de este abominable crimen, de este genocidio, fue de 41 personas muertas entre ellos varios niños.

Yo estoy vivo y por eso te hago el cuento, pero ni mi esposa, ni mis 2 hermanos, ni mi hijo de 10 años, ni hijita de 6 meses, ni mis 3 primos sobrevivieron.

¡Murieron y no pudimos rescatar los cadáveres porque sencillamente el gobierno se negó a sacar del fondo del mar los restos del remolcador!

Se dice que el remolcador “13 de marzo” estaba viejo y en desuso, y que por eso se hundió…

¡Mentira!

Se dice que los otros 5 remolcadores que hicieron fue ayudarnos…

¡Mentira!

El gobierno quiere silenciar esa matanza, pero, por mucho que lo intente, no va a poder hacerlo nunca…

–       Las investigaciones realizadas por las autoridades correspondientes con relación a los hechos ocurridos en la madrugada del 13 de julio de 1994, han revelado que el naufragio tuvo lugar debido a una colisión entre dicho remolcador y otro de la misma empresa que trataba de capturarlo. Así fue como tuvo lugar el desafortunado accidente que causó el hundimiento del barco remolcador “13 de Marzo”, debido a las condiciones de navegación y a la fuerza del mar, durante las tempranas horas de la mañana. Solo 31 personas fueron rescatadas con vida.

¡Mentira!

–       Los guardafronteras no tuvieron nada que ver, llegaron ahí unos minutos después que se produce el accidente.

¡Mentira!

–       Sentimos mucho lo sucedido.

¡Mentira!

La verdad, como siempre suele suceder, fue dicha por las agencias de prensa internacionales:

–       Todos los testigos coinciden en manifestar que al salir del puerto de La Habana, a bordo del remolcador “13 de marzo”, en la madrugada del 13 de julio de 1994, fueron perseguidos y atacados por cuatro barcos de bandera cubana. Según alegan los sobrevivientes del nefasto hecho, dichas embarcaciones, equipadas con tanques, les lanzaron agua a presión a todas las personas que se encontraban en la cubierta, siendo además, embestidos a babor y estribor. Dichas embestidas causaron el hundimiento del barco remolcador “13 de Marzo”, con un saldo de 41 personas muertas.

Esa es la única verdad y no la quiere aceptar el gobierno cubano.

Yo vi como esas 5 embarcaciones nos embistieron a babor y estribor, provocando el hundimiento; yo viví antes, durante y después del hundimiento del remolcador, momentos de mucho desespero, pánico…

¡Jamás imaginé que viviría una experiencia así!

Cuando comenzaron a tirarnos agua nosotros vemos que no podemos seguir porque iba a ser fatal y detenemos el remolcador porque el agua estaba entrando y les gritamos:

–       Miren nos viramos para atrás, nosotros ya estamos parados

Y como nos vieron detenidos, nos embistieron, caímos al mar, y nos hundimos y el barco se hundió inmediatamente.

Tratamos de salvarnos, pero estaba muy profundo:

–       Papá… Aguántame…

–       Papá te está cuidando, Tito… Agárrate de mí.

–       Estoy tragando mucho agua, papá…

–       Resiste, Tito…

–       ¿Y mi hermanita?

–       Con tu mamá, mi niño.

–       ¿Y mi mamá?

–       Está… Está con tu hermanita.

–       Quiero verlas.

–       Cuando todo esto pase. Ya se está terminando.

–       Papá… Sigo tragando agua…

–       ¡Asesinos, paren esto!

Yo llevaba el niño mío, lo llevaba aguantado, no lo solté, pero yo no sé nadar muy bien, entonces me di cuenta de que había una mujer que estaba ahogada y flotaba a mi lado, entonces me agarré de ella, cargué al niño, pero había mucho oleaje y entonces no pude…

¡No pude porque ya mi niño estaba ahogado!

Y enseguida supe que mi hija también había muerto porque, en medio del pánico y el terror, se escuchaba la voz de mi esposa gritando.

–       Mi hija, ¿dónde está mi hija? ¿Dónde está?

La niña que, solamente tenía 6 meses de vida, viajaba en los brazos de su mamá:

–       Mi hija… Por dios, busquen a mi hija… ¡Asesinos! ¡Asesinos que…

También dejé de oír la voz de mi esposa.

Mi hijo tenía diez años de edad, cumplía once años el dos de agosto y soñaba con llegar a ser un pelotero:

–       Como Omar Linares, papá.

–       Mejor será que llegues a ser como Ted Williams, Tito.

El niño ya estaba muerto, pero seguí con él, aguantándolo; no quería que se hundiera y me abracé a su cuerpito. De los otros 5 remolcadores continuaban echándonos chorros de agua, cada vez con más presión, y eso provocó que perdiera fuerzas y  entonces se me fue el niño.

No pude más y su cadáver se me escapó de las manos.

No le estoy diciendo mentiras.

Hay muchos testigos, incluso en tierra.

Cuando salimos nos damos cuenta de que había gente en el Malecón porque parece que había actividad, y ellos vieron todo, o por lo menos el comienzo de lo que nos sucedió.

¡No tengo palabras para definir aquello!

Me rescataron y estaba en shock.

Sabía que mis hijos y mi esposa había muerto, pero guardaba la esperanza de que mis hermanos y mis primos, no.

Ellos también murieron

Desde la madrugada del 13 de julio de 1994 no tengo vida. Esas 5 embarcaciones atacándonos y echando agua sobre nosotros no se me olvidan. Tampoco los gritos de mi esposa ni el cuerpo rígido de mi niño.

Mire, ahí están sus fotos, y cada 13 de julio, echo flores al mar; echo no, echamos, porque todos los sobrevivientes hacemos lo mismo. A las autoridades no les gusta, pero no importa. El mar se tragó a nuestros seres queridos y es la única forma que tenemos de honrarlos.

Ya hemos pensado, para cuando este sistema se caiga, porque en algún momento se tiene que caer, hacer un monumento que perpetúe la memoria de las 41 personas que fueron asesinadas en la madrugada del 13 de julio de 1994.

La Comisión Interamericana para los Derechos Humanos, después de investigar bien el caso, dictaminó en contra del gobierno cubano, pero aquí, como no les importa nada, se limpian el culo con eso:

–       Consideramos que el Estado cubano está en la obligación de reparar el daño causado e indemnizar a los familiares de las víctimas y sobrevivientes del remolcador “13 de Marzo”. El Estado de Cuba es responsable de la violación del derecho a la vida, artículo I de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, de las 41 personas que naufragaron y perecieron como consecuencia del hundimiento del barco remolcador “13 de Marzo”, hechos ocurridos a siete millas de distancia de las costas cubanas, el 13 de julio de 1994. Las personas que fallecieron aquella madrugada son: Leonardo Notario Góngora, Marta Tacoronte Vega, Caridad Leyva Tacoronte, Yausel Eugenio Pérez Tacoronte, Mayulis Méndez Tacoronte, Odalys Muñoz García, Pilar Almanza Romero, Yaser Perodín Almanza, Manuel Sánchez Callol, Juliana Enriquez Carrazana, Helen Martínez Enríquez, Reynaldo Marrero, Joel García Suárez, Juan Mario Gutiérrez García, Ernesto Alfonso Joureiro, Amado Gonzáles Raices, Lázaro Borges Priel, Lissette Álvarez Guerra, Giselle Borges Álvarez, Guillermo Cruz Martínez, Fidelio Ramel Prieto-Hernández, Rosa María Alcalde Preig, Yaltamira Anaya Carrasco, José Carlos Nicole Anaya, María Carrasco Anaya, Julia Caridad Ruiz Blanco, Ángel René Abreu Ruiz, Jorge Arquímedes Lebrigio Flores, Eduardo Suárez Esquivel, Eliécer Suárez Plascencia, Omar Rodríguez Suárez, Miralis Fernández Rodríguez, Cindy Rodríguez Fernández, José Gregorio Balmaceda Castillo, Rigoberto Feut Gonzáles, Midalis Sanabria Cabrera, y cuatro víctimas más que no pudieron ser identificadas.

¿Qué le parece?

Sin comentarios.

Estoy vivo por suerte o por desgracia.

Hubiera preferido morir yo también, pero dios me dio la suerte de seguir con vida para impedir que el crimen del remolcador “13 de marzo”, no quede impune y tenga la seguridad de que no va a quedar impune.

Aclaración: Este relato forma parte del libro “La vida es un monólogo”, de mi autoría, en proceso de edición. La imagen que ilustra, es netamente de referencia.

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