“Carta directa a Nicolás Maduro”

ImageSeñor Nicolás Maduro Moros

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

“Esta humanidad ha dicho basta, y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto, más de una vez, inútilmente”. ¿Conoce la frase? Si existe respuesta positiva, la reubico en su estructura mental, para de esta manera, pueda recordarla; en caso contrario, la pongo a su disposición para, también, de esta manera, pueda, insisto en el vocablo también, la incorpore, redundo, en su estructura mental. La máxima que inicia esta consecución de ideas, fue expresada por Ernesto Rafael Guevara de la Serna, el 11 de diciembre de 1964, en la Asamblea General de la Naciones Unidas. El enunciado, la consigna, la propuesta guevariana, que próximamente cumplirá 5 décadas, encierra un mensaje explícito hacia las tristes circunstancias que vive nuestra querida Venezuela. Quizás, y lo aseguro, que el “Che” nunca imaginó que ese fragmento de su alocución, sería empleada, por este común mortal, versus la ideología que, con creces, defendió hasta sus últimos estertores.

Le aclaro, señor, que, aunque hago énfasis en “nuestra querida Venezuela”, mis primeros gemidos fueron escuchados en la isla mayor del archipiélago antillano, el 27 de junio de 1969; empero, mi condición de cubano, nacionalidad que exhibo con orgullo mortal, experimento por su nación, por sus compatriotas, un cariño ilimitado, aunque asombrosamente, no he podido visitar esa patria, históricamente entrelazada con la mía.

“Patria es humanidad”, aseguró, con certeza inimaginable, José Martí. Venezuela es, sin temor a equivocarme, ese egregio territorio honrado por Teresa Carreño, Simón Díaz, Luis Aparicio, Rómulo Gallegos, Francisco “El morocho” Rodríguez, o David Concepción; Venezuela no es usted, señor; decir Venezuela no implica, para nada, tener un acercamiento hacia su persona. Decir Venezuela es admirar el Salto del Ángel, escuchar “Caballo viejo” o “El alma llanera”, saborear una exquisita arepa, o degustar, ¿por qué no?, un trago de ron “Pampero”, deleitándonos, al mismo tiempo, con una interpretación de Soledad Bravo, “El trabuco venezolano”, “Dimensión latina”, u Oscar D’ León.

¿No le da vergüenza, señor? ¿No se sonroja al saber que un extranjero ame a su patria más que usted? ¿No siente bochorno? Quien ama a su país no lo somete como lo están haciendo usted y sus acólitos, porque el mundo entero conoce que los terribles momentos que, actualmente, está protagonizando Venezuela, no es solamente por obra suya, sino que existe todo un engranaje, terrorífico y maquiavélico, que, conjuntamente con la figura que representa, reprime y cercena la libre necesidad de expresión y elección.

En la noche de ayer, día domingo, 16 de febrero, me detuve a analizar las noticias que emitieron las agencias de prensa, del orbe, sobre la situación venezolana. Realmente es repudiable lo que pude palpar. Ver tanta juventud que “ha dicho basta y echado a andar”, defendiendo posturas e ideales, es, en verdad, maravilloso. Ver tanta juventud reprimida, por el solo hecho de exigir cambios pro esas posturas e ideales, sinceramente, indigna.

Indignación. Ira. Enfado. Enojo se adueñaron, de golpe, de mí; no obstante, también exteriorizo, hacia su persona manifesté lástima, compasión. ¿Por qué? Porque quien acude a la violencia extrema, quien necesita de macabros métodos, para aferrarse a designios obsoletos, solo despide, en derredor, misericordia. ¡Y tanta misericordia obliga, me obliga, a alejar la hediondez, podredumbre, que, como ser humano, emana!

Le invito, señor Maduro. Le invito a obrar por nuestra querida Venezuela. El cese indefectible de la crueldad, y el constreñimiento, que se denuncia en la patria que le vio nacer, es una exigencia de sus compatriotas, apoyados por la comunidad internacional.

Admiro, le aseguro, sus raíces humildes. Conozco que nació en el seno de una familia proletaria, y, también que, paulatinamente, ha podido superarse hasta alcanzar el pináculo máximo conque todo ciudadano sueña dentro de sus límites territoriales. Por lo tanto, si tuvo la voluntad de superación, haga uso de igual voluntad para renunciar. No se aferre a la silla presidencial como sus antecesores, o como sucedió en naciones allende las fronteras de su país. Venezuela le va agradecer, infinitamente, ese gesto de valentía. Le hablo de la necesidad de un país, que padece la necedad de un ser humano, nacido, en Caracas, el 22 de noviembre de 1962.

Manifestó Simón Bolivar, “todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad, han exterminado, al fin, a sus tiranos”.

Atentamente, desde Asunción, Paraguay

Lic. Aldo Luberta Martínez

Máster en Ciencias de la Comunicación

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2 comentarios sobre ““Carta directa a Nicolás Maduro”

  1. Tome nota Sr? Maduro. Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo. Franz Grillparzer

  2. Muy profunda su carta, me emociona ver que existen personas leales a la humanidad, pero se que el cavernicola este no la va a leer, ni tiene la mas minima capacidad para entender el mensaje, ni le importa lo que sea bueno para ese pais, nada el es discipilo del muertito y de los dos gorilas que mquedan vivos y cueste lo que cueste al pais y a esa juventud, el larga la tenaza, pero no la afloja, pero tambien pienso y creo que el destino de Venezuela tiene que exigir su espacio, gracias por todo. Amada Ruz

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