“Ser prostituta en Cuba es una buena salida para sobrevivir”

Image“¿En Cuba, antes del triunfo revolucionario de 1959, alrededor de 100 mil mujeres por pobreza, discriminación y falta de empleo, ejercían de forma directa o indirecta la prostitución? La Revolución liquidó el pordioserismo, la Revolución liquidó el juego, la Revolución liquidó las drogas, la Revolución liquidó la prostitución”. Fidel Castro 24 de Noviembre de 1994

Muchacho, pasamos más trabajo que un piojo en la cabeza de un calvo. Sí, no te equivocas, mi papá tuvo el cargo ese que estás pensando. En una semana la vida nosotros cambió. Fue de zopetón, en un abrir y cerrar de ojos. De un bajareque de Palo Caga’o nos vimos viviendo en esta mansión, que aunque la veas hecha talco, cuando la ocupamos, y en el tiempo que el viejo estuvo en el cargo, era una mansión, una mansión con todas las de la ley, que todo el que llegaba se quedaba con la boca abierta; lo mismo cubanos que extranjeros. Teníamos de todo; 2 autos, 2 refrigeradores llenos, teléfonos en toda la casa, obras de arte… Para qué te cuento la vida que nos dimos entre 1983 y 1991, porque en 1991 fue el batacazo. Mi papá, como decimos los cubanos, pasó a peor vida. Lo botaron del trabajo, y empezó Cristo a padecer, porque todo se vino abajo; y como todo se vino abajo, me tuve que meter a jinetera; tuve que buscarme la vida acostándome con extranjeros, por unos dólares. Y lo digo bien alto con una moral muy alta: ¡tuve que jinetear, y no seguí jineteando porque me puse vieja, pero mientras lo pude hacer, lo hice! ¡Me criaron en cuna de oro, pero tuve me tuve que meter a puta!

Mi papá era diplomático, y para donde lo mandaban allá íbamos nosotros. Conmigo si no se cumplió eso de que hay que conocer Cuba primero y al extranjero después. Apenas he paseado por Cuba; además no me interesa. Prefiero ir a Ciudad México que a Pinar del Río, a Montreal que a Ciego de Ávila, a Ciudad del Cabo que a Guantánamo. La Isla de la Juventud se conoce en 2 horas, Sancti Spiritus en 5, y Camagüey en 4. Prefiero pasearme por la rivera francesa, que por la playa Guardalavaca en Holguín. No olvides eso de que La Habana es ciudad, y lo demás son áreas verdes; áreas verdes mal cuidadas. Si en La Habana, que es la capital, la gente está muriéndose de hambre y la ciudad se está cayendo a pedazos, que se puede esperar para las provincias. ¿Para qué voy a ir a las provincias? ¿Para amargarme la vida más de lo que ya la tengo? ¡En las provincias hay más miseria que en La Habana y para ver miseria mejor me quedo en mi casa tranquila!

Apenas conozco Cuba, pero el extranjero…

La torre Eiffel, de París, de tanto visitarla, ya es como mi amiga íntima.

–          ¿La ves? Fue fundada a finales del siglo XIX.

A la Estatua de la Libertad, de New York, de tanto visitarla, la quiero como si fuera un pariente, y no lejano.

–          ¿La ves? Ese fue un regalo de los franceses a los estadounidenses.

Cuando iba a Italia, de tanto visitarla, recibo mensajes de la torre de Pisa reclamando mi presencia:

–          ¿La ves? Cada año se inclina unos centímetros más.

Lenin, embalsamado en el Kremlin de la Plaza Roja, de tanto visitarlo, hasta me ha sonreído:

–          ¿Lo ves? Fue el líder de la Gran Revolución Socialista de octubre en 1917. Falleció en enero de 1924.

Hasta los mismísimos canguros de Australia y barrios adyacentes, de tanto visitarlos, saltaban de alegría cuando sentían que llegaba:

–          ¿La ves? Esa que lleva el cangurito en la bolsa, es la canguro hembra.

Aquello sí era vida. Le dábamos la vuelta al mundo, y veníamos a Cuba de vacaciones. Nunca supimos lo que era comer lo que daban por la libreta.

–          Papá, ¿qué es ética?

–          Robar y que no te vean.

–          Papá, pero eso es una vergüenza.

–          Vergüenza es robar, y que te vean.

–          ¿Eso no es una inmoralidad?

–          Inmoralidad es robar, y no traer nada a la casa.

–          Pero…

–          Es un chiste, hija, es un chiste. Es un chiste que no puedes hacer en público, porque se entera quien tú sabes, y me vuelan en pedazos.

Habrá sido un chiste, pero hasta que sacaron a mi viejo del ministerio, cuando cualquier cubano se tomaba una botella del peor de los rones, en mi casa había desde el mejor whisky hasta  la cerveza de la marca más selecta. ¿De dónde sacaba todo? Ni idea tengo, pero no te miento cuando te digo que en mi casa había hasta lo más mínimo.

–          ¿Qué quieren tomar? ¿“Chivas Regal”, “Terry” malla dorada, o cerveza “Heineken”?

–          Tomamos lo que tú nos brindes.

–          Escojan, que hay para escoger. Tú sabes que eso me lo mandó hoy por mañana, quien tú sabes.

Cuando cualquier cubano comía la bazofia que vendía el gobierno, nosotros teníamos la carne de res resuelta, y no comprada ilegalmente.

–          ¿Palomilla? ¿Filete miñón? Esa carne es de primera, tú sabes que me la mandó quien tú sabes.

Cuando cualquier cubano se bañaba en la costa del hotel “Tritón” o en la playita de 16, tomando cerveza de pipa, y comiendo aire con bocanadas de viento, nosotros teníamos asegurada 15 o 20 días en Varadero.

–          Recojan que nos vamos mañana 20 días para la casa de visita de Varadero.

Así vivíamos nosotros, y estoy hablando en pasado porque ya eso se acabó. Mi papá se equivocó en una decisión y lo expulsaron deshonrosamente del trabajo, lo mandaron para la casa.

–          Me botaron del trabajo.

–          ¿Eh?

–          Que me botaron del trabajo.

–          ¿Y eso?

–          Me botaron del trabajo.

–          Pero…

–          Pero nada. Entiende que me botaron del trabajo.

–          ¿Y por qué?

–          Ni me preguntes, porque ni yo mismo sé. Lo único que te puedo decir es que me botaron del trabajo.

No decía más. Repetía hasta el cansancio que lo habían botado del trabajo. Él, antes de ocupar ese cargo importante en la diplomacia revolucionaria, era una persona intachable, honesta, humilde, pero fue cambiando, su manera de pensar, y, al mismo tiempo, su proceder.

–          Vi muchas cosas que no quiero repetir, hija. Quizás algún día, me siente con ánimo a escribir mis memorias, y vomite, de una vez, todo lo que tengo por dentro. Pero si hago eso es bien lejos de acá, porque acá, primero, no me van a dejar, y segundo, que si, por ejemplo, publico con una editorial extranjera, lo que nos va a venir encima va a ser mucho. Esta gente es capaz de cualquier cosa.

Papá estuvo meses en la casa sin hacer nada, y después lo pusieron de administrador de una cafetería de mala muerte, de esas que vende pan con croqueta viejo y agua con azúcar que pasan por refresco instantáneo. En ese lugar estuvo hasta que se retiró en el 2002, o en el 2003, no recuerdo bien; ahora es profesor de las universidades populares esas que han inventado; él mismo dice que los profesores juegan a que enseñan, y los alumnos juegan a que aprenden; dice que los graduados saben menos que un burro de carga, pero que a él no le importa.

Como te iba diciendo, John Paul, de golpe y porrazo se nos acabó la buena vida.

–          ¿Te quitaron hasta el carro, papá?

–          ¡Hasta el carro, hija!

–          ¿Y ahora?

–          A caminar o a montarse en el transporte urbano. A partir de hoy somos como los más comunes de los cubanos.

Bienvenidas las guaguas, la libreta de abastecimiento con sus 6 libras de arroz y 5 de azúcar al mes, las colas que nunca terminan, el calor, la peste a sudor, la moneda nacional que no vale para nada… De príncipes pasamos a ser mendigos, y la gente del barrio contenta porque se morían de envidia con la vida que nos dábamos.

–          ¿Eh? ¿Y ese milagro tú comprando lo que venden por la libreta de abastecimiento?

La gente que se saca un ojo por ver ciego al otro.

–          ¿Eh? ¿Tú yendo a la universidad caminando? ¿Tienes para el pasaje? Porque a mí me sobra, y te puedo prestar.

Si la envidia fuera tiña, cuando tiñosos no hubiera, ¿verdad?

–          Estoy vendiendo el azúcar que me toca este mes, a ti seguro no te sobra, ¿la quieres comprar?

La vida es como una ola, un día estás arriba, otro abajo, pero nunca me imaginé que mi papá que siempre estuvo en el cielo, iba a estar más abajo, que el que más abajo está. Mi papá anda por el subsuelo. Lo que hicieron con él fue una verdadera falta de respeto.

–          ¿No vas a reclamar?

–          ¿A quién?

–          A tus superiores.

–          Pero si ellos fueron los que me sancionaron.

–          Escribe para arriba.

–          Deja eso. La orden de sacarme vino de arriba, como todo en este país.

–          Escribe a quien tú sabes.

–          Precisamente la orden la dio quien tú sabes.

No sé qué hizo, pero si se equivocó, está bien que lo castiguen, aunque pudieron ser más considerados. Mi papá es un diplomático de academia, de años de trabajo, de prestigio; una vez estuvo propuesto para viceministro y otra fue jefe de departamento en su trabajo. Si él hubiera sido bruto como un asno, no hubiera ocupado un cargo así, porque un cargo así no se lo dan a cualquiera. Mi papá era un rey que se codeaba con los más grandes dirigentes de este país. ¡Desde el más grande, hasta el más chiquito! Con ellos compartíamos casi todos los fines de semana, y hace tiempo que ni llaman por teléfono. Mientras cayó en gracia, todo fue bien, cuando resbaló, nadie miró para abajo; cuando papá resbaló, y cayó, nadie le dio una mano para que el golpe no fuera tan duro. Total, cuando se reunían y se metían 4 tragos, se les salía, a todos, la otra cara de la moneda. Empezaban a criticar el sistema a diestra y a siniestra, a repetir lo que la gente decía en la calle, los mismos cuentos, hasta planes hacían para cuando esto se viniera abajo.

–          A ver, un premio para el que adivine esta adivinanza. El que gane tiene una botella de Johnny Walker. Díganme 3 dictadores que terminen en “on”.

–          Perón.

–          Muy bien.

–          Napoleón.

–          Perfecto. ¿Otro más?

–          Hummmmmmmmmmm… No sé.

–          Mira aquella foto.

–          ¿Y?

–          Ese maricón…  Jajajaja…

Mucha revolución, muchos vivas a fulano y mengano, y a la hora de la verdad se quitaban la careta. Esa gente que se dice comunista, esos que le viraron la espalda a mi papá, todos son una partida de descarados que dicen una cosa y hacen otra. Mi papá también entraba en el jueguito, y a lo mejor por eso le pasó lo que le pasó. A lo mejor el puesto de mi papá lo querían para otro… ¡En este país todo puede suceder!

Bueno, si mi papá no quiere decir lo que le pasó no es problema mío, respeto su silencio, por eso llegó un momento en que nos pidió, a mi mamá, a mis hermanas, y a mí, que no le preguntásemos más; lo único que sé es que se equivocó tomando una decisión, y, a partir de ahí quisieron que viviera como una andrajosa y no va. Por eso tuve que acostarme con extranjeros, porque a mí nadie me iba a hacer vivir como una cubana cualquiera, porque yo no soy una cubana cualquiera. ¡Para atrás ni para tomar impulso!

Tienes que entender que me acostumbré a un nivel de vida, y tuve que mantener ese nivel de vida, y como para mantener ese nivel de vida tuve que caer en inmoralidades, caí en esas inmoralidades con un orgullo tremendo, y ni lo niego ni me arrepiento. Ojalá tuviese 20 años de nuevo para volver a hacerlo; el tiempo pasa, y como pasa, pasó por mí; lo primero fue que se me cayeron las tetas y las nalgas se me llenaron de celulitis, y muy bonita, muy arreglada, pero cuando me desnudaba… ¡Plaf!… La vejez se ponía al descubierto. Una vez me di cuenta que, sin ajustadores, tenía el ombligo entre teta y teta. El jineterismo ya no fue siendo negocio, no daba la cuenta, y tuve que colgar los hábitos, pero en el tiempo que estuve ganándome la vida con el sudor de mis piernas, me acostaba con extranjeros a toda hora. De madrugada, de noche, de día… Hasta con la menstruación. Fui jinetera, entre 1991 y 2002, a mucha honra, y la suerte es que como no fui una jinetera cualquiera. Sé hablar inglés, sé hablar francés, sé vestirme, sé lo que es comer a una mesa bien servida, tengo temas de conversación… Un día me di cuenta de que el turismo que viene a este país es bien pobre, porque me fui a la cama con un francés que no conocía el puerto de Marsella.

Ellos, guardan su dinero todo el año, y vienen a Cuba que es donde pueden venir. Ellos, que lo mismo son carpinteros, albañiles, choferes, vienen a este país, sacan unos pocos dólares, y como aquí somos como somos, nos creemos que son los grandes señores. Y, por ejemplo, carpinteros de mala muerte, no te estoy hablando de Yepeto, el carpintero de Pinocho; por lo menos ese es un carpintero más que famoso, y cualquier lugar del mundo se enorgullecería de tenerlo como turista. Es más, ¡ni Yepeto, si existiera, viniera acá! Agarraría la plata y se fuera a recorrer la bolita del mundo sin darse cuenta que en el mar Caribe, existe una isla que se llama Cuba!

Eso que dicen por el noticiero de que aquí viene un turismo de primera, es mentira. Aunque por el noticiero todo lo que dicen es mentira. Deja que sean las 8 de la noche para que veas, que en el noticiero es donde único hay papas, boniatos, coles, lechugas, piñas, guayabas.

–          Si quieres papas espera a que sean las 8 de la noche, y empiece el noticiero, para que pongas una bolsa debajo del televisor a ver si caen unas cuantas.

Este país no lo arregla nadie. A este país no lo van a entender nunca, por eso tuve que jinetear, y por eso otras miles, y miles, de jovencitas tienen que jinetear. Jineteé, por no ver a mi papá sufriendo, por no ver las mentiras del noticiero, porque no iba a vivir como una cubana cualquiera, porque no quería que mi familia fuera una más del montón… Por eso me acosté con extranjeros, por eso le di el culo al primero que me enseñó un puñado de dólares, porque quería vivir bien, y ver si ponía un pie fuera de este país; y lo juro, por lo más grande, que si lo ponía no, si lo pongo, el Morro no me a ver más ni en pintura. Me largo de esta mierda aunque a mis 46 años tenga que comenzar de cero. ¡Qué digo de comenzar de cero, si en cero he estado siempre!

Y aquí hablan de las jineteras hasta por los codos, dicen que somos las putas que más nivel cultural tienen en el mundo porque la mayoría somos universitarias, que nos rebajamos, que nos acostamos con extranjeros porque nos dejamos llevar por un sueño de oropel, etc, etc, etc, pero me corto las manos, apuesto lo que no tengo a que muchas de nosotras somos más rentables que cualquier empresa mixta de esas que han inventado ahora.

Lorena, mi amiga Lorena, sobrina de ese que llaman “quien tú sabes”, sobrecumplió el plan del quinquenio:

–          Mi amiga, me voy a poner a jinetear, porque tengo que vivir mejor, y en por lo menos 5 años, ser como una reina aquí.

Y en 5 no, en uno, ya estaba viviendo como reina en París, paseando todos los días por los Campos Elíseos. ¿Te das cuenta? ¡De que somos rentables, somos rentables aunque no nos incluyan en la cadena puerto- transporte- economía interna! No voy a decir que ingresé al país más divisa que el hotel “Cohíba” pero sí más que el hotel “Vedado”. Y hablo en presente, porque a pesar de no practicar, a pesar de que no sigo vendiendo el culo, me considero una jinetera de pura raza, y respeto mucho a esas muchachitas que jinetean, y pasan las de Caín. Porque es muy bonito, muy fácil, criticar, viendo los toros desde la barrera. Hay que ver los peligros que vive una jinetera día a día, noche a noche. Y te lo digo por experiencia propia, mi ángel. Y métete en tu cabecita, que hasta ser puta es difícil en este país.

Esto no lo arregla nadie.

Hay un amigo mío, uno medio loco con pelo largo, que es trovador, y canta eso que dice “ay, Cuba/ mi Cuba bella/ quisiera verte linda/ aunque sea en día de fiesta/ pero lo bueno de aquí/ siempre algo verde te cuesta”. ¡No te tengo que decir que cuando dice que lo bueno de este país siempre algo verde cuesta, es que si no tienes dólares te mueres de hambre! ¡Estoy por creer que Cuba es un país anoréxico!

Y lo que la gente comió aquí, da asco: picadillo de soya, fricandel, masa cárnica, perro sin tripa, cerelac… ¡Se me revuelve el estómago y me dan deseos de vomitar de nada más mencionar lo que se comió, y mucha gente sigue comiendo en este país! ¿Tú nunca has oído la parodia que le compuso al cerelac la gente del grupo “Punto y coma”? Yo no canto bien, así que perdóname cualquier desafinación.

–          Oh, cerelac, cerelac/ eso no es leche, ni alimento, ni ná/ si lo pruebas te das cuenta de lo malo que está/ es una mezcla hecha con…

¡No te rías que es verdad! La tengo por ahí grabada, después la busco y te la pongo para que te mees de la risa.

Nunca me he lamentado de las cosas que he hice; como ya te dije, luché por mi, por mi familia, porque aquí, en Cuba, el que trabaja decentemente, no tiene derecho a nada. A mi me decían “Anita bollo flojo”, porque me di gusto teniendo sexo. Te aseguro que tuve más horas de vuelo que Cubana de Aviación, y que fui de las primeras, en este país, en depilarme. En el 91, 92, 93, ver un bollo depilado en Cuba, era como criar un dinosaurio en el malecón. De lo único que me lamento es de no haberme casado, no haber tenido hijos, y no haberme quedado una de las tantas veces que puse los pies fuera de este país, acompañando, junto con la familia, a mi papá en una de sus misiones diplomáticas. Casar no me pude; dejé el jineterismo con 35 años, y una fama de puta que todavía no me la quita nadie; ¿quién se iba a hacer cargo de una puta en franca jubilación? Ni Cuasimodo, el jorobado de Notre Dame; además, por ahí regaron que yo tenía SIDA. Sí, muchacho, la gente comenzó a regar que yo tenía SIDA; fíjate como fue, que una vez me fui con un italiano como 3 semanas a dar tumbos por ahí, y comenzaron a decir que yo estaba en “Los cocos”, la clínica esa donde ingresan a los que tienen SIDA. ¿Qué tú te crees? El noticiero no es el único que desinforma a la gente en este país. La gente, cuando le da por hablar, cuando le da por soltar la lengua, cuando le da por darle ejercicio a la sinhueso, no tiene para cuando acabar. Y te aclaro algo que ya sabes, la gente con los CDR a la vanguardia, que con el lío que están cuidando las conquistas revolucionarias, embarcan a Mahoma si resucita. Fama de puta, y además, sidosa… Esto no ha sido fácil; yo me hubiera largado y no lo hice en su momento… ¡Si me hubiera imaginado esto!

Aclaración: Este relato forma parte del libro “La vida es un monólogo”, de mi autoría, en proceso de edición. Señalo, además, que la imagen que ilustra este relato es, netamente, de referencia.

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