“Tan célebre como desconocido”

ImageAlfredo de Oro (Manzanillo, Cuba, 28 de abril de 1863- Estados Unidos, 2 de junio de 1948), el cubano que hace muchísimos años acaparó la atención de los billaristas en el mundo por lo impecable de sus jugadas y su pulso sereno, fue seleccionado como el cuarto mejor jugador de todos los tiempos.

El ranking fue confeccionado por un selecto grupo de especialistas e historiadores del Billar basándose fundamentalmente, en una cualidad: El dominio integral de la disciplina; además, analizó, de manera justa, a los jugadores en su tiempo y dentro de su contexto, aunque, arbitrariamente, los escogidos tenían que cumplir un requisito de rigor convertido en limitante: Para ser elegido un jugador, aunque fuese extranjero, sus mayores éxitos tenían que haber sido alcanzados en territorio de los Estados Unidos.

¿Quién fue Alfredo de Oro? ¿Quién es ese latinoamericano “desconocido” que fue capaz de destronar a los estadounidenses en su propio país coronándose campeón del mundo en 31 ocasiones?

Con solo 15 años comenzó a practicar el billar y con 21 discutió su primer Campeonato del Mundo ocupando el tercer lugar. Lo anterior sucedió en el año 1887, pero 12 meses después estremece al mundo erigiéndose titular del orbe.

El último match fue descrito por la revista estadounidense “Pearson’s Magazine:

“Fue magistral el cubano Alfredo de Oro ante nuestro compatriota Jerome Keogh. A Keogh le restaban solo 9 bolas para vencer y al cubano 63, pero la maestría de este último se puso de manifiesto y fue descontando lentamente ante la mirada atónita de su rival”.

Los anales de la historia del billar recogen, como algo verdaderamente increíble, que de Oro solamente perdió cuatro partidos en 23 años, e implantó el récord de hacer 96 bolas de un tiro.

Con fecha 6 de enero de 1918, el libro “Crónica cubana” recoge el siguiente comentario:

“El campeón mundial de billar, Alfredo de Oro, reapareció a los 56 años y tras 20 de ausencia, decidió retar a Charles Otis por el título del mundo, e increíblemente, lo derrotó de manera inobjetable”.

Era el asombro de todos. Era ídolo de muchos. Fue, en su época, junto a José Raúl Capablanca y Ramón Font, la elite del deporte latinoamericano. El primero, Capablanca, Campeón Mundial de Ajedrez, y el segundo, Ramón Font, esgrimista, primer latinoamericano en adjudicarse una corona olímpica, sucedió en los Juegos de París, en 1900.

El periodista español José Sixto Sola, en la revista “Cuba Contemporánea” hizo una amplia reseña sobre Alfredo de Oro, asegurando que “con la edad que cuenta conserva su maravillosa habilidad, serenidad imperturbable, pulso fijo como si fuera de acero, ideación rápida y original, que ha hecho de él, el más grande de los billaristas modernos”.

El 1 de marzo de 1922 fue derrotado, por Johnny Layton, disputando la corona del orbe, y 11 años más tarde, a los 71, cuando todos pensaban que Alfredo de Oro disfrutaba de un merecido retiro del deporte, regresó y venció a Layton, recuperando así el título del mundo.

Al año siguiente, o sea, en 1923, anunció su retiro oficial del deporte activo.

En 1967 fue elegido, con justeza, por la Federación de Billar de los Estados Unidos, BCA, para integrar el Salón de la Fama.

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