“Aquel marzo paraguayo”

ImageSe puede afirmar, quizás fácilmente, “han transcurrido 15 años”; reitero, se asevera, insisto, con relativa viabilidad, aun cuando el lapso de tiempo referido, lastima, vulnera, lacera, golpea, duele, en exceso, la memoria de no pocos. Porque, en efecto, lo, trágicamente, sucedido entre los días 25 y 26 de marzo de 1999, vive, horadando sentimientos, a pesar de los 3 lustros transcurridos.

Víctor Hugo es mi primo- aseguró María Alejandra Molas Colarte embargada por un hercúleo halo de tristeza- Aunque no lo conocí siento su pérdida- concluyó- Yo tenía apenas 9 años cuando sucedió lo del “Marzo paraguayo”.

¿Quién es Víctor Hugo?

¿Qué representa ese nombre en los anales históricos de esta noble nación?

Víctor Hugo simboliza los reclamos de la juventud por un Paraguay democrático. Víctor Hugo, al igual que Manfred, José Miguel, Tomás, Arnaldo, Henry, Armando, y Cristóbal. Existencias cegadas en la mocedad de la vida terrenal; savias apagadas por seres perturbados, por entes dominados por el fanatismo político, que no dudaron en emplear armas de fuego, para al prójimo que se manifestaba inerme, solo portando ideales que, en no pocos casos, son más nervudos que las rocas.

La historia del “Marzo paraguayo”, comenzó el día lunes, 23 de marzo de 1999. Siendo las 07.00am, aproximadamente, el vehículo que transportaba, desde su residencia, a Luis María Argaña, entonces Vicepresidente de la República, es interceptado por otro automóvil, marca FIAT TEMPRA, en las calles Venezuela y Sargento Gauto; en este último viajaban sicarios que, sin vestigio de titubeo, abrieron fuego contra la camioneta, NISSAN PATROL, color bordó, provocando la muerte de 2 de sus tripulantes. En el atentado perdió la vida el mencionado referente político, cuyo verdadero nombre es Luis María del Corazón de Jesús Dionisio Argaña Ferraro, y su escolta, Francisco Barrios González; sobrevivió, Víctor Barrios Rey, que, en el momento del magnicidio, fungía como chofer.

Se ha especulado sobre la veracidad del calamitoso incidente. Afirman que Argaña, de 66 años, no falleció víctima de los balazos recibidos, de hecho su camisa, blanquísima en pulcritud, exhibía, apenas rastros de sangre; incluso, según se confirma en reportes televisivos, el cadáver del Vicepresidente paraguayo, que viajaba en la parte trasera del vehículo, fue hallado caído hacía la derecha, cuando, precisamente, mostraba impactos en ese lateral del cuerpo.

“Puede suceder, pero es difícil. Cuando alguien recibe tantos balazos suele caer hacia el lado contrario”, refirió un ex agente policial que, encarecidamente, solicitó el anonimato. “Se dice que Argaña murió de un infarto la noche anterior en un departamento donde se solía ver con una de sus amantes. Su cadáver estaba demasiado blanco, lo que indica que llevaba horas de muerto. Dicen que todo fue montado, aunque también hay un detalle en que siempre he reparado, ¿por qué simular un atentado? Todo se hubiese solucionado diciendo que murió de un infarto, en su casa. Creo que de ser cierta la versión de que lo mató un infarto estando con una mujer, el atentado estuvo de más. Se hubiese dicho murió de un infarto en su casa, y todo hubiese sido más creíble”.

La versión oficial que indica el homicidio de Luis María Argaña, el 23 de marzo de 1999, provocó la ira popular. Un gran sector de la sociedad paraguaya, ipso facto, comenzó a exigir la renuncia de Raúl Cubas Grau, que había asumido la Presidencia de la República el 15 de agosto de 1998, y la encarcelación del General Lino César Oviedo, señalado como autor intelectual del magnicidio.

Corrientes antagónicas comenzaron una serie de manifestaciones que, a su vez, dieron paso a duros hostilidades que tuvieron, su punto climático, entre los días 25 y 26 de marzo de 1999. Simpatizantes del gobierno y de Lino César Oviedo, enfrentaron a todo aquel que exigía justicia. Tradúzcase justicia en la renuncia de Cubas Grau, y la cárcel para Lino Oviedo.

La batalla campal, que tuvo como protagonista la plaza sita frente a la sede del Congreso Paraguayo, arrojó la abdicación presidencial, la posterior reclusión penal de Oviedo, y el lamento, perenne, de 8 familias por la pérdida de sus seres queridos; 8 vidas, jóvenes, fueron mutiladas por balas asesinas.

Henry Díaz Bernal tenía 20 años, era estudiante de informática y miembro del Centro Familiar de Adoración Cristiana; refieren que, valientemente afirmó a sus compañeros de manifestación “si hoy muero, será por mi patria”; perdió la vida cuando, 2 disparos, lo dejaron tendido frente al teatro municipal “Ignacio A. Pane”. José Miguel Zarza, de 25 años, estudiante de ciencias contables, dijo a su abuela “voy a casa de unos compañeros, y regreso enseguida”; balas asesinas negaron a la anciana el derecho de reencontrarse con su amado nieto. Armando Daniel Espinoza, por su parte, dijo a su esposa: “No me puedo quedar mirando la tele, mientras allá están luchando”; se despidió de Marta, su señora, de sus 2 pequeños hijos, y partió para nunca más regresar junto a sus seres queridos; tenía 25 años y era analista de sistemas; según testimonios, fue asesinado mientras intentaba brindar ayuda una persona de avanzada edad. El comerciante Víctor Hugo Molas era transportado en una ambulancia hacia el Hospital de Clínicas; cuentan que al llegar exclamó “déjenme, tengo que volver”; regresó, se incorporó a la manifestación, y perdió la vida; tenía 37 años; dejó 3 niños huérfanos. Cristóbal Espínola, era miembro de la Federación Campesina, arribó a Asunción desde Caaguazú; su esposa, y 5 hijos, viven orgullosos de su recuerdo; el asentamiento donde residía lleva su nombre. Manfred Stark González, había sido Presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Universidad Católica; a sus escasos 28 años ofreció la vida en el “Marzo Paraguayo”. Tomás Rojas, también de 28 años, era electricista y residía en Luque; sus restos mortales fueron inhumados en el Panteón de los Héroes de Concepción, su ciudad natal. Arnaldo Paredes falleció, casi un año después, víctima de las heridas que recibió en las manifestaciones; aseguran que, a pesar de su deteriorado estado de salud, solía afirmar sonriente “todo valió la pena”; recuerdan sus allegados que Arnaldo, fue encontrado muy malherido, pero con fuerzas suficientes para abrazar a la bandera de su querido Paraguay.

¿Quién disparó contra sus semejantes?

“Había francotiradores en la azotea del Congreso, por ejemplo, pero hubo otros, como Walter Gamarra, que fue grabado disparando, impunemente, contra los manifestantes. Es muy fácil enfrentar a una manifestación, donde todos estaban desarmados, empuñando un arma de fuego. Al tal Gamarra, que no era policía sino funcionario del Ministerio de Hacienda, lo condenaron a 25 años de prisión. Yo leí una entrevista que le hizo un periodista de ‘Última Hora’ donde dice que actuó empujado por el fanatismo a Lino Oviedo y por el alcohol. Creo que lo debieron condenar no a 25 años, sino a cadena perpetua, pero la justicia acá en Paraguay es demasiado noble”, afirmó, emocionado, Arnaldo José Verón, participante del “Marzo paraguayo”.

Han transcurrido 15 años, y el dolor no solo es intenso, sino que nos demuestra su eternidad. La pérdida, irreparable, de Henry, Manfred, Arnaldo, Tomás, José Miguel, Armando, Cristóbal, y Víctor Hugo, invoca vida, empero el último adiós. Para ellos el convencimiento de que sobran fuerzas, sobre esta tierra guaraní, para defender la noble causa por la que ofrendaron sus vidas. La lucha continúa, porque, en algún recodo del crono, estamos convencidos de que la victoria es cierta.

 “Justicia. Libertad. Democracia. ¿Es que nadie recuerda que se fueron? Ocho luciérnagas han tomado la guardia rubricando la persistencia de la memoria con sus guiños a ras de suelo. Ya no siento los latidos a tu lado, ni el aroma del monte debajo de tu piel. A José Miguel. Tu madre”.

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“Palmieri es nuestro ángel de la guarda”

Image22 de marzo de 1982

Es día lunes. Mario Luis Palmieri de Finis, alumno del cuarto curso “B”, del colegio San José, sito en la ciudad de Asunción, aproximadamente a las 09.00am, se disponía a someterse a un examen de zoología, cuando, sorpresivamente, le anuncian que lo solicitaban en la dirección del centro escolar para que atendiera una llamada telefónica de su padre. El menor, que en ese entonces contaba con apenas 14 de años de edad, atendió, solícito. Testigos que presenciaron la plática aseguran que de no haber sido el padre, como afirmó Mario Luis, el autor fue alguien allegado, bien allegado a la familia, porque en el tono, empleado por el menor para responder a su interlocutor, no se percibió hosquedad alguna.

–       Es un ingeniero amigo de mi padre- señaló al dar por terminado el petit intercambio verbal.

Tras informar que el arquitecto Rafael Palmieri, su progenitor, había sufrido un accidente, y que la familia reclama su presencia, el educando encaminó los pasos hacia el aula para someterse al examen de rigor; acto seguido, refieren, se dirigió a la biblioteca, y desapareció.

24 de marzo de 1982

La denuncia del intempestivo mutis del menor es publicada en los medios de prensa. Consultados los archivos de los diarios ABC Color y Última Hora, se puede constatar la desesperada búsqueda, concretada, fundamentalmente, por familiares y amigos, con el solo objetivo de recibir algún vestigio del paradero del niño.

–       Vestía el uniforme del “San José”- denunció el padre- Pantalón gris, camisa blanca, cinto y zapatos negros. Pedimos ayuda para encontrar a Mario Luis. Nosotros aún estamos sumidos en un profundo dolor…

¿Profundo dolor? ¿Por qué el arquitecto Palmieri afirma, categóricamente, que su familia aún está sumida en un profundo dolor? Retrocedamos, aún más, en el tiempo.

17 de enero de 1982

La parentela Palmieri Definis disfruta de un momento de solaz esparcimiento. Decidió, por un momento, abandonar la urbe asuncena, y pasean, felices y despreocupados, regocijándose con el paisaje que regalan los Saltos del Guairá, sin imaginar que serían protagonistas de una tragedia: Intempestivamente se quiebra una de las cuerdas que sostienen el puente movedizo, empleado por los turistas para cruzar sobre la fuerte corriente de agua originada, a su vez, por el fluido que se precipita de las alturas. En el accidente, inesperado, fallece Luis Fernando Palmieri de Finis, de 7 años, a pesar de los infructuosos esfuerzos de Mario Luis. Dada su condición de excelente nadador, intentó, en vano, evitar la muerte de su hermano.

24 de marzo de 1982

El matrimonio integrado por Ana María Victoria de Finis y Rafael Palmieri, preso por la desesperanza, clama por la vuelta de su hijo.

–       Pedimos ayuda a todos- reitera- Aún estamos sumidos por un inmenso dolor- señala

28 de marzo de 1982

Los relojes indican las 05.00pm. Es día domingo, e independientemente de la tranquilidad que se vive en la urbanización “El lapachal”, de la compañía Maramburé, localizada en la ciudad de Luque, algo inquieta a Teófilo Molas.

–       Había mucho mal olor. Por momentos, y según el viento, se hacía más débil o más fuerte. Era un olor que nunca había sentido, por eso me dejé llevar por el olfato. Fui hasta un bosquecito, y vi el cadáver. Estaba en estado de avanzada descomposición y se lo estaban comiendo las aves y los gusanos. Fui a buscar a Eusebio Sánchez y a Plácido Segovia, 2 de mis vecinos, y regresé al lugar donde había encontrado el cadáver. Tenía puesta una camisa blanca, un pantalón gris, y no tenía zapatos. El rostro lo tenía totalmente desfigurado, pero en su mano izquierda tenía una pulsera de plata donde se podía leer “Mario Luis”. Ahí nos fuimos a la policía.

29 de marzo de 1982

La noticia del terrible hallazgo indignó a todo aquel que, de una manera u otra, estaba al tanto de la desaparición de Mario Luis Palmieri, y, también, de una manera u otra, aguardaban el feliz regreso del menor.

–       Sí, es mi hijo- balbuceó el progenitor al identificar el cuerpo, sin vida, del adolescente.

Según el parte policial, el cadáver “presentó hundimiento en la región parieto- occipital; luxación de la tercera y cuarta vértebras cervicales; un agujero en el cráneo, de 7 centímetros de largo y 2 centímetros de ancho, que le produjo total pérdida de la masa encefálica; y, además, su rostro, presentaba profusas quemaduras con ácido sulfúrico, provocadas para, de cierta forma, dificultar la identidad del occiso. En un inicio se pensó en el uso de un soplete, pero después, y tras un estudio minucioso, se llegó a la conclusión de que usaron ácido sulfúrico”.

–       ¿Quién pudo haber cometido tal vileza?- preguntaban unos- ¿Qué daño pudo haber hecho un adolescente de 14 años?- preguntaban otros- ¿Por qué, dios mío?- preguntaban todos.

Tras el fatal desenlace comenzaron las especulaciones, las hipótesis sobre los posibles motivos del secuestro, y posterior crimen, de Mario Luis Palmieri de Finis. Hipótesis. Suposiciones. Comentarios. Teorías. Especulaciones expelidas por muchos que, incluso, involucraban a personas directamente vinculadas por el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner.

Presunción #1:

–       El arquitecto Rafael Palmieri, progenitor de Mario Luis, homosexual, tuvo la osadía de tener relaciones con uno de los amantes de Gustavo Stroessner, alias “La coronela”, y este, en represalia, ordenó el secuestro, y la ejecución del menor.

Presunción #2:

–       El arquitecto Rafael Palmieri y Reinaldo Eugenio Chamorro Chávez, ambos homosexuales, tenían una relación amorosa; al Mario Luis estar al tanto de la misma, amenazó con hacerla pública, por tal motivo, Chamorro Chávez secuestró, y de manera accidental, asesinó al menor; posteriormente, y con el propósito de encubrir su felonía, empleó para camuflar la identificación del cadáver. Refieren a muerte accidental, porque se sospecha que Mario Luis quiso escapar de su captor, y en el forcejeo, este le atrapó, atrapándole por el cuello con un cinto; la fuerza ejercida produjo el fallecimiento del menor.

Presunción #3:

–       El matrimonio Palmieri de Finis tenía fuertes vínculos con el narcotráfico. Incluso existen reportes policiales que señalan a la madre de Mario Luis como “mariguanera”. Los supuestos vínculos provocaron la muerte de los pequeños Luis Fernando y Mario Luis, de 7 y 14 respectivamente. Se sospecha de que el accidente en Saltos del Guairá, no fue sino un atentado contra la familia. El quiebre de las cuerdas no se produjo casuísticamente, sino que fue premeditadamente calculado.

Presunción #4:

–       Gustavo Stroessner, “La coronela”, se había enamorado, perdidamente del menor, que también era homosexual; ante el rechazo de Mario Luis, el hijo del dictador, dictaminó su secuestro, y posterior crimen. Testimonios aseguran que “La coronela” tenía gran afinidad hacia los menores de su mismo sexo. “Los muchachos, al ver el automóvil de Gustavo Stroessner, corrían despavoridos, porque si él se fijaba en alguno se lo llevaba; si el chico se negaba, en el mejor de los casos, amanecía torturado, en el peor, muerto. Las orgías en el hotel ‘Guaraní’ que organizaba el hijo del general, eran famosas. Sorprendía mucho, aunque oculta, la condición de gay de ‘La coronela’, por la marcada homofobia que predicaba el gobierno de su padre”- concluyen entrevistados que pidieron no ser identificados.

Lo anterior son las 4 presunciones que, según refieren, motivaron el vil asesinato de Mario Luis Palmieri de Finis. Vale aclarar que, e insisto, son hipótesis, consideradas, por no pocos, como verdaderas leyendas, o invenciones populares.

Existen otras especulaciones relacionadas con el caso, como que Chamorro Chávez, tras el secuestrar al menor, lo trasladó hacia un motel asunceno, le dio muerte, y luego echó el cuerpo en el bosquecito donde fue hallado por Teófilo Molas; no obstante, vecinos de “El lapachal” sostienen que, el sindicado como autor material del crimen, tenía una casa, en alquiler, en esa localidad, y fue allí donde le llevó, al salir este del colegio “San José”, y, obvio, fue allí donde concretó el crimen.

Reinaldo Eugenio Chamorro Chávez, fallecido víctima de una dolencia cerebral, en el Hospital de Clínicas, aun estando en prisión, el 27 de junio de 2003, fue condenado a 30 años de privación de libertad; José Luis Fiore Canata, por su parte, también arquitecto, implicado como autor intelectual de la tragedia, recibió 9 años de cárcel, de los que cumplió solo 5; resultó liberado cuando, Chamorro Chávez aseguró que, al testificar bajo torturas, fue obligado a implicarle.

–       Tanto Chamorro Chávez como Fiore Canata fueron chivos expiatorios. Había una orden de encontrar a algún culpable, y aparecieron ellos 2. La policía necesitaba implicar a alguien en el hecho lo antes posible, de lo contrario comenzarían a dudar de la seguridad nacional. Ninguno de los 2 tuvo que nada que ver con el caso Palmieri. Ni Fiore Canata, que murió, si mi memoria no me traiciona, el 18 de octubre de 2012, ni Chamorro Chávez, aun cuando, en la época, salieron a la luz documentos que afirman que fue expulsado de una entidad militar por pedófilo- aseguró don Cubillas, amigo de los 2 implicados- Una vez visité a Fiore Canata a la cárcel y me dijo “dios quiera y Chamorro Chávez pueda hablar”. Además, ya estaban implicados Chamorro Chávez y Fiore Canata en el caso, y seguían encarcelando gente. Todo el que .tenía sospecha de ser gay, iba preso sin miramientos. Se dice que fueron más de 600 los detenidos, y muchos de esos detenidos, fueron torturados. La persecución fue peor que cuando en 1959 asesinaron a Bernardo Aranda, y se desató el caso 108. Yo en el 59 era un adolescente, pero he leído mucho sobre eso.

32 años después

La tranquilidad continúa reinando en la urbanización “El lapachal”, de la compañía luqueña de Maramburé. Los actuales vecinos decidieron residir en el lugar después de aquel fatídico 28 de marzo de 1982. Solo De las Nieves Ramírez fue protagonista del terrible hallazgo.

–       Yo tenía 20 y tantos años- comenta- Recuerdo todo como si hubiese sido ayer. Después levantamos un panteón ahí- y señala hacia la calle que divide la zona donde se ubica una pequeña despensa que ha sido bautizada como “Palmieri”- Años después, la municipalidad quiso destruirlo para poder construir el pedregal que está usted viendo, porque esto antes era apenas un camino de tierra con mucho monte. Como iban a destruir el panteón que hicimos en su memoria, lo trasladamos hasta la acera, donde usted lo ve. Muchos vienen, le piden, le ponen flores, y si usted viera que cumple las promesas. Ha resultado milagroso nuestro angelito. Porque Palmieri es nuestro ángel de la guarda.

Han transcurrido 32 años del secuestro, y brutal asesinato, de Mario Luis Palmieri de Finis, el niño, convertido en ángel. Se han sucedido más de 3 décadas y muchos temen referir al tema. Un silencio hermético ha caracterizado a los que, de una manera u otra, convergen en el caso Palmieri. La familia, incluso, se ha negado a hablar, indicio de que ideas terribles aún se ocultan, impidiendo la concreción de la justicia.

“Cerro Porteño es el culpable”

ImageNo pocos se preguntan los motivos que me condujeron a festejar, tan escandalosamente, el triunfo de Libertad ante Cerro Porteño, 3 goles a 1, en la jornada del Campeonato Nacional del fútbol paraguayo, correspondiente al día de ayer, domingo, 16 de marzo. Obviamente mi simpatía hacia el club “gumarelo”  es amplia, coherente, y se incrementa a diario. Soy “liberteño”, muchos lo saben, otros no, pero lo que sí no es del dominio público, son los motivos que me inspiraron tal sentimiento “repollero”.

Todo sucedió el martes, 14 de marzo de 2006, a apenas 8 días de mí llegada a este noble país, hace ya 8 años. En la mencionada, y por la Copa Libertadores de América, se iban a enfrentar, exactamente a las 08.15pm, en el estadio “General Pablo Rojas”, popularmente conocida como “La olla azulgrana”, los equipos Cerro Porteño, representativo del asunceno Barrio Obrero, y Atlético Nacional, ideográfico de la ciudad colombiana de Medellín.

–       Vas a ver jugar hoy al mejor equipo del fútbol de Paraguay- señaló mi suegro, tan excelente persona como aficionado de “El ciclón”, apelativo que, además, recibe el conjunto azulgrana.

–       Bueno- me dije, y salí a comprar unas cervezas para disfrutar del “mejor equipo del fútbol de Paraguay”, citando textual las palabras del progenitor de mi media naranja.

Unos “lagartos” fríos, buena picada para acompañar, y buen fútbol en compañía de la familia… ¿Qué más se puede pedir?

No recordé antes haber anhelado tanto que los relojes marcaran las 08.15pm, esperaba con ansias el pitazo inicial, y con el mismo, el comienzo de las acciones. Los “guaraníes”, liderados por el técnico argentino Gustavo Costas, no podían defraudar a los fanáticos, en su sede, al enfrentar a los “paisas”, dirigidos por Carlos Navarrete. No olviden las palabras de Jorge Carlos Pino Santacruz: “Hoy vas a ver jugar al mejor equipo del fútbol de Paraguay”.

Para la ocasión, y según consta en los archivo del evento, por Cerro Porteño, salieron a la cancha, Diego Barreto (#1- Arquero), Carlos Báez (#23- Defensa), Pedro Benítez (#6- Defensa), José Devaca (#22- Defensa), Ernesto Cristaldo (#11- Mediocampista), Walter Fretes (#15- Mediocampista), Edgar González (#7- Mediocampista), Mario Grana (#8- Mediocampista), Domingo Salcedo (#24- Delantero), Jorge Achucarro (#17- Delantero), y Erwin Ávalos (#9- Delantero); mientras que por el equipo cafetero alinearon Bréiner Castillo (#12- Arquero), Felipe Chará (#16- Defensa), Carlos Díaz (#15- Defensa), Luciano Vera (#3- Defensa), Gerardo Bedoya (#20- Mediocampista), Christian Marrugo (#17- Mediocampista), José Amaya (#13- Mediocampista), Vladimir Marín (#4- Delantero), Aldo Ramírez (#23- Delantero), Víctor Aristazábal (#9- Delantero), y Sergio Galván (#19- Delantero).

Como árbitro principal estaba designado Daniel Giménez, argentino, que sería asistido por sus compatriotas Juan Pablo Pompei y Rodolfo Otero; el cuarteto de jueces lo cerraba el paraguayo Nelson Valenzuela.

¡Todo listo para el esperado encuentro, correspondiente al grupo 7, de la Copa Libertadores, año 2006! ¡Todo estaba listo, aclaro, cervezas y picadas, incluidas!

Y comenzó el partido, y con el inicio de las acciones el dominio de los “paisas”, que al concluir el primer tiempo habían burlado, en 4 ocasiones la puerta ‘defendida’ por Diego Barreto. Vladimir Marín había roto el empate a cero, en el minuto 18, en el 26 lo imitó Sergio Galván, y como para no ser menos, Víctor Aristazábal puso el marcador 3-0; Walter Fretes, por los azulgranas, mostró cierto vestigio de recuperación, al reducir la ventaja 3-1, pero a los 45 Aristazábal volvió a la carga, y repitió la dosis. El segundo tiempo transcurrió más aburrido que “pellizcar cristales”, no obstante los “paisas”, en el minuto 74, selló el 5-1 final, siendo Vladimir Marín el autor de la clásica “puntilla”. A Cerro Porteño nada le fue suficiente, ni las 2 expulsiones que sufrió el equipo visitante.

Acompañé el pitazo final, disfrutando del último sorbo del espumeante líquido que me había acompañado en mi noche futbolera. Coloqué el vaso encima de la mesita que frente a mí se ubicaba, como parte de la decoración casera, dirigí la vista a don Pino que, visiblemente afectado por el resultado, era presa de un mutismo total.

–       Solo hay algo que me queda claro- le dije- Con ese resultado, con ese juego que presentó Cerro, está lejos de ser el mejor equipo del fútbol paraguayo.

Esa experiencia “paraguayocolombiana”, me permitió seguir la Copa Libertadores, y darle continuidad al evento me permitió a un equipo de nombre Libertad que, con una excelente propuesta futbolística, llegó a las instancias semifinales.

Todo lo anteriormente expuesto son los motivos por los cuales, 8 años después de mi llegada a Paraguay, exactamente el 6 de marzo de 2006, festejo, muy a lo caribeño, entiéndase escandalosamente, cada victoria “repollera”. Es cierto que Libertad no es el equipo más popular, porque, y también lo reconozco, un Campeonato Nacional del fútbol paraguayo, sin Olimpia y Cerro Porteño, es como intentar hacer una fiesta y no ambientar con música; puede ser que alguien lo haga, o sea, que alguien concrete una festividad sin motivos musicales, pero sería desastroso.

Existe otro motivo por lo que soy fanático de Libertad, este, obviamente, de manera jocosa. Resulta que en Cuba no puede existir un club con ese nombre. ¿Por qué? Imagínense que exista un equipo de nombre Libertad; que ese equipo, de nombre Libertad, tenga miles de fanáticos; que ese equipo, de nombre Libertad, que arrastra consigo a miles de fanáticos, gane un campeonato. ¿Se imaginan? Háganse la idea de todo eso es cierto, y que esos miles de fanáticos, embargados por el júbilo de la victoria, comiencen a gritar “¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!”… No lo creo factible, porque irían presos los fanáticos, los amigos de FACEBOOK  de los fanáticos, los perros de los fanáticos, los gatos de los fanáticos, las cotorras de los fanáticos…

“La autodenominada ‘puta de mala muerte'”

ImageSoy puta de mala muerte. Vine de Santiago de Cuba para acá para La Habana hace como año y pico, con mis 3 hijos, que tienen 3 años, 2, y uno. ¡Al más chiquitico lo traje de meses!

A los 15 años dejé de estudiar, y fui a vivir con el que era mi marido. Un tipo que cada vez que llegaba borracho me entraba a golpes, y como llegaba borracho todos los días, me entraba a golpes todos los días. A los 15 empecé a parir y tuve 3 partos seguidos, porque quedé embarazada 3 años seguidos. Mi marido no esperaba la cuarentena, la primera noche en casa después de salir del hospital, me quitaba la ropa, y se me tiraba arriba:

–          Muévete.

–          Me duelen los puntos.

–          ¡Muévete!

–          ¡Los puntos!

–          No me interesan los puntos. Si no te mueves, los puntos te los voy a zafar yo pero de las patadas que te voy a dar.

–          ¡Me duelen los puntos!

–          ¡Muévete!

Él cayó preso, y vine para acá con mi cría. Con muchachos chiquitos aquí y sin trabajo es muy difícil vivir. Mi prima me embulló a venir, pero cuando vio que me le aparecí en su casa, puso tremenda cara de angustia:

–          Raquel, quédate un tiempo si quieres, pero aquí no hay espacio para ti. Lo único que puedo hacer es poner a dormir a tus 3 hijos en un catre.

–          ¿Y yo?

–          En el suelo, arriba de una sábana, al lado de ellos.

Así dormimos.

En Santiago tengo mi cuarto, pero La Habana es La Habana, y para atrás ni para impulsarme.

Desde que llegué estoy luchando.

Primero vendía cualquier cosa: Pantalones, camisas, medias, zapatos, hasta que el marido de mi prima me consiguió un trabajito ahí:

–          Raquel, ¿quieres trabajar para mí?

–          ¿Tú tienes un negocio particular?

–          Yo lo que tengo es un negocio muy particular.

–          ¿Cuál?

–          Llevar putas a Monte y Cienfuegos. Si quieres no me des la respuesta ahora, piénsalo. Eso sí, ese trabajito de puta en Monte y Cienfuegos es bien fácil.

Monte y Cienfuegos, es una esquina de La Habana Vieja, que la forman las calles Monte y Cienfuegos. Ahí vamos las putas más baratas de toda La Habana. Somos putas, jineteras, pero en moneda nacional, que en lugar de con extranjeros nos acostamos con los borrachos de los alrededores; que en lugar de ron tomamos alcohol del policlínico con agua; que en lugar de irnos a un hotel o a una casa particular, le hacemos el amor a los clientes en las escaleras de los edificios. Así somos las putas que trabajamos en “Monte y Cienfuegos”:

–          Te llevo a las 10 de la noche, y te recojo a las 6 de la mañana.

–          ¿Cuánto te tengo que dar?

–          20 pesos diarios.

–          ¿20 pesos cubanos?

–          Ay, Raquel, 20 dólares nunca los vas a hacer en Monte y Cienfuegos.

20 pesos se hacen fácil; por 25 pesos o un dólar, el tipo en una hora te hace lo que le dé la gana, y yo en una noche puedo estar con 7 tipos, que como están borrachos o enmarihuanados no pueden hacer nada, y se contentan con tocar, aunque a veces, quieren hacer algo con un palo o una botella, o llamar algún perro sarnoso de la calle para que haga lo que ellos no pueden hacer:

–          Deja que te lo haga.

–          ¡Echa el perro ese para allá!

–          Es mansito.

–          Si no lo echas para allá le voy a meter una patada por el hocico que…

–          Te pago 20 pesos más.

Ya eso es otra cosa.

Por 20 pesos más digo que sí, y entonces “enchucha” al perro para que… No tengo que decir lo que me hacen esos animales cochinos, y esos viejos borrachos que pagan por ver y hacer asquerosidades:

–          ¿Estás sola?

–          Siempre.

–          No tienes alguna amiguita contigo. Quiero verte como te ves con otra mujer encuera delante de ti.

–          Ya todas se fueron.

–          ¿Y aquellas?

–          No te me hagas que tú eres viejo en esto.

–          Llama a una de aquellas.

–          “Aquellas” son trasvestis, ¿quieres alguno?

–          Hoy no, hoy te quiero a ti.

–          ¿Qué estamos esperando?

–          ¿Cuánto cobras?

–          25 por una completa de una hora.

–          ¿Y si queremos estar nosotros 5 a la vez contigo?

–          ¿Son 5?

–          Ellos 4, y yo. ¿Cuánto cobras?

–          25 la hora por cada uno.

–          ¿Tienes lugar?

–          Vamos.

Y nos metemos en la primera escalera que aparece. Me desnudo yo, se desnudan ellos, y empieza la función. Eso viejos borrachos, y apestosos que… Bueno, no me puedo poner a criticar mucho, porque soy tan o más apestosa que ellos, todavía no sé cómo algunos tienen estómago para acostarse conmigo.

No llego a 20 años y parezco una vieja.

Las tetas me llegan al ombligo; tengo arrugas hasta en el cielo de la boca; en la barriga no me cabe una estría más; se me ha pegado en la piel un color cenizo y una picazón que no se la deseo a nadie y por mucho jabón que me dé, huelo a baño podrido; las “lagañas” no se me caen por mucho agua que me echo y los ojos me pican y siempre los tengo más colorados que los de un conejo; los pies los tengo desbaratados, y de los pies, los calcañales ni se diga, todo cuarteados; no tengo dientes arriba y ya se me cayeron 2 de abajo y los que me quedan abajo están llenos de unos abscesos que me duelen mucho, y sueltan humor por eso creo que la peste a boca no se me quita; la peste a grajo tampoco porque si me afeito debajo de los brazos se me hacen unas bolas que también sueltan humor, son como pelos enconados, y tengo que esperar a que los pelos me crezcan y cortármelos con una tijera; también estoy llena de manchas con “postillas” que dicen que es una cosa que se llama “uito”, y soy tan burra que cuando me dijeron que se llama “uito” pensé que me la había pegado el que era mi marido que estuvo en Cuito Cuanavale, allá en Angola; estoy hecha un desastre, mi pelo es una bola de grasa; por mis partes suelto como un líquido “blancuzo” con hilitos de sangre; tengo la barriga medio inflamada, porque yo tomo todos los alcoholes esos que me brindan los viejos borrachos, de hace un tiempo para acá al tragar se me hace una bola en la garganta, todas las semanas tengo ronquera, y lo que como lo vomito, y las diarreas son constantes… A veces pienso en que debo tener algo malo en el hígado, o a lo mejor sífilis, o gonorrea, o un herpe que se llama no sé qué… ¡Hasta el SIDA! Porque he estado con tantos hombres y con tantos perros que alguno me pudo haber pegado algo malo:

–          ¿Y el preservativo?

–          ¿Preservativo?

–          El preservativo, el condón…

–          Jajajajajaja…

–          ¿Te da risa?

–          ¡No juegues! Esto es al pelado.

–          ¿Y las enfermedades?

–          Yo soy un tipo sano.

–          ¿Y yo?

–          ¿Tú?

–          ¿Tú sabes si estoy enferma?

–          Claro, tienes razón. Hay que usar preservativo, pero no tengo; no tengo, pero quiero estar contigo; quiero estar contigo, o no me queda más remedio que estar contigo, porque una puta de la quinta avenida cuesta un ojo de la cara, y no tengo dinero para eso, además, no quiero estar contigo, porque me acabas de decir que puedes estar enferma; puedes estar enferma, y no quiero enfermarme yo; y como no quiero enfermarme yo, y quiero verte en acción, porque ya me han dicho que te vuelves loca lo mismo con una mujer, que con un hombre, que con un perro, te voy a traer a “Canelo” y al dueño de “Canelo”. ¿Papito? ¿Papito? Tráeme al perro ahí que esta princesa que tengo al lado quiere que la acaricie un perro.

–          ¿Me vas a pagar?

–          2 dólares la hora porque estés con “Canelo”. He visto a mujeres con perros, pero en “video”, nunca en vivo. Y te traigo a “Canelo” porque es lo que tengo a mano, pero un día voy a hablar con un amigo mío que tiene una carreta para ver si estás con el caballo. ¿Puede ser?

–          Si me vas a dar 2 fulas me puedes traer a “Canelo”, a “Canela”, a la Caperucita Roja o a Blanca Nieves.

–          Papito, apúrate con el perro que esto se va a poner bueno.

Quiero ir al médico, pero tengo miedo que me diga que tengo algo malo y que me voy a morir, y si me muero, ¿qué va a ser de mis hijos?

A veces he pensado en regresar a Santiago con mi mamá, pero si ya estoy aquí, me muero aquí. Mi sueño siempre fue vivir en La Habana, aunque sea vivir como una perra que es como vivo, y por eso prefiero que me entierren en “Colón” que allá en “Santa Ifigenia”.

Aclaración: Esta entrevista está incluido en el libro, “La vida es un monólogo”, de mi autoría, en proceso de edición. Señalo, además, que la fotografía que ilustra el relato es, exclusivamente, de referencia.

“Uruguay, primero en jugar y ganar”

ImageParís, capital de Francia, en 1924, repitió su condición de sede olímpica; la urbe parisina, en 1900, había acogido a los participantes de los II Juegos Olímpicos de la Era Moderna, 24 años después volvía a ser la gran protagonista de la afamada cita estival. Para la ocasión, la bien llamada “Ciudad Luz”, entre el 4 de mayo y el 27 de julio, recibió a 3 mil 89 atletas, de 44 países, que participaron en 126 modalidades deportivas, siendo estos 2 mil 956 masculinos y apenas 136 féminas.

Los VIII Juegos Olímpicos, sin dudas, marcaron un antes y un después; por ejemplo, en París’ 1924 se utilizó por vez primera un logo; también tuvieron la primicia en emplear el lema olímpico “Citius, Altius, Fortius”, “Más rápido, más alto, más fuerte”; y, además, el hecho de albergar a los participantes en una villa, resultó un gran aporte para ese tipo de eventos. París’ 1924 fueron los últimos Juegos liderados por Pierre de Freddy, Barón de Coubertain, en ese entonces titular del COI, y padre de la versión olímpica contemporánea.

A lo anterior, sin dudas, podemos sumar la participación del primer equipo latinoamericano en la competición futbolística que vio en acción a 22 naciones: 19 europeas, a las que se sumaron Egipto, Estados Unidos, y Uruguay. Y llamo la atención de este último, porque el conjunto ‘charrúa” no solo tuvo, en la región, la primicia de jugar en el “Viejo Continente”; la celeste fue el primer equipo en jugar, y ganar allende el océano Atlántico.

El debut olímpico uruguayo se produjo el 26 de mayo de 1924, en el estadio olímpico de París, ante su similar de Yugoslavia. Cuentan que la directiva del team europeo envió “espías” a los entrenamientos, para, de esta forma, conocer un poco acerca de la propuesta balompédica celeste; estos, al darse cuenta de la presencia de tan “ilustres visitantes”, comenzaron a exhibir un juego completamente errático, lo que hizo pensar a los yugoslavos que “ellos eran unos pobres diablos, y que serían convertidos en presa fácil”. El resultado de aquel primer encuentro dista de la pobre imagen que mostraron los uruguayos en las prácticas: Dispusieron de los representantes Balcanes por abultado marcador de 7 goles 0. Ni los 3 mil 25 espectadores presentes, ni Georges Vallat, árbitro principal del partido, podían creer lo que ante sus ojos se mostraba. Uruguay, un desconocido equipo sudamericano, hicieron sucumbir, de manera contundente, a los yugoslavos que, en ningún momento del juego, pudieron descifrar la gran estrategia de juego que exhibieron “los pobres diablos”. En la ocasión los goles fueron de José Vidal (20’), Héctor Scarone (23’), Pedro Petrone (35’ y 61’), José Pedro Cea (50’ y 80’), y Ángel Romano (58’).

Tres días posteriores a su debut olímpico, el 29 de mayo, y en el mismo escenario, o sea, el estadio olímpico de París, las 10 mil 455 personas que, in situ, querían admirar al equipo sorpresa del fútbol olímpico, no tanto se sorprendieron al ver que Uruguay disponía, también por goleada aunque no con un marcador tan dispar, al equipo de los Estados Unidos. Con el silbatazo final concluyó un partido favorable a los celestes 3 dianas a 0; los goleadores ante los norteños fueron Pedro Petrone (10’ y 44’) y Héctor Scarone (15’). Ese resultado indicaba que Uruguay, en apenas 180 minutos de juego, había logrado burlar el arco rival en 10 ocasiones, dándose el lujo de no permitir goles, y, a la vez, demostrando que eran fuertes candidatos a luchar por la ansiada presea dorada olímpica.

Antes de acceder a la final del torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos, París’ 1924, los “charrúas”, dejaron en el camino a los equipos de Francia y Holanda, con score de 5-1 y 2-1, los días 1 y 5 de junio, respectivamente. A pesar de haber sido vencidos, inobjetablemente,  y recibir 5 anotaciones, los locales se llevaron el mérito, y las palmas de los fanáticos, de haber sido los primeros en vencer la puerta, brillantemente defendida por Andrés Mazali. El francés Paul Nicolás, 12’, fue el autor del gol de su equipo mientras que los celestes Héctor Scarone (2’ y 24’), Pedro Petrone (58’ y 68’), y Ángel Romano (83’) se encargaron de la tercera victoria uruguaya en la VIII edición olímpica de la Era Moderna.

 Frente a los holandeses, ya en la fase semifinal, la victoria tuvo otro cariz. El gol de Kees Pijl, a los 32’, pautaba la diferencia, e hizo, para muchos, pensar que “la buena suerte charrúa” estaba llegando a su fin, cuando, a los 62’, José Pedro Cea se encargó de igualar las acciones, y Héctor Scarone, 82’, de penal, hizo florecer las esperanzas de la oriental nación sudamericana.

Para el 9 de junio estaba señalada la final olímpica. Para el 9 de junio, 40 mil 522 espectadores, en el estadio olímpico parisino, aguardaban el enfrentamiento entre Uruguay, la sorpresa del torneo, y Suiza. Marcel Slawick, árbitro principal, sería asistido por el belga Henry Cristophe y el egipcio Youssuf Mohamed. Era, prácticamente, inadmisible una derrota uruguaya. Los charrúas, dirigidos magistralmente por Ernesto Figoli, estaban convencidos de ello, y no defraudaron. Suiza se tuvo que conformar con escalar el segundo escaño del podio de premiaciones. El score de 3 goles a 0 le dio a Uruguay la posibilidad del anhelado título olímpico, gracias a las dianas de Pedro Petrone (9’), José Pedro Cea (65’), y Ángel Romano (82’).

El 9 de junio de 1924, reitero la fecha, Uruguay, que se había convertido en la primera selección de fútbol representante de América del Sur en jugar en el “Viejo Continente”, se adjudicaba la primicia de titularse, en un magno evento, en esa zona geográfica. Como colofón del fútbol olímpico de los VIII Juegos, el uruguayo Pedro Petrone, resultó líder goleador con 7 dianas obtenidas.

La alegría uruguaya no se detuvo, y 4 años más tarde, para la edición olímpica 1928 en Ámsterdam, capital holandesa, repitió la hazaña de París’ 1924. Todo quedaba listo para que esos 2 títulos olímpicos, logrados de manera sucesiva, le valieran, a la pequeña nación de América del Sur, ser seleccionada como sede de la Primera Copa del Mundo de Fútbol, 1930. Lo demás es historia. Como es archiconocido Uruguay fue sede de ese primer paso mundialista, y, además, titular: Tuvo la primicia de, no solo organizar, sino de ganar la Primera Copa del Mundo de Fútbol que reconoce la historia de la humanidad.

Para concluir un detalle: En el próximo partido en que participe la selección nacional uruguaya de fútbol, dirijan la vista hacia el escudo que, orgullosamente, exhibe la camiseta celeste. Noten que en la parte superior se aprecian 4 estrellas. Esta significan los 2 títulos olímpicos (París’ 1924 y Ámsterdam’ 1928), y las 2 Copas del Mundo que se registran en el palmarés futbolístico charrúa. Sí, porque Uruguay, además de vencer en el Torneo del Mundo de 1930, lo hizo 20 años después, en 1950, donde la sede fue Brasil, y la celeste, en la final, hizo sucumbir a los locales en lo que, históricamente, se conoce como “El Maracanazo”.

Y a propósito de Andrés Mazzali. Sepan que el ilustre cancerbero, no solo tuvo actuaciones descollantes defendiendo el arco uruguayo en los títulos olímpicos, sino que, además, fue baskebolista, integrante del equipo Olimpia titular nacional de Uruguay, en el año 1923, y Campeón Sudamericano de Atletismo, disputando los 400 metros con vallas, siendo, en 5 ocasiones, recordista continental. Pero Mazzali, excelente bailarín, era dado a las juergas, fundamentalmente, con mujeres. Su fama de buen deportista estaba a la par de su condición de don Juan. Y precisamente, su condición de don Juan le jugó una mala pasada: a escasos días de iniciar la Copa del Mundo de 1930, escapó de la concentración para encontrarse con una hermosa, y deslumbrante, rubia, según refieren, en un hotel cercano. La fuga trascendió, por lo que dirección del equipo, liderada por Alberto Supicci, decidió expulsarlo de la selección. De nada sirvieron los ruegos de los compañeros, principalmente del capitán José Nasazzi. Mazzali, indefectiblemente, fue sustituido por Enrique Ballesteros.

“Competencias insólitas en la viña del señor”

ImageEn todo el orbe existen competiciones, bastante sui géneris, que existen independientemente de las que se señalan de manera oficial. Se compite, como es sabido, en los Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos, Campeonatos del Mundo, pero, además, en otros eventos no reconocidos por las instituciones deportivas internacionales, pero que gozan también de gran popularidad y logran una participación masiva.

Entre los tantos recuerdos que conservo de niño, están vigentes mis constantes participaciones en carreras de sacos durante un evento infantil, muy valorado en Cuba, que se nombre “Plan de la Calle”, un petit festival donde los infantes compiten en eventos inventados por los mayores.

Para las tan mencionadas carreras de saco, nos introducíamos en unas bolsas de tela que nos crujían hasta la cintura y a la orden salíamos dando saltos en pro de la meta. Era muy divertido, pues caíamos constantemente al suelo y eso, sumado, a un fuerte ataque de risa, imposibilitaba nuestro avance. Las carreras de saco viven, reitero, en mis recuerdos de infante, lo que si no tengo en mi currículum es haber llegado vencedor en alguna. Solía arribar al lugar de destino, incluso, cuando ya se habían anunciado a los vencedores. Mi destreza no era suficiente como para ganar alguna que otra edición.

Las carreras de saco, el chucho escondío, los pega’os, el tintirilata, el burrito 21, a la una mi mula, eran, o son, nombres lides enmarcadas, o no, dentro del Plan de la Calle. Lides, redundo, bastante sui géneris como las que a continuación describo.

En el pueblo de Oli, Inglaterra, se realiza anualmente una original carrera que conjuga, al mismo tiempo, velocidad y equilibrio. Son convocadas todas las ama de casa de la localidad que, sartén en mano, tienen que vencer una distancia de mil metros. Lo llamativo es que la sartén que llevan no está vacía. El artefacto culinario contiene una tarta. Es evidente que la primera que llegue a la meta se lleva el título, pero la que deje caer el preciado alimento de la sartén la descalifican ipso facto.

El continente asiático está compuesto de países bien famosos y por otros menos nombrados. China, India, Japón, Corea del Sur, Corea del Norte, no necesitan carta de presentación, empero poco se sabe de Nepal, Mongolia, Sri Lanka y Viet Nam.

Sin embargo, Viet Nam, muy nombrado hasta 1975, fecha en que se liberó de la criminal ocupación de Estados Unidos, es protagonista de una muy singular competencia. Entre los jóvenes del litoral norte anamita es muy popular utilizar zancos como implementos deportivos. Sucede que los habitantes de esa región, desde temprana edad, aprender a caminar sobre plataformas de madera de 2 metros de altura. Crecen con esa habilidad, por lo que no hallan impedimentos en jugar voleibol, fútbol y correr convertidos en zancudos. Además, los zancos, les sirven para caminar en los bajos del mar donde tienden sus redes y otros avíos de pesca.

Durante un tiempo se hacían en París, Francia, pruebas atléticas consistentes en subir, por las escaleras, a lo más alto de la Torre Eiffel. Se asegura que el insólito récord, que jamás pudo ser roto, lo impuso un ciudadano de apellido Forrester. El tan afamado señor solo necesitó 3 minutos y 12 segundos en vencer los 729 escalones que contiene la tan afamada edificación.

En la ciudad de Surin, Tailandia, todos los años se organiza el festival de los elefantes. El comprender varias pruebas, como por ejemplo, la carrera de obstáculos, en la que los gigantescos paquidermos una determinada distancia esquivando botellas, sandías, y hasta espectadores que acceden voluntariamente a acostarse en la tierra. Existe también la tracción de soga: Un elefante a un extremo y 100 hombres en el otro. Se afirma que la festividad concluye con un partido de fútbol entre los voluminosos animalitos, en el que explotan varios balones al recibir las inofensivas pisadas que estos propician.

La carrera ciclística más alegre del mundo, sin dudas, la organizan los barberos franceses. En ella no tan importante ser el puntero, como no llegar en la última posición. Al que triunfa, como premio, le hacen el corte de pelo que desee, pero para el sotanero está reservada una gran tragedia porque es pelado, irremisiblemente.

Al vasco Iñaki Perurena nadie le ganaba levantando piedras:

–       ¿Se atreve a competir con levantadores de pesas?- Le preguntaron en una ocasión.

–       No- Respondió categóricamente- Prefiero mis piedras.

–       ¿Por qué?

–       Nuestros métodos son diferentes y el método para alzarlos también difiere.

Para que tengan una idea, Iñaki alzó, 4 veces en 5 minutos, una roca de 285 kilogramos de peso. Levantó con una mano un cilindro de piedra de 240 kilogramos que colocó sobre su hombro derecho y en una hora y 40 minutos, cargó 60 veces un pedrusco de 200 kilos.

Se asegura que los indígenas que pueblan la Amazonía brasileña practican una carrera poco conocida por otras civilizaciones. Cada competir debe de llevar un tronco, bien pesado por cierto, a sus espaldas, y vence quien primero llegue… A la vivienda del jefe de la tribu.

Solo mostramos algunas de las competencias más extravagantes que se llevan a cabo en todo el mundo actualmente. Faltan muchas que, prometo, incluirlas en próximos artículos. Lo anterior es una abanico, paupérrimo, obviamente, de que de todo existe en la viña del señor.