“Competencias insólitas en la viña del señor”

ImageEn todo el orbe existen competiciones, bastante sui géneris, que existen independientemente de las que se señalan de manera oficial. Se compite, como es sabido, en los Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos, Campeonatos del Mundo, pero, además, en otros eventos no reconocidos por las instituciones deportivas internacionales, pero que gozan también de gran popularidad y logran una participación masiva.

Entre los tantos recuerdos que conservo de niño, están vigentes mis constantes participaciones en carreras de sacos durante un evento infantil, muy valorado en Cuba, que se nombre “Plan de la Calle”, un petit festival donde los infantes compiten en eventos inventados por los mayores.

Para las tan mencionadas carreras de saco, nos introducíamos en unas bolsas de tela que nos crujían hasta la cintura y a la orden salíamos dando saltos en pro de la meta. Era muy divertido, pues caíamos constantemente al suelo y eso, sumado, a un fuerte ataque de risa, imposibilitaba nuestro avance. Las carreras de saco viven, reitero, en mis recuerdos de infante, lo que si no tengo en mi currículum es haber llegado vencedor en alguna. Solía arribar al lugar de destino, incluso, cuando ya se habían anunciado a los vencedores. Mi destreza no era suficiente como para ganar alguna que otra edición.

Las carreras de saco, el chucho escondío, los pega’os, el tintirilata, el burrito 21, a la una mi mula, eran, o son, nombres lides enmarcadas, o no, dentro del Plan de la Calle. Lides, redundo, bastante sui géneris como las que a continuación describo.

En el pueblo de Oli, Inglaterra, se realiza anualmente una original carrera que conjuga, al mismo tiempo, velocidad y equilibrio. Son convocadas todas las ama de casa de la localidad que, sartén en mano, tienen que vencer una distancia de mil metros. Lo llamativo es que la sartén que llevan no está vacía. El artefacto culinario contiene una tarta. Es evidente que la primera que llegue a la meta se lleva el título, pero la que deje caer el preciado alimento de la sartén la descalifican ipso facto.

El continente asiático está compuesto de países bien famosos y por otros menos nombrados. China, India, Japón, Corea del Sur, Corea del Norte, no necesitan carta de presentación, empero poco se sabe de Nepal, Mongolia, Sri Lanka y Viet Nam.

Sin embargo, Viet Nam, muy nombrado hasta 1975, fecha en que se liberó de la criminal ocupación de Estados Unidos, es protagonista de una muy singular competencia. Entre los jóvenes del litoral norte anamita es muy popular utilizar zancos como implementos deportivos. Sucede que los habitantes de esa región, desde temprana edad, aprender a caminar sobre plataformas de madera de 2 metros de altura. Crecen con esa habilidad, por lo que no hallan impedimentos en jugar voleibol, fútbol y correr convertidos en zancudos. Además, los zancos, les sirven para caminar en los bajos del mar donde tienden sus redes y otros avíos de pesca.

Durante un tiempo se hacían en París, Francia, pruebas atléticas consistentes en subir, por las escaleras, a lo más alto de la Torre Eiffel. Se asegura que el insólito récord, que jamás pudo ser roto, lo impuso un ciudadano de apellido Forrester. El tan afamado señor solo necesitó 3 minutos y 12 segundos en vencer los 729 escalones que contiene la tan afamada edificación.

En la ciudad de Surin, Tailandia, todos los años se organiza el festival de los elefantes. El comprender varias pruebas, como por ejemplo, la carrera de obstáculos, en la que los gigantescos paquidermos una determinada distancia esquivando botellas, sandías, y hasta espectadores que acceden voluntariamente a acostarse en la tierra. Existe también la tracción de soga: Un elefante a un extremo y 100 hombres en el otro. Se afirma que la festividad concluye con un partido de fútbol entre los voluminosos animalitos, en el que explotan varios balones al recibir las inofensivas pisadas que estos propician.

La carrera ciclística más alegre del mundo, sin dudas, la organizan los barberos franceses. En ella no tan importante ser el puntero, como no llegar en la última posición. Al que triunfa, como premio, le hacen el corte de pelo que desee, pero para el sotanero está reservada una gran tragedia porque es pelado, irremisiblemente.

Al vasco Iñaki Perurena nadie le ganaba levantando piedras:

–       ¿Se atreve a competir con levantadores de pesas?- Le preguntaron en una ocasión.

–       No- Respondió categóricamente- Prefiero mis piedras.

–       ¿Por qué?

–       Nuestros métodos son diferentes y el método para alzarlos también difiere.

Para que tengan una idea, Iñaki alzó, 4 veces en 5 minutos, una roca de 285 kilogramos de peso. Levantó con una mano un cilindro de piedra de 240 kilogramos que colocó sobre su hombro derecho y en una hora y 40 minutos, cargó 60 veces un pedrusco de 200 kilos.

Se asegura que los indígenas que pueblan la Amazonía brasileña practican una carrera poco conocida por otras civilizaciones. Cada competir debe de llevar un tronco, bien pesado por cierto, a sus espaldas, y vence quien primero llegue… A la vivienda del jefe de la tribu.

Solo mostramos algunas de las competencias más extravagantes que se llevan a cabo en todo el mundo actualmente. Faltan muchas que, prometo, incluirlas en próximos artículos. Lo anterior es una abanico, paupérrimo, obviamente, de que de todo existe en la viña del señor.

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