“Y continuamos riendo…”

ImageMidaysi, así se nombra porque, afortunadamente, aún convive en nuestro espacio terrenal, era la encargada de impartir las asignaturas de letras cuando me correspondió cursar el sexto grado, en la unidad “Nené Traviesa”, de Ciudad Escolar Libertad. La anécdota que desarrollo a continuación, en la que la mencionada maestra y yo somos los protagonistas, sucedió entre los años 1980 y 1981, hace más de 3 décadas.

Sucede que me gusta conversar; es una cualidad que, de niño, me caracteriza; pero, contraviene, que me gusta conversar en todo momento, y, obviamente, en todo momento no se puede desarrollar una plática, animada o no, con uno o varios interlocutores.

–       ¡Y eso que es tartamudo!- comentaron no pocos- Porque si no lo fuera…

Sucede que, a consecuencia, de mi manía, por así decirlo, de darle constante ejercicio a la sinhueso, entiéndase lengua, fui responsado, en innumerables ocasiones, por los profesionales encargados de encaminar mi enseñanza, proveyéndome de vastos conocimientos.

Y fue Midaysi. Fue ella, tras un fuerte descargue verbal, la responsable de que yo incidiera en la condición paterna.

–       Cállate ya, muchacho. ¡Por favor! ¡No sé cómo te lo voy a pedir! ¡Me tienes loca con tu cuchicheo! En lugar de hablar, dedícate a escribir todas esas historias que inventas, a ver si puedes llegar a ser un escritor como tu papá.

Recuerdo que la miré, con ojos de cerdo en nevera. Hice silencio, al menos por un rato, y comencé a escudriñar en la última frase que, en su visible desespero, había espetado: “, a ver si puedes llegar a ser un escritor como tu papá”.

A los 11 años se ama a un ser querido, pero no se le admira, lo reconozco, por su desempeño laboral. Quizás sea una edad en que el preadolescente pueda reparar en detalles generales de una función, empero les es imposible valorar si el allegado es competente en la labor que realiza.

Sabía que mi padre, Alberto Damián Luberta Noy, era escritor. Así, sencillamente. Había leído algo de José Martí, Horacio Quiroga, Álvaro Yunque, Herminio Almendros… Por referencias, conocía de la obra de Don Miguel de Cervantes… Todos ellos grandes escritores; a mis 11 escasos años no había podido hurgar en la obra se ellos, pero sabía que habían sido grandes escritores, “porque eran impartidos en la escuela; y si no eran grandes escritores no serían impartidos en la escuela; y me alegra que mi papá sea escritor, me alegra eso de que haya un escritor en la familia, aunque no sea impartido en la escuela”.

Juro, por la memoria de Armando y Esperanza, que así pensaba entre los años 1980 y 1981, y, además, juro, insisto por la cálida presencia espiritual de mis queridos e inolvidables abuelos, que a partir de aquel responso comencé a reparar en el rol que juega mi progenitor, a pesar de que pronto cumplirá 83 “septiembres”.

–       Me encontré con “Ñico” Hernández en la calle, y me habló de un programa humorístico que emitían en Radio Progreso que lo escribían entre 3 o 4, y no tenía ni pies ni cabeza. Luberta, con eso no se ríe nadie, me dijo. Le prometí escucharlo, y así lo hice. Lo fui a ver, en aquel entonces era el director de la emisora, y le dije que me hacía cargo del programa si aceptaban el formato que iba a proponer. Le expliqué. Aceptó, y el 15 de abril de 1965 salió mi primer libreto de “Alegrías de Sobremesa” al aire. Ahí comenzamos, y hasta hoy.

Es increíble que hayan transcurrido casi 5 décadas, y “Alegrías”, uno de los programas insignes del espectro radial cubano, a pesar del tiempo y los sinsabores, continúe siendo parte de la vida diaria en la mayor de las islas del archipiélago antillano. Es sorprendente, en demasía, que a pesar de la dolorosa partida de Idalberto Delgado, en el mes de abril de 1989, hay quien continúe diciendo “Paco y Rita” al referirse a uno de los espacios más antiguos de la radio mundial; aclaro, afirmo lo anterior, sin temor a equivocarme. Es motivo de orgullo, infinito, saber que por el escenario radial de “Alegrías”, se han desenvuelto muchas de las primeras actrices, y primeros actores, de la comedia cubana: Enrique Arredondo, Miriam Isabel, Darío Proenza, Marta Velazco, Idalberto Delgado, Aurora Basnuevo, Mario Limonta, Eloísa Álvares Guedes, Carlos Montezuma, Magui Castro, Antonio “Ñico Hernández”, Marta Jiménez Oropesa, José Antonio Riveros, Wilfredo Fernández, Leonel Valdés, Pipo de Armas, Manuel Marín, Alexis Valdés, Humberto Concepción, Julito Martínez, Erdwin Fernández, Reinaldo Miravalles… Reconozco la omisión de nombres, también importantes, por tal motivo, y por cientos de miles de millones, ofrezco disculpas; una fecha como la de hoy no merece olvidos.

Para todos, los mencionados y los olvidados, un motivo de recordación y orgullos; para ti, papá, progenitor, además, de toda esa mezcla humorística musical que es “Alegrías de Sobremesa”, motivos especiales de recordación y orgullo; para ti, que ha convertido el arte de escribir en un sacerdocio; para ti, que en ocasiones te comparas con un corredor de fondo por la soledad que te acompaña, todo un sinfín de razones para adorarte, esas mismas que te han convertido en paradigma.

Tengo que agradecer, cronológicamente, a Armando y a Celia, a Pogolotti, barrio que te vio nacer, a tus socios, a tus cúmbilas (Norma, “El calvo”, “Arroz con sopa”, “El gallego”, “Palillo”, “Ñiquito”, “Carlitos el baboso”, Luis Cea…), que hayan hecho de ti el hombre que eres; ese mismo que, en 1966, no dudó en sentarse delante de una máquina de escribir para crear 2 libretos de “Alegrías de Sobremesa”, tras regresar de algo terrible para cualquier padre: cumplir con la dolorosa misión de inhumar los restos mortales de su pequeña hija.

¿Sabes? Aclaro, sin excepción, que no son 4 mis hermanas; siempre señalo que son 5: Alicia, Alina, Aleida, Emelia, y Emilia. Creo que ese dato no lo sabías.

Tengo que agradecer, finalmente, a mi vieja, a la Marcelina Gabina Juana de la Caridad Martínez González, claro, por todo lo que se sucedió tras el 21 de septiembre de 1968. No hay palabras, o, mejor, si hay, pero se empeñan en no brotar. ¡Vaya capricho!

No quiero ser más extenso, viejo. Disfruta de este día, porque es un gran día. Recuerda que gracias a un día como hoy comenzaste a formar parte de la familia cubana; no olvides que ese derecho te lo has ganado con humildad y sacrificio.

Solo me resta darte las gracias en nombre, también, de los millones de cubanos que han vertido una sonrisa, al menos, con tus sanas ocurrencias; esos mismos que te califican como “tremenda gente,. caballeros, tremenda gente”.

Gracias, papá, nunca voy a cejar en el intento de ser como tú. Un beso grande y un abrazo.

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2 comentarios sobre ““Y continuamos riendo…”

  1. Es increíble todo lo que escribes y me alegra mucho poder a través tuyo felicitar a tú papá. Un abrazo desde acá de tú familia de corazón.

  2. Un saludo y abraso a tu padre luberta,y como recuerdo a Armando y Celia, en la casa de 100 , soy el hermano menor del gallego y tu familia me conoce desde que naci

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