“Se aproximan los 10 años de la mayor tragedia civil paraguaya”

incendio2El próximo 1 de agosto de cumplirán 10 años del incendio del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, en el que, por desidia de la directiva que ordenó clausurar todo acceso al mismo, fallecieron más de 400 personas.

Ante la cercanía de tan luctuosa fecha deseo recordar el documental que realicé para Radio Ñanduti. Gracias a Rut Tuaso, Tomás Ortiz, y Oscar Boubée, que me acompañaron en la cruzada audiovisual.

¡Ycuá nunca más!

http://www.nanduti.com.py/v1/include-audio.php?audios_id=55643&tipo=Nacionales

“De niño fui violado por un vecino”

NOpedofilia“Así mismo, señor, como se lo estoy diciendo me sucedió: Siendo apenas un niño fui violado por un señor, ya fallecido, que era vecino mío”. De esta manera, “El Charly”, como es conocido, comenzó la conversación que sostuvimos. Tuvo el gesto de contactarme vía correo electrónico. “¿Todavía le siguen interesando los casos fuertes? De ser así quiero que, sin dar a conocer mi identidad, quiero que se conozca mi caso. Si le interesa, acá tiene mi número de celular”. Tras señalar horario y lugar para la entrevista, confesó haberme conocido leyendo el blog que tuve en la página web de Radio Ñandutí. “Sigo sus publicaciones y vi que le gusta abordar las temas que suelen pasar por alto. Drogas, prostitución, travestismo… Sucede que a las víctimas nos cuesta conversar, y es por eso que la prensa, en muchos casos, no hace énfasis en nosotros. Yo no soy la excepción, pero acá estoy. Un día le dije a mi esposa que si le contactaba iba a contarle todo lo que me sucedió”. De veras que agradezco a “Charly” su gesto, y sinceridad, y, a la vez, aclaro que omití no pocos fragmentos del relato. Por lo alevoso de su descripción, los consideré totalmente innecesarios, y quedaron excluidos de este artículo. Dejo a la imaginación, de todas y todos, los detalles del suceso. “No solo quiero dar a conocer mi caso, sino hacer un llamado de atención a los padres que dejan a los hijos solos: No se confíen de nadie, porque donde menos imaginan, ahí está el peligro”.

Comencemos por la génesis: ¿Cuándo, y cómo, sucedió todo?

Imagínese, sucedió hace más de 30 años, señor. Tenía yo 9 años, y voy a cumplir 40. Vivía en Coronel Oviedo, mi ciudad natal, con mis padres y mi hermano, que es 3 años mayor que yo. A diario quedaba mucho rato solo en casa. Mis padres trabajaban, y mi hermano iba a la escuela. Yo también iba a la escuela, pero tenía un horario diferente. Yo iba a la mañana, y mi hermano a la tarde. Reitero, asistíamos a la misma escuela pública, pero no coincidíamos. Yo llegaba a mi casa, almorzaba, y me quedaba solo esperando a que alguien de mi familia llegara.

Situación que aprovechó su vecino…

Situación, le aclaro, que aprovechó un buen vecino. Y digo buen vecino porque era una persona allegada, y querida, por mi familia. Ese acercamiento facilitó todo.

O sea, llegaba de la escuela, y acto seguido el vecino se personaba en su vivienda.

Aparentemente todo fue casual. Cierto día llegué a casa, almorcé lo que me había dejado preparado mi mamá, y me dispuse a dormir la siesta. Pasados 10 minutos, aproximadamente, sentí que llamaban a la puerta. Cuando abrí era él preguntando por mi papá. Años después entendí que había sido una excusa, porque él sabía perfectamente que mis padres trabajaban. Le contesté que ellos no estaban, que tampoco estaba mi hermano, y que yo estaba solo hasta que alguno de ellos llegara. “¿Siempre estás solo?”, me preguntó, y le respondía que siempre, que de lunes a viernes, a esa hora, siempre estaba solo hasta entrada la tarde. Nunca pensé que con esa respuesta estaba cavando mi propia tumba, por así decirlo.

¿No trabajaba ese señor?

Tenía un negocio familiar. Tenía una pequeña despensa que atendía solo, porque su esposa había muerto, y sus hijos se habían casado, y vivían fuera de Coronel Oviedo. Los 2 mayores en Asunción, y la menor había ido a Buenos Aires a buscar trabajo, y allá se quedó. De hecho, vendió todo en Coronel Oviedo, y se fue a vivir con su hija. Allá murió atropellado por un automóvil. Murió instantáneamente. Dicen que el que venía manejando estaba ebrio, y conducía una velocidad espantosa.

Entonces…

La primera fue como le conté. Cuando le dije que estaba solo, me acarició la cabeza, y se marchó. Todo comenzó al otro día. Cuando regresaba de la escuela, vi que estaba parado en la esquina de casa. Cuando pasé por su lado me dijo que después me iba a llevar un regalo; que me tenía algo que me iba a gustar mucho. Y así fue. Fue a verme con 2 barras de chocolate NESTLE. Él sabía que me gustaban mucho, porque regularmente iba a su despensa a comprarlas.

Atraer a los niños con golosinas es un mecanismo que suelen emplear los pedófilos para atraer a sus víctimas. Barras de chocolate, helados, dulces en general, son usados para conmover la frágil psicología de los menores. Es una especie de carnada.

Con ese gesto, insisto, años después, me di cuenta de que él sabía lo que estaba haciendo; y, también, años después, me hago la misma pregunta: ¿A cuántos niños, o niñas, les habrá hecho lo mismo?

Imagino su alegría cuando vio el “regalo” hecho con “tan buenas intenciones”.

Indescriptible. Me dijo “mira, aquí tienes para que comas algo de postre”. Gracias, gracias, le dije, y lo abracé. Cuando vio que lo abracé, me alzó en sus brazos, y me dio un beso bien pegado a la comisura de los labios. Luego se sentó, y me acomodó sobre sus piernas, y comenzó a manosearme. Se encargó de “enseñarme el juego de las probaditas”. ¿En qué consistía? Muy fácil: Se colocaba un pedazo de chocolate en la boca, y de su boca me daba a probar en la mía. Luego me decía “tienes los labios embarrados de chocolate, déjame limpiártelos”. Y no sacaba pañuelo, o iba a buscar servilleta, sino que me pasaba la lengua.

Refiere “Charly” que, lo anteriormente expuesto, y reitero la palabra que empleé en el inicio de esta transcripción, es la génesis del calvario que le correspondió vivir. Asegura que, paulatinamente, el vecino, como quiso que se le llame para esta entrevista, fue incrementando el nivel de “los juegos”.

Las visitas eran a diario. Lo mismo en mi casa que en la suya, porque, al parecer, se dio cuenta que de yo no vivía solo, y aunque nadie me acompañaba, siempre existía la posibilidad de que alguien pudiera llegar. En su casa se sentía más libre.

“Charly” narra, con gran tristeza, lo que aconteció por espacio de, aproximadamente, 2 años. “El juego de las probaditas”, el manoseo, las cosquillas, los besos… Fue la antesala de lo que todos suponen.

Un día en su casa me convenció de hacía mucho calor y tenía que bañarme. Accedí. Me quitó la ropa, me cargo, y, haciéndome cosquillas, me llevó para la ducha. Cuando me di cuenta, él estaba sin ropa, junto a mí, bañándose. Esa fue la primera ocasión que tuvimos sexo. Fue la primera de muchas.

¿Nunca dijo nada a sus padres?

Nunca. Me tenía amenazado. Me decía que si contaba algo malo le iba a pasar a mi mamá, a mi papá, a mi hermano. Me decía que si preguntaban porqué caminaba con dificultad, que dijera que me había caído jugando fútbol.

¿Ellos tampoco sospechaban nada?

Nadie se iba a imaginar que ese señor hiciera eso. Tenía fama de ser buena persona, de respetar y hacerse respetar. Nos había visto nacer y crecer a muchos. Le cuento que cuando se supo la noticia de su muerte, muchos lo lloraron; mi familia lo lloró porque no sabían lo que había hecho conmigo. Eso se supo después.

¿Cuándo decidió contar a sus padres?

Precisamente cuando supimos que había muerto. Ellos se indignaron, porque nada se podía hacer. En un principio no me querían creer, entonces a mi padre, para salir de dudas, decidió llevarme al médico. Ahí se comprobó todo. Tal era la afinidad de mi familia con él, que cuando fue a vivir a Buenos Aires se le hizo una cena de despedida en mi casa. Cuando vino el hijo a buscarlo para llevarlo al aeropuerto, mi madre se le abrazó llorando, y le dijo pidió, encarecidamente, que no nos olvidara. También le repitió, hasta el cansancio, que en Coronel Oviedo tenía una familia, y una casa donde vivir en caso de querer regresar.

¿Cree que la ida a Buenos Aires fue, en parte, evitando ser descubierto?

Totalmente. Él planificó irse de Paraguay porque yo estaba creciendo, y tuvo temor de que contara todo. Fuera del país el escándalo sería menos. Mis padres, mi hermano, como ya le dije, se indignaron, pero nada se podía hacer. Le sobreviven los hijos que, sinceramente, nada tienen que ver en mi situación. O sea, hacerles partícipes no tenía sentido, porque acordamos hacer silencio. Sabe cómo es gran parte de la sociedad con las víctimas de los pedófilos. Por eso decidí no revelar el nombre de él, porque sería dar a conocer la mía. Porque, por ejemplo, en Coronel Oviedo, “Charly”, hay muchos, pero un hombre de casi 40 años, que todos le llaman “Charly”, que fue violado por un señor de nombre X, ese hay uno solo y soy yo. Si nada más insinúo quien fue mi victimario, sabrán quién soy, y eso no quiero. Que se conozca mi historia, pero hasta ahí. Además, fue una promesa que le tengo hecha a mi mamá, y la voy a cumplir.

“Charly”, con el decurso del crono, y sin poder borrar las secuelas del castigo sexual que sometido, habla orgulloso de su status actual.

Con mucho esfuerzo pude titularme en la Universidad Nacional de Asunción. Soy Ingeniero Industrial, tengo 3 hijos, y una esposa adorable. Mis padres aún viven, y mi hermano me dio la posibilidad de ser trío por partida triple. ¡Se imagina cuando coinciden en casa de mis padres esos 6 niños!

Las huellas, sobre todo psicológicas, de “Charly”, son imperecederas, no obstante, se considera un ser humano feliz.

Sé que, desafortunadamente, mi historia puede ser como la de otros niños que fueron víctimas de pedófilos, por eso hago un llamado a los padres para que, en lo posible, no pierdan de vista a sus hijos, No se confíen de nadie, por mucha confianza y estima que se le tenga a una determinada persona. No se sabe dónde puede estar acechando el peligro. Ese es mi caso, quién iba a sospechar que ese señor iba a hacer lo que hizo.

John Paul: “A Cuba, después de 33 años de ausencia”

mariel“No le hemos dado salvoconducto y pasaporte solo al lumpen que se alojó en .la embajada, no. A todo lumpen que lo solicite, a todo el que lo solicite. Pero, claro, los lumpens dijeron: ‘Este es el día internacional del lumpen’. Cuando oyeron decir eso, pues muchos lumpens quieren su pasaporte y su salvoconducto. ¿Y qué vamos a hacer? ¿Por qué se lo vamos a negar?”

Fidel Castro. 1 de mayo de 1980

Hace relativamente escaso tiempo, supe que mi llegada, alegre y triunfal, al mundo, se produjo en el Año Internacional del Turista. Por si no lo sabían, me tomo la atribución de informarles que la Organización de Naciones Unidas, ONU, declaró a 1967, vaya usted a saber las razones, como el Año Internacional del Turista. Nadie, absolutamente nadie, hasta este preciso momento, ha sabido explicar los motivos que condujeron a la egregia entidad, a emitir tal designación; no obstante, y tras arduas sesiones de razonamiento, donde mi materia gris trabajó a velocidades comparables a las de la luz, y en las que estuve expuesto a tensiones capaces de hacerme perder el poquísimo juicio que me queda, supongo, deduzco, intuyo, que la concreción, entre los días 21 de abril y 27 de octubre, de la Expo Mundial en la ciudad de Montreal, Canadá, a la que se afirma asistieron más de 50 millones de personas, haya sido uno de los motores impulsores para identificar, con esas 4 palabras, Año Internacional del Turista, el lapso de 12 meses en el que se produjo mi advenimiento.

El alumbramiento que puso mis casi 8 de libras de peso en manos de una obstetra, se consumó, y no se aburran porque tanto lo alude, en 1967. El mismo año que, finalmente, mataron a Ernesto Rafael Guevara de la Serna, el “Che”, en Bolivia, junto a casi toda la camarilla de aprendices de guerrilleros que le secundó; el mismo año que Fidel Castro anunció, de manera rotunda, como únicamente nos tiene acostumbrados, y como únicamente sabe hacer, que la propiedad intelectual pertenece al pueblo, por eso Cuba, a partir de ese momento, iba a traducir, y, obviamente, a publicar, literatura técnica, sin pagar derechos de autor; el mismo año que se suicidó Violeta Parra, la que a simple vista para que no tuvo mucho que agradecerle a la vida; el mismo año que se vio la luz, en Buenos Aires, Argentina, la novela “100 años de soledad”, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura’ 1982; en 1967 nacieron, por ejemplo, Benicio del Toro, Olga Tañón, Pamela Anderson, Julia Roberts, Anna Nicole Smith; en 1967 murieron, por ejemplo, además del “Che” y Violeta Parra, Puyi, el último emperador de la dinastía chino- manchú, de los Quing, y el Príncipe Félix Féliksovich Yusúpov, conde Sumarokov-Elston, noble ruso que tuvo gran participación en el asesinato de Rasputín. Como pueden notar, 1967, fue un año donde se sucedieron hechos que marcaron la historia de la humanidad; mi nacimiento, por ejemplo, no habrá marcado un hito mundial, pero sí en mi familia, por eso me enorgullezco de enriquecer los anales históricos de la mencionada etapa, 1967, insisto.

Proyecté los primeros alaridos, en el año 1967, exactamente el 1 de junio, y como nací el 1 de junio de 1967, mi madre, gran aficionada a los vericuetos, andurriales, y escarpas, de la farándula, sobre todo internacional, decidió que llevara por nombre John Paul, brindando, de esa manera, un justo, y merecido, homenaje a John Lennon y Paul McCartney. Quizás se pregunten qué tengo que ver yo con esas 2 leyendas de la música mundial, y no imaginan que la explicación es más sencilla de lo que, en verdad, aparenta. Resulta que el día de mi nacimiento, me empeño en repetir, el 1 de junio de 1967, los 4 grandes de Liverpool, aclaro, la agrupación inglesa The Beatles, lanzó al mercado el disco “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, para muchos entendidos, el álbum más emblemático de la etapa musical psicodélica. El grandilocuente, y campanudo, acontecimiento, provocó que, con orgullo, mi madre, que había estado al tanto haciendo malabares intentando escuchar cuanta radio existía por onda corta, me bautizara con los nombres de 2 integrantes de una banda que, irónicamente, estaba prohibida en Cuba. Porque olvidé aclarar que emergí del vientre materno, el 1 de junio de 1967, en la isla de Cuba, en el barrio marianense de Palo Caga’o, sito en la periferia de La Habana; Palo Caga’o para los muchos, porque unos pocos, a decir verdad, escasos, en demasía, se empeñan en llamar a la barriada “Madero embadurnado de excrecencias fecales”, o “Trabuco impregnado materia excrementicia, hedionda y nauseabunda”, o “Leño empapado de sustancias residuales expelidas por la culminación del intestino grueso tras la culminación del proceso digestivo”. Yo, como no en todo momento prefiero la verborrea, ni el uso del rebusque lingüístico, me sumé a la masa, a la masa humilde y trabajadora, la misma que a diario intenta forjar un futuro mejor gritando “Comandante en jefe, ordene/ ordene sobre esta tierra/ que vamos a hacer la guerra/ si el imperialismo viene”, y que denomina a la localidad, sin rodeos, y finezas, “Palo Caga’o”. Y no me pregunten por qué  tan vulgar nombre bautice la urbe que me vio crecer; tampoco el gentilicio que me corresponde: ¿Palocaganino? ¿Palacagaense? ¿Palocagalero? ¿Palocagaceno? ¿Palocagaluso? ¿Palocaganano? ¿Palocaganeño? ¿Palocaganiano? ¿Palocagapolitano? Ni idea tengo qué calificativo dar a mi etnia, solo digo que soy marianense, gentilicio que me concierne al ser oriundo de Marianao, nacido en Palo Caga’o. De Palo Caga’o solo sé que el palo está caga’o, y va a continuar caga’o, por los siglos de los siglos, aunque, y lo juro, también por los siglos de siglos, doy fe de que en ese vetusto lugar, vive gente muy, pero muy buena: “Juanito el cortico”, aclaro, la alusión de “corto”, no es por las supuestas diminutas dimensiones de su miembro viril, sino por ser hijo de “Juan el corto”, apodo que recibió porque durante las largas, y continuas, sesiones de degustación alcohólica, decía a sus amigos “sírvanme, pero corto”; “Carmita la mocha”, que siempre soñó con tener la mayoría de edad para agarrar una mocha, e irse a tumbar caña, y así ayudar a la Revolución; Camilo “El traquetea’o”, que era fanático de cantar aquello de “sea como sea/ a ‘Palo Caga’o le traquetea/ ganando o no ganando/ a ‘Palo Caga’o’ le zumba el mango; “Panchito luzbrillante”, hijo de un eminente, irrepetible, e inigualable técnico especialista en arreglar cocinas “Píker”, que funcionaban a base de luzbrillante, combustible que lo vendían en la bodega; “Mercedita espejo sin audio”, la pobre, media sorda de nacimiento, y como en Cuba al que se interpone en la vista de alguien que está mirando al, le dicen “Espejo sin luz”, a Mercedita, parodiando el refrán, le decían “Espejo sin audio”; “Yoyi el gago”, poseedor de una tartamudez que provocaba ataques de desesperos en cuantos interlocutores tenía, una vez estuvo como 10 minutos para darles las gracias a mi mamá por un poco de casquitos de guayaba con queso que le regaló; “Albertico pandereta”, con su cara aplastada, dicen que por los fórceps que le aplicaron al nacer; “Bernardito el bobo”, tronco de comemierda, el infeliz; “Yiya la cazuela”, su nombre es Margarita, pero no sé porque lo de “Yiya la cazuela”… Y otros que, en la misma medida que avancen en la lectura, van a ir conociendo.

Bueno, no broté de la andorga de mi madre en Palo Caga’o, sino en el hospital Maternidad Obrera, nosocomio ubicado a exiguos pasos de mi residencia; en Palo Caga’o, viví desde mi venida al mundo de los vivos, hasta que, en 1980, mi padre, haciendo gala de un acto de verdadera democracia, decidió abandonar Cuba, y enrumbar, hacia el norte, entiéndase Estados Unidos, aprovechando el éxodo masivo que hubo por el puerto del Mariel. Especifico el hecho de franca libertad, y no menos pluralismo, de mi progenitor: según recuerdo, anunció la partida minutos antes de salir. “Me voy, y ustedes se van conmigo. Mi tío nos espera en su yate. No quiero peros; es la oportunidad que tenemos de espantar la mula, y rajarnos de la porquería esta. Si no aprovechamos ahora, nos vamos a morir comiendo arroz, chícharos, y huevos, y viendo películas rusas. Arriba, que ya tengo todo listo. No lleven equipaje, que allá en la yuma hay de todo. Y no hagan mucho ruido, porque los comunistas estos nos van a llenar de huevos y piedras, si se enteran que nos vamos”, comentó feliz, pero rotundo; o sea, nos puso al corriente de la decisión que nos señalaba como protagonistas, y una hora y media después, estábamos embarcados, aunque no muy cómodos, en el navío, por señalarlo de alguna forma, que tenía la misión de vencer la distancia existente entre el puerto del Mariel y La Florida. Tío Gabriel, alias “El bizco”, por el profuso, y no vano, intento de sus ojos en dirigir, constantemente, la mirada, hacia el comienzo de su nariz, había ido a buscarnos, a nosotros, a los miembros de la familia, en su yate, categoría bote o chalupa, pero las autoridades del Departamento de Inmigración lo llenaron de gente, cual artefacto de transporte público. Íbamos tan apretujados que, el tiempo que duró la travesía, o mejor dicho, en el tiempo que comenzó hasta que, abruptamente, fue interrumpida por increíbles marejadas, de una fuerza descomunal, imaginé que me había subido en una 22, o en una 28, rumbo a Coppelia. A las 2 horas de viaje, aquel yate, categoría bote o chalupa, se comenzó a hundir, y si no es por un guardacostas estadounidense, que nos rescató, no estaría escribiendo estas líneas. Afortunadamente llegamos, y, más afortunadamente aún, no hubo que lamentar ninguna pérdida humana. Solo mi tío sufrió perjuicios económicos; por sacarnos del infierno, perdió su yate, repito, categoría bote o chalupa. Aunque para ser sincero, mi abuela también sufrió; el susto le provocó un sui géneris padecimiento, nunca ante visto, al menos por mí: hasta el día de su muerte, en 1991, la acosaron fuertes descomposiciones estomacales, que a su vez daban paso a feroces, despiadadas, crueles, y mortíferas, deposiciones anales, constantes, líquidas, incoloras, y fétidas, que, a su vez, le provocaron un terrible estado de nervios, al punto de no querer salir de la casa. Todos, y todas, le insistíamos, y ella se negaba llorando; temía amargarnos la existencia con uno de sus brotes acuosos. Creo que, en nuestro yo interno, y no excluyo a ningún integrante de nuestro celebérrimo núcleo familiar, nos alegramos de que la abuela quedara en casa, viendo televisión, y depositando sus endebles heces fecales en puerto seguro.

Hago un alto en la narración, con el solo objetivo de hacer un señalamiento; quiero, de manera abierta y leal, compartir con ustedes un secreto que mi madre guardó celosamente por varios años; solo mi padre era conocedor de ese misterio; misterio que fue misterio hasta un día que mi progenitor, totalmente ebrio, o en nota, como decimos los cubanos, en una fiesta de amigos, gritó con todas sus fuerzas: “Emilia, esta gente no me quiere creer que Emelina se teñía el bollo”. Aquello fue el acabose. Hubo quien explotó en carcajadas, otros miraron al viejo mío, extrañados, y hubo otros, como mi madre y mi abuela, que en ese momento desearon que la tierra se abriera, y las hiciera desaparecer de la faz de la tierra. Emelia, mi abuela, acompañó su reprobadora mirada a mi progenitor, con un “Dios te ampare, por lo que acabas decir, muchacho del diablo”.

¿Quién era Emelina? Emelina era mi bisabuela. La madre de mi abuela materna. La misma del padecimiento sui géneris que hace unas pocas líneas expuse. Padecimiento sui géneris el de mi abuela, costumbre sui géneris la de mi bisabuela. Por lo visto tengo raíces sui géneris, y de seguro, la que se lleva las palmas, es Emelina, mi bisabuela, que nació en el medio del campo, le cortaron el cordón umbilical con un machete, y lo primero que probó, a los pocos minutos de nacida fue, nada más y nada menos que agua de café. A ella la conocí, falleció en 1972. Tenía yo 5 años, y recuerdo, perfectamente, el griterío porque la anciana había dejado el mundo de los vivos. Emelina cantó el manisero, estiró la pata, bailó el guaguancó, en fin, había partido hacía el más allá; hacia ese más allá que, y no dudo en afirmarlo, debe de estar buenísimo, porque el que se va no vuelve. A Emelina la recuerdo anciana, muy anciana, creo que tenía 97, 98 o 99 años cuando falleció; mi bisabuela siempre estaba acostada, y hablaba constantemente; “la vieja tiene un pase a tierra que no lo brinca un chivo”, comentó una vez mi padre; y en efecto, tan avanzada era su edad, que ya no conocía. A mí, por ejemplo, no me decía John Paul, sino Plutarco, Venancio, Sinforiano, Robertico… Me tenía loco; para que tengan una idea de lo que estoy diciendo, mi madre, en cierta ocasión, al llegar a casa me encontró llorando, desconsoladamente. “¿Qué te pasa?”, me preguntó; “Mamá, ¿cómo yo me llamo?”; “¿Tú? Tú te llamas John Paul”; “¿Y por qué la vieja de mierda esa me dice el nombre que le da la gana?”. Esa anécdota fue poco antes de morir Emelina. Reconozco que un poco que me alegré de su viaje sin regreso, y es algo que, con el paso del tiempo, me he arrepentido. Obvio, hoy tengo 46 años; han transcurrido más de 4 décadas del triste momento; y no se le puede pedir a un niño apenas un lustro, que piense, y actué, como piensa y actúa, una ser humano de casi 5 décadas de existencia.

Disculpen el disgregue, voy al grano. Mi bisabuela, madre de mi abuela, y de otros 9 seres humanos, y abuela de mi madre, de muy joven comenzó a experimentar la aparición de canas en todo su vello corporal. Y, especifico, para que no existan confusiones, comenzó a experimentar la aparición de canas en todo su vello corporal. Entiéndase vello corporal en el más amplio sentido de la palabra; refiero a cuanto vello, por minúsculo que sea, pudiese tener Emelina. Cuenta mi madre que al viejo José Ramón, mi bisabuelo, ciudadano de origen canario con misérrimas entendederas, no le gustaban las canas en todo el vello corporal, por esta razón obligó, forzó, constriñó, coaccionó, compelió, a Emelina, su media naranja, a teñirse la pelambre más íntima, o lo que es lo mismo, estricta y rigurosamente, el vello púbico. La pobre, para complacer el sui géneris pedido del padre de sus 10 hijos, echó mano a lo primero que tuvo a su alcance, tinta de zapato, y váyase a saber con qué, embardunó los blancos mechones que cubrían el pubis. Amigas y amigos, lo juro por la memoria de mis allegados que ya descansan en paz, lo juro con la mano puesta en el corazón, Emelina, mi bisabuela, y es una verdad apodíctica, en los albores del siglo XX, se dedicaba a colorear, con tinta de zapato, su monte de Venus. Es que se dice y no se cree. Esa costumbre sui géneris, de mi nunca bien ponderada bisabuela, la convirtieron en una de las pioneras, anónimas, del movimiento posmoderno cubano. ¿Se imaginan? En el preludio de la vigésima centuria, Emelina, la esposa de José Ramón, la madre de mi abuela, la abuela de mi madre, cuando las mujeres vestían ropajes largos, ella se teñía el bollo. Así, sin dar vueltas a la noria. Mi abuela se moría se vergüenza cuando se tocaba el tema. “Ay, gran poder de dios, me vas a matar de un disgusto. Eso no lo digas más, si no quieres verme muerta. Prométeme que no vas a volver a repetir una barbaridad como esa”. Así reaccionó cuando le dije que al Emelina colorearse eso que ya saben, de paso, el viejo José Ramón, se daba un poco de color en el bigote. Y por suerte mi bisabuela no iba a la playa, creo que no fue nunca, porque cuando aquello empezara a desteñirse el equilibrio ecológico del mar Caribe se iba a ir al infierno. No iba a quedar sardina, jaiba, ni reserva coralina viva, con tanta contaminación. Y de ir a la playa, y de eso comenzar a desteñirse por la acción del agua, no iba a ser más conocida como Emelina, los jodedores, de la familia y del barrio, le iban a empezar a decir “el pulpo” o “el calamar”. Y de ir a la playa, y de eso comenzar a desteñir, seguro que iba a ser llevada a los tribunales por una de esas organizaciones que se desviven por cuidar el medio ambiente. Aunque en esa época no existían, me imagino el dictamen final del juicio: “5 años de privación de libertad por atentar contra la plataforma marina de nuestro país”. Dicen que Emelina, como en el 67, en el año que yo nací, llegó a la carnicería del barrio y le pidió al carnicero 2 libras de filete, “no hay, señora, hace mucho que no hay”, le respondió el carnicero, entonces pidió libra y media de picadillo, “tampoco hay, señora, hace mucho que no hay”, volvió a responder el carnicero”, entonces pidió 2 libras y media de jarrete, y dicen que el carnicero abrió los ojos y le dijo “señora, qué buena memoria tiene”.

Así son mis raíces, así de sui géneris. Así son mis recuerdos, así, también de sui géneris. Y mis recuerdos llegan hoy, a diario, pero hoy, aún más, porque estoy acomodado en la nave aérea que me conducirá a Cuba, después de 33 años de ausencia.

Son 33 años. Número también sui géneris. 33, edad que tenían Cristo, Alejandro “El grande”, y Evita Perón, al morir; 33, grado mayor de la masonería; 33, la edad de Miguel Ángel cuando comenzó a pintar la Capilla Sixtina; 33 son los cantos que componen cada una de las partes de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri; también se dice que el rey David reinó en Jerusalén por 33 años… Y son, también, 33 años sin ir a Cuba, mi patria grande; a Ciudad de la Habana, mi patria mediana; a Marianao, mi patria chica; a Palo Caga’o, mi patria minúscula.

Dicen que aquello está que da tristeza, que nada más haces poner un pie en el aeropuerto, y a uno se le hace un nudo en la garganta; acá en Miami dicen que en Cuba, las vacas no dan leche, sino lástima, y que los ríos no corren, van al trote. Dicen, los que van, que aquello es contradicción pura; que la gente no trabaja, pero se cumplen todos los planes; se cumplen todos los planes, y no hay nada de nada; no hay nada de nada, pero todos comen; todos comen, y se la pasan hablando mierda, y gritando “Abajo Fidel”; pero que aun así, son los primeros en los interminables desfiles del primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Vamos a ver qué me encuentro. Ana Gloria me está esperando en el aeropuerto, y es la que, para mí, será como una especie de guía de turismo.

Ya le dije que en los 21 días que voy a estar desandando mis raíces, rampa’rriba y rampa’bajo, quiero bañarme en la playa, y visitar gente, visitar a mucha gente, hablar con mucha gente. Lo de la playa puede ser o no ser; en Miami hay playas, pero no sé, las de Cuba huelen distintas. Las playas huelen al sudor de la gente que en ella se baña; las de Miami, por ejemplo, huelen a buen perfume y a alimento proteico; las de Cuba, según recuerdo, huelen a todo menos a buen perfume, y a proteína. Y eso que no huelo las playas de Cuba hace 33 años, porque ahora, con lo que la gente comió en el Período Especial, las playas deben de oler a desagüe cloacal.

No quiero predisponerme. Quiero ir a disfrutar, a pesar del desprecio que sufrimos por parte del gobierno, sobre todo; esta escoria, este lumpens, este gusano de mierda, este vendepatria, quiere disfrutar en su patria, 33 años después, aunque sea un poco. Y voy solo, sin mi esposa, sin mis hijos, para poder disfrutar a mis anchas. Juro que tengo deseos de verme aterrizando en Ciudad de la Habana, y juro, además, que no sé qué hacer cuando vea delante de mí a Ana Gloria. Dice que hace años que no vive en Palo Caga’o, porque su papá tuvo un cargo grande en Relaciones Exteriores, y le dieron una casa, creo que en Miramar. Tengo un cosquilleo en la barriga que no me deja vivir. Hay gente de Miami que ha estado tiempo sin ir a Cuba, y de la emoción se han muerto en el aire de un patatús. Yo espero que no me dé un patatús, porque quiero disfrutar mi viaje. Disfrutar La Habana destruida, disfrutar la peste de la gente, disfrutar la comida inventada, disfrutar de la masa cárnica, del perro sin tripas, de la pasta de oca, tomar azuquín, chispa ‘e tren… Disfrutar, sencillamente, disfrutar aunque sé que allá la situación no está fácil. Me aconsejaron que lo mejor que hago es dejar que la gente hable; porque el cubano necesita hablar, hablar aunque sea mierda, porquería, cosas sin interés. Hablar, sobre todo, mal del gobierno, aunque al otro día se levante y marche, de manera enérgica y combatiente, por la Plaza de la Revolución. Porque para el cubano, la vida se ha convertido en una monotonía, y en monólogo. Así me dijeron, y es lo que quiero comprobar. Bueno, yo no vivo allá y hace rato que estoy hablando solo, estoy “monologueando” también, pero allá es distinto. Acá, sentado en este avión, hablo solo, “monologueo”, para matar el tiempo; allá en Cuba, y es lo que voy a comprobar, “monologuean” para hacer catarsis, para no explotar como un globo de cantoya. Vista hace fe, y es lo que voy a comprobar; y, les juro, finalmente, porque ya va a despegar el avión, que lo que me cuenten en Cuba, se los cuento a ustedes después. Quiero, a mis 46 años, iniciarme como escritor, y qué mejor comienzo que con historias de mi gente, de los que dejé atrás hace más de 3 décadas, en mi querido “Palo Caga’o”. ¿En Cuba la vida es un monólogo? Vamos a ver si es verdad.

“De multas, sobornos, y travestis, se hablaba antes de Cristo”

discoboloPocas instituciones humanas pueden siquiera aproximarse, remotamente a la antigüedad de los Juegos Olímpicos. Su cuna estuvo en Grecia, en la región del Peloponeso, hace unos 3.000 años, cuando empezaron a organizar competiciones deportivas en algunas ciudades como sabia simbiosis de deporte, cultura y religión.

Leyenda y realidad se confunden en sus orígenes. Acontecimientos que ocurrieron en esos tiempos fueron explicados, con frecuencia, como consecuencias de la intervención divina, y éste también es el caso de los Juegos olímpicos.

Según la mitología, fue Zeus quien instauró las Olimpiadas para celebrar su victoria sobre los titanes, a los que arrojó del valle de Alfeo; no obstante, hay quien atribuye su origen a los Pisates, primeros pobladores del referido valle, y otros a Pios, el fundador de Pisa, antigua capital del Peloponeso, y otros, los hacen originarios de la isla de Creta, desde donde llegaron a Grecia a través de un sacerdote llamado Hércules, quien arrivó a Olimpia quince siglos a.C. estableciendo la tradición olímpica cretense. Por su parte Píndaro los atribuye a Heracles, un caballerizo del rey Augias, soberano de la Elida.

También Turquía reclama su invención, basándose en el hecho de que las estatuillas de deportistas más antiguas que se conoce fueron halladas en la Anatolia, de donde lo habrían importado los griegos copiando modalidades tradicionales de los turcos, entre ellos la carrera de velocidad sobre una distancia de 192,25 metros que se disputaba en honor del dios Marduk.

Sea como fuere los primeros datos reales que se conocen nos remontan al año 884 a.C. Esos primeros Juegos se celebraron por iniciativa de Ifitos, rey de la Elida, que pactó una tregua con Licurgo, rey de Esparta, y que tuvo la idea de que hubiera paz entre todas las facciones en guerra en Grecia: la paz olímpica o Ekcheiria. Esta paz se extendía desde los tres meses anteriores a los Juegos y después de ellos, lo suficiente como para permitir a los participantes un regreso seguro a sus hogares. Sólo se conocen tres ocasiones en que la Ekecheiria fue rota. Como castigo los deportistas de esas ciudades que no respetaron la tregua fueron expulsados de las siguientes ediciones de los Juegos.

Lo anterior es base para lo siguiente, porque, aunque se desconoce mucho de las ediciones olímpicas de la Era Antigua, algo de lo curioso que surgió de ellos, mostramos a continuación:

MUY IMPORTANTES: Tan importantes eran las Olimpíadas en la antigua Grecia que el primer año que se inscribieron los nombres de los vencedores (776 a.C.) se convirtió en el punto de partida del calendario heleno.

UN GRAN COMILÓN: El luchador Milón debía comer al día 18 libras de carne y la misma cantidad de pan. Además ayudaba su digestión con 9 litros de vino. Pero cuando un atleta comía en exceso, el entrenador le introducía el dedo, hasta la garganta, provocando la devolución, inmediata, de todo lo consumido.

GUSTABA PERO DOLÍA: En la lucha gustaban mucho al público los abrazos del torso que fracturaban costillas, además de otras llaves no menos dolorosas. Si era necesario, las manos se dirigían a las cuencas de los ojos del adversario o se le estiraba con fuerza del labio inferior. O peor todavía, Leontisco de Sicilia se especializó en romper de un solo golpe y suma facilidad los dedos de sus contrincantes.

¿ANTECEDENTES DE LOS VIERNES DE SOLTEROS?: En Olimpia sólo podían asistir a los juegos las mujeres solteras y la pena para una mujer casada que observase a los atletas era la muerte, pues los atletas competían desnudos, exhibiendo sus cuerpos como símbolo de perfección y dedicación.

¿TRAVESTIS EN LA ERA ANTIGUA?: En el año 404 a.C. estuvo a punto de pronunciarse una sentencia de muerte contra un espectador. Este hombre, llevado por el entusiasmo al asistir a la victoria del joven púgil Pisidoro, saltó las barreras para abrazarlo. Al hacerlo, se levantaron sus vestiduras y se puso de manifiesto que en realidad no se trataba de un hombre, sino de una mujer, la madre del vencedor.

LAS MULTAS SON ANTIQUÍSIMAS: “Prohibido beber en el interior bajo pena de multa”, figuraba en una inscripción del estadio de Delfos.

DEPORTES DE COMBATE: Los encuentros boxísticos duraban hasta que uno de los púgiles se derrumbara o levantase el brazo como signo de derrota. Los luchadores se cubrían las manos con mitones de cuero y los dedos con tiras de piel.

EL SOBORNO TAMBIÉN ES ANTIGUO: En el año 388 a.C. cuatro participantes fueron condenados bajo acusación de soborno, pues se demostró que habían pretendido manipular los juegos.

BIEN FANÁTICO: El emperador romano Nerón era tan aficionado a las carreras de cuadrigas, que en una ocasión decidió participar en los Juegos y cuando regresó de Grecia entró en Nápoles, en una carroza guiada por caballos blancos y a través de una brecha abierta en las murallas, como acostumbraban a hacerlo los vencedores de los juegos.

¿Qué les parece?

“Me viraron de la Base Naval de Guantánamo”

balsaLo mío fue fatalidad.

Mucha gente dice que todo nos salió mal porque mi papá se burlaba constantemente de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Me parece escucharlo, recitando divertido una poesía que no sé de dónde la sacó, mientras hacía la balsa:

– Virgen de la Caridad/ tú que eres tan milagrosa/ haz que no siga la cosa/ más  mala de lo que está/ Arrímate por acá/ y alivia nuestro sufrir/ y si no puedes venir/ alejado de tu alcance/ dame un bote, con el chance/ a ver si me puedo ir…

Eso lo recitaba mi papá haciendo la balsa.

La gente le llama la atención:

– No juegues con la Caridad del Cobre que se puede virar en contra tuya. Ella es buena, pero no permite burlas.

No hacía caso y seguía con sus versos burlones:

– Prometo, virgen querida/ tu imagen seguir amando/ y también ir remando/ de Cuba hasta La Florida/ Es muy dura aquí la vida/ pero con tu fe me alegro/ el bote te lo reintegro/ en cuanto pueda llegar/ pero por favor, no sé remar/ ¿puede tú prestarme el negro?

Y explotaba en risa.

Mi papá se burlaba de la Virgen de la Caridad del Cobre, del bote de la Virgen de la Caridad del Cobre, del negro que está con la Virgen de la Caridad del Cobre, y estoy por creer que por burlarse tanto, todo nos salió tan mal.

No conozco a nadie que haya intentado irse más que yo, y al que hayan cogido yéndose más que yo.

La primera vez fue en el 90 con mi papá, y nos sorprendieron por allá por la playa Baracoa. Los guardafronteras hijos de puta esos no nos mataron de milagro:

– Deténganse.

Mi papá me decía:

–  No me voy a parar, Denis, sigue remando.

Y los guardafronteras con su jodedera:

– Deténganse.

Ellos por un lado y mi papá por otro:

– A mí hay que matarme, Denis.

– Deténganse o disparamos.

– ¡Sigue remando que esos no disparan!

Que no disparan ná… ¡Que no disparan ná! Al tercer deténganse de escuchó:

– Ratatatatatatatatatatatatatatata…

Y ahí me acobardé yo. Me eché a llorar, y el viejo mío nada más gritaba:

– Rema, cobarde, rema.

¡Qué va!

Me tiré al agua, y nos atraparon los guardafronteras. Y menos mal que tiraron al aire, porque muchas veces tiraban al dar y mataron e hirieron a unos cuantos. Eso creo yo, porque a lo mejor tiraron al dar y no nos dieron por la mala puntería que tenían. Si tiraron al dar y nos dieron, eso nada más que lo saben ellos. A mi papá le echaron como 4 años, y a mi no, porque era menor de edad. Yo tenía 14 años:

– Nos faltaba poco para llegar a las aguas internacionales. Si llegábamos nos podía rescatar un barco americano. ¿Me entiendes?

– Discúlpame, papá.

– Estoy preso, hijito, pero trata de llegar tú a los Estados Unidos.

– ¿Cómo?

– Tu primo quiere irse.

Irme de Cuba se convirtió en una obsesión para mí.

Ya el Período Especial había empezado y los cubanos nos estábamos comiendo un cable de aquí a Hong Kong por el hambre que tenía el pueblo, y el colmo fue que en 91 se hicieron los Juegos Panamericanos, y cuando se acabaron los Panamericanos la situación se puso peor.

Como decimos en buen cubano cuando queremos definir que algo está difícil… ¡La caña estaba a 3 trozos!

Se perdieron hasta las “Mac Castro”, unas hamburguesas de averigua de qué estaban hechas, que vendieron mientras duró la competencia.

Recuerdo el chiste:

– ¿Cuál es el animal que se come la comida de un año en 15 días? El “Tocopán”.

El “Tocopán” era un tocororo, el pajarraco ese que es el ave nacional, que tenía un sombrero, que sirvió como mascota de los Juegos.

Todavía no me explico cómo pudieron organizar los Juegos Panamericanos si el país no estaba en condiciones. Al gobierno siempre le ha gustado sacrificarnos para decir que Cuba si puede, que Cuba es la vanguardia de América Latina y de todos los países del tercer mundo, por eso los Panamericanos se hicieron y después de los Panamericanos no nos cominos los unos a los otros de milagro.

Es chiste del “Tocopán” daba a entender que la cosa después de la segunda quincena de Agosto del 91 se puso negra con punticos negros.

Me quería ir.

Soñaba con eso, solo hablaba de eso.

Mi primo hizo como 3 balsas, y siempre le encontraba defectos. Él soñaba con irse del país en el “Titanic” o en un crucero, por eso lo dejé por incorregible, y me pegué a Lazarito, un socio mío del barrio, que también quería irse:

– ¿Cuándo es la cosa?

– Mañana nos vienen a buscar para irnos a Caibarién.

– ¿Tan lejos?

– No me vayas a decir que estás acobardado. ¡De Caibarién a los Estados Unidos es un paso, Denis!

Lazarito es buena persona, pero tiene un defecto: Todo lo habla.

La noche cuando salíamos nos detuvo la policía, y a la estación fuimos a parar. No nos metieron presos porque no tenían pruebas, pero sabían que nos íbamos y nos echaron la salida.

Pasaba el tiempo, y yo en Cuba.

Mi papá desde la cárcel me escribía:

– Vete, Denis, vete.

Los amigos míos que se fueron todos llegaron, y yo en Cuba sin luz, sin ropa, sin comida… Era la década del noventa: No venta de esto, no venta de lo otro, no venta de allá, no venta de acullá… Estaba más obstinado que un piojo en la cabeza de un calvo.

En eso llegó la revuelta del 94, y cuando dejaron ir a todo el mundo di un salto de alegría que por poco rompo el techo:

– Esta es mi gran oportunidad.

Sin depender de nadie, armé y balsa y me tiré.

Los guardacostas americanos te recogían en aguas internacionales, te llevaban para la base naval de Guantánamo, allí estabas un tiempo, y te mandaban para Miami:

– Esta es la mía. Lo tengo todo bien pensado.

En efecto. Me tiré. Las “grifin” de los guardacostas cubanos me escoltaron hasta aguas internacionales, y ya en territorio de nadie, me recogieron los americanos y me mandaron para Guantánamo.

En Cuba de allá hablaban 20 mierdas:

– No dan comida.

– Maltratan a la gente.

– Los cubanos duermen unos encima de otros.

Era la cantaleta el día entero:

– No te vayas para allá, Denis, tú eres negro, y allá el negro no vale ná.

Y me acordé del cuento de Álvarez Guedes:

– No me fastidien más la vida, caballeros. Me importa poco que el negro en los Estados Unidos no valga ná. No me voy para allá a vender negros.

La base era todo lo contrario a lo decían en Cuba. Aquello era como una fiesta. Te daban de todo: Ropa, zapatos, buena comida…

Vi de cerca de a los que nos fueron a visitar allá: A José Canseco, el pelotero que fue, además, de a saludar a los que estábamos allá, a darle un abrazo a Euclides Rojas, el que jugaba con los Industriales, y con el team Cuba. También vi a Willy Chirino, a Celia Cruz:

– Ya estoy en los Estados Unidos.

Me decía a toda hora:

–  Ya estoy en los Estados Unidos.

Pero siempre he dicho que la cosa cuando es entre cubanos es más dura, porque como nadie tiene nada, todos quieren tener de todo; y la cosa entre cubanos es más dura, porque se quieren abusar unos con otros, y de mi nadie abusa:

– Esa sábana es mía.

– ¿Tuya? ¿A santo de qué?

– Porque está marcada… Mira.

– Esa sábana es mía.

– Óyeme, esa sábana es mía, y te la voy a quitar.

– Atrévete.

Y se la quité. Y se formó la bronca. Y el que me había quitado la sábana llamó a 3 que andaban con él, y tuve que halar por un tubo y romperle la cabeza a uno. Se metió la guardia americana, y nos llevaron a una oficina.

Después de mucho esperar por el que le estaban cosiendo la cabeza por el tubazo, nos recibió un oficial, que sin hablar mucho dijo en perfecto español:

– En los Estados Unidos no queremos problemáticos. Ustedes vuelven a Cuba.

Aquello me sacudió por dentro:

– ¿Por qué?

– Ustedes vuelven a Cuba.

– Nosotros no lo vamos a hacer más, señor.

– Ustedes vuelven a Cuba.

– Todo fue una equivocación.

– Ustedes vuelven a Cuba.

El oficial solo decía eso:

– Ustedes vuelven a Cuba.

Pensábamos que no lo iban a hacer, que era nada más para asustarnos, pero no. Cumplieron lo prometido, y nos devolvieron.

De eso hace más de 10 años, y no he vuelto a intentar irme.

¿Para qué si no voy a llegar?

Ya me resigné a vivir en esta isla de mierda que intenta mantener un sistema que está caduco en mundo, a costa del sacrificio del pueblo.

Por una sábana me fastidié la vida; tenía mi sueño en las manos y lo perdí por una sábana. Mucho he pensado en eso:

– ¿Hice bien o mal en defender lo mío?

Me pregunto:

– Si no hubiera armado el lío, ahora estuviera feliz a 90 millas de aquí.

Se que no hice bien, pero no me arrepiento.

A ese grupo le encantaba abusar de los demás, y conmigo se cogieron el culo con la puerta, si me dejo quitar la sábana, los tendría todavía montados encima abusando de mí. Eso conmigo no va.

Por eso me defendí, por eso le rompí la cabeza al otro.

Cuando me cae el gorrión voy para el malecón con una botella de ron, me siento en el muro, me pongo a mirar pal norte, y entre tragos, hablo filosofando:

– La vida es del carajo. La vida es tan complicada que se compone de pequeñas cosas: Una pequeña mansión con una pequeña piscina, con un pequeño garaje donde quepan 2 ó 3 pequeños autos del año, un pequeño closet lleno de pequeñas ropas y pequeños zapatos de pequeñas buenas marcas, un pequeño yate, una pequeña cuenta en un pequeño banco, comer pequeñas grandes cantidades de buena comida, y beber pequeñas buenas botellas de bebida selecta…

Y cuando ya me he tomado la botella completa, me bajo del muro, siempre con la vista fija en el norte, y me despido diciendo:

– Allí, a pequeñas 90 millas, existe una buena pequeña vida, que desgraciadamente no se hizo para mí.

Trabajo manejando el carro de la funeraria de enfrente de mi casa. El único carro que hay, así que me imagino cuando se rompa tendrán que llevar a los muertos a pie.

Con la mala suerte que tengo me da lo mismo una cosa que otra.

Trataré de que cuando esto, afortunadamente, caiga salir alante, o evitar que cuando se caiga, no caiga arriba de mí y me aplaste más de lo que estoy.

“No hay que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, dicen los viejos, pero el mal en que vivimos tiene casi 50 años, y al paso que va llega a los 150.

¡Qué desgracia la nuestra! ¿Verdad?

Aclaración: Este testimonio forma parte de “La vida es un monólogo”, de mi autoría, en proceso de edición. Señalo, además, que tanto la imagen como el video utilizado, son meramente ilustrativos.

Si de longevos en el deporte hablamos…

La práctica de deportes es una manera bien sana de vencer el ocio, el sedentarismo y, por supuesto, la obesidad. El entrenamiento diario, aunque no sea este riguroso, provee al ser humano de una vitalidad tal que muchos, a edades avanzadas, demuestran que el tiempo apenas ha hecho mella en ellos.

atanEl inglés Stanley Matthews, 1 de febrero de 1915 – 23 de febrero de 2000, por ejemplo, jugador de fútbol, por su longevidad en el deporte es apodado, con justeza, “Matusalén”. En cierta ocasión un periodista le preguntó:

–          ¿A qué se debe el maravilloso hecho de que llegara a jugar en el Campeonato Nacional inglés hasta los 50 años?

–          Siempre cuidé mucho, pero supongo que lo más significativo fue que jamás acudí a los entrenamientos en auto.

–          Pero… ¿Usted vive a 15 kilómetros del estadio?

–          Siempre asistí caminando. Recorría, lo menos, 30 kilómetros diarios. 15 de ida y 15 de vuelta. Pero no solo eso, llegaba, agarraba mi bicicleta, y comenzaba a andar la barriada.

–          O sea, que llegaba a su casa y no descansaba.

–          No. No podía descansar.

–          ¿Por qué?

–          Si conociera a mi esposa no me formulara esa pregunta. Cada vez que abría la puerta recibía de ella alguna encomienda.

Longevo es, sin dudas, el boxeador Kentucky Rosebud. Este negro estadounidense, poseedor de una pegada temida y una técnica poco depurada, libró su último combate en 1916. Tenía, nada más y nada menos, que 63 años. En esa ocasión derrotó por nocaut a John Jonson, púgil 18 años más joven que él.

George Bernard Shaw, también boxeador representante de los Estados Unidos, estuvo activo, y, además, peleando con un ojo de vidrio, hasta los 80 años.

Frantisek Mokri, por su parte, corredor checoslovaco de distancias cortas, falleció a la edad de 99 años. Durante su carrera deportiva no logró premio importante alguno, aunque su tesón es digno de ser reconocido. Retirado de las pistas solía ir, a diario, a cumplir con el entrenamiento. A pesar de no estar activo oficialmente se le consideraba como un atleta más. En cierta ocasión, tras vencer los 100 metros planos, se acercó a su entrenador:

–          ¿Cuánto marcó el cronómetro?

–          Treinta y 2 segundos y 2 centésimas.

–          Ufffffff, estoy mal- Respondió Mokri con una mueca- Ayer lo hice en 26 segundos.

Tras manifestar su inconformidad marchó a las duchas. El preparador físico lo vio alejarse con una sonrisa. Era de admirar. En 7 días Frantisek Mokri arribaba a la edad de 92 años.

La mujer, por su parte, no ha estado exenta de lo anterior y ha dado muestras de longevidad deportiva. La esgrimista austriaca Ellen Müller Preis se registra como la deportista que más participó en unos Juegos Olímpicos. Se le vio accionar en 5 ediciones, de 1932 a 1956, y conquistó una medalla de oro y 2 de bronce. Cuando fue vista por vez última, en Melbourne’ 1965, tenía 50 años de edad y era madre de 4 hijos.

Pero no solo son atletas. No solo son los ejecutantes, sino lo ejecutado. Los ingleses Lawrence Grant y Machrow McLennan iniciaron una partida de ajedrez en 1927, en la ciudad de Cambridge. Después de 3 jugadas cada uno, decidieron continuarla por correspondencia. Tiempo después, McLennan, que se residía en Australia, telegrafió su movimiento número 52 y concertó tablas con su oponente y amigo de la infancia. Sucedió en 1976. Habían transcurrido 49 años.

¿De ‘maldición brasilera’ podemos hablar?

Quizás muchos estarán de acuerdo conmigo con el título de este artículo.

Mienttristeza9-brasil-derrota-rts-eddie-keoghras vencía la distancia existente entre el canal 13 y mi lugar de residencia, dispuse mis reflexiones en la XX edición  de la Copa del Mundo que, en el día de ayer, 13 de julio de 2014, concluyó, en el mítico estadio Maracaná, sito en la ciudad de Río de Janeiro, con victoria de la selección alemana ante su similar argentina, 1-0.

Pero… ¿Qué sucedió en Brasil?

Más allá de la cuarta copa teutona, del poco brillo de Lionel Mesi, de la lesión de Neymar, de los problemas arbitrales, de la actuación asombrosa de muchos de los arqueros, de la decepción española, de los 10 goles en apenas 2 partidos permitidos por Julio César, portero del conjunto anfitrión… ¿De ‘maldición brasilera’ podemos hablar?

¿Por qué lo anterior? Veamos los motivos que expongo para argumentar la interrogante.

Brasil, sin dudas, es un país con una gran tradición futbolística; de hecho es el máximo ganador de Copas del Mundo, por ello exhibe, en su tradicional camiseta, 5 estrellas que avalan una impresionante actuación en Campeonatos del orbe. Suecia’ 1958, Chile’ 1962, México’ 1970, Estados Unidos’ 1994, y Japón – Corea del Sur’ 2002, son las ediciones mundialistas que han visto emerger, como titulares, a las selecciones brasileñas. Brasil, como ya lo había señalado en comentarios anteriores, es el único equipo de la geografía terráquea que ha levantado Copas del Mundo de Fútbol en 3 continentes: América, Europa, y Asia; y, por demás, conserva la condición de tener la primicia, en América, de haber vencido en Europa.

Empero, en el palmarés brasilero, referente a Copas del Mundo de fútbol existe un detalle que llama poderosamente la atención: Han organizado el evento en 2 ocasiones, 1950 y 2014, y en ambas, llámese suerte, llámese destino, llámese suerte, llámese Uruguay, llámese Alemania, se le ha negado, a la “verdeamarelha” el derecho, por así decirlo, de darle a sus compatriotas la gran alegría de verles titularse en  territorio propio.

¿Cómo se han comportado las naciones sedes a través de la historia de las Copas del Mundo de fútbol?

Las selecciones que han salido vencedoras en calidad de anfitrionas son 6: Uruguay (1930), Italia (1934), Inglaterra (1966), Alemania (1974), Argentina (1978), y Francia (1998). En calidad de sede, Italia y Alemania, al igual que Brasil, han organizado el evento en 2 ocasiones, y en ambas escalaron el podio de premiaciones; la escuadra “azzurra”, titular en 1934 y medalla bronce en 1990; los teutones, por su parte, exhiben idéntica actuación que los italianos, campeones en 1974, y ocuparon el tercer escaño en el año 2006. Francia y México son las otras naciones que han acogido la organización del evento en 2 oportunidades; los galos en 1938 y 1998; mientras que los aztecas lo hicieron en 1970 y 1986. Por su parte, Uruguay (1930), Suiza (1954), Suecia (1958), Chile (1962), Inglaterra (1966), Argentina (1978), España (1982), Estados Unidos (1994), y Sudáfrica (2010), se les ha encargado, en una ocasión, la sede de la magna fiesta futbolística. Japón y Corea del Sur, año 2002, muestran la única sede compartida que, hasta el día de hoy, señala la historia de las Copas del Mundo de Fútbol.

Visto lo anterior deseo finalizar, no sin antes reiterar que Brasil, pentacampeón del mundo, no ha podido levantar la anhelada copa en territorio propio, siendo señalada como sede en 2 oportunidades. El honor que han tenido Uruguay, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y Argentina, no lo han podido concretar las selecciones brasileñas. Fracaso en el año 1950, con el histórico 2-1 ante Uruguay, hecho que se reconoce como “El maracanazo”; y fracaso en el año 2014, cayendo, estrepitosamente, en semifinales, 7-1 ante Alemania, y siendo vencidos discutiendo el tercer puesto, 3-0 frente a la selección holandesa; debacles que suman 1 gol a favor y 10 en contra en apenas 2 partido.

Reformulo la pregunta: ¿De ‘maldición brasilera’ podemos hablar? Creo que la afición del gigante sudamericano debe… 1) exigir cambios sustanciales en la estructura futbolística para lograr que la “verdeamarelha” regrese a los primeros planos internacionales; y 2) exigir que nunca, insisto, nunca, redundo, nunca, reitero, nunca, repito hasta el cansancio, nunca más se le designe a Brasil como sede mundialista, de lo contrario sumarían otro fracaso, otro gran fracaso, a su historial en Copas del Mundo.

¿Coincide o no con lo anteriormente expuesto?

“Recordar es volver a vivir… Italia’ 1990” (II parte. Final)

alemania90Italia, investida, hasta ese entonces, titular en Copas del Mundo de Fútbol en 3 ocasiones, había sido seleccionada, por segunda oportunidad, la anterior en 1934, como nación sede del magno evento deportivo. La escuadra azzurra había dado la vuelta olímpica en 1934, reitero, como país anfitrión, 4 años después, en 1938, en la edición organizada en Francia, y, finalmente, en 1982, cuando correspondió a España concretar el Campeonato del Mundo.

Antes de proseguir es válido señalar que Italia (1934 – 1938) y Brasil (1958 – 1962), son los únicos países que han tenido el privilegio de levantar la Copa del Mundo en 2 ocasiones consecutivas; empero, “los azurris”, ostentan el récord de haber vencido, en ambas ocasiones, con el mismo director técnico: Vittorio Pozzo. Se aclara también que actualmente los representantes del país de las pastas ostentan 4 títulos del orbe, porque a los obtenidos en 1934, 1938, y 1982, se le sumó el de la Copa del Mundo celebrada en Alemania, en el año 2006.

Hechas todas las aclaraciones que consideré pertinente, prosigo el viaje imaginario por la final el Campeonato del Mundo de Fútbol Italia’ 1990, cómodamente instalando en la máquina del tiempo, obtenida en calidad de préstamo del insigne escritor inglés Herbert George Wells.

8 de julio de 1990

El “Estadio Olímpico de Roma”, con sus 73 mil 603 aficionados, sería el protagonista de la gran final de la Copa del Mundo. Todos, presentes o no en la instalación deportiva, aguardaban el inicio del esperado encuentro conclusivo. Nuevamente una selección americana enfrentaría una representante del llamado “Viejo Continente” pro la gloria futbolística del orbe. Nuevamente, y por segunda oportunidad sucesiva, Argentina encaraba a los teutones; se volvían a ver las caras australes y germanos, dirigidos, además, por los mismos estrategas que en territorio azteca: Carlos Salvador Bilardo y “El káiser”, Franz Beckenbauer; se repetía la misma final de 4 años atrás, aunque con disímiles circunstancias. Si en la Copa del Mundo México’ 1986 la selección albiceleste había convencido desde la etapa preliminar, en territorio italiano había sucedido todo lo contrario. Veamos.

El debut argentino resultó, sin excepción, una verdadera catástrofe; el 8 de junio, la selección de Camerún asombraba el mundo tras vencer, 1-0, a los entonces titulares del orbe; ese traspiés obligaba a la selección albiceleste a extraer fuerzas de flaquezas si deseaba acceder a la instancia final; por tal motivo, y en su segunda presentación, concebida para el 13 de junio ante la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el equipo argentino, con goles de Pedro Troglio, 27 minutos, y Jorge Burruchaga, minuto 79, envió a sus millones de seguidores, señales de recuperación; no obstante, y en la culminación de la fase clasificatoria, el 18 de junio, un pálido empate, 1-1, frente a Rumania, otorgó a la albiceleste la posibilidad de clasificar a la fase de octavos de final como uno de los mejores terceros lugares del evento; era prácticamente imposible de creer que los titulares del mundo, al concluir el período inicial del evento, exhibiría una victoria, un empate, una derrota, 3 goles a favor y 2 en contra. En octavos, el 24 de junio, la albiceleste se consagró al eliminar, 1-0, a Brasil, con gol de Claudio Caniggia en el minuto 80; el 30 de junio, Yugoslavia fue la víctima la albiceleste en la instancia de cuartos de final, 3-2 en tandas de penales; y el 3 de julio, también en tanda de penales, 4-3 en esa ocasión, privó a Italia, país sede, de jugar la final. De manera azarosa, e increíblemente, Argentina repetía, como en México’ 1986, su presencia en la gran final de la Copa del Mundo de Fútbol.

Si la selección austral apenas convenció, lo contrario sucedió con su similar de Alemania que, desde el mismo comienzo del evento, demostró sus verdaderas intenciones eran concretar lo que le fue negado 4 años antes: Levantar la Copa del Mundo.

Los germanos iniciaron la fase preliminar, el 10 de junio, con una verdadera goleada, 4-1, ante los yugoslavos; con otra apabullante victoria, en esta ocasión 5-1, dispusieron, el 15 de junio, de los Emiratos Árabes Unidos; y con el pase a octavos de final asegurado, empataron, 1-1, ante Colombia, el 19 de junio; los teutones mostraban, al concluir la clasificación, 2 victorias, un empate, 10 goles a favor y 3 en contra. En la fase de 16, como también se le conoce a los octavos de final, el 24 de junio, Alemania obtuvo victoria, 2-1, ante Holanda; en cuartos, el 1 de julio, sufrieron para superar, 1-0, a Checoslovaquia; y, para concluir la actuación previa a la final, el 4 julio, vencieron a los ingleses, 4-3, en serie de penales.

Todo estaba listo para concretar el partido que definía el adiós de la XIV Copa del Mundo de Fútbol que, como protagonistas, reitero, tendría a australes y teutones que exhibían idéntica actuación en Copas del Mundo de Fútbol: 2 títulos para Alemania (1954 y 1974), e igual cantidad para los albicelestes (1978 y 1986). De ganar Argentina igualaría con Italia y Brasil es cantidad de títulos consecutivos, con 2, y, al mismo tiempo, sería, junto a la escuadra azzurra la segunda en ganar 2 Campeonatos del Mundo al hilo con un mismo Director Técnico: Carlos Salvador Bilardo. En caso contrario, si a Alemania le correspondía concretar el sueño de vencer, sumaría el tercer título del orbe a su palmarés, y, también, Franz Beckenbauer, su Director Técnico, se convertiría en el segundo ser humano en ganar títulos del mundo futbolístico, como jugador y como manager; recordemos que, en 1986, “El káiser” se había convertido en el único ser viviente en perder finales de copas como jugador, ante Inglaterra en 1966, y como estratega.

8 de julio, “Estadio Olímpico de Roma”, 73 mil 603 espectadores. El uruguayo, nacionalizado argentino, Edgardo Codesal, ordenó el inicio del partido final de la XIV Copa del Mundo de fútbol; el día antes, Italia se había hecho dueña del tercer lugar de la justa, al disponer de Inglaterra con score de 2-1.

El encuentro que marcó el colofón de Italia’ 1990 se suscitó sin muchas alertas para los arqueros. Igualados a 0 fueron al descanso, e igualados a 0 se mantuvieron hasta que, en el minuto 85, el argentino Pedro Troglio cometió una, dudosa, falta dentro del área, por lo que, obviamente, decretó penal a favor de Alemania. Penal que permitió a Andreas Brehme burlar el arco defendido por Sergio Goycochea. Penal que, a la postre, definió la victoria germana, 1-0, y, por ende, la posibilidad alemana de, por tercera ocasión, investirse como titular en Copas del Mundo de Fútbol. Alemania emergió como nueva selección campeona del orbe, y Franz Beckenbauer, “El káiser”, pudo igualar el récord del brasilero Mario Zagalo: Campeón como jugador (1974), y campeón como Director Técnico.

La Copa del Mundo de Fútbol Italia’ 1990 marcó varios hitos históricos en ese tipo de eventos; por ejemplo, fue la última en ver accionar a selecciones de la Unión Soviética, Checoslovaquia, y Yugoslavia, naciones que desaparecieron tras 1991; fue la última donde participó Alemania sin reunificarse; fue la protagonista de la clasificación, por vez primera, de un equipo africano, Camerún, a cuartos de final; fue, también, la protagonista del debut de Costa Rica, y, además, de la actuación de Edgardo Codesal, juez actuante en el partido final, que, a pesar del inevitable paso del tiempo, aún se continúa cuestionando el penal decretado a favor de Alemania.

Insisto en no ser extenso, aunque no lo parezca. Espero haber ejercitado las mentes, previo al partido de mañana, día domingo, 13 de julio, donde Argentina y Alemania, por tercera vez en la historia, definirán el titular del XX Campeonato Mundial de Fútbol.

Solo me resta detener los motores de la máquina del tiempo, devolverla a su dueño, Herbert George Wells, a la vez que le agradezco el gesto de habérnosla facilitado para este paseo imaginario.

“Recordar es volver a vivir… México’ 1986” (I parte)

argentina 1986No soy aficionado, mejor dicho, ni remotamente soy aficionado a la literatura enmarcada en la ciencia ficción. Recuerdo que mi padre, siendo yo apenas un niño, me obsequió el libro “Tres de Bradbury”; publicación, de carátula azul celeste, que, como su título lo indica, contiene 3 cuentos nacidos de la prodigiosa imaginación de Ray Bradbury, uno de los referentes del género que acuso en el presente artículo. Para culminar esta idea inicial confieso que nunca leí la propuesta de mi progenitor, porque, y es una cualidad indefectible en mi persona, no soporto la ciencia ficción. Empero, toda regla tiene un momento en que es violentada, y hoy, contrario a ese rechazo temático, solicito prestada, muy respetuosamente, la máquina del tiempo al escritor inglés Herbert George Wells para, precisamente, retroceder el crono y rememorar, para no ser tan extenso lo haré en 2 partes, las finales de las Copas del Mundo de Fútbol México’ 1986 e Italia’ 1990, protagonizadas por las selecciones de Argentina y Alemania, que, de hecho, animarán el partido conclusivo de la vigésima edición de los torneos del orbe celebrada, el año en curso, en varias ciudades brasileras.

México’ 1986: Se bailó tango en tierras aztecas

Es llamativo el hecho de que Colombia, seleccionada como sede en el año 1974, finalmente, le fue imposible concretar el magno evento deportivo, por lo que la FIFA se decidió por México, el 20 de mayo de 1983, aprovechando que, en 1970, el territorio azteca, muy meritoriamente, había desarrollado la Copa del Mundo correspondiente. La elección mexicana, además, permitía continuar la frecuencia de alternar una sede europea con otra americana, planteado a partir de 1958. Por ejemplo recordemos que a México’ 1986, le antecedió el protagonizado en España, año, 1982, y, 4 años después, en 1990, le sucedió el Campeonato del Mundo en Italia.

La Copa que había visto la luz el 30 de mayo, culminó el día domingo, 29 de junio. En la mencionada fecha, con el objetivo de definir el nuevo titular del orbe, se varían las caras, en el estadio azteca, las selecciones de Argentina y Alemania. Señalo que Italia, equipo campeón del mundo en España’ 1982, había sido eliminado por Francia, 2-0, en la fase de octavos de final.

¿Cómo llegaron a la final ambas selecciones?

Argentina, dirigida por el experimentado Carlos Bilardo, ubicada en el grupo clasificatorio “A”, concluyó la fase preliminar con balance de 2 victorias y un empate, 6 goles a favor y 2 en contra (2 de junio: 3-1 vs Corea del Sur, 5 de junio: 1-1 vs Italia, y 10 de junio: 2-0 vs Bulgaria; en la fase de octavos de final, el 16 de junio, dispusieron, 1-0, de la selección uruguaya; en el siguiente estadio, cuartos de final, el 22 de junio, ante los ingleses, vencieron 2-1, partido donde el mítico Diego Armando Maradona convirtió 2 de sus más afamados goles: “La mano de Dios” y “El gol del siglo”; el 25 de junio, Bélgica, rival argentino en semifinales, se vio superada por marcador de 2-0. Antes del encuentro final, la selección albiceleste exhibía palmarés de 5 victorias y un empate, avalado por 11 goles a favor y apenas 3 en contra.

Alemania, cuyo director técnico era Franz Beckenbauer, por su parte, clasificó como segundo del grupo “E”, detrás de Dinamarca. El debut teutón, se produjo el 4 de junio, arrojó empate a un gol ante Uruguay; el score de 2-1 ante Escocia, el 8 de junio, señala la única victoria germana de la fase clasificatoria, porque, el 13 de junio, se vieron ampliamente superados, 2-0, por los daneses. Una victoria, un empate, un revés, 3 goles a favor, y 3 goles en contra, era el expediente, un poco pálido para no pocos, que mostraban los teutones. El 17 de junio, y a pesar de no convencer, la selección alemana dejaba en el camino a Marruecos, 1-0, para de esta forma acceder a la fase inmediata superior, cuartos de final, en la que, el 21 de junio, vencieron, trabajosamente, a México, 4-1, en serie de penales. El buen fútbol germano se vio demostrado, el 25 de junio, cuando por marcador de 2-0 vencieron, inobjetablemente, a su similar de Francia, a la postre tercer lugar de la Copa tras disponer de Bélgica, 2-0, el 28 de junio, en el partido que definió los escaños 3 y 4 del Campeonato..

Un camino, no poco azaroso, tuvo que vencer Alemania para acceder, una vez más, al partido final de la Copa del Mundo. A pesar de las falencias presentadas, los teutones estaban listos para dirimir, ante Argentina, el trofeo futbolístico del orbe. Para la selección germana consistía su tercera disputa de final en las últimas 4 participaciones mundialistas: Siendo sede en 1974 resultaron titulares, y en España, 1982, fueron relegados la segundo lugar al ser vencidos por la escuadra de italiana.

¿Qué sucedió el día domingo, 29 de junio?

Los 114 mil 600 espectadores presentes en el “Estadio Azteca”, de Ciudad México, y los millones de telespectadores, estaban plenamente convencidos de que serían protagonistas de un momento histórico. Alemania tenía la posibilidad de sumar su tercera Copa del Mundo, titular en Suiza’ 1954 y Alemania’ 1954, mientras que Argentina, tras la eliminación en España’ 1982, quería repetir la hazaña de 1978, cuando, siendo país sede, y liderados, además, por Mario Kempes, “El matador”, alzaron, bien alto, y por vez primera, el trofeo que los señaló como Campeones del Mundo.

A los 23 minutos de iniciado el partido, que tuvo como juez principal al brasilero Romualdo Arppi Filho, el defensa argentino José Luis Brown, señalado en su camiseta con el número 5, hizo vibrar millones de simpatizantes australes al vencer el arco teutón defendido por Harald Schumacher. La selección albiceleste había dado el primer paso hacia la conquista del máximo trofeo que se puede alcanzar un deportista, cualquiera que sea su disciplina: Ser titular mundial.

Con el encuentro 1-0 se inició la fase complementaria, en la que, a los 10 minutos de comenzada, surgió Jorge Valdano como encargado de ampliar el marcador; para no pocos 2-0 resultaba una ventaja más que suficiente, aunque, para otros no pocos, restaba mucho por jugar.

¡Y mucha razón tuvieron, reitero, esos no pocos que pensaron que 35 minutos resultaban demasiados para darle un vuelco al score! ¡De eso se encargaron Karl- Heinz Rummenigge y Rudi Völler, en los minutos 74 y 80, respectivamente! Sucedió lo impensable, insisto, para algunos; en apenas 360 segundos el partido había dado un abrupto giro de 180 grados, y la ventaja de 2 goles, a favor de los argentinos, se había borrado, como arte de magia.

Los alemanes, dando muestras, además, de una ecuanimidad envidiable, decidieron, por cuenta y riesgo, reiniciar el encuentro faltando, apenas, 10 minutos para cumplir la etapa complementaria. No obstante la alegría para los germanos fue efímera. Siempre se afirma que una selección no solo es inmensa cuando sabe apabullar al contrario, o cuando puede mantener una cierta y determinada ventaja; un equipo se crece también si, psicológicamente, es capaz de reorganizarse, para, de esa forma, indicar que está preparada para empeños mayor.

Por eso Jorge Burruchaga, en el minuto 83, aprovecho un magistral pase de Diego Armando Maradona, y convirtió el gol necesario, ese gol que hizo vibrar corazones, estremecer cuerpos y almas, escapar lágrimas. Ese gol que definía el 3-2 final, para investir a unos aguerridos argentinos, por segunda ocasión en la historia,  como Campeones del Mundo de Fútbol.

En una entrevista Burruchaga señaló que “Diego me hizo el pase sin mirar. A él no le hacía falta mirar; él sabía hacer las cosas, y como un gran astro que es, todo lo hacía bien. El pase fue perfecto, y no lo pude desaprovechar”.

La Copa del Mundo México’ 1986 había llegado a su fin. Alegría, infinito, para los argentinos, por el logro alcanzaron; ovación cerrada para la selección alemana que, venciendo los obstáculos iniciales, supieron ser dignos rivales de los nuevos titulares del orbe. Toque quedaba listo para el Campeonato del Mundo Italia’ 1990, que, a pesar de los intentos de los anfitriones de salir airosos, iba a ofrecer una historia muy parecida a la vivida en tierras aztecas, donde, y de manera imaginaria, los mariachis se vieron obligados a rememorar los tangos de Carlos Gardel.

Por el momento continuamos ubicados en la máquina del tiempo, gentileza del señor Herbert George Wells, porque nuestro viaje imaginario continúa.

¿Puja papal por el título?

papas¿Qué sucederá el próximo domingo cuando se dispute la gran final de la XX Copa Mundial de Fútbol? ¿Qué selección tendrá el privilegio de levantar la copa? ¿Se repetirá la victoria argentina de 1986?, preguntan unos. ¿Habrá festejo teutón como en 1990?, se interrogan otros. ¿Qué sucederá el domingo? Existen vaticinios, especulaciones, anhelos, pero realmente se sabrá cuando concluya el encuentro que definirá a Argentina o a Alemania como titulares del orbe, futbolísticamente hablando.

Lo único verdaderamente cierto es que ambas selecciones han arribado a la fase final del evento tras exhibir un excelente nivel de juego, avalado por una verdadera constelación de estrellas. Messi, Iguaín, Di María, Mascherano, no han sido menos que Neuer, Klose, Müller, Boateng…

¿Qué selección levantará la Copa? Independientemente de la contundente victoria alemana ante Brasil en semifinales, y de la impecable actuación de Sergio Romero ante Holanda, sonreirá el equipo que, finalmente, exhiba mejor nivel de juego, el que demuestre mejor preparación física, el que pueda sacar más provecho a sus ataques, y el que, además, reciba mayores bendiciones de padrenuestros o avemarías.

Sí, porque no debemos de olvidar que tanto Argentina como Alemania tienen protección papal. Uno, disfrutará del partido acomodado en los predios de la Santa Sede; el otro, alentará a su selección arrellanado en su residencia, algo alejada de la Santa Sede. ¿Francisco o Benedicto? Ellos se suman a los deseos vencedores de Sabella y Löw, y se les imagina, quizás en silencio, quizás en un susurro, quizás en alta voz, pero rogando al señor que está en los cielos y que, de por siempre, santificado es su nombre. ¿Quién ganará el domingo? La última palabra la pueden tener Messi u Özil, Iguaín o Khedira, Francisco o Benedicto XVI.