“Recordar es volver a vivir… México’ 1986” (I parte)

argentina 1986No soy aficionado, mejor dicho, ni remotamente soy aficionado a la literatura enmarcada en la ciencia ficción. Recuerdo que mi padre, siendo yo apenas un niño, me obsequió el libro “Tres de Bradbury”; publicación, de carátula azul celeste, que, como su título lo indica, contiene 3 cuentos nacidos de la prodigiosa imaginación de Ray Bradbury, uno de los referentes del género que acuso en el presente artículo. Para culminar esta idea inicial confieso que nunca leí la propuesta de mi progenitor, porque, y es una cualidad indefectible en mi persona, no soporto la ciencia ficción. Empero, toda regla tiene un momento en que es violentada, y hoy, contrario a ese rechazo temático, solicito prestada, muy respetuosamente, la máquina del tiempo al escritor inglés Herbert George Wells para, precisamente, retroceder el crono y rememorar, para no ser tan extenso lo haré en 2 partes, las finales de las Copas del Mundo de Fútbol México’ 1986 e Italia’ 1990, protagonizadas por las selecciones de Argentina y Alemania, que, de hecho, animarán el partido conclusivo de la vigésima edición de los torneos del orbe celebrada, el año en curso, en varias ciudades brasileras.

México’ 1986: Se bailó tango en tierras aztecas

Es llamativo el hecho de que Colombia, seleccionada como sede en el año 1974, finalmente, le fue imposible concretar el magno evento deportivo, por lo que la FIFA se decidió por México, el 20 de mayo de 1983, aprovechando que, en 1970, el territorio azteca, muy meritoriamente, había desarrollado la Copa del Mundo correspondiente. La elección mexicana, además, permitía continuar la frecuencia de alternar una sede europea con otra americana, planteado a partir de 1958. Por ejemplo recordemos que a México’ 1986, le antecedió el protagonizado en España, año, 1982, y, 4 años después, en 1990, le sucedió el Campeonato del Mundo en Italia.

La Copa que había visto la luz el 30 de mayo, culminó el día domingo, 29 de junio. En la mencionada fecha, con el objetivo de definir el nuevo titular del orbe, se varían las caras, en el estadio azteca, las selecciones de Argentina y Alemania. Señalo que Italia, equipo campeón del mundo en España’ 1982, había sido eliminado por Francia, 2-0, en la fase de octavos de final.

¿Cómo llegaron a la final ambas selecciones?

Argentina, dirigida por el experimentado Carlos Bilardo, ubicada en el grupo clasificatorio “A”, concluyó la fase preliminar con balance de 2 victorias y un empate, 6 goles a favor y 2 en contra (2 de junio: 3-1 vs Corea del Sur, 5 de junio: 1-1 vs Italia, y 10 de junio: 2-0 vs Bulgaria; en la fase de octavos de final, el 16 de junio, dispusieron, 1-0, de la selección uruguaya; en el siguiente estadio, cuartos de final, el 22 de junio, ante los ingleses, vencieron 2-1, partido donde el mítico Diego Armando Maradona convirtió 2 de sus más afamados goles: “La mano de Dios” y “El gol del siglo”; el 25 de junio, Bélgica, rival argentino en semifinales, se vio superada por marcador de 2-0. Antes del encuentro final, la selección albiceleste exhibía palmarés de 5 victorias y un empate, avalado por 11 goles a favor y apenas 3 en contra.

Alemania, cuyo director técnico era Franz Beckenbauer, por su parte, clasificó como segundo del grupo “E”, detrás de Dinamarca. El debut teutón, se produjo el 4 de junio, arrojó empate a un gol ante Uruguay; el score de 2-1 ante Escocia, el 8 de junio, señala la única victoria germana de la fase clasificatoria, porque, el 13 de junio, se vieron ampliamente superados, 2-0, por los daneses. Una victoria, un empate, un revés, 3 goles a favor, y 3 goles en contra, era el expediente, un poco pálido para no pocos, que mostraban los teutones. El 17 de junio, y a pesar de no convencer, la selección alemana dejaba en el camino a Marruecos, 1-0, para de esta forma acceder a la fase inmediata superior, cuartos de final, en la que, el 21 de junio, vencieron, trabajosamente, a México, 4-1, en serie de penales. El buen fútbol germano se vio demostrado, el 25 de junio, cuando por marcador de 2-0 vencieron, inobjetablemente, a su similar de Francia, a la postre tercer lugar de la Copa tras disponer de Bélgica, 2-0, el 28 de junio, en el partido que definió los escaños 3 y 4 del Campeonato..

Un camino, no poco azaroso, tuvo que vencer Alemania para acceder, una vez más, al partido final de la Copa del Mundo. A pesar de las falencias presentadas, los teutones estaban listos para dirimir, ante Argentina, el trofeo futbolístico del orbe. Para la selección germana consistía su tercera disputa de final en las últimas 4 participaciones mundialistas: Siendo sede en 1974 resultaron titulares, y en España, 1982, fueron relegados la segundo lugar al ser vencidos por la escuadra de italiana.

¿Qué sucedió el día domingo, 29 de junio?

Los 114 mil 600 espectadores presentes en el “Estadio Azteca”, de Ciudad México, y los millones de telespectadores, estaban plenamente convencidos de que serían protagonistas de un momento histórico. Alemania tenía la posibilidad de sumar su tercera Copa del Mundo, titular en Suiza’ 1954 y Alemania’ 1954, mientras que Argentina, tras la eliminación en España’ 1982, quería repetir la hazaña de 1978, cuando, siendo país sede, y liderados, además, por Mario Kempes, “El matador”, alzaron, bien alto, y por vez primera, el trofeo que los señaló como Campeones del Mundo.

A los 23 minutos de iniciado el partido, que tuvo como juez principal al brasilero Romualdo Arppi Filho, el defensa argentino José Luis Brown, señalado en su camiseta con el número 5, hizo vibrar millones de simpatizantes australes al vencer el arco teutón defendido por Harald Schumacher. La selección albiceleste había dado el primer paso hacia la conquista del máximo trofeo que se puede alcanzar un deportista, cualquiera que sea su disciplina: Ser titular mundial.

Con el encuentro 1-0 se inició la fase complementaria, en la que, a los 10 minutos de comenzada, surgió Jorge Valdano como encargado de ampliar el marcador; para no pocos 2-0 resultaba una ventaja más que suficiente, aunque, para otros no pocos, restaba mucho por jugar.

¡Y mucha razón tuvieron, reitero, esos no pocos que pensaron que 35 minutos resultaban demasiados para darle un vuelco al score! ¡De eso se encargaron Karl- Heinz Rummenigge y Rudi Völler, en los minutos 74 y 80, respectivamente! Sucedió lo impensable, insisto, para algunos; en apenas 360 segundos el partido había dado un abrupto giro de 180 grados, y la ventaja de 2 goles, a favor de los argentinos, se había borrado, como arte de magia.

Los alemanes, dando muestras, además, de una ecuanimidad envidiable, decidieron, por cuenta y riesgo, reiniciar el encuentro faltando, apenas, 10 minutos para cumplir la etapa complementaria. No obstante la alegría para los germanos fue efímera. Siempre se afirma que una selección no solo es inmensa cuando sabe apabullar al contrario, o cuando puede mantener una cierta y determinada ventaja; un equipo se crece también si, psicológicamente, es capaz de reorganizarse, para, de esa forma, indicar que está preparada para empeños mayor.

Por eso Jorge Burruchaga, en el minuto 83, aprovecho un magistral pase de Diego Armando Maradona, y convirtió el gol necesario, ese gol que hizo vibrar corazones, estremecer cuerpos y almas, escapar lágrimas. Ese gol que definía el 3-2 final, para investir a unos aguerridos argentinos, por segunda ocasión en la historia,  como Campeones del Mundo de Fútbol.

En una entrevista Burruchaga señaló que “Diego me hizo el pase sin mirar. A él no le hacía falta mirar; él sabía hacer las cosas, y como un gran astro que es, todo lo hacía bien. El pase fue perfecto, y no lo pude desaprovechar”.

La Copa del Mundo México’ 1986 había llegado a su fin. Alegría, infinito, para los argentinos, por el logro alcanzaron; ovación cerrada para la selección alemana que, venciendo los obstáculos iniciales, supieron ser dignos rivales de los nuevos titulares del orbe. Toque quedaba listo para el Campeonato del Mundo Italia’ 1990, que, a pesar de los intentos de los anfitriones de salir airosos, iba a ofrecer una historia muy parecida a la vivida en tierras aztecas, donde, y de manera imaginaria, los mariachis se vieron obligados a rememorar los tangos de Carlos Gardel.

Por el momento continuamos ubicados en la máquina del tiempo, gentileza del señor Herbert George Wells, porque nuestro viaje imaginario continúa.

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