“Me viraron de la Base Naval de Guantánamo”

balsaLo mío fue fatalidad.

Mucha gente dice que todo nos salió mal porque mi papá se burlaba constantemente de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Me parece escucharlo, recitando divertido una poesía que no sé de dónde la sacó, mientras hacía la balsa:

– Virgen de la Caridad/ tú que eres tan milagrosa/ haz que no siga la cosa/ más  mala de lo que está/ Arrímate por acá/ y alivia nuestro sufrir/ y si no puedes venir/ alejado de tu alcance/ dame un bote, con el chance/ a ver si me puedo ir…

Eso lo recitaba mi papá haciendo la balsa.

La gente le llama la atención:

– No juegues con la Caridad del Cobre que se puede virar en contra tuya. Ella es buena, pero no permite burlas.

No hacía caso y seguía con sus versos burlones:

– Prometo, virgen querida/ tu imagen seguir amando/ y también ir remando/ de Cuba hasta La Florida/ Es muy dura aquí la vida/ pero con tu fe me alegro/ el bote te lo reintegro/ en cuanto pueda llegar/ pero por favor, no sé remar/ ¿puede tú prestarme el negro?

Y explotaba en risa.

Mi papá se burlaba de la Virgen de la Caridad del Cobre, del bote de la Virgen de la Caridad del Cobre, del negro que está con la Virgen de la Caridad del Cobre, y estoy por creer que por burlarse tanto, todo nos salió tan mal.

No conozco a nadie que haya intentado irse más que yo, y al que hayan cogido yéndose más que yo.

La primera vez fue en el 90 con mi papá, y nos sorprendieron por allá por la playa Baracoa. Los guardafronteras hijos de puta esos no nos mataron de milagro:

– Deténganse.

Mi papá me decía:

–  No me voy a parar, Denis, sigue remando.

Y los guardafronteras con su jodedera:

– Deténganse.

Ellos por un lado y mi papá por otro:

– A mí hay que matarme, Denis.

– Deténganse o disparamos.

– ¡Sigue remando que esos no disparan!

Que no disparan ná… ¡Que no disparan ná! Al tercer deténganse de escuchó:

– Ratatatatatatatatatatatatatatata…

Y ahí me acobardé yo. Me eché a llorar, y el viejo mío nada más gritaba:

– Rema, cobarde, rema.

¡Qué va!

Me tiré al agua, y nos atraparon los guardafronteras. Y menos mal que tiraron al aire, porque muchas veces tiraban al dar y mataron e hirieron a unos cuantos. Eso creo yo, porque a lo mejor tiraron al dar y no nos dieron por la mala puntería que tenían. Si tiraron al dar y nos dieron, eso nada más que lo saben ellos. A mi papá le echaron como 4 años, y a mi no, porque era menor de edad. Yo tenía 14 años:

– Nos faltaba poco para llegar a las aguas internacionales. Si llegábamos nos podía rescatar un barco americano. ¿Me entiendes?

– Discúlpame, papá.

– Estoy preso, hijito, pero trata de llegar tú a los Estados Unidos.

– ¿Cómo?

– Tu primo quiere irse.

Irme de Cuba se convirtió en una obsesión para mí.

Ya el Período Especial había empezado y los cubanos nos estábamos comiendo un cable de aquí a Hong Kong por el hambre que tenía el pueblo, y el colmo fue que en 91 se hicieron los Juegos Panamericanos, y cuando se acabaron los Panamericanos la situación se puso peor.

Como decimos en buen cubano cuando queremos definir que algo está difícil… ¡La caña estaba a 3 trozos!

Se perdieron hasta las “Mac Castro”, unas hamburguesas de averigua de qué estaban hechas, que vendieron mientras duró la competencia.

Recuerdo el chiste:

– ¿Cuál es el animal que se come la comida de un año en 15 días? El “Tocopán”.

El “Tocopán” era un tocororo, el pajarraco ese que es el ave nacional, que tenía un sombrero, que sirvió como mascota de los Juegos.

Todavía no me explico cómo pudieron organizar los Juegos Panamericanos si el país no estaba en condiciones. Al gobierno siempre le ha gustado sacrificarnos para decir que Cuba si puede, que Cuba es la vanguardia de América Latina y de todos los países del tercer mundo, por eso los Panamericanos se hicieron y después de los Panamericanos no nos cominos los unos a los otros de milagro.

Es chiste del “Tocopán” daba a entender que la cosa después de la segunda quincena de Agosto del 91 se puso negra con punticos negros.

Me quería ir.

Soñaba con eso, solo hablaba de eso.

Mi primo hizo como 3 balsas, y siempre le encontraba defectos. Él soñaba con irse del país en el “Titanic” o en un crucero, por eso lo dejé por incorregible, y me pegué a Lazarito, un socio mío del barrio, que también quería irse:

– ¿Cuándo es la cosa?

– Mañana nos vienen a buscar para irnos a Caibarién.

– ¿Tan lejos?

– No me vayas a decir que estás acobardado. ¡De Caibarién a los Estados Unidos es un paso, Denis!

Lazarito es buena persona, pero tiene un defecto: Todo lo habla.

La noche cuando salíamos nos detuvo la policía, y a la estación fuimos a parar. No nos metieron presos porque no tenían pruebas, pero sabían que nos íbamos y nos echaron la salida.

Pasaba el tiempo, y yo en Cuba.

Mi papá desde la cárcel me escribía:

– Vete, Denis, vete.

Los amigos míos que se fueron todos llegaron, y yo en Cuba sin luz, sin ropa, sin comida… Era la década del noventa: No venta de esto, no venta de lo otro, no venta de allá, no venta de acullá… Estaba más obstinado que un piojo en la cabeza de un calvo.

En eso llegó la revuelta del 94, y cuando dejaron ir a todo el mundo di un salto de alegría que por poco rompo el techo:

– Esta es mi gran oportunidad.

Sin depender de nadie, armé y balsa y me tiré.

Los guardacostas americanos te recogían en aguas internacionales, te llevaban para la base naval de Guantánamo, allí estabas un tiempo, y te mandaban para Miami:

– Esta es la mía. Lo tengo todo bien pensado.

En efecto. Me tiré. Las “grifin” de los guardacostas cubanos me escoltaron hasta aguas internacionales, y ya en territorio de nadie, me recogieron los americanos y me mandaron para Guantánamo.

En Cuba de allá hablaban 20 mierdas:

– No dan comida.

– Maltratan a la gente.

– Los cubanos duermen unos encima de otros.

Era la cantaleta el día entero:

– No te vayas para allá, Denis, tú eres negro, y allá el negro no vale ná.

Y me acordé del cuento de Álvarez Guedes:

– No me fastidien más la vida, caballeros. Me importa poco que el negro en los Estados Unidos no valga ná. No me voy para allá a vender negros.

La base era todo lo contrario a lo decían en Cuba. Aquello era como una fiesta. Te daban de todo: Ropa, zapatos, buena comida…

Vi de cerca de a los que nos fueron a visitar allá: A José Canseco, el pelotero que fue, además, de a saludar a los que estábamos allá, a darle un abrazo a Euclides Rojas, el que jugaba con los Industriales, y con el team Cuba. También vi a Willy Chirino, a Celia Cruz:

– Ya estoy en los Estados Unidos.

Me decía a toda hora:

–  Ya estoy en los Estados Unidos.

Pero siempre he dicho que la cosa cuando es entre cubanos es más dura, porque como nadie tiene nada, todos quieren tener de todo; y la cosa entre cubanos es más dura, porque se quieren abusar unos con otros, y de mi nadie abusa:

– Esa sábana es mía.

– ¿Tuya? ¿A santo de qué?

– Porque está marcada… Mira.

– Esa sábana es mía.

– Óyeme, esa sábana es mía, y te la voy a quitar.

– Atrévete.

Y se la quité. Y se formó la bronca. Y el que me había quitado la sábana llamó a 3 que andaban con él, y tuve que halar por un tubo y romperle la cabeza a uno. Se metió la guardia americana, y nos llevaron a una oficina.

Después de mucho esperar por el que le estaban cosiendo la cabeza por el tubazo, nos recibió un oficial, que sin hablar mucho dijo en perfecto español:

– En los Estados Unidos no queremos problemáticos. Ustedes vuelven a Cuba.

Aquello me sacudió por dentro:

– ¿Por qué?

– Ustedes vuelven a Cuba.

– Nosotros no lo vamos a hacer más, señor.

– Ustedes vuelven a Cuba.

– Todo fue una equivocación.

– Ustedes vuelven a Cuba.

El oficial solo decía eso:

– Ustedes vuelven a Cuba.

Pensábamos que no lo iban a hacer, que era nada más para asustarnos, pero no. Cumplieron lo prometido, y nos devolvieron.

De eso hace más de 10 años, y no he vuelto a intentar irme.

¿Para qué si no voy a llegar?

Ya me resigné a vivir en esta isla de mierda que intenta mantener un sistema que está caduco en mundo, a costa del sacrificio del pueblo.

Por una sábana me fastidié la vida; tenía mi sueño en las manos y lo perdí por una sábana. Mucho he pensado en eso:

– ¿Hice bien o mal en defender lo mío?

Me pregunto:

– Si no hubiera armado el lío, ahora estuviera feliz a 90 millas de aquí.

Se que no hice bien, pero no me arrepiento.

A ese grupo le encantaba abusar de los demás, y conmigo se cogieron el culo con la puerta, si me dejo quitar la sábana, los tendría todavía montados encima abusando de mí. Eso conmigo no va.

Por eso me defendí, por eso le rompí la cabeza al otro.

Cuando me cae el gorrión voy para el malecón con una botella de ron, me siento en el muro, me pongo a mirar pal norte, y entre tragos, hablo filosofando:

– La vida es del carajo. La vida es tan complicada que se compone de pequeñas cosas: Una pequeña mansión con una pequeña piscina, con un pequeño garaje donde quepan 2 ó 3 pequeños autos del año, un pequeño closet lleno de pequeñas ropas y pequeños zapatos de pequeñas buenas marcas, un pequeño yate, una pequeña cuenta en un pequeño banco, comer pequeñas grandes cantidades de buena comida, y beber pequeñas buenas botellas de bebida selecta…

Y cuando ya me he tomado la botella completa, me bajo del muro, siempre con la vista fija en el norte, y me despido diciendo:

– Allí, a pequeñas 90 millas, existe una buena pequeña vida, que desgraciadamente no se hizo para mí.

Trabajo manejando el carro de la funeraria de enfrente de mi casa. El único carro que hay, así que me imagino cuando se rompa tendrán que llevar a los muertos a pie.

Con la mala suerte que tengo me da lo mismo una cosa que otra.

Trataré de que cuando esto, afortunadamente, caiga salir alante, o evitar que cuando se caiga, no caiga arriba de mí y me aplaste más de lo que estoy.

“No hay que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, dicen los viejos, pero el mal en que vivimos tiene casi 50 años, y al paso que va llega a los 150.

¡Qué desgracia la nuestra! ¿Verdad?

Aclaración: Este testimonio forma parte de “La vida es un monólogo”, de mi autoría, en proceso de edición. Señalo, además, que tanto la imagen como el video utilizado, son meramente ilustrativos.

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