“Una despiadada máquina de correr”

kutsAún recuerdo las palabras de mi abuelo:

– Falleció Vladimir Kuts. Se fue el mejor.

Tenía 6 años, pero tengo ese momento bien claro en mi memoria. Mi abuelo, a pesar de padecer el Mal de Parkinson, leía, una y otra vez, el titular del diario como si no hubiese querido creer la noticia que acaba de recibir. El titular, junto a la foto del gran campeón, daba fe de lo sucedido:

– Falleció, a los 48 años, de un ataque al corazón, Vladimir Kuts, el mejor corredor de fondos que ha nacido en la Unión Soviética.

Y en efecto que fue, y sigue siendo el mejor corredor de fondo que ha visto Rusia, o en aquel entonces, la Unión Soviética. Aunque muchos no lo recuerden. Aunque sus hazañas descansen en el olvido, Vladimir Kuts es historia, indisoluble del movimiento deportivo mundial.

Fue la gran estrella de los Juegos Olímpicos celebrados en Melbourne, Australia, en 1956. Tenaz. Seguro. Se le conocía también como “El marinero férreo” por ser miembro de la marina soviética:

– No es nada excepcional. Kuts es solo una despiadada máquina de correr.

Afirmó, de manera autosuficiente, a su arribo a la ciudad australiana el corredor inglés Roger Bannister. Cierto que Bannister era la gran estrella del momento, pero minimizó a Kuts sin apenas verlo en la pista. Bannister era la gran estrella del momento pero tuvo que salir cabizbajo del estadio “Cricket Ground” la tarde en que “El marino férreo” se convirtió en campeón olímpico de la agotadora prueba de 10 mil metros planos.

La excepcional carrera sucedió así:

Viernes, 23 de noviembre de 1956. Más de 100 mil personas en estadio. Más de 100 mil personas que escuchan por la amplificación local:

– Corredores a sus marcas.

Son 23 los fondistas que disputarán el cetro olímpico de los 10 mil metros planos. 23 fondistas dispuestos a llegar primero tras las 25 vueltas a la pista que exige esa disciplina deportiva. 23 fondistas que atentos reciben la orden del locutor olímpico:

– Corredores listos.

Son 23 atletas de 13 países. 23 atletas que salen en desbandada cuando suena el disparo del juez. 23 atletas que, asombrados, ven como Vladimir Kuts, con gran paso, pasa a encabezar la competencia. Como suele suceder, su paso es elegante y arrollador.

La primera vuelta al óvalo de 400 metros la concluye en 1 minuto y 4 segundos. Desde el público le gritan que no desgaste. Que aminore el ritmo. Que recuerdan que restan 24 vueltas. Kuts no se inmuta. Kuts no escucha. Kuts solo corre.

Para las restantes no hay cambios en el ritmo de carrera. Culmina la vuelta 24 y se escucha la campana de rigor indicando que comienza la número 25, la última. Los presentes se ponen de pie. De los 23 corredores, 15 han abandonado la difícil prueba. Bannister, el inglés autosuficiente, se mantiene a duras penas. Hace un esfuerzo por darle alcance al “Marino férreo”, pero le es imposible. Kuts, por su parte, faltando 200 metros para la meta, aumenta el ritmo de la carrera y entra en primer lugar los brazos en alto. Entonces la gran ovación:

– Vladimir Kuts, representante de la Unión Soviética, es el nuevo Campeón Olímpico con un tiempo de 28 minutos, 45 segundos y 6 décimas, nuevo Récord del Mundo.

Sus rivales lo felicitan. Sus rivales le expresan congratulaciones excepto Bannister que se retira en silencio. Cabizbajo. Triste. Hizo un gran esfuerzo pero tuvo que contentarse con el quinto lugar. A duras penas hace declaraciones a la prensa:

– Me ha matado. Lo reconozco. Es un rival con el que no puedo competir. Kuts, es sin dudas de ninguna clase, un corredor al que nunca podré vencer.

Para los 5000 mil metros planos Kuts volvió a competir y volvió a ganar. Para los 5000 mil metros planos Roger Bannister, el inglés autosuficiente, no se presentó. Estaba inscripto, pero por “causas desconocidas” evadió la final.

Vladimir Pétrovich Kuts nació el 7 de febrero de 1927 en Aleksino, Ucrania. En 1957 estableció en Roma su último récord mundial en los 5 mil metros con 13 minutos y 35 segundos, una marca que permanecería imbatida hasta 1965, cuando la superó el australiano Ron Clarke. Se retiró del atletismo en 1959. Falleció de un ataque al corazón el 16 de agosto 1975, en Moscú, con solo 48 años, a pesar de llevar una vida saludable vinculada al deporte.

Anuncios

“Oración a San Aguinaldo de Lambaré”

aginaldoSan Aguinaldo de Lambaré

Que caminas tranquilo por cacique

Santificado sea tu nombre

Ven a la casa 13

Que es parte de tu reino

Ven, aunque las marionetas te quieran negar el paso

Ven pronto

Y no vengas solo

Trae de la mano a tus 2 amigos los pagos

El número 1, el pago de los salarios

El número 2, el pago del IPS

Con ellos, haz tu voluntad en la casa 13

Para tener el pan cotidiano

No nos dejes caes en la tentación

Y líbranos del mal

Desapareciendo a las marionetas y a quienes mueven sus hilos

Demasiada mediocridad, San Aguinaldo de Lambaré

Multiplicad los panes y los peces

Pero la mediocridad de la casa 13 multiplícala por cero

Para que mis hermanos puedan vivir en paz

Amén

“Las marionetas de la casa 13”

marionetasA las víctimas de la casa 13

La herrumbre carcome, demoníacamente, la arquitectura de la casa 13, no obstante, Drea y Gus, las marionetas, marionetas  en todo sentido literario de la idea, encargadas de supervisar la actividad dentro del recinto, hacen ver que el mal funcionamiento del mismo atañe a los samaritanos que la pueblan, no a lo obsoleto de las directrices que rigen el dinamismo que caracteriza la morada ubicada en la angosta, y vetusta, calle Nico.

Drea y Gus, marionetas, fantoches, títeres, esperan, ansiosamente, que las cuerdas sean manipuladas, mefistofélicamente, por Tian y Las. “Algo anda mal”, refirieron sus infiltrados, en un informe recibido, “Bien temprano”, y decidieron actuar, “A todo o nada”.

Ellos, todos, junto a ella, son los culpables de que la casa 13 sea comparada, por no pocos, con un conglomerado de excrecencias humanas, que, por demás, lucre con el esfuerzo diario de sus inquilinos. Tecnología caduca, reembolsos tardíos, tratos impropios, caracterizan el perímetro que Drea y Gus, egregias excelsas marionetas, se esfuerzan en mostrar como paradisíacos.

– ¿Qué haremos, Drea? ¿A quién corresponderá hoy abandonar la casa 13?

– Haremos lo de siempre, Gus, esperar y culpar a quien se nos antoje. Tian y Las no pueden saber que nosotros desconocemos los medios para manejar la casa; de enterarse, dejaremos de ser marionetas.

– Eso sería terrible- responde, acongojado, Gus- ¿Te imaginas qué sería de nosotros si nos convierten en seres humanos comunes y corrientes?

– Somos fuertes, Gus.

– No, Drea, somos marionetas. No actuamos por nosotros mismos, nos manipulan a su antojo. Por eso ni nos respetan, ni nos temen, ellos nos odian. Hemos provocado mucho dolor, mucha tristeza, y el odio, y la tristeza, tácita e indefectiblemente, además de intensos son eternos. Para ellos, por si no lo sabías, no hay órdenes estúpidas, sin estúpidos que las cumplen.

– Entonces si no somos fuertes, si no nos respetan, si no nos temen, si nos odian, tenemos que continuar siendo marionetas. Es preferible que otros mueran, antes de sucumbir nosotros.

– Y también es preferible- acotó Gus- Tampoco hacerle saber a Tian y a Las que ellos tampoco tienen idea de cómo funciona la casa 13. Ellos disponen, y nosotros, aunque no nos guste, complacemos sus antojos. ¿Sí?

Y como en un pacto de sangre, Drea y Gus, las marionetas de la casa 13, mostrando un rictus facial maquiavélico, quedan estáticos, ella al lado de él, aguardando, felinamente, los nuevos tirones de cuerdas, característicos de la furia, mezquina y vulgar, de Tian y Las, a sabiendas, aunque sin importar nada más que el beneficio propio, que cada residente de la casa 13, susurran su ira, esperando que en algún recodo de los tiempos la historia deposite, en sus repudiables humanidades, todo, absolutamente todo, el zurrullo de su vilipendio, todo el poder excrementicio de la altanería.