“Las marionetas de la casa 13”

marionetasA las víctimas de la casa 13

La herrumbre carcome, demoníacamente, la arquitectura de la casa 13, no obstante, Drea y Gus, las marionetas, marionetas  en todo sentido literario de la idea, encargadas de supervisar la actividad dentro del recinto, hacen ver que el mal funcionamiento del mismo atañe a los samaritanos que la pueblan, no a lo obsoleto de las directrices que rigen el dinamismo que caracteriza la morada ubicada en la angosta, y vetusta, calle Nico.

Drea y Gus, marionetas, fantoches, títeres, esperan, ansiosamente, que las cuerdas sean manipuladas, mefistofélicamente, por Tian y Las. “Algo anda mal”, refirieron sus infiltrados, en un informe recibido, “Bien temprano”, y decidieron actuar, “A todo o nada”.

Ellos, todos, junto a ella, son los culpables de que la casa 13 sea comparada, por no pocos, con un conglomerado de excrecencias humanas, que, por demás, lucre con el esfuerzo diario de sus inquilinos. Tecnología caduca, reembolsos tardíos, tratos impropios, caracterizan el perímetro que Drea y Gus, egregias excelsas marionetas, se esfuerzan en mostrar como paradisíacos.

– ¿Qué haremos, Drea? ¿A quién corresponderá hoy abandonar la casa 13?

– Haremos lo de siempre, Gus, esperar y culpar a quien se nos antoje. Tian y Las no pueden saber que nosotros desconocemos los medios para manejar la casa; de enterarse, dejaremos de ser marionetas.

– Eso sería terrible- responde, acongojado, Gus- ¿Te imaginas qué sería de nosotros si nos convierten en seres humanos comunes y corrientes?

– Somos fuertes, Gus.

– No, Drea, somos marionetas. No actuamos por nosotros mismos, nos manipulan a su antojo. Por eso ni nos respetan, ni nos temen, ellos nos odian. Hemos provocado mucho dolor, mucha tristeza, y el odio, y la tristeza, tácita e indefectiblemente, además de intensos son eternos. Para ellos, por si no lo sabías, no hay órdenes estúpidas, sin estúpidos que las cumplen.

– Entonces si no somos fuertes, si no nos respetan, si no nos temen, si nos odian, tenemos que continuar siendo marionetas. Es preferible que otros mueran, antes de sucumbir nosotros.

– Y también es preferible- acotó Gus- Tampoco hacerle saber a Tian y a Las que ellos tampoco tienen idea de cómo funciona la casa 13. Ellos disponen, y nosotros, aunque no nos guste, complacemos sus antojos. ¿Sí?

Y como en un pacto de sangre, Drea y Gus, las marionetas de la casa 13, mostrando un rictus facial maquiavélico, quedan estáticos, ella al lado de él, aguardando, felinamente, los nuevos tirones de cuerdas, característicos de la furia, mezquina y vulgar, de Tian y Las, a sabiendas, aunque sin importar nada más que el beneficio propio, que cada residente de la casa 13, susurran su ira, esperando que en algún recodo de los tiempos la historia deposite, en sus repudiables humanidades, todo, absolutamente todo, el zurrullo de su vilipendio, todo el poder excrementicio de la altanería.

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