“Teniente Francooooo”

camilitos“Tienes que comer todo”, me dijo, “ejecutando el almuerzo”, un señor, con aspecto bonachón, que, ostentando los grados de teniente, esbozaba una sonrisa. “Soy el teniente Ramón Franco, y voy a trabajar con ustedes”, agregó, a viva voce, minutos después estando la compañía en formación, casi perfecta, en el polígono de infantería.

El teniente Franco, y lo reconozco, tenía un ímpetu que, en lenguaje figurado, metía miedo. El teniente Franco, rectifico, el teniente Francooooo, nunca mereció el calificativo de “Capitán Araña”, porque si ordenaba él también cumplía, y cumplía a una velocidad vertiginosa. Y si bien es cierto, insisto, que por esta razón nunca recibió el mote de “Capitán Araña”, también, por esta razón, trascendió a la historia de la EMCC de Capdevila por el alias de “Caballo Loco”.

¡De “Caballo Loco”, o el teniente Francooooo, existen miles de anécdotas, y todas, sin excepción, en extremo simpáticas!

Por ejemplo, “Caballo Loco”, y sucedió delante de mí, en cierta ocasión estábamos de guardia, y sonó el teléfono. “Teniente Franco, a sus órdenes”, respondió e ipso facto, como un bólido, cual Carl Lewis o Usaint Bolt, se puso de pie, y con el auricular en la oreja, asumió una posición de firme pocas veces vista. Su interlocutor, telefónico, era el entonces mayor José Manuel Rodríguez Corcho, fallecido recientemente; o sea, redundo, su condición de subalterno la experimentaba aún sin estar el superior delante.

Pero de Ramón Franco, quise decir, del teniente Francooooo, guardo una vivencia que, primeramente, la recuerdo por ser en extremo simpática, y, en segundo lugar, su nivel de exaltación, no le permitió analizar lo que había dicho.

Los viernes alternos, entiéndase “semana larga”, correspondía caminata. Casi siempre, aproximadamente a las 05.00pm, 17.00 horas en términos militares, se escuchaba la alarma de combate, salíamos con la indumentaria exigida, la misma que molestaba a “Mandarria” cada 15 días, formábamos en el polígono de infantería, y salíamos a caminar. Las caminatas, generalmente, comenzaban los viernes a la tarde y culminaban los sábados a la mañana; lo aclaro con el objetivo que comprendan aquellos que no fueron camilitos, o no si lo fueron no estudiaron en el período que intento detallar.

Un viernes, entrada la noche, insisto, de caminata, comíamos tranquilamente, y entre las sombras, con un sigilo ninja e implacable, surgió el teniente Francooooo.

– No tienen que ponerse de pie. Sigan comiendo- acotó cariñoso.

Continuamos “efectuando comida”, disfrutando del magro menú que, normalmente, era: arroz congrí, papa o boniato hervido, y una porción de pescado frito.

– Teniente, ¿es cierto que usted estuvo en Playa Girón?- preguntó Alejandro Torreira Hernández, rompiendo el silencio imperante; ese silencio que obliga el hambre atroz.

El teniente Francooooo, orgullosamente, había sido, en 1961, integrante del batallón de niños artilleros; con apenas 14 años, y cito textual sus palabras, “defendí la revolución en las arenas de Playa Girón”.

– Cuéntenos- agregó Torreira que a pesar de su corta edad, 15 años, su baja estatura, y su delgadez extrema, tenía instintos de samurái o de efectivos de las desaparecidas brigadas de tropas especiales.

Y el teniente Francooooo contó, con acciones incluidas, demostrando que poseía, no solamente cualidades militares, sino histriónicas.

– Aquello fue tremendo. Las ametralladoras hacían ratatatatatatatatata… Y nos tiramos al suelo, porque venían los aviones… Ahhhhhhhhhhhhhhh… Y pasaban pega’itos a nosotros. Yo me arrastré, y le dije a mi jefe que nadie se iba a rendir nadie, y grité ¡Viva la revolución! Y los bombazos sonaban… Bom… Bom… Bom… ¡Adelante que viene el comandante en jefe!

Muchos de nosotros habíamos quedado, prácticamente, con la cuchara en la boca, y con la boca abierta, obvio. Estábamos maravillados no solo por la historia de “Caballo Loco”, sino por su excepcional manera de hacérnosla llegar.

El teniente Francooooo, por un lapso de 10 minutos, aproximado, estuvo narrando sus hazañas “playagironescas”; en ese tiempo imitó voces de mando, imitó el sonido onomatopéyico de armas de fuego, de aviones… Evocó “compañeros que cayeron gloriosamente en combate”. Se sonrió. Lloró…

¡Aquello fue admirable, único, e irrepetible! Además, teníamos 15 años y teníamos delante, en carne y hueso, a un héroe de Playa Girón… ¡Sentíamos que flotábamos, y muchos comenzamos a querer ser, en cierta medida, como el teniente Francooooo!

La narración de “Caballo Loco”, que cronológicamente comenzó el 15 de abril de 1961 y culminó 4 días después, iba llegando a su fin; y con el fin, también llegó el desenlace; un desenlace que nadie pensó, ni imaginó.

– Para que continúen comiendo solo quiero agregar una última cosa- dijo el teniente Francooooo con lágrimas en los ojos por la emoción- Quiero que estén convencidos de que si no hubiese sido por la sangre derramada, sino hubiese sido por la sabiduría del comandante, sino hubiese sido por la valentía que demostramos… ¡Estuviéramos peor de lo que estamos ahora!

Sin palabras.

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“El inolvidable mayor Freddy”

camilitosEl 23 de agosto de 1984, felizmente, inicié la etapa previa en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos”, EMCC, de Capdevila, e ipso facto fui informado que, al menos en el grado 10mo, sería parte del 6to pelotón, de la 2da compañía, al mando del mayor Freddy Ferrer Gómez, a quien, sinceramente, recuerdo con cariño y privilegio; se me comunicó, en la semana, que mi número identificativo sería el 263, que, con el paso de los años cambió a 449, en 11no grado, y 640, en mi último año de bachiller, más específicamente, el 12mo grado.

Marta Ortiz, Tama Comas, Yudtih Galarza, Idania Álvarez, Raúl Preval, Luis Gil, Luis Mario Montero, Julio Fernández Hoyo, Raúl Ernesto Luis Machín, Luis Fran Vázquez, Luis Francisco Sánchez, Raúl Morffi, José Ariel Rodríguez Crespo… Son algunos de los nombres de lo que, desde ese 23 de agosto, por fortuna, comenzaron a ser parte indisoluble de mi hoja de vida.

En mis escasos 15 “junios” había sido premiado obteniendo la matrícula en un excelente centro escolar, al que debo mucho, y, obviamente, con excelentes compañeros, convertidos, con el transcurso del tiempo, en hermanos.

Ese grupo de amigos, insisto, hermanos, compartimos 3 años de alegre convivencia; varios no concluyeron, no obstante mantuvieron su contacto; todo aquel que, por decisión propia, o no, decidía no continuar en la EMCC de Capdevila, era capaz de continuar cerca, a pesar de no estar físicamente. Pero como, sabiamente, se afirma, que toda regla tiene su excepción, la excepción de la regla, anteriormente planteada, fue Ernesto Guerra Rodríguez, porque salió de la escuela y, al menos yo, no lo vi nunca más ni en fotografías.

Ernesto, al no se le podía llamar así porque si en nuestro pelotón abundaba un nombre era precisamente ese: Ernesto Rodríguez, Ernesto Luis, el desaparecido Ernesto González Fundora, Raúl Ernesto Luis Machín… Y como no se le podía llamar Ernesto, aunque según Oscar Wilde llamarse así es importante, a alguien, que no recuerdo, viendo sus características físicas, se le ocurrió llamarle “Mandarria”.

Explico los motivos.

“Mandarria” era un personaje de San Nicolás del Peladero, espacio de humos costumbrista que escribía José Manuel Carballido Rey, y era interpretado por Filiberto Romero. “Mandarria” era un policía que, indefectiblemente, acompañaba a Leonel Valdés, que, a su vez, encaraba rol el jefe de policía. “Mandarria” era pequeño y muy delgado, los que recuerden a Filiberto Romero se darán cuenta de la veracidad de mis palabras, y constantemente su superior, por así decirlo, le decía “Hay que cumplir una misión; sígueme, ‘Mandarria’”, por lo que raudos y veloces, salían de escena. Leonel delante, y Filiberto detrás con actitud retadora. Se darán cuenta de que era un sarcasmo de Carballido llamar a ese personaje “Mandarria”, y, al mismo tiempo, se darán cuenta de los motivos que indujeron a llamar a nuestro condiscípulo Ernesto Guerra Rodríguez con semejante sobrenombre.

¡Capdevila henchía de orgullo! ¡No solo San Nicolás del Peladero tenía a un “Mandarria”!

“Mandarria”, el de Capdevila no es el de San Nicolás del Peladero, era muy parecido a Filiberto Romero, pero más feo: estatura media, pelo y ojos claros, canijo, enteco, o sea, muy delgado, medio encorvado, y, para colmo, con una breve protuberancia dental; además, añado, que no era poseedor de muchas cualidades para razonar, y retener los conocimientos impartidos por el claustro de profesores. Vestido con uniforme de diario “Mandarria” lucía un poco más presentable, pero con la indumentaria de campaña… ¡Pobre infeliz mortal! ¡Y en las caminatas de los viernes alternos!

¡Imagínenselo con uniforme de campaña, zambrán incluido, y además con mochila, casco, cantimplora encima, caminando kilómetros!

No obstante, a “Mandarria”, a pesar de su poca gracia corporal y de haber estado apenas un semestre junto a nosotros, lo recuerdo como uno de los seres humanos más nobles que he podido conocer.

“Mandarria”, redundo la historia, era alumno del 6to pelotón, de la 2da compañía, de la EMCC de Capdevila; 2da compañía que, como especifiqué, estaba al mando del mayor Freddy Ferrer Gómez, y la anécdota que a continuación concreto los une a ambos: a Ernesto Guerra Rodríguez, “Mandarria”, y al mayor Freddy. “Mandarria” y Freddy, Freddy y “Mandarria” unidos por esa persistencia, tenaz, en negarse a aprehender, y obviamente aprender, las constantes oportunidades de conocimiento que la vida ofrece a diario. A Freddy, víctima de su paupérrimo intelecto, se le atribuyen muchísimas frases disparatadas e incoherentes:

– Hay que estudiar de día, y por la noche también.

– Díganle a Homero que tiene un reporte por libro “estropia’o” (Dicen que en el albergue, entiéndase cuartel, halló un ejemplar de la “Ilíada” en muy mal estado y preguntó a gritos “¿De quién es la “Ilíada”?, y alguien dijo “De Homero, compañero mayor”; y ahí la oportuna respuesta).

– 263, tiene un reporte por “camajá” (Recuerden que el 263 era ni número identificativo. Quiso decir cama ajada, la sábana que cubría mi litera no estaba bien extendida).

– Oye, “lavuelta”, “tate” quieto, mijo (“Lavuelta” supondrán que es Luberta, mi apellido paterno).

Disculpen la digresión. Sin más preámbulo, la anécdota de Freddy y “Mandarria”…

Estaba nuestro pelotón formado, en estricta posición de firme, en la plaza central, y el mayor Freddy hablando, arengando, discursando, sobre la necesidad de no usar alias, apodos, motes, seudónimos, para referirnos a nuestros compañeros.

– En las FAR está prohibido, terminantemente, usar nombretes, porque eso significa que nos estamos burlando de nuestros compañeros. Yo soy, por ejemplo, el mayor Ferrer Gómez; a mí nadie me dice nombrete, porque mi papá y mi mamá me pusieron Freddy y mis apellidos son Ferrer Gómez. El que yo agarre diciendo un nombrete, le voy a poner un reporte, y va a estar dando tanto brillador todo el fin de semana, que no le van a dar más deseos de decirle un nombrete a alguien. ¿Entendido?

– Sí, compañero mayor- aseguramos todos a una sola voz.

– ¿Eh? ¿Por qué te mueves en firme?

Silencio total.

– ¿Eh? Ven acá

Nadie contesta.

– Oye, muchacho, ¿tú no me vas a hacer caso?

Éramos todos de la misma edad, y vestidos iguales.

– Ah, caray, muchacho, ven acá- insiste el entonces oficial de las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas.

Y entonces sucedió lo inevitable. Si llamarse Ernesto, como afirmó Oscar Wilde, es importante, hacer uso de un alias, en un momento dado, te puede sacar de un apuro, aunque estés vinculado a un centro militar en la mayor isla del archipiélago antillano.

– Oye, “Mandarria”, es contigo.

¡No hubo burlas en el momento, pero después de romper fila…!

En lo personal, respecto al mayor Freddy Ferrer Gómez, recuerdo no pocas vivencias. Pero, y ya culmino por hoy, lo que viene a continuación atañe, de manera indirecta, a nuestro ex líder escolar.

Resulta que Freddy, independientemente a su poca condición de letrado, tenía, o tiene, una memoria increíble; algo que demostró, con creces, aprendiéndose los números identificativos de cada uno; el mío, 263, retumbaba en los predios de la EMCC, como trueno en tormenta.

– ¡263, tiene un reporte por moverse en firme!

Llegó un momento que mi 263 era más afamado que el “Ay, que me encapricho”, de Alfredo Rodríguez. Mi única satisfacción, de aquella repetición de mi número, a su vez, fue saber que propició algún beneficio.

Cierto domingo, al entrar de pase, se me acercó un compañero, amigo, hermano de los años, que guardo su identidad por cuestiones éticas, y me confesó lo siguiente:

– Oye, Aldo- me dijo en un susurro, y con extrema cautela- ¿Tú sabes? Hice el cuento en mi casa lo que tiene el mayor con tu número, y mi tío jugó el 263 en la bolita y se ganó 200 pesos.

“La gran víctima olímpica del desprecio”

jim-thorpeAño 1953, 28 de marzo.

Jim Thorpe delira en su lecho de muerte. Su vida se extingue. Lucha contra el cáncer pero es imposible vencerlo. Sus últimas palabras son en reclamo de algo que le fue, injustamente, arrebatado. Reclama, aún, en el estertor de su existencia:

– Devuélvanme las medallas… Devuélvanme las medallas…

Había sido la estrella de los V Juegos Olímpicos. Brilló tanto que el rey Gustavo de Suecia exclamó en la ceremonia de clausura:

– Jim Thorpe, lo felicito. Usted es el más maravilloso atleta que han visto los siglos.

La prensa especializada se une a lo expresado por el soberano sueco:

– Que un mortal haga tantas pruebas, y tan bien, es increíble. Nunca se imaginó que un humano saliera vencedor en tan difíciles pruebas como el pentatlón y decatlón. Simplemente es maravilloso este atleta del colegio indio de Carlisle, Pensilvania. Sus marcas se han adelantado a esta época.

Pero Jim, sin saberlo, ha pecado. Ser indio y vencer a los blancos molesta a la Unión Atlética Amateur de los Estados Unidos. Ser indio y casarse con una blanca, hace rabiar a esa organización. A esa organización que busca. A esa organización que busca, encuentra un motivo y comunica la Comité Olímpico Internacional:

– Jim Thorpe, doble campeón olímpico, ganador del pentatlón y decatlón de los Juegos de Estocolmo’ 1912, jugó béisbol profesional, los años 1909 y 1910, en Carolina del Norte, donde percibió un salario de 70 dólares mensuales. Este atleta mintió. Este atleta no es amateur, como exige el reglamento olímpico, por lo tanto exigimos que devuelva sus medallas.

El C.O.I no entiende tal ensañamiento, pero tiene que cumplir lo establecido y Jim Thorpe tiene que devolver sus títulos. Sus eternos rivales no comprenden:

– Las medallas son de Jim, es el mejor- declara Andy Bie, subcampeón de pentatlón.

– Es un verdadero crimen- alega Joe Wielander, quien secundó a Thorpe en el decatlón.

Exigir. Rogar. Pelear por sus medallas en lo que le resta a Jim Thorpe:

– No lo sabía. Por 70 dólares me han arruinado la vida.

Entonces decide convertirse en profesional y brilla. Es jugador estrella de los Indios del Cleveland, club de béisbol, e integra un equipo de fútbol americano de la ciudad de Boston. La vida le sonríe, pero él no acepta. Solo quiere sus títulos. Es otra víctima del racismo. Del odio. Del rencor.

Jim Thorpe, nacido el 28 de mayo de 1888, considerado el atleta del siglo en la primera mitad de la vigésima centuria, falleció el día 28 de marzo de 1953, reclamando sus preseas.

A pesar del tiempo es recordado. Los Pieles Rojas no lo olvidan. Le fue erigido un monumento a su memoria donde se lee:

“A JIM THORPE, EL MÁS EXTRAORDINARIO ATLETA DEL MUNDO Y AL QUE INJUSTAMENTE LE NEGARON LAS GLORIAS DE SU TRIUNFO”.

En 1983, 30 años después de su fallecimiento, el Comité Olímpico Internacional reconsideró el caso y devolvió sus títulos. Sus hijos y nietos las recibieron.

Jim es solamente un apodo. Su nombre real es Jacobus Franciscus Thorpe, que en idioma indígena Kikapú es Wa-Tho-Huk, que significa “Sendero brillante”.

“No solo fue Igor Visotsky”

a_teofilo_stevenson_576x324Cuando nos referimos a la pródiga carrera boxística de Teófilo Stevenson Lawrence (Las Tunas, 29 de marzo de 1952 – Ciudad de la Habana, 11 de junio de 2012), para muchos, para mí, el mejor peso completo que ha visto en acción el boxeo amateur, ipso facto se hace acuse de memoria a las 2 derrotas sufridas ante su homólogo soviético Igor Visotsky.

Es notable que “Pirolo”, como cariñosamente era señalado “El gran campeón”, no haya podido descifrar el estilo del europeo, que, cabe señalar, es recordado, precisamente, por lo anteriormente expuesto: Haber vencido en 2 ocasiones a Teófilo Stevenson, siendo este titular olímpico, en la primera, y habiendo sumado su primera presea de oro del orbe, en la segunda.

Año 1973. VI Torneo Internacional de Boxeo “Giraldo Córdova Cardín in Memoriam”.

Teófilo, como todos recordarán, el año antes, 1972, en los XX Juegos Olímpicos de la Era Moderna, celebrados en Munich, ciudad sita en la extinta República Federal Alemana, había asombrado al mundo del pugilato no solo coronándose titular, sino propinando, en el combate previo a la fase semifinal, una verdadera paliza a Duane Bobick, “La esperanza blanca”, representante de los Estados Unidos. No olvidemos que en 1971, en los VI Juegos Deportivos Panamericanos de Cali, Colombia, disputando la clasificación a la final, Bobick venció a Stevenson por estrecho margen de 3-2, siendo esta la primera de las 2 derrotas sufridas por el cubano ante boxeadores de los Estados Unidos. O sea, en apenas un año, “Pirolo”, no solo mejoró el color de su medalla, de bronce panamericano a oro olímpico, sino que con aquel RSC en el 3ro de 1972, borró la derrota, por mínimo margen, de 1971.

Espero que hayan comprendido el juego de palabras, por lo que propongo volver al “Cardín in Memorian” de 1973.

Teófilo Stevenson, avalado por su título olímpico, convertido en un verdadero ídolo de la afición boxística cubana, venció, el 16 de julio, al también cubano Nancio Carrrillo, por RSC en el 2do round, y 3 días más tarde, el 19 de julio, al checoslovaco Peter Sommer, por NOCAUT, en el asalto #1.

Con estas 2 victorias, Teófilo, se mantenía invicto desde el 7 de agosto de 1971 cuando, e hicimos referencia en este artículo, sucumbió ante “La esperanza blanca” en tierras colombianas.

El público nacional estaba listo, y convencido de que no podía ser de otra manera, para presenciar otra victoria “stevensoniana”. El rival, en la final del evento, sería el soviético, más exactamente, el desconocido soviético Igor Visotsky; un púgil con mucha menos experiencia que el cubano, con mucho menos boxeo que el cubano, y, obviamente, no exhibía el orgullo de haber escalado lo más alto del podio olímpico.

Aseguran que, aquel 22 de julio, vi la pelea, no obstante, me es imposible recordar, pues tenía, apenas, 4 años recién cumplidos, en los brazos de mi abuelo y en compañía de mi padre; pero sí puedo afirmar que ellos, mi abuelo y mi padre, como tantos de miles de cubanos no podían dar fe del suceso, totalmente nefasto e impredecible, que estaban protagonizando. No creían que al final del combate, totalmente deslucido, los jueces, con justeza, daba cono vencedor, por veredicto de 3-2, a Igor Visotsky, de la también desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS.

La otra derrota de Teófilo ante Visotsky, más llamativa que la primera, sucedió en el mes de marzo de 1976, a escasos meses de los Juegos Olímpicos de Montreal, Canadá. Y afirmo que más llamativa porque, para ese entonces, ya Stevenson, al título de Munich’ 1972, había sumado, cronológicamente, medallas de oro, por ejemplo, en los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe en República Dominicana (1974), en el I Campeonato del Mundo de Boxeo Amateur celebrado en Ciudad de la Habana (1974), y en los VII Juegos Deportivos Panamericanos de Ciudad México (1975).

Aclaro que en 1975, exactamente el 5 de enero, Teófilo perdió, y fue eliminado del evento, por no presentación, en lo que hubiese resultado su primera escalada al cuadrilátero en el Campeonato Nacional de Mayores; el vencedor resultó Andrés Gálvez, de Camagüey.

Retomemos el segundo combate Stevenson – Visotsky en marzo de 1976.

Teófilo participaba en la llamada gira europea, muy fuerte, aclaro, por la calidad de los contrincantes, y había sonreído en sus 2 apariciones en la Copa Minsk; sus 2 victorias ante Saporozhni y Malik, ambos representantes de la Unión Soviética, país sede del evento, por RSC en el 2do round y NOCAUT en el 3er asalto, respectivamente. El próximo combate, previo a la fase semifinal, sería ante Visotsky aquel irrespetuoso que, en tierras cubanas, había osado vencerle, aunque por votación mínima de los jueces, 3-2.

Pero lo visto en 1973 fue paupérrimo a lo protagonizado en 1976. Un Teófilo Stevenson totalmente desconocido, no pudo contra los embates de Visotsky, a tal punto en el 2do round del combate, el tercer hombre en el ring, entiéndase árbitro actuante, se vio obligado a detener las acciones.

Nuevamente Teófilo caía ante Vistosky, y la leyenda se comenzó a tejer… ¡Igor Visotsky era el único capaza de vencer en 2 ocasiones a Teófilo Stevenson!

Certifico que es una afirmación totalmente inexacta pues hay otros 2 boxeadores que, en igual cantidad de ocasiones, pudieron vencer al que, con justeza, se le conoce como “el mejor peso completo del boxeo amateur”.

Andrés Gálvez, además de la mencionada victoria por no presentación en el Campeonato Nacional de Mayores, anteriormente había vencido a Teófilo, siendo este un mozalbete, también en un Campeonato Nacional de Mayores, pero de 1966, por votación unánime de los jueces actuantes.

Además de Gálvez, el otro fue afortunado fue Peter Sommer, checoslovaco, otro de los pugilistas referidos, salió airoso, consecutivamente, ante Stevenson por idéntica votación, 3-0, durante la gira europea de 1971, los días 21 y 23 de marzo.

Concluyendo, Igor Visotsky no fue el único en vencer, en 2 ocasiones, a Teófilo Stevenson, aunque, dicho sea paso, tiene un récord personal que lo hace único en la historia del boxeo amateur: Fue el único en vencer a Stevenson, y no ser, a su vez, vencido por este.

Para finalizar, estoy siendo extenso, señalo el récord de Teófilo ante boxeadores de los Estados Unidos. “Pirolo” en 15 enfrentamientos ante los formidables boxeadores estadounidenses, acumuló 13 victorias, 7 antes del límite, y 2 derrotas. Las derrotas fueron a manos de Duane Bobick, en los VI Juegos Deportivos Panamericanos de Cali, Colombia, en 1971, y ante Craig Payne, en las eliminatorias de la Copa del Mundo del año 1982; curiosamente ambas fueron por estrecho margen de 3-2.

Conversando con Stevenson sobre esta última me dijo “no quiero que pienses que me estoy justificando, pero cuando yo no noqueaba, o tumbaba, ya pensaban que lo había hecho mal. Eso lo pensaban el público y también los jueces”.

Teófilo fue el segundo boxeador amateur en obtener 3 títulos mundiales (Ciudad de la Habana’ 1974, Belgrado’1974 y Reno’ 1986; el primero fue Adolfo Horta, 60 kilogramos, que la cita estadounidense obtuvo su cetro número 3 del orbe, llamativamente, en 3 divisiones diferentes: Belgrado’ 1978, 54kgs, Munich’ 1982, 57kgs, y Reno’1986, 60 kgs. Por su parte, Stevenson exhibe 3 títulos olímpicos (Munich’ 1972, Montreal’ 1976, y Moscú 1980), al igual que húngaro Lazló Pap (Londres’ 1948, Helsinki’ 1952, y Melbourne’ 1956), y el también cubano Félix Savón (Barcelona’ 1992, Atlanta’ 1996, y Sidney’ 2000)

“El que siembra su maíz…”

trio_matamorosHuye/ Huye/ ¿Dónde está Mayor?/ ¿Dónde está?/ Ya no vende por calles/ Ya no pregona en la esquina/ Ya no quiere trabajar/ (Coro) El que siembra su maíz/ que se coma su pinol…

Así de sencilla, como aparenta ser, se muestra la letra de “El que siembra su maíz”, composición proveniente de la autoría de Don Miguel Matamoros, director del afamado trío que integró junto a Siro Rodríguez y Rafael Cueto. “El que siembre su maíz” dicho sea de paso, ha sido motivo de innumerables versiones dentro y fuera de Cuba.

Recuerdo, siendo yo un adolescente estudiante de séptimo grado, 12 años apenas en “mi costillar”, integré el conjunto “Jibacoa”, tocaba el güiro y le hacía coro a Ismael Miranda, voz principal. Tuvimos éxito, sobre todo en los escasos metros cuadrados que enmarcaban los predios de la Secundaria Básica Urbana, ESBU, “José Antonio Echeverría”, sita, a su vez, en Ciudad Escolar Libertad, que responde a los límites del municipio habanero de Marianao.

En el conjunto “Jibacoa”, dirigido por la profesora Mercedes Serrano, gustaron, y mucho, aclaro que dentro de nuestra ESBU, nuestras versiones de, por ejemplo, “El fiel enamorado”, de Francisco “Paquito” Portela, y “El que siembra su maíz”, reitero, de Miguel Matamoros.

Lo anterior señala que la letra de esa pieza antológica del cancionero popular cubana me la conozco cual calle de Santa Felicia, no obstante, nunca, nunca, nunca, y no decaigo en repetir NUNCA, había reparado en los motivos que incitaron a Don Miguel a componerla.

Vayamos por partes…

Huye/ Huye/ ¿Dónde está Mayor?/ ¿Dónde está?

El vocablo “Huye”, el primero que se escucha en “El que siembra su maíz”, no refiere a nadie que escapa, se escabulle, deserta, o se evapora… “Huye” era, simplemente, el alias de un vendedor callejero de pasteles que solía frecuentar las calles de Santiago de Cuba. “Huye”, redundo, era el apodo y su apellido Mayor.

Resulta que “Huye” Mayor, cierto día, se multiplicó por cero y desapareció, tal y como reza otra pieza musical cubana. Nadie supo nunca de “Huye”, quizás se extrañó, en demasía, su dulce oferta, y, como suele suceder, la voz popular comenzó a tejer las más diversas interpretaciones de la ausencia: “Seguro está preso”… “Seguro está enfermo”…

En cierta ocasión, y consta en el libro “Trío Matamoros treinta y cinco años de música popular cubana”, del investigador Ezequiel Rodríguez Domínguez, Don Miguel aseguró que con la frase “El que siembre su maíz, que se coma su pinol” quiso plantear que “Si alguien hace mal hecho, debe de pagar por ello”.

No quiero ser extenso, aunque, y para concluir, que pinol en el Oriente cubano, Puerto Rico, República Dominicana, y algunos países de América Central, no es más que un dulce a base de maíz tostado, molido, y azucarado.

“Dedicatoria de ‘Por mano propia'”

Por mano propiaA la memoria de los pequeños Zamira Nicole Palacios, Felicita Estigarribia, “La niña de las mandarinas”, y de Aníbal Amín Riquelme Seiff Edine que, sin conocer las vicisitudes de la vida, les fueron impuestos los caprichos de la muerte.

A la memoria, además, de las víctimas del régimen de Alfredo Stroessner, que por espacio de casi 35 años, 15 de agosto de 1954- 3 de febrero de  1989, sumergió a Paraguay en un ambiente de muerte y desesperanza.

A la memoria, también, de Cecilia Mariana Cubas Gusinsky, secuestrada, y asesinada, por miembros del Partido Patria Libre, PPL; raptada el día 21 de septiembre de 2004, su cuerpo, finalmente, fue hallado, 148 días después, el 16 de febrero de 2005, en avanzado estado de putrefacción.

A  la memoria, finalmente, de las más de 400 víctimas, fatales o no, del incendio del Supermercado “Ycuá Bolaños, sucursal “Jardín Botánico”, ocurrido el 1 de agosto de 2004.

A Armando Martínez González (20 de enero de 1911 – 19 de agosto de 1988) y Esperanza Hilaria González Echazábal (21 de octubre de 1912 – 10 de agosto de 2005), “Quirito” y “Mimita”, mis abuelos; gracias, mis viejos, mis viejitos queridos, por lo que por mí hacen a pesar de la partida definitiva.

A Cuba, la isla mayor del archipiélago antillano, por darme la vida; a Paraguay, el bien llamado corazón de América del Sur, por abrirme los brazos, y estrecharme en su pecho.

A Caridad Martínez González y Alberto Damián Luberta Noy, “Cachita” y “Berty”, mis padres, mis viejos, mis guías, tan lejos como tan cerca.

A quien marcó mi vida el 18 de diciembre de 1974, a Alberto Luberta Martínez, “Cuco”, mi hermanito lindo y bueno, mi otro yo.

A Aldito Daniel y Albertico Javier, Luberta Ruiz, mis niños, omnipresentes en esta propuesta.

A Diana Laura y Danna Lucía, Marko Fernando y William Alejandro, Fernanda Mariana y Daniella Verónica, Arianne y Luna, Arturo y Leo, Gabriel y Rachid, Aldo y Enrique, Fiorella y Agustina María Felicia, Adrián y Daniel, Luisa María y las Isabella (Pérez y Marini), José Elías y Sebastián, Camila Guadalupe y Ana Monserrat, Leonardito y los Samuel (López y Guemes), Renata y Amina, Jonathan y Jorge Ernesto, Karla y Esteban, David y Óscar Miguel Antonio, Olivia y Jennifer, Ángel Reinaldo y Anthony, Cristal e Israel, Maia Paula y Carlos Matías, Laura y Adriana, María Ermelinda e Inés, Lucas Daniel y Mauricio David, Verónica y Sheila, Carl Lewis y Laura Amelia, Amanda y Néstor, Lía y Ernesto, Maykel y Javier, Danna Luz y Lucía del Pilar… También, y felizmente, mis niños.

A Alejandro, el más benjamín.

A Rolandito Valdés Peñaranda, adalid y leyenda viva de triunfo.

A Jorgito Oliver Hernández, “Tato” (19 de septiembre de 1965 – 11 de mayo de 1984) imberbe con pensamiento de hombre.

A Jorgito Oliver Martin (29 de abril de 1991 – 13 de agosto de 2012) mi amiguito, sempiterno infante.

A Alex Rodrigo Reyes Ríos (1 de diciembre de 2013 – 7 de diciembre de 2013), que en apenas una semana de existencia nos colmó de una infinita felicidad.

A Dunia y Osiris parte indisoluble de la familia.

A Lissette y Jorge, por haberme dado la feliz oportunidad de unir mi vida a la de su más preciado erario.

A Felicia Abreu Díaz y Enrique Domínguez Sosa, para ambos, sin distinción, mi imperecedera e inextinguible gratitud por su tanta sabiduría, dedicación, y profesionalidad, al ejercer el magisterio.

A Ciudad Escolar Libertad, la EMCC de Capdevila, el Instituto Superior de Arte (ISA), y Radio Progreso, por encausar, cronológicamente, la formación que desde la cuna recibí; formación no tan perfecta pero, sin dudas, “se acerca a lo que yo simplemente soñé”.

A usted, Don Augusto Roa Bastos (13 de junio de 1917- 26 de abril de 2005) por su legado indispensable, hierático, e insustituible, para quiénes intentamos hilvanar historias a través de la palabra escrita.

A Lichy, mi Lichy, porque sin su compañía nada es posible, porque sin su cálida presencia todo tendría otro sentido, porque, para mí, existiera otra versión del mundo sin los amaneceres a su lado.

“Aquel ‘Industriales Campeón’ que grité ese 19 de enero”

Agustin MarquettiHoy recordé lo que sucedió un día como mañana, 19 de enero de 1986. Aquel domingo comencé a ver el partido en casa, y lo concluí en la sala de estar del dormitorio que ocupaba mi compañía en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos”, de Capdevila. ¡Han sucedido 29 años! Imagínense que yo tenía 16, iba a cumplir 17 en junio, y ya poseo en mi haber personal 45 años.

Hace 29 años viví una de las emociones mayores que he experimentado gracias al deporte cubano. Hace 29 años que guardo en el recuerdo la consecución de ideas que de inmediato van a confrontar. Hace 29 años viví la primera de las 12 coronas que atesora Industriales, en Series Nacionales, aunque reconozco que el partido, en los inicios, no auguraba un buen resultado para los bien llamados “Leones de la capital”.

La ventaja vueltabajera se produjo en la parte alta de la segunda entrada cuando, en línea, Luis Giraldo Casanova y Lázaro Madera conectaron cuadrangulares, por el jardín derecho; acto seguido Fernando Hernández y Juan Castro se anotaron sencillos; este último provocó la explosión de Lázaro de la Torre, abridor azul, quien fue sustituido por Francisco Despaigne; Despaigne, aunque no lo hizo mal, tampoco pudo impedir la tercera anotación pinareña al otorgar boleto a Giraldo González, y permitir fly de sacrificio de Giraldo Iglesias.

Con el partido 3 anotaciones a cero, favorable a Vegueros, los miles de aficionados, presentes en el estadio o no, que mantenían su atención en lo que podía ser el juego decisivo de la XXV Serie Nacional de Béisbol, quedaron atónitos ante el enorme cuadrangular que, sobre las cercas del jardín central, salió del bate de Omar Linares. “El niño”, como cariñosamente aún se le señala, aumentaba la ventaja, 4×0, a favor de su equipo.

Todo señalaba a una victoria para los representantes de la provincia más occidental de Cuba, y, con ella, la celebración de un juego extra. Los simpatizantes de los Industriales, entre los que me incluyo, viendo que el marcador se proyectaba 4×0, en la parte alta del tercer inning, vaticinaron que no solo iban a ver sucumbir a los “Leones de la capital”, sino que la derrota sería producto de una soberana paliza. Empero, siempre guardamos las esperanzas por el aquello de que “en el béisbol no hay nada decidido hasta que cae el out 27”.

Pero en la conclusión del primer tercio del partido, el torpedero azul, Rolando Verde, descontó al conectar jonrón. Con el juego 4×1 Luis Rivero, fallecido, conectó sencillo, y avanzó a segunda tras conexión por el box de Antonio “Tony” González, que golpeó al lanzador Reinaldo Costa. Un corredor veloz, en posición anotadora, encontró Juan Padilla, que respondió con hit al jardín derecho, para de esta forma acercar a Industriales en el marcador 4×2. Tras el hit de Padilla, Lázaro Vargas conectó largo tubey que impulsó a “Padilla la maravilla” que, por cierto, jugaba su primer año vistiendo la franela azul de “Los Leones”. El batazo de Vargas provocó la salida del box del diestro Reinaldo Costa, por Carlos Pérez, que obligó a Javier Méndez a batear una fuerte línea por primera base que sirvió para doble play. En un abrir y cerrar de ojos, el partido, de 4×0, exhibía 4×3; la ventaja de 4 se había reducido a apenas una. ¡Ahí comenzamos a acariciar la idea de que el grito de “Industriales Campeón” estaba al alcance de las manos!

La locura en el latino llegó en la parte baja de la quinta entrada cuando, tras out de “Tony González, Juan Padilla entra en circulación por fielder choice, Vargas conecta fly por el jardín derecho, lance aparentemente fácil, pero el defensor de esa posición, Rogelio García González, comete error. Seguidamente, Javier Méndez bateó fly de por el jardín izquierdo, y Pedro Medina Ayón, el máscara capitalino, uno de mis ídolos, así lo reconozco, ante los envíos de Rogelio García Alonso, reemplazó a Carlos Pérez mientras bateaba Lázaro Vargas, puso la pelota a rodar, entre Left y Center; Medina fue puesto out en tercera, intentando convertir su conexión en triple, no obstante pudo “empujar 2 para la goma”. En la memoria de todas y todos  está el corrido de bases de Lázaro Vargas que concluyó con un audaz deslizamiento en home que, al mismo tiempo, provocó una fuerte discusión, aunque sin males mayores, con Juan Castro, receptor pinareño.

¡Los azules estaban delante 5-4 en el marcador! ¡Habían podido dar vuelta al score! ¡Industriales campeón después de 13 años! Recordemos que la última victoria azul, en Series Nacionales se había producido 13 años atrás, en 1973, también bajo la égida de Pedro Chávez González.

Las entradas se sucedían, y el marcador continuaba intacto… Los innings continuaban… ¡Sexto! ¡Séptimo! ¡Octavo! El octavo con un puntillazo certero de Euclides Rojas. El número 10 sustituyó a Francisco Despaigne, tras hits, consecutivos, de Omar Linares y Luis Giraldo Casanova; Euclides, uno de los mejores lanzadores de relevo que se ha visto en Series Nacionales, con hombres en primera y segunda, sin outs, dominó a Lázaro Madera y obligó a Juan Castro a batear para doble play.

En el noveno, tras un out, Fernando Hernández bateó una rolata difícil que Rolando Verde, aunque capturó, no pudo evitar lanzar incómodo a la primera base; pelota que al Agustín Marquetti, “El toletero de Alquízar”, no poder retenerla se internó en el dogout de primera base, facilitó llegar a segunda al bateador corredor, que arribó a la antesala por un roletazo al cuadro.

Apenas un out necesitaba Industriales para obtener su sexta corona nacional, pero Giraldo Iglesias igualó el partido a 5 anotaciones tras conectar hit al jardín derecho.

¡Empate cuando todos imaginaban recoger los bates e ir a casa exclamando, a voz latente, Industriales Campeón!

La igualada, a 5 carreras, obligaba, prácticamente, a comenzar de cero. Inning 10, empate… Inning, 11, empate… No se vislumbraba ventaja ni para Vegueros, ni para mis queridos azules. Rogelio García y Euclides Rojas, por los pinareños y capitalinos, respectivamente, se mantenían intransigentes en el montículo.

Reitero… Inning 10, empate… Inning 11, empate… Parte alta del inning 12, empate… Parte baja del inning 12… En la parte baja del inning 12 nos detenemos ahora…

Rogelio poncha a Lázaro Vargas y a Pedro Medina, pero entre uno y otro turno al bate, Javier Méndez conectó hit al jardín derecho. Con 2 outs, y “El seguro Méndez” en primera, correspondió la oportunidad a Agustín Marquetti. Entonces vino el momento más emocionante, al menos para mí, que se ha protagonizado en el deporte nacional de Cuba, después de 1959: siendo las 09.20pm, Rogelio lanza una tenedor, su mejor arma, pero que en esa ocasión quedó alta; Don Agustín, por su parte, no dejó pasar por alto el error, y conectó largo cuadrangular por el jardín derecho. Conexión que coronó a sus Industriales, a mis Industriales, a tus Industriales, su sexta corona nacional.

Todo hace sucedió hace ya 29 años, y hace 29 años que, todo lo anterior, lo guardo en el recuerdo cual tesoro incalculable.

Aclaración Válida: Industriales, al vencer en la campaña 1985-1986, no solo obtuvo su sexta corona, sino que se convirtió en el primer equipo en vencer, invicto con 6-0, un play off. A esa primera serie extra clasificaron, además de Industriales y Vegueros, campeón y subcampeón, respectivamente, Santiago de Cuba y Villa Clara.

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