“Teniente Francooooo”

camilitos“Tienes que comer todo”, me dijo, “ejecutando el almuerzo”, un señor, con aspecto bonachón, que, ostentando los grados de teniente, esbozaba una sonrisa. “Soy el teniente Ramón Franco, y voy a trabajar con ustedes”, agregó, a viva voce, minutos después estando la compañía en formación, casi perfecta, en el polígono de infantería.

El teniente Franco, y lo reconozco, tenía un ímpetu que, en lenguaje figurado, metía miedo. El teniente Franco, rectifico, el teniente Francooooo, nunca mereció el calificativo de “Capitán Araña”, porque si ordenaba él también cumplía, y cumplía a una velocidad vertiginosa. Y si bien es cierto, insisto, que por esta razón nunca recibió el mote de “Capitán Araña”, también, por esta razón, trascendió a la historia de la EMCC de Capdevila por el alias de “Caballo Loco”.

¡De “Caballo Loco”, o el teniente Francooooo, existen miles de anécdotas, y todas, sin excepción, en extremo simpáticas!

Por ejemplo, “Caballo Loco”, y sucedió delante de mí, en cierta ocasión estábamos de guardia, y sonó el teléfono. “Teniente Franco, a sus órdenes”, respondió e ipso facto, como un bólido, cual Carl Lewis o Usaint Bolt, se puso de pie, y con el auricular en la oreja, asumió una posición de firme pocas veces vista. Su interlocutor, telefónico, era el entonces mayor José Manuel Rodríguez Corcho, fallecido recientemente; o sea, redundo, su condición de subalterno la experimentaba aún sin estar el superior delante.

Pero de Ramón Franco, quise decir, del teniente Francooooo, guardo una vivencia que, primeramente, la recuerdo por ser en extremo simpática, y, en segundo lugar, su nivel de exaltación, no le permitió analizar lo que había dicho.

Los viernes alternos, entiéndase “semana larga”, correspondía caminata. Casi siempre, aproximadamente a las 05.00pm, 17.00 horas en términos militares, se escuchaba la alarma de combate, salíamos con la indumentaria exigida, la misma que molestaba a “Mandarria” cada 15 días, formábamos en el polígono de infantería, y salíamos a caminar. Las caminatas, generalmente, comenzaban los viernes a la tarde y culminaban los sábados a la mañana; lo aclaro con el objetivo que comprendan aquellos que no fueron camilitos, o no si lo fueron no estudiaron en el período que intento detallar.

Un viernes, entrada la noche, insisto, de caminata, comíamos tranquilamente, y entre las sombras, con un sigilo ninja e implacable, surgió el teniente Francooooo.

– No tienen que ponerse de pie. Sigan comiendo- acotó cariñoso.

Continuamos “efectuando comida”, disfrutando del magro menú que, normalmente, era: arroz congrí, papa o boniato hervido, y una porción de pescado frito.

– Teniente, ¿es cierto que usted estuvo en Playa Girón?- preguntó Alejandro Torreira Hernández, rompiendo el silencio imperante; ese silencio que obliga el hambre atroz.

El teniente Francooooo, orgullosamente, había sido, en 1961, integrante del batallón de niños artilleros; con apenas 14 años, y cito textual sus palabras, “defendí la revolución en las arenas de Playa Girón”.

– Cuéntenos- agregó Torreira que a pesar de su corta edad, 15 años, su baja estatura, y su delgadez extrema, tenía instintos de samurái o de efectivos de las desaparecidas brigadas de tropas especiales.

Y el teniente Francooooo contó, con acciones incluidas, demostrando que poseía, no solamente cualidades militares, sino histriónicas.

– Aquello fue tremendo. Las ametralladoras hacían ratatatatatatatatata… Y nos tiramos al suelo, porque venían los aviones… Ahhhhhhhhhhhhhhh… Y pasaban pega’itos a nosotros. Yo me arrastré, y le dije a mi jefe que nadie se iba a rendir nadie, y grité ¡Viva la revolución! Y los bombazos sonaban… Bom… Bom… Bom… ¡Adelante que viene el comandante en jefe!

Muchos de nosotros habíamos quedado, prácticamente, con la cuchara en la boca, y con la boca abierta, obvio. Estábamos maravillados no solo por la historia de “Caballo Loco”, sino por su excepcional manera de hacérnosla llegar.

El teniente Francooooo, por un lapso de 10 minutos, aproximado, estuvo narrando sus hazañas “playagironescas”; en ese tiempo imitó voces de mando, imitó el sonido onomatopéyico de armas de fuego, de aviones… Evocó “compañeros que cayeron gloriosamente en combate”. Se sonrió. Lloró…

¡Aquello fue admirable, único, e irrepetible! Además, teníamos 15 años y teníamos delante, en carne y hueso, a un héroe de Playa Girón… ¡Sentíamos que flotábamos, y muchos comenzamos a querer ser, en cierta medida, como el teniente Francooooo!

La narración de “Caballo Loco”, que cronológicamente comenzó el 15 de abril de 1961 y culminó 4 días después, iba llegando a su fin; y con el fin, también llegó el desenlace; un desenlace que nadie pensó, ni imaginó.

– Para que continúen comiendo solo quiero agregar una última cosa- dijo el teniente Francooooo con lágrimas en los ojos por la emoción- Quiero que estén convencidos de que si no hubiese sido por la sangre derramada, sino hubiese sido por la sabiduría del comandante, sino hubiese sido por la valentía que demostramos… ¡Estuviéramos peor de lo que estamos ahora!

Sin palabras.

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2 comentarios sobre ““Teniente Francooooo”

  1. Muy bueno, Aldo… jajajaja… me has hecho recordar mi servicio militar obligatorio del primer llamado, yo juraría que me topé allí con el teniente Francoooooo (o con un clon perfecto) …

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