“Gracias, profesor Naismith”

naismith_jamesEl baloncesto es de los deportes más populares de actualidad. Cualquier competencia de esa disciplina atrae la atención de fanáticos que pujan por su equipo de preferencia. Juegos Olímpicos… Campeonatos del mundo… Eventos continentales… Hombres y mujeres se entregan a esa modalidad que posee miles de adeptos en el mundo entero… Pero… ¿Se han preguntado cuál es el verdadero origen del baloncesto o basketball?

Se afirma que en la XVI centuria de nuestra era, los aztecas practicaban un deporte muy parecido al baloncesto actual cuyo precursor fue el cacique Ollamalitzli.

Este consistía en 2 equipos, de 10 integrantes cada uno y liderados por un “capitán”, que luchaban por hacer “colar” una pelota de goma sólida por un anillo de piedra situado en un lugar alto del estadio. El jugador que lograba el “enceste” era objeto de todo tipo de agasajos, mientras que el “capitán” del “club” perdedor, a menudo, además del encuentro, perdía también la cabeza por las trifulcas que se originaban al concluir el mismo.

No obstante se tienen noticias de que existió un deporte aún más remoto, jugado también por los aztecas mexicanos. En el siglo X a. C, era muy popular entre ellos el pok- ta- pok, una disciplina que se basaba en introducir a distancia un objeto redondo, cualquiera, por un anillo, cualquiera. En no pocas ocasiones se producían accidentes fatales. Los deportistas perdían la vida pues el objeto lanzado era demasiado pesado y golpeaba la cabeza de otros quitándoles la vida en el momento.

Aunque, sin dudas se aprecian los aportes de los aztecas mexicanos, el baloncesto actual surgió en los Estados Unidos gracias al doctor canadiense James Naismith, que ejercía el cargo de Instructor de Educación Física en la Escuela de Entrenamiento de la Asociación de Jóvenes Cristianos en Sprinfield, Massachussets.

Naismith concibió el juego en el año 1891, cuando la institución a la que pertenecía le sugirió crear una actividad física que mantuviera la atención de los jóvenes durante el invierno, época en que recesaban las principales disciplinas estadounidenses: El fútbol americano y el béisbol.

El profesor aceptó el reto, pensó e investigó. Pensó. Pensó. Investigó… Y basándose en los pasatiempos aztecas ideó una nueva disciplina y, a su vez, elaboró 13 reglas de juego:

1. El balón puede ser lanzado en cualquier dirección con una o ambas manos.

2. El balón puede ser golpeado en cualquier dirección con una o ambas manos, pero nunca con el puño.

3. Un jugador no puede correr con el balón. El jugador debe lanzarlo desde el lugar donde lo toma.

4. El balón debe ser sujetado con o entre las manos. Los brazos o el cuerpo no pueden usarse para sujetarlo.

5. No se permite cargar con el hombro, agarrar, empujar, golpear o zancadillear a un oponente. La primera infracción a esta norma por cualquier persona contara como una falta, la segunda lo descalificará hasta que se consiga una canasta, o, si hay una evidente intención de causar una lesión, durante el resto del partido. No se permitirá la sustitución del infractor.

6. Se considerará falta golpear el balón con el puño, las violaciones de las reglas 3 y 4, y lo descrito en la regla 5.

7. Si un equipo hace tres faltas consecutivas (sin que el oponente haya hecho ninguna en ese intervalo), se contará un punto para sus contrarios.

8. Los puntos se conseguirán cuando el balón es lanzado o golpeado desde la pista, cae dentro de la canasta y se queda allí. Si el balón se queda en el borde y un contrario mueve la cesta, contara como un punto.

9. Cuando el balón sale fuera de banda, será lanzado dentro del campo y jugado por la primera persona en tocarlo. En caso de duda, el árbitro lanzara el balón en línea recta hacia el campo. El que saca dispone de cinco segundos. Si tarda más, el balón pasa al oponente.

10. El árbitro auxiliar, “umpire”, sancionará a los jugadores y anotará las faltas, avisará además al “referee”(árbitro principal, véase siguiente punto) cuando un equipo cometa tres faltas consecutivas. Tendrá poder para descalificar a los jugadores conforme a la regla 5.

11. El árbitro principal, “referee”, juzgará el balón y decidirá cuándo está en juego, dentro del campo o fuera, a quién pertenece, y llevará el tiempo. Decidirá cuándo se consigue un punto, llevará el marcador y cualquier otra tarea propia de un árbitro.

12. El tiempo será de dos mitades de 15 minutos con un descanso de 5 minutos entre ambas.

13. El equipo que consiga más puntos será el vencedor.

La pelota que el profesor Naismith escogió para iniciar la práctica de la incipiente disciplina deportiva fue un balón de fútbol, y como no existían aros con cestos echó mano por 2 canastas de recoger melocotones. Con los anteriores utensilios conformó 2 equipos con 9 integrantes cada uno, uno menos que los “clubes” aztecas, y convocó para el primer partido de baloncesto que se conoce en la historia. Asombrosamente el resultado de ese encuentro fue de 1-0, y el tanto que marcó la diferencia fue anotado por un joven de 16 años llamado William Chase.

Aquel primer partido gustó, y mucho. Ese primer encuentro fue la pauta para el baloncesto de hoy. Aquel primer juego es el motivo de que los seguidores de tan gustada disciplina exclamen:

Gracias, profesor Naismith.

Y no solo los seguidores del baloncesto le agradecen. También los fanáticos del fútbol americano ya que fue el que introdujo el casco de esa modalidad deportiva.

James Naismtih nació el 6 de noviembre de 1861 en Ontario, Canadá, y falleció el 28 de noviembre de 1939, a consecuencia de una hemorragia cerebral, en Lawrence, Estados Unidos. El 17 de febrero de 1968 abrió sus puertas el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame, “El Salón de la Fama del Baloncesto Memorial Naismith”, en Springfield, Massachussets.

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“La memorable ‘Matanza de San Valentín’”

toroEn mi exiguo paso terrenal jamás había experimentado la contrariedad, extrema, de, a su vez, percibir en rostros, muy queridos, satisfacción, placer, complacencia, fruición, regocijo, deleite, al mencionar el vocablo ‘matanza’.

– ¿La “Matanza de San Valentín”? Inolvidable. Desafortunadamente nunca más se va a repetir. O es muy difícil que repita, para no ser absolutos.

El diálogo, del que hago acuse, sucedió hace, aproximadamente, 35 años. Tendría yo, también aproximadamente, 2 lustros de nacido, por lo que si llegué al mundo de los vivos en 1969, “Año del esfuerzo decisivo”, la conversa que reproduzco sucedió en 1979 (Acoto que según los anales revolucionarios, 1969 fue denominado, insisto, como el “Año del esfuerzo decisivo”; esfuerzo que también tuvo que hacer mi madre, como para no ser menos y demostrar la puja rebelde y miliciana que aún la caracteriza, en mi alumbramiento, porque, con casi 10 libras de peso corporal, el equipo médico tuvo que acudir a los llamados fórceps, como ya he comentado anteriormente en antecesores artículos).

Para cualquier ser humano la palabra ‘matanza’ implica muerte, degollina, aniquilación, carnicería, sacrificio, holocausto, pogromo… El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, RAEL, señala, además, que “matanza significa mortandad grande y numerosa”.

Yo, un niño de 10 “junios”, continuaba sin comprender. ¿Cómo los protagonistas de la plática se iban a sentir tan regocijados al pronunciar tan nefasto término? ¡Y siendo estos, los que concretaban el palique, personas tan queridas para mí: Armando Martínez González (Mi abuelo materno), Alberto Damián Luberta Noy (Mi padre), y José Antonio Martínez, “Cheo”, (Abuelo de mi hermano Fernando Enrique Montes Martínez Cuadrado y Gutiérrrez, y mío también, y progenitor mi otra Caridad Martínez).

Quedé con la escena, vista en la acera contigua al portal de mi residencia marianense, y antes de irme a dormir pregunté:

– Abuelo, ¿hacer una matanza es malo?

– Sí, muy malo. Es algo que no se debe de hacer, mijo.

– ¿Y por qué pipo, “Cheo”, y tú quieren que se repita la “Matanza de San Valentín”?

Ahí mi viejo comprendió, y con su eterna sonrisa, colocó su mano temblorosa, afectada por el Mal de Parkinson, y me aclaró la gran duda que sobre mí pendía cual Espada de Damócles:

– Fue la pelea entre “Jake LaMotta” y Ray “Sugar” Robinson el 14 de febrero de 1951 por el título mundial de los welter.

– ¿Murió uno de los 2?

– No, pero fue un milagro que “Robinson” no enviara al otro mundo a “LaMotta”.

Casualmente, y por eso acudo al recuerdo de aquel intercambio verbal, en la noche de ayer, 26 de febrero, y casuísticamente haciendo el famoso “zapping” televisivo, me hallé con la sorpresa, muy grata sorpresa, de que en el canal TCM estaban emitiendo “Toro Salvaje”; producción fílmica, estrenada el 14 de noviembre de 1980, dirigida por Martin Scorsese, que tiene a un inigualable Robert de Niro en el rol protagónico.

martin

Anoche, y gracias a mi hallazgo en la pequeña pantalla, pude disfrutar, por enésima ocasión, de una reproducción, magistral, de la llamada “Matanza de San Valentín”.

Sucedió el 14 de febrero de 1951, y fue el sexto enfrentamiento entre Giacobbe Lamotta, “Jake LaMotta” (Nacido en Nueva York, el 10 de julio de 1922. Actualmente, según registros, tiene 92 años), y Walker Smith Jr, “Ray Sugar Robinson (Ailey, Georgia, 3 de mayo de 1921 – Culver City, California, 12 de abril de 1989). Señalo que, independientemente que fue la ocasión número 6 que se veían las caras dentro de las 12 cuerdas, era la primera que lo hacía discutiendo el título mundial.

“LaMotta” se había adjudicado la faja del orbe, de los pesos medianos, el 16 de junio de 1949, ante el francés Marcel Cerdán; lo defendió, con éxito, el 13 de septiembre de 1950, versus, al también galo, Laurent Dauthuille; y el 14 de febrero de 1951, hizo la tercera defensa del título enfrentando a su compatriota “Ray Sugar Robinso”; no solo su compatriota, sino su eterno rival. En cierta ocasión, y de manera jocosa, “LaMotta” afirmó: “He enfrentado tantas veces a ‘Ray Sugar’, que no sé cómo no tengo diabetes”.

Sin más preámbulo, retomo lo sucedido el 14 de febrero de 1951 (Irónica manera de festejar la fecha), en Chicago, conocida mundialmente como “La ciudad de los vientos” por su cercanía a los Grandes Lagos.

Cronistas de la época aseguran que durante los primeros ocho rounds ninguno de los 2 pugilistas mostraron ventaja alguna. “Robinson”, con un potente jab, y haciendo uso de su mayor estatura, mantenía a “Lamotta” en la larga distancia, mientras que este, por momentos, rompía la defensa de su retador y lograba conectar fuertes uppercuts.

La odisea, muy bien documentada, comenzó en el noveno asalto. “Toro Salvaje”, a  consecuencia de su menor peso corporal y las deudas con el gimnasio, comenzó a mostrar una marcada lasitud, que, a su vez, le impedía mantener los brazos en alto; acción que, obviamente, le inhabilitaba, sustancialmente, la guardia.

“LaMotta”, en el round 11, hizo gala de una cierta recuperación; no obstante tras el duodécimo campanazo, que dio inicio a uno de los asaltos más sangrientos que recuerda la historia del pugilato, “Robinson” acometió, despiadadamente, contra la humanidad de su oponente, que, de manera asombrosa, y haciendo caso omiso a su deplorable estado, soportó el castigo sin caer a la lona. El round 13 fue, prácticamente, una copia del anterior, aunque mucho más infernal para “LaMotta”. La golpiza fue tan feroz que obligo a Frank Sikora, tercer hombre en el ring, a detener las acciones a los 2 minutos y 4 segundos. “Toro Salvaje”, vencido por nocaut técnico, quedó de pie, y totalmente ensangrentado, sujetando las cuerdas. Había perdido su faja del mundo, tras un encarnizado combate, reconocido históricamente como “La matanza de San Valentín”, pero, al mismo tiempo, le quedaba el orgullo de haber cumplido su promesa: No ser derribado por “Ray Sugar Robinson”, y así se lo hizo saber mientras este festejaba su victoria.

Según las estadísticas, Giacobbe Lamotta, “Jake LaMotta”, efectuó 106 combates, de los cuáles ganó 83, 30 por nocaut, perdió 19, y empató 4; Walker Smith Jr., “Ray Sugar Robinson”, considerado por muchos como el mejor boxeador de todos los tiempos, subió 202 veces al cuadrilátero, venciendo en 175 de ellas, 108 por la vía rápida, siendo vencido 19 veces, 2 por no presentación, y empatando en 6 oportunidades.

“¿Usted le faltó el respeto a Maceo, cadete?”

maceoFue la pregunta del entonces coronel Armando Miralles Calvo, segundo jefe de la Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo”, ante el sui géneris reporte que mostraba mi hoja de servicios. Sucedió una noche de jueves, día que, indefectiblemente, se concretaba la corte militar en la que, a su vez, se analizaban los méritos y deméritos de cada uno de los cadetes, y según el balance, a favor en contra, estos recibían congratulaciones o castigos. Por ejemplo, 6 deméritos equivalían a un fin de semana sin pase, pero si tenías 6 deméritos y, a la par, 3 méritos, estos se restaban, desaparecían los pros y los contras eran reducidos en un 50%, ¿me comprenden? También explico que cada reporte, por el nivel de infracción; obvio que todo aquel que era castigo por insubordinación, no recibía la misma sanción que el reportado por cama ajada, botas sucias, o ropa desalineada.

– ¿Usted le faltó el respeto a Maceo, cadete?- repitió Miralles, atónito, estupefacto, con apenas un hilo de voz.

– No, compañero coronel- respondí con voz marcial, y asumiendo una posición de firme solo vista en las afueras del Kremlin.

– Explíqueme entonces porqué el mayor Arnaud lo reportó por “Faltarle al respeto al insigne prócer de la independencia de Cuba que la escuela honra con su nombre”.

– Le explico, compañero coronel.

– Explíqueme, le ruego, porque en los años que tengo de servicio en este centro, nunca había visto un reporte como este. Le escucho.

Todo sucedió un mediodía, eran la 01.30pm aproximadamente, del mes de mayo de 1988, al concluir las actividades matutinas. En la mencionada fecha, de la que non recuerdo el día exacto, yo era estudiante de segundo año de Ingeniería Mecánica en Tanque y Transporte, de la “Maceo” (Era más rápido, para cualquiera, sea este tartamudo, como en mi caso, o no, expresar “Maceo” que Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo”). A la “Maceo”, oficialmente, ingresé el 13 de agosto de 1987, tras obtener, el 2 de julio del mencionado año, mi título de “Bachiller en Ciencias y Letras”, al concluir estudios en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos” de Capdevila.

La “Maceo” era, literalmente hablando, como el paradigma de los Centros de Enseñanza Militar (CEM), de todo el país. La “Maceo”, sita en el poblado de Ceiba del Agua, municipio Caimito, actual provincia de Artemisa, era, o es, por así decirlo, un centro de referencia donde, y alguien dijo, creo que Fidel Castro, “los cadetes se gradúan de oficiales veteranos sin haber ido a la guerra”. Las historias de la “Maceo”, por lo estricto de su disciplina interna, provocaban pavor, y la “Maceo” me fui, y lo reitero públicamente, a sabiendas que mis intenciones de convertirme en Ingeniero Mecánico en Tanque y Transporte tenían paupérrimas, casi nulas, oportunidades de concretarse.

Para concluir con el preámbulo introductorio, el 13 de agosto de 1987 (Ya saben los motivos de haber comenzado ese día), inicié mi etapa previa, y el 27 de septiembre, apenas mes y medio después, juré, rodilla en tierra, 25 años de servicio en las invictas fuerzas castrenses de la República de Cuba.

Para aclarar los motivos de tan pomposo reporte tengo que dejar bien claras 2 cuestiones:

  1. Pablo Arnaud Fortes, mayor de graduación militar, era de los tantos oficiales que, recién llegados de Angola, había sido enviado a prestar servicios en la “Maceo”, quizás para amilanar tensiones nerviosas. Arnaud, muy buena persona y con estado físico impresionante, no solo había derrochado valor, sudor, y bríos en tierras africanas, sino que, además, y quizás lo más importante, el haber prestado, con desinterés y desprendimiento, el internacionalismo proletario, tenía muy, pero muy limitadas, casi en un 80%, sus capacidades mentales. En otras palabras, y sin tanto rodeo lingüístico, el mayor Arnaud estaba completamente loco; era, redundo, muy buena persona, pero al mismo tiempo, un verdadero orate.
  2. A pocos metros de la entrada principal de la “Maceo”, entiéndase en las afueras de la escuela, existe una impresionante estatua del Lugar Teniente General, señalado históricamente como “el titán de bronce”. La obra, que no admitió otro metal para su confección, se aprecia en la fotografía que lidera esta narración.
  3. Si matriculé en la “Maceo” el 13 de agosto de 1987, y el curso escolar en Cuba, comienzan, oficialmente, en septiembre y concluyen en julio, la anécdota de mi supuesta falta a la integridad de uno de los hijos de doña Mariana Grajales, al haber ocurrido en mayo, fue de las tantas que cometí durante mi primer año de cadete. Y que conste, con mi ocurrencia solo quise hacer reír. Todos los presentes están convencidos de… Rectifico, todos no, Arnaud nunca comprendió la intención de mi frase. Ya lo verán.

Arnaud era un demente, un pobre perturbado bélico que, y como si no fuera suficiente, acompañaba su canija luz mental con profusas ínfulas intelectuales, por lo que no solo era capaz de cometer actos desequilibrados, sino que acudía a citas, a frases célebres, en momentos inoportunos.

Mayo de 1988. 01.30pm, aproximadamente. La compañía de 1er año de la Facultad #3, señalada como la de “Tanque y Transporte”, se encontraba formada frente al cuartel correspondiente. El mayor Arnaud, tras pedir parte a cada uno de los jefes de pelotón, y revisar, nadie sabe los motivos, una y otra vez, su inseparable agenda, comenzó a discursar sobre la necesidad, imperiosa, que tenía la escuela, la “Maceo”, de “hacer un buen papel en los Juegos Inter – CEM”, que, simplemente, eran las competencias deportivas entre los diferentes Centros de Enseñanza Militar del país. La “Maceo”, la Academia Naval “Granma”, el Instituto Técnico Militar “José Martí” (Conocido también como ITM), la Escuela de Artillería “Camilo Cienfuegos (Conocida como “La escuela de La Cabaña”)…

A pesar de la hora, serían ya las 02.15pm (¡45 minutos hablando de los Juegos Inter – CEM!), Arnaud continuaba orando, a viva voce, sobre la futura competición deportiva, y, sin más allá ni más, expresó: “Voy a concluir con una frase del General Antonio Maceo no estaré donde no pueden estar el orden y la disciplina, porque vivir de esa manera sería llevar la vida de un perfecto bandolerismo”.

En efecto. Había reproducido, fotográficamente, un fragmento de una carta que Antonio Maceo, el 5 de julio de 1878, había enviado al también General Mambí Vicente García. Esa frase, entronizada en la historia de Cuba, había sido repetida por Arnaud que, además, demostró poseer una memoria más que fotográfica, e insisto en el vocablo fotográfico.

Ahora, la pregunta que rondaba la mente de todos era… ¿Qué tenía que ver la cita con los Juegos Inter – CEM? Por eso, y no olvido la pregunta de mi madre… “¿Tuviste que ser tú, Aldo?”… Por eso mi pregunta, mi ocurrencia, mi chanza, mi broma…

– Permiso, compañero mayor.

– Lo tiene, cadete Luberta Martínez.

. – Maceo dijo que no puede estar el orden y la disciplina.

– Efectivamente, cadete.

– ¿Por ese motivo Maceo está en las afueras de la escuela?

La explosión de risas fue general. Todos rieron de… Todos no, rectifico; casi todos, porque Arnaud, a pesar de tu tez oscura, enrojeció, gritó ¡Firmesssssss!, y me solicitó mi tarjeta de reporte. “Le voy a poner un reporte que se van a reír todos, menos usted, cadete Luberta. Le voy a poner un reporte que no se le va a olvidar mientras viva, y no se me va a olvidar a mi mientras yo viva”.

– Evidentemente, usted, no le faltó al respeto a Antonio Maceo, cadete- analizó, muy ecuánimemente, el coronel Miralles Calvo, tras escuchar mi relato.

– Así mismo, compañero Coronel- respondí aliviado, pensando que podía librarme de un castigo sin precedentes en la historia de la “Maceo”.

– Lo que hizo, usted, quizás no es tan grave como faltarle el respeto a Maceo, pero grave de todas maneras. ¡Usted, le faltó al respeto a la escuela, y por ello tiene 60 deméritos, 10 fines de semana sin pase!

Los 10 fines de semana sin pase se redujeron, drásticamente a 8, por mis buenas calificaciones en la práctica de tiro; no obstante, estuve casi 2 meses sin salir del CEM, en los que, machete en mano, poco faltó para echar abajo el marabú de la escuela, de Ceiba del Agua, de Caimito, y barrios adyacentes. ¡Y todo por un mal entendido, porque solo fue una ocurrencia que lejos estuvo de mancillar la memoria de Antonio Maceo, hermano de José, esposo de María, e hijo de Marcos y Mariana. Así lo entiendo yo, espero que así lo entiendan ustedes, aunque así no lo entendieron ni el mayor Arnaud, ni el coronel Miralles.

“Los Juegos Olímpicos, Cuba, y sus féminas multimedallistas”

300px-Olympic_flag.svgCuando repasamos el medallero histórico cubano en los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, no pocos se asombran de sus campeonas a lo largo de los años. María Caridad Colón (Atletismo – Lanzamiento de la Jabalina – Oro – Moscú’ 1980 – Acoto, y reitero, que fue la primera mujer latinoamericana en obtener un título olímpico), Maritza Marten (Atletismo – Lanzamiento del disco – Oro – Barcelona’ 1992), Odalys Revé (Judo, 66 kilogramos – Oro – Barcelona’ 1992), Sibelis Veranes (Judo, 70 kilogramos – Oro – Sídney’ 2000), son algunos de los nombres que, por fortuna, han podido acariciar la gloria olímpica.

No obstante, existen otras representantes femeninas que, titulares o no, se han ceñido preseas en ediciones olímpicas, en más de una ocasión.

Y si de multimedallistas olímpicas se refiere, el judo, sin dudas, y sin detenernos a analizar el voleibol como deporte colectivo, lidera el comentario que me propongo, de alguna manera, confeccionar.

driulisDriulis González, excelente judoca, aunque el calificativo acusado queda chico ante tan colosal figura del olimpismo, exhibe en su currículum vitae, no solo haber participado en 5 Juegos Olímpicos (Barcelona’ 1992, Atlanta’ 1996, Sídney’ 2000, Atenas’ 2004, y Beijing’ 2008), sino que obtuvo medallas en 4 de estas, distribuidas en una de oro (Atlanta’ 1996 – 56 kilogramos), una de plata (Sídney’ 2000 – 57 kilogramos), y 2 de bronce (Barcelona’ 1992 – 56 kilogramos y Atenas’ 2004 – 63 kilogramos).

Y continuando con la brillante actuación de nuestro judo femenino, liderado por el profesor Ronaldo Veitía, en ediciones olímpicas, acudimos a los nombres de Legna Verdecia (Oro – Sídney’ 2000 y bronce – Atlanta’ 1996, ambas preseas en los 52 kilogramos), Idalis Ortiz (Oro – Londres’ 2012 y Bronce’ Beijing’ 2008 – División de más de 78 kilogramos), Daima Beltrán (Subtítulos en Sídney’ 2000 y Atenas’ 2004 – División de más de 78 kilogramos), Yanet Bermoy (Plata en Beijing’ 2008 y Londres’ 2012, en las divisiones de 48 y 52 kilogramos, respectivamente. Concluyo la actuación multimedallistas de nuestra judocas mencionando a Amarilis Savón, medallista de bronce, en 3 ocasiones (Barcelona’ 1992 y Atlanta’ 1996, ambas en la categoría de 48 kilogramos, y en la edición de Atenas’ 2004, que lo hizo en los 52).

Otras de nuestras judocas que han podido acceder al podio olímpico, al menos en una ocasión, lo son Diadenis Luna (Bronce – 72 kilogramos – Atlanta’ 1996), Yurisleydis Lupetey (Bronce – 57 kilogramos – Atenas’ 2004), Yurisey Laborde (Bronce – 78 kilogramos – Atenas’ 2004), Anaysi Hernández (Plata – 70 kilogramos – Beijing’ 2008), y Yalennis Castillo (Bronce – 78 kilogramos – Beijing’ 2008).

El atletismo femenino, como es sabido, se encumbró en Juegos Olímpicos en ya lejano año de 1968, cuando, en la edición mexicana, la cuarteta del 4×100 metros arribó segunda detrás de las estadunidenses. En Munich, 1972, 4 años después, si bien la posta femenina cubana, en la misma distancia, no accedió al subtítulo, pudo ceñirse la medalla de bronce, al conseguir, en la final, un meritorio tercer escaño.

Silvia Chivas 3De lo anteriormente mencionado, repitieron preseas, Fulgencia Romay, Marlene Elejalde, Violeta Quesada, y Silvia Chivás que, si bien es cierto, no estuvo en los Juegos Olímpicos de México, en la cita germana conquistó 2 medallas, ambas bronceadas: Como integrante del relevo 4×100 metros y, de manera individual, en la final de los 100 metros planos. Con esta actuación, Silvia Chivás se erige como la única representante de Cuba en ganar 2 preseas en unos Juegos Olímpicos, algo que no fue suficiente, porque la Chivás resultó  excluida, de manera inconcebible, del listado de los Mejores Atletas Cubanos del Siglo XX.

Prosiguiendo con el más universal de los deportes, a Osleydis Menéndez, Lanzamiento de la Jabalina, obviamente que no le fue suficiente con la medalla de bronce obtenida en los Juegos Olímpicos de Sídney’ 2000, y se alzó con el título en Atenas’ 2004; en la cita helénica, la camagüeyana Yipsy Moreno, Lanzamiento del Martillo, secundó la estelar rusa Olga Kusenkova, y en Beijing’ 2008, repitió su medalla de plata, tras quedar segunda detrás de la bielorrusa Aksana Biankova.

Ana Fidelia Quirot, Goteborg 1995, Final 800m (2)Cerrando con nuestra representantes del atletismo, deseo hacer punto y aparte en quien, para muchos, para mí, consideran que ha sido la mejor atleta en disciplinas individuales que ha visto la luz de sus días en la isla de Cuba; esa mujer, que dio muestras de una fuerza de voluntad, pocas veces visto, al reponerse, cual Ave Fénix, de un accidente doméstico, el 22 de enero de 1993, que dejó graves quemaduras en gran parte de su cuerpo. Tras aquel fatídico día, Ana Fidelia Quirot Moret, no solo supo volver a la vida, sino que, con creces, regresó a los planos estelares del movimiento deportivo mundial. Empero, la Quirot, o Ana Fidelia, como le señalan los que le quieren, los que le admira, o los que le queremos y admiramos, a pesar de sus 2 participaciones olímpicas, no pudo concretar su título de campeona; preseas de plata y bronce, Atenas’ 1996 y Barcelona’ 1992, son añadidas a sus títulos mundiales de Gotemburgo’ 1995 y Atenas’ 1997, como muestra de su reinado, inobjetable, en los 800 metros planos.

g_torres_200x300Y para finalizar, ¡quién puede olvidar las actuaciones olímpicas de las bien llamadas “Espectaculares morenas del Caribe”!; ¡quién osaría en echar a un lado a esos equipos de voleibol femenino que cosechó, en línea, 4 medallas en Juegos Olímpicos, desglosados en 3 títulos y una presea de bronce, haciendo vibrar hasta el más reacio de los corazones!

Si el judo, lidera el ranking de nuestra multimedallistas, entre las disciplinas individuales, el voleibol, sin temor a dudas, lo hace en los deportes colectivos; si el judo, en la figura de Driulis González, exhibe a una heroína que supo colgarse al cuello 4 preseas olímpicas, el voleibol, en Ana Inis Fernández, también muestra a la única atleta, insisto en deportes colectivos, que supo escalar el podio olímpico en 4 oportunidades. Sí, porque la única integrante que, estoicamente se mantuvo desde el título obtenido en la ciudad condal, Barcelona, 1992, hasta el tercer lugar de la cita helénica, Atenas, 2004, fue precisamente Ana Ivis Fernández.

Junto a Ana Ivis, completan el cuadro de las tricampeonas olímpicas del voleibol femenino, Mireya Luis, Marlenys Costa, Idalmis Gato, Lily Izquierdo, Raysa O’Farril, y Regla Torres; todas, sin excepción, fueron baluarte en los títulos obtenidos en Barcelona’ 1992 (Derrotaron en la final al equipo de la Comunidad de Estados Independientes, extinta Unión Soviética, 3 sets a 1: 16-14, 12-15, 15-12, y 15-13), Atlanta’ 1996 (Derrotaron en la final a su similar de China, 3 sets a 1: 14-16, 15-12, 17-15, y 15-6), y en Sídney’ 2000 (Derrotaron a su similar de Rusia, tras perder los 2 primeros sets, con parciales de 25-27, 32-34, 25-19, 25-18, y 15-7). Y, finalmente, con 3 medallas olímpicas, “voleibolísticamente” hablando, encontramos a Yumilka Ruiz (Atlanta’ 1996, Sídney’ 2000, y Atenas’ 2004); mientras que con 2 señalamos a Magalys Carvajal (Barcelona’ 1992 y Atlanta’ 1996), Taimaris Agüero (Atlanta’ 1996 y Sídney’ 2000), Mirka Francia (Atlanta’ 1996 y Sídney’ 2000), y Marta Sánchez (Sídney’ 2000 y Atenas’ 2004).

Con este artículo no pretendo excluir a representante cubana que haya obtenido medalla de Juegos Olímpicos, sino homenajear, titulares o no, a todas ellas que han podido concretar el sueño olímpico, sea la medalla que fuere, en más de una ocasión.

Solo una aclaración: Si excluí alguna multimedallista cubana en citas estivales, primero sepan disculparme porque el olvido ha sido, indefectiblemente, voluntario, y luego, háganme llegar el dato. Se los agradecería.

“Los Juegos Olímpicos, el atletismo, y Cuba”

cubaCuando referimos a la actuación cubana en los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, sin apenas meditar acudimos al boxeo; nadie duda que nuestros representantes en el deporte de las 12 cuerdas, han aportado la mayor cantidad de títulos en el medallero histórico de la isla en citas estivales: Teófilo Stevenson (Munich’ 1972, Montreal’ 1976, y Moscú’ 1980), Félix Savón (Barcelona’ 1992, Atlanta’ 1996, Sídney’ 2000), Ángel Herrera (Montreal’ 1976 y Moscú’ 1980), Héctor Vinent y Ariel Hernández (Barcelona’ 1992 y Atlanta’ 1996), Guillermo Rigondeaux y Mario Kindelán (Sídney’ 2000 y Atenas’ 2004), Orlando Martínez y Emilio Correa (Munich’ 1972), Jorge Hernández (Montreal’ 1976), Juan Bautista Hernández, Andrés Aldama, Armando Martínez, y José Gómez (Moscú’ 1980), Rogelio Marcelo, Joel Casamayor, Juan Carlos Lemus, y Roberto Balado (Barcelona’ 1992), Maykro Romero (Atlanta’ 1996), Jorge Gutiérrez (Sídney’ 2000), Jean Bartelemy, Yuriorkis Gamboa, y Odlanier Solís (Atenas’ 2004), y, en la edición olímpica de Londres’ 2012 que se coronaron Robeysy Ramírez y Rosniel Iglesias.

De las 72 preseas doradas que exhibe Cuba en el medallero histórico de los Juegos Olímpicos, 34 la obtenido sus boxeadores. Recordemos que los 3 títulos de Cuba, por ejemplo, en los juegos de Munich’ 1972, fueron obtenido en el deporte de los puños; de las 6 medallas de oro cubanas, en Montreal’ 1976, 3 las aportaron los boxeadores; 8 títulos en Moscú’ 1980, ¡6 en el cuello de los pugilistas!; y en Barcelona’ 1992, el boxeo, al igual que Cuba que culminó en el quinto lugar por países, acuñó su mejor actuación con 7 primeros lugares, de los 14 obtenidos.

¡Cuánta razón existe al afirmar que el boxeo es la proa de la nave cubana en cualquier evento deportivo múltiple! (Entiéndase Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos).

Pero concentrados en el pugilato, hace que, en ocasiones, olvidemos disciplinas que, en los ya mencionados juegos múltiples, más específicamente, ediciones olímpicos, también han sobresalidos por sus memorables actuaciones. Y, sin dudas, que sin desdeñar el boxeo, tenemos que ovacionar al atletismo, el justamente llamado “Deporte rey” (Aclaro: El fútbol es el “Más universal de los deportes”, al ser la disciplina más expandida en el orbe; pero el atletismo es el “Deporte Rey”, porque es la base de cualquier manifestación pasatiempo donde se ejercite la actividad muscular).

El atletismo cubano, por ejemplo, pudo obtener su primer título olímpico hace más de 110 años, cuando, en los III Juegos, San Luis’ 1904, Félix de la Caridad Carvajal Soto, popularmente llamado “El andarín”, un pobre cartero que ejercía su profesión corriendo endemoniadamente por toda la ciudad de La Habana, a consecuencia, motivado por un hambre atroz, de haber consumido 5 manzanas verdes, arribó en quinto lugar en la modalidad de maratón. “El andarín” lideraba la carrera cuando, a la altura del kilómetro 43, apenas 2 mil metros para llegar victorioso a la meta, su estómago le recordó que para correr es indefectiblemente necesario comer; entonces vio un manzano, subió al árbol, tomó las frutas, aún sin madurar, y las devoró corriendo. Esto provocó, en nuestro personaje, vómitos y males estomacales que, paulatinamente, lo obligó a perder terreno. Carvajal a duras penas obtuvo el lugar número 5, que, tras la descalificación de Fred Lordz, se transformó en cuarto. Es por ello que a Félix Carvajal, el campeón que pudo haber sido y no fue, se le conoce como “El andarín” o “Félix IV”.

A pesar de que nuestro andarín, o “Félix IV”, como deseen llamarle, no concretó medalla olímpica alguna, registró una gran actuación. Fue el primer indicio, indicio complicado, de que el atletismo cubano, y así lo considero yo,  llegaría a planos estelares en ediciones olímpicas. Ese vestigio “andarinesco” lo concretó, 60 años después, Enrique Figuerola, con un asombroso, y meritorio, segundo lugar, en los Juegos de Tokyo’ 1964.

Precisamente esa edición olímpica, Tokyo’ 1964, marcó la llegada del atletismo cubano al medallero olímpico, que, estoicamente, y hasta la fecha, se ha mantenido, registrando, en no pocas ocasiones actuaciones inigualables; por ejemplo, en Montreal’ 1976, Juan Alberto Juantorena Danger se convirtió en el único ser humano capaz de ganar los títulos olímpicos en los 400 y 800 metros planos; en Moscú’ 1980, la jabalinista María Caridad Colón Ruenes se convirtió en la primera mujer latinoamericana en adjudicarse una presea dorada en olimpiadas de verano…

Solo deseo recordar, casi en la víspera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro’ 2016, la actuación del atletismo cubano en ese tipo de eventos. Solo deseo ser justo con una disciplina que, al igual que el boxeo, el judo, el béisbol, desde la época de “El andarín Carvajal” o “Félix IV”, ha sabido destacar el nombre de la isla mayor del archipiélago antillano en los escenarios olímpicos que archiva 10 medallas de oro, 14 subtítulos, y 15 preseas de bronce, para un acumulado de 39 lauros (Esas 10 medallas de oro, sumadas a las 34 del boxeo, dan a conocer que entre el pugilato y el atletismo acumulan 44 títulos, más del 50% de los obtenidos por Cuba, 72 en total, en Juegos Olímpicos).

Tokyo’ 1964

Enrique Figuerola (Plata, 100 metros planos)

México’ 1968

Relevo 4×100 metros masculino (Plata) (Pablo Montes, Hermes Ramírez, Juan Morales, y Enrique Figuerola)

Relevo 4×100 metros femenino (Plata) (Fulgencia Romay, Violeta Quesada, Marlene Elejalde, y Miguelina Cobián)

Munich’ 1972

Silvia Chivás (Bronce, 100 metros planos)

Relevo 4×100 metros femenino (Silvia Chivás, Marlene Elejalde, Carmen Laura Valdés, y Fulgencia Romay)

En esta edición, Silvia Chivás se convierte en la primera mujer cubana en ganar 2 medallas olímpicas.

Montreal’ 1976

Alberto Juantorena (Oro, 400 y 800 metros planos)

Alejandro Casañas (Plata, 110 metros planos)

Moscú’ 1980

María Caridad Colón (Oro, Lanzamiento de la Jabalina)

Alejandro Casañas (Plata, 110 metros planos. Resultado muy polémico porque en foto finish se aprecia, claramente, que el cubano arriba primero a la meta que Thomas Munkelt, de la extinta RDA)

Silvio Leonard (Plata, 100 metros planos)

Luis Mariano Delís (Bronce, Lanzamiento del Disco)

Barcelona’ 1992

Maritza Martén (Oro, Lanzamiento del Disco)

Javier Sotomayor (Oro, Salto de Altura)

Relevo 4×400 masculino (Plata) (Héctor Herrera, Lázaro Martínez, Norberto Téllez, y Roberto Hernández)

Ioamnet Quintero (Bronce, Salto de Altura)

Ana Fidelia Quirot (Bronce, 800 metros planos)

Roberto Moya (Bronce, Lanzamiento del Disco)

Relevo 4×100 metros masculino (Bronce) (Jorge Luis Aguilera, Joel Lamelas, Andrés Simón, y Joel Isasi)

Atlanta’ 1996

Ana Fidelia Quirot (Plata, 800 metros)

Yoelvis Quesada (Bronce, Triple Salto)

Sídney’ 2000

Anier García (Oro, 110 metros con vallas)

Iván Pedroso (Oro, 110 metros con vallas)

Yoel García (Plata, Triple Salto)

Javier Sotomayor (Plata, Salto Alto)

Osleydis Menéndez (Bronce, Lanzamiento de la Jabalina)

Relevo 4×100 metros masculino (Bronce) (Luis Alberto Pérez, Iván García, Freddy Mayola, y José Ángel César)

Atenas’ 2004

Yumisleydis Cumbá (Oro, Lanzamiento de la Bala)

Osleydis Menéndez (Oro, Lanzamiento de la Jabalina)

Yipsy Moreno (Plata, Lanzamiento del Martillo)

Yunaika Crawford (Bronce, Lanzamiento del Martillo)

Anier García (Bronce, 110 metros con vallas)

Beijing’ 2008

Dayron Robles (Oro, 110 metros con vallas)

Yarelis Barrios (Plata, Lanzamiento del Disco)

Yipsy Moreno (Plata, Lanzamiento del Martillo)

Ibrahim Camejo (Bronce, Salto Largo)

Leonel Suárez (Bronce, Decatlón)

Londres’ 2012

Yarisley Silva (Plata, Salto con Pértiga)

Leonel Suárez (Bronce, Decatlón)

Aclaración: No pocos se interesan en el desglose de las medallas de oro cubanas en Juegos Olímpicos, 72 en total, por disciplina deportiva. Acá el dato: Boxeo (34), Atletismo (10), Esgrima (5), Judo Femenino (5), Lucha Grecorromana (5), Lucha Libre (2), Levantamiento de Pesas (2), Taekwondo (1), Judo Masculino (1), y Tiro (1); en deportes colectivos tanto el Voleibol (F) como el Béisbol, acumulan 3 títulos per cápita.

“¡Multiplicar penes!… ¡Amén!”

penesEl evangelio afirma que el acto de multiplicar panes y peces es uno de los milagros de Jesús, que logró con apenas con cinco panes y 2 peces, alimentar a 5 mil hombres, cifra que, obviamente, resulta aproximada. Reitero, y me detengo en el alimento, vital para no pocos, a base de trigo, Jesús solo necesitó cinco panes para satisfacer la necesidad alimenticia de 5 millares de seres humanos.

Jesús, redundo, no solo multiplicó panes, y peces, sino que fue difamado por el señor, ¡como si no bastara Presidente de la República Bolivariana de Venezuela!, Nicolás Maduro Moros que, como si tampoco bastara, expresó públicamente, y cito textual, “así como Cristo multiplicó los penes…”.

Aseguro que la frase anterior provocó, sin lugar a dudas, un sinnúmero de burlas, y, al mismo tiempo, en todo aquel que confía en la ideología bolivariana, un ápice de remota esperanza ante la, muy remota, posibilidad.

¡Multiplicar pene! ¿Se imaginan? Podríamos contar con más de uno, y, evidentemente, al contar con más de uno, aumentaría la posibilidad de procrear. ¡Si Jesús con cinco panes alimentó a 5 mil personas, Maduro con 5 penes duplicaría la población mundial! ¡Les aseguro que con la mencionada cantidad de penes, falos, miembros, bálanos, órganos viriles, los mortales que ocupamos un espacio en el globo terráqueo nos incrementaríamos de 7 mil millones, a 14 o 15 mil millones! ¡Demasiada gente en el planeta tierra, pero un suceso que será imposible de obstaculizar ante tantos falos copulando, aseguro, tan desorganizadamente!

Además, por ejemplo los pertenecientes al sexo masculino, al acceder a más de un pene, alternaríamos su actividad; o sea, el uso sería por etapas, a gusto del usuario, enfocando, y demostrando, nuestro sentido de conservación. Esto sería muy, pero muy útil al arribar a la senectud, entiéndase vejez, donde apreciamos, con dolor infinito que, por la avanzada edad y el uso continuo, el miembro viril va decayendo, hasta el punto de exclamar “mira que cosa, nacimos juntos y falleciste primero”.

También, por ejemplo, y continúo analizando los beneficios de la posibilidad de multiplicar los penes, al tener a mano no uno sino varios, se nos abre la opción de seleccionar, rectifico, que la pareja distinga entre una variada oferta, el pene que más le convenga, atendiendo a sus características físicas. ¡Sería algo así como una mesa buffet!

Se eliminarían las burlas por pequeño, por grande, por delgado, por grueso. No habrá más burlas, o manifestaciones de bullyng, como aquella de “había un pene tan, pero tan, pero tan grande, que tenía prepucio, pucio, y pospucio”.

Confieso que Maduro se está convirtiendo en mi ídolo; aclaro que ya lo es de un octogenario señor, amigo de la casa, que aguarda, con ansias, desenfrenadas e infinitas, el momento en que se multipliquen los penes. Lo que desconozco es si desea poseer más de uno, o hacer un cambio radical del suyo. Ese dato se mantiene incógnito.

Le aplaudo, señor Maduro, su idea, genial, de multiplicar los penes. Y aclaro, no lo expresé yo, lo hizo usted, y públicamente. ¿En qué estaba pensando, dilecto Presidente? ¿Qué estaba pasando por su disparatada mentalidad? Le aseguro que su raciocinio no se ubicaba, precisamente, en orar por el alma de Hugo Chávez para que esta no pene.

“Si no me hubiera llamado Aldo…”

AldoRecordando hoy, 19 de febrero, el aniversario número 71 de mi madre, y su recua pomposa de nombres, Marcelina Gabina Juana de la Caridad Martínez González (“Cachita”, para la barriada, y “Cary”, para sus compañeros de trabajo, o nuestros, porque compartí con la autora de mis días el mismo espacio laboral), me dispuse a analizar qué hubiese sucedido con mi persona si mis padres, Caridad y Alberto, estarían aferrados al santoral católico.

¿Se imaginan? Al grano con esta deducción.

Nací, como muchos conocen, el 27 de junio de 1969, y, para ser más exactos, a las 01.00 de la madrugada. Llegué al mundo con casi 5 kilogramos de peso corporal, y, por lo anterior, el parto de mi madre, “Cachita”, tuvo que ser asistido, además de por un team médico, por los llamados fórceps. ¡Fueron, como especifiqué, casi 5 kilogramos de peso, de los cuáles, kilogramo y medio distribuidos en el tronco y las extremidades (Inferiores y superiores), y 3 kilos y medio, aproximadamente, concentrados y compactos, en la cabeza!

Tengo 4 hermanas, y este dato para que comprendan los motivos de mi nombre, Aldo; ellas, todas mayor que yo, se nombran, cronológicamente, Alicia (1957), Alina (1960), Aleida (1962), y Emelia (1966). Mi padre, Alberto Damián, ansiaba, anhelaba, soñaba, gritaba, con un hijo porque, también, ansiaba, anhelaba, soñaba, gritaba, que de concretarse el suceso, feliz, le pondría de nombre Aldo; lo anterior, se concretó, y en un acto en el que mi progenitor demostró su fidelidad a los procesos democráticos. Mi nombre, Aldo, en solitario, no me disgusta del todo; es el que me ha acompañado durante mis casi 46 años de vida, y, por sobre todo, nunca, nunca me lo cambiaría, porque sería faltar a la voluntad de mi padre que, esperó, casi 12 años, desde el nacimiento de mi hermana Alicia, el 16 de diciembre de 1957, para gritarle a los 4 vientos, sean estos huracanados o no, “tengo un hijo que se llama Aldo”; y supo esperar, porque en el año de mi arribo feliz, 1969, hasta el último minuto, los familiares, sin excepción, mantenían la duda acerca del sexo del nuevo miembro del núcleo.

Me llamo Aldo Luberta Martínez, Aldo en solitario, y, como ya saben, nací el 27 de junio. Me llamo Aldo, repito, porque mi padre así lo decidió, no obstante, analizo las consecuencias de haber sido él, Alberto, y/o ella, “Cachita” o “Cary”, apegados al santoral católico.

Según investigaciones, el mencionado santoral, quien ha convertido a muchos en el centro de burlas, marca el 27 de junio como el día de no pocos santos; ¿por ejemplo? El 27 de junio, además porque son muchos, es el día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, de San Anecto de Cesarea (Muy irónico, porque se me ocurre pensar que cesárea, no cesarea, fue precisamente lo que no le fue aplicada a mi madre en su primer alumbramiento), de San Crescencio, de San Arialdo (Este es el que más se asemeja a mi nombre), de San Cirilo, San Ladislao, San Zoilo, y San Sasón;  también, además, se recuerda a los beatos Bienvenido de Gubbio y Margarita Bays.

Aseguro que, sin haber concluido la lectura de esta inspiración, muchas y muchos, para no excluir a los masculinos, están esbozando una sonrisa porque, sin ser adivinos ni tener poderes sobrenaturales, pueden, tácitamente, predecir lo que se avecina.

¿Qué se avecina? Pues las supuestas combinaciones de mi nombre, dando por hecho de que mi madre y mi padre hubiesen sido acérrimos apegados al santoral católico.

De no ser Aldo, en solitario porque nada más me señala ese nombre, yo fuera Anecto Crescencio del Perpetuo Socorro, o Arialdo Zoilo Lasdislao, o Bienvenido Margarito Cirilo Sansón…

En pocas palabras, agradezco, infinitamente, el que mi padre, democráticamente, en una decisión tomada entre él y su yo interno, haya decidido nombrarme Aldo, que, si bien es cierto afirmé que no me agrada del todo, ya me fascina tras deducir las combinaciones de apelativos que, pacientemente, aguardaban por mí.

¡En fin agradezco el hecho de llamarme Aldo! De llamarme no, de que me llamen, porque el día que yo me llame, a gritos o no, estaré a escasos centímetros del Hospital Neuropsiquiátrico, acá en Asunción, o de Mazorra, en la capital de todas las cubanas y cubanos.

Para la conclusión analizo otra ironía, pero no de mi nombre, Aldo en solitario, como he dicho hasta el cansancio, sino del día de mi nacimiento: 27 de junio.

Cada 27 de junio se señala como el Día Mundial de la Sordoceguera, en homenaje al natalicio de Helen Keller (Alabama, 27 de junio de 1880 – Connecticut, 1 de junio de 1968), quién, a pesar de su padecimiento, se convirtió en oradora, escritora, y, como si no bastara, en activista política.

Reconozco, como consecuencia de mi profusa incredulidad, que si no constato, a través de archivos históricos, literarios y audiovisuales, la vida de tan ilustre personalidad, pensaría que todo sería un mito, una leyenda, nacida de una imaginación, abundante, solo comparada, por ejemplo, a la de Julio Verne o Ray Bradbury.

La ironía de la fecha de mi nacimiento, 27 de junio, se debe a que no me acompaña la sordoceguera, sino la tartamudez, y por tal motivo debí haber nacido el 22 de octubre, no el 27 de junio. En el año 1998, fue creado, y así se nombra, el Día Internacional del Conocimiento de la Tartamudez, aunque no especifica qué tartamudo afamado nació en la fecha.

Solo un dato curioso, y ya finalizo porque se me van a aburrir, ¿conocen a Lewis Carrol? Lewis Carrol, nombre artístico de Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Cheshire, Reino Unido, 27 de enero de 1832 – Guildford, Surrey, Reino Unido, 14 de enero de 1898), es el autor de “Alicia en el país de las maravillas”; Lewis Carrol padecía de tartamudez; o sea, el susodicho era zazoso, gago, farfalloso, además de diácono anglicano, fotógrafo, lógico, matemático, y escritor. Como pueden ver, al tocayo de Charles Aznavour, poco le importaba imitar la invención de Samuel Morse, aunque, como consecuencia  de su disfemia o disfluencia en el habla, no pudo acceder al sacerdocio.

¡Si es en esta época, el caso de mi tocayo, atendiendo a la falencia comunicacional, hubiera trascendido, a través de los medios de comunicación, impresos y audiovisuales, y redes sociales, y los que cometieron acto tal vil de discriminación se hubieran visto sentados en el banquillo allá en La Haya, no en La Maya! recuerden que esta última se ubica en territorio de Santiago de Cuba.

Concluyendo, debí haber nacido el 22 de octubre, un día después del cumpleaños de mi abuela materna, Esperanza Hilaria, y no el 27 de junio, aunque, y es llamativo, una señora, la que no puedo mencionar porque no conozco, detuvo mi andar por la calle Infanta, me encaminaba a Radio Progreso, y me dijo, sin ton ni son, que soy hijo de Shangó y La Caridad del Cobre, además de hijo de Caridad Martínez, y mi número de la suerte es el 4, o cualquiera de sus combinaciones; o sea, 4, 13, 31, 40, 22… No nací el 22 de octubre, pero el 22 me persigue como combinación de 4.

“Feliz día, madre querida”

caridadSegún la historia, el 19 de febrero de 197, el emperador Septimio Severo (Pobre infeliz con ese nombre) derrotó al usurpador Clodio Albino (Vaya otro con inscripción nefasta), en la batalla de Lugdunum, la más sangrienta, entre los ejércitos romanos; consta en archivos, históricos obviamente, que el 19 de febrero de 1878, Tomás Alba Edison patentó el fonógrafo (Recuerdo que cuando era niño en casa había un tocadiscos, que metía unos corrientazos horripilantes, de la marca RCA VÍCTOR. Aclaro que la marca era del tocadiscos no de los corrientazos; y el aparato tenía un fonógrafo con un perrito); también el crono asegura que el 19 de febrero de 1928, en Asunción, ciudad donde resido hace casi 9 años, se fundó el Partido Comunista Paraguayo.

El 19 de febrero, por ejemplo, nació Nicolás Copérnico (1473), José Eustasio Rivera (1888) (Confieso que prefiero llamarme Septimio o Clodio), y Cristina Fernández viuda de Kirchner (1953); también un 19 de febrero, dijeron adiós a la existencia terrenal el escritor Horacio Quiroga (1937), Bon Scott, cantante de ACDC (1980), y Deng Xiaoping (1997) (Dice acá que fue un líder chino. ¿Chino? Llegué a pensar que era nativo de Uganda o Burundi).

Los mexicanos, por su parte, cada 19 de febrero celebran el Día del Ejército, y los tailandeses, por su parte, el Día del Makha Bucha (Parece una ofensa o algo así. Fácilmente podemos expresar cuando estamos enojados con alguien: ¡Vete a lavar el Makha Bucha!).

Hoy, 19 de febrero, expresa el santoral católico que el día de San Gabino, de San Bonifacio de Lausana, y de San Quodvuldeo (Afortunado el que se nombre Septimio o Clodio. Si, al nacer, me hubiesen nombrado Quodvuldeo, nunca hubiera salido a la calle. ¿Se imaginan? Quodvuldeo Luberta Martínez).

Todo lo anterior, sin dudas, es parte de la historia universal; todo lo anterior, insisto, marcó un hito, y, por ende, encumbró el 19 de febrero en el calendario del orbe. No obstante, y solo basta que se registre en mi hoja de vida, existe un 19 de febrero que, indefectiblemente, pauta algo así como un guardacantón, en mi realidad.

Su primer llanto se escuchó el 19 de febrero de 1944 (Año bisiesto), y fue bautizada como Marcelina Gabina Juana de la Caridad Martínez González (Recuerden que hoy es el Día de San Gabino); esa niña, recién nacida, poco más de 25 años después, junio de 1969, sería la autora de mis días, y, un lustro y 6 meses, posterior a mi nacimiento, diciembre de 1974, se empeñó en que yo tuviese un hermano.

Marcelina Gabina Juana de la Caridad (Pomposo nombre reducido, frenéticamente, a “Cachita” o “Cary”), es mi madre, y, como pueden notar, hoy, 19 de febrero de 2015, arriba a sus primeros 71 añitos de vida.

“Cachita” para la barriada (Cuando era niño se me antojó que “Cachita”, composición del boricua Rafael Hernández, fue en su honor), y “Cary”, para los que por espacio de 51 años compartieron labores en nuestra casa azul de Infanta 105, es, como saben, como especifiqué, mi madre.

Mi madre que ha sabido ser madre; mi madre que sonrió y sufrió, ¿por qué no decirlo?, por mí y junto a mí; mi madre que, a pesar de su entorno, desconoce, al máximo, cualquier detalle deportivo (Aunque en una ocasión le dijimos que Capablanca había peleado con Stevenson y nos mandó “al buen vivir”, no sin antes darnos a conocer que el primero había brillado en el juego ciencia… ¡No está tan perdida la “Cachita”, o la “Cary”, como mejor quieran llamarle); mi madre, tan inteligente como distraída; mi madre, tan especial como indispensable… Así es mi madre, esa madre que no abrazo desde el 5 de marzo de 2006, y que, tras un cálido, triste, e inolvidable, “cuídate, mijo”, rompió a llorar. Así es mi madre; esa madre que, en el año 2007, luchó, enconadamente, por mantenerse entre nosotros. Así es mi madre, y la vida, además, me premió con mi madre.

Feliz día, vieja querida. Felicidades. Hoy es tu día, aunque no tu día no haya trazado un hito en la historia universal. Disfruta aunque estemos lejos, los nuestros de allá se lo merecen, y nosotros, los de acá, entre los que me incluyo, nos merecemos saber que pasaste un día feliz.

Gracias por todo, jovenzuela.

“¡3 gagos en un solo pelotón!”

emccEn 1984, año, y lo voy a repetir hasta el último de mis días, en que, felizmente, comencé como aprendiz de oficial de las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias en la EMCC de Capdevila, la población cubana arribó a la astronómica cifra de 10 millones de habitantes.

Con mucha alegría, campaña mediática de por medio, se festejó el acontecimiento. ¡Hasta el grupo “Afrocuba”, ese tocaba “con una lata y un palo/ lalalalalalalala”, lo plasmó en una canción!

Creo que demasiado alboroto por algo que debió ser un llamado de atención por la escasez, ya palpable, de materiales de construcción y otros insumos. 10 millones de seres humanos, considero, una cuantía excesiva para un espacio geográfico pequeño, más largo que ancho; 10 millones de gente repartidas, como suele suceder, en las principales ciudades, fundamentalmente por la capital, que en el caso de Cuba, Ciudad de la Habana es la más pequeña de las provincias. Por eso, en 1983, los Van Van, de Juan Formell (1942-2014), pusieron de moda “La Habana no aguanta más”, y, aunque no en los medios sino a sotto voce por la alusión a Celia Cruz y su grito ¡Azúca!, “No hay cama pá tanta gente”, en la versión del Gran Combo de Puerto Rico, liderado por Rafael Ithier, se volvió un himno.

Es muy poco común, cuando se archiva un número poblacional tan alto, que confluyan en un mismo espacio personas con características muy particulares, a no ser que, por alguna razón, sean convocados.

Les pongo ejemplos, y ruego no malinterpreten, por lo que pido que no se tome a manera de burla; estos ejemplos que expondré solo son para fomentar el motivo de este artículo.

A ver, si convocan a una reunión de daltónicos, se concentrarán cientos de daltónicos; si convocan a reunión de liliputienses, acudirán cientos de liliputienses; en la llamada “Casa de los Gordos”, allá por Centro Habana, siempre veíamos a personas pasadas de peso, por el simple hecho de que en ese lugar la oferta de ropa, aunque no muy variada, se adecuaba a la masa corporal que poseían.

Pero sucede que ese memorable 23 de agosto de 1984, y sin convocatoria alguna, en el pelotón #6, de la compañía #2, iniciaron, iniciamos para ser exactos, la vida preuniversitaria, nada más y nada menos que… ¡3 gagos!

Muy, pero muy llamativo el hecho. ¿Verdad?

Los tartamudos eran, éramos rectifico, Oscar (Del que no recuerdo el apellido, vaya mala memoria que tengo, pero le decíamos “Oscarito”, por su complexión física pequeña y delgada), Mario Betancourt Echeverría (Alias “Mayito” o “Fosfato”, después voy a explicar los motivos del segundo alias, porque los del primero son obvios), y un servidor, Aldo Luberta Martínez.

Con “Oscarito” y “Mayito”, o “Fosfato”, se me repetía, en parte, la experiencia de la secundaria; estudié en la ESBU “José Antonio Echeverría”, sita en Ciudad Escolar Libertad, donde, todo el lapso, 1981-1984, estuve acompañado por… ¡Una tartamuda! Mi compañera, con verbo tan intermitente como el mío, se nombra Tama Ortega.

¡La vida no solo me había premiado con ser tartamudo, sino que se había encargado de hacerme acompañar por otros tartamudos, supongo que para que no me sienta tan solo en mi existencia terrenal!

Como les narraba, éramos 3 gagos, y cada uno con una manera muy peculiar de manifestar su falencia verbal. “Oscarito”, por ejemplo, y lo reconozco, era el que menos se “enclochaba”, pero cuando sucedía… ¡Pobre hombre de Dios! Comenzaba a mover, frenéticamente, la cabeza hacia delante y hacia atrás. ¡Como el baile clásico de los rockeros, para aquellos que no me comprenden!

“Mayito”, por su parte, podía estar hablando horas sin tartamudear, pero si aparecía la letra “F” todo se convertía en sal y agua. La letra “F” era el Talón de Aquiles de “Mayito”; una letra tan indispensable, tanto como el oxígeno, en el argot escolar. Vocablos como “Profesora”, “Geografía”, “Fosfato”, de ahí el sobrenombre… ¡Un día se las vio negras gritando, en un acto político “Viva Fidel”! Y cuando se trababa, profusamente con la letra “F”, hacía silencio, repetía en voz baja la frase, y la expresaba, más despacio, y con cierto éxito, en alta voz. O sea, hablar con él se transformaba en algo interminable por la “Ffffffffffffffff” que le caracterizaba, el silencio que proseguía, y la exclamación final. Debido al proceso descrito anteriormente, una frase de “Mayito”, o “Fosfato”, podía durar entre 2 minutos y 2 minutos y medio, demasiado para una entidad militar donde todas las actividades era cronometradas.

Finalmente, estaba yo, yo, como una especie de “Yo, Claudio”, “Yo, Aldo” sería la versión “capdevileña”, que, sin más allá ni más acá, sin darle más vueltas a la noria, soy, porque lo sigo siendo, el tartamudo clásico. Ese que le viene bien cualquier letra, cualquier sílaba, cualquier frase, para dar a conocer que no solo es tartamudo, sino que es tartamudo de raza, de cepa, de ralea… ¡Si yo fuera perrito, de la raza tartamudo, me agarrarían por el cuello y no chillara!

De los 3 expuestos, según mi poder de análisis, el más tartamudo era yo; y de los 3, también según mi poder de análisis, al que menos le importaba tartamudear era yo.

Si algo aprendí de chiquito (Sí, porque llevo tantos años siendo tartamudo que ahorita me otorgan la jubilación), fue, precisamente, a eso: A tartamudear sin pena. No me importan las burlas ni algo que se parezca. Los que han rodeado a través del tiempo se han acostumbrado a mi tartamudez, aunque, como suele suceder, siempre hay su excepción, y la excepción en tierras “capdevilianas” fue el recordado subteniente Humberto Ubals, y lo de recordado lo expreso sin ningún tipo de rencor aunque en su momento me hizo sentir mal.

Desde la primera ocasión en que reclamó por zambrán flojo disfrutó del defecto comunicacional que es parte de mi personalidad:

– Compañero sub… Sub… Sub… Sub (No pude terminar de decir Subteniente, aunque me lo propuse con una marcialidad que sobrepasa los límites de la imaginación).

– ¿Qué le pasa, alumno? ¿Está nervioso?

– Es que soy tartamudo.

Esa primera vez fue mi sentencia, porque cada vez que Ubals tenía la oportunidad me ordenaba dar parte. ¡Hasta de cuartelero de baño, cuando solo el clase de cuartel lo hacía!

Él manifestaba hacía mi persona cierto rechazo, y lo manifiesto recordando el siguiente intercambio de palabras:

– ¿Y esa cara, Luberta?- me preguntó

– Estoy mal. Suspendí Química, solo tengo el extraordinario, si suspendo de nuevo, me sacan.

– Tienes que estudiar.

– Eso hago, pero no me entra la química. La profesora Gisela no me tiene paciencia, ni yo a ella. (Gisela alias “Sudorípara” esposa de otro profesor, también de química, que le decían “El leproso”).

– ¿Tú sabes lo que pasa?- me preguntó asumiendo total expresión de burla- Es que tú tienes gago hasta el pensamiento. Vete a hacer chistecitos con tu papá en el radio, porque para los brutos y para los gagos no hay chance en las FAR. ¡Tú ni el parte puedes dar, Luberta! Y no me mires así que te lo digo por tu bien. Te vas con tu papá, te pones a hacer chistes, y vas a tener éxito porque los gagos siempre dan risa.

Nunca más lo vi, pero si lo encuentro le doy un abrazo, y le expreso mi gratitud por su profecía, que se cumplió el de 2 diciembre de 1988, cuando el Consejo del CEM, de la Escuela Interarmas de las FAR “Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo, decidió que el cadete Aldo Luberta Martínez, estudiante de 2do año de Ingeniería Mecánica en Tanque y Transporte, tenía que causar baja del centro porque, y cito textual, “su personalidad no es acorde con los principios éticos que se inculcan en nuestra casa de altos estudios”.

Fue como un homenaje a las FAR el haberse librado de mí el 2 de diciembre de 1988, y, se me antoja, que también fue un homenaje a la EMCC de Capdevila porque junto a mí fueron conminados a salir del CEM Alexis Suárez y Oscar Luis Pomares Iturrralde; ellos, también, iniciaron sus pasos como aprendiz de militar el ya lejano 23 de agosto de 1984, en los predios liderados por el entonces mayor José Manuel Rodríguez Corcho.

“Mi homenaje a ‘El gigante del Escambray”

Antonio-MunozDaba gusto escuchar a Enrique Capetillo, desde su “Palco 211” o no. De hablar, y andar, pausado, “El Tillo”, como solía decirle, fallecido en el mes de agosto de 1999 a consecuencia de un padecimiento coronario, era dado a las amenas conversas. “¿Por qué me dices ‘Tillo’?”, me inquirió, sonriente, en cierta ocasión; “Te dicen ‘Cape’, ¿tiene algo de malo que te diga ‘Tillo’?”, le respondí, también con una sonrisa. Sabía que iba a Radio Progreso, los lunes a la tarde, para grabar su sección deportiva para la revista “A primera hora”, y siempre buscaba tener un motivo para acosarle. En no pocas ocasiones solía visitar el estudio 6, donde me desempeñaba como grabador del programa “Ritmos”, para, de esta forma, saludar al equipo de realización, sobre todo a Jesús López Gómez, maestro de locutores. “López y yo somos amigos de corazón”, comentó sonriente, en cierta ocasión; “además de ser antiguos compañeros de trabajo, compartimos el mismo cardiólogo. Aquella ocurrencia hizo que, todos los presentes, estalláramos a carcajadas, sobre todo López Gómez que era poseedor de una muy contagiante risa. Si no reías de la broma, lo hacías escuchándolo. Jesús López Gómez, “El viejo”, “El papa”, dejó de existir el 28 de junio de 1998; “El Tillo”, apenas le sobrevivió un año. Enrique Capetillo abandonó, para siempre, su “Palco 211”, reitero, en agosto de 1999.

Y rememoro a estos 2 grandes de los medios cubanos, a raíz de la enfermedad pulmonarAntonio-Muñoza que aquejó, hace poco más de un año, a Antonio Muñoz, “El gigante del Escambray”, según el decir de Bobby Salamanca, otro de los buenos en el arte de comunicar.

– ¿Quieres que te diga una cosa, Aldito?- me dijo “El Tillo” en una de las sesiones donde le dábamos duro a la sinhueso- Se habla de Kindelán, de Junco, de Romelio, de “Cheíto”, de Muñoz; se habla también de grandes batazos, pero te digo una cosa. El batazo más grande que he visto en mi vida lo dio Muñoz, en el estadio “Guillermón Moncada”, por allá por 1969. Con bate de madera la sacó por encima del techo.

De Muñoz, que con justeza fue exaltado el Salón de la Fama del Béisbol Cubano, recuerdo mucho. Fue un jugador inolvidable en todos los sentidos. Su elegancia en el terreno, su cortesía para con los contrarios, su manera de colocarse en home, su hábito de acomodarse las mangas de la camisa antes de consumir su turno al bate, y, por supuesto, su número 5.

– “El gigante del Escambray” encuentra la guardarraya limpia- comentaba Bobby Salamanca, desde las frecuencias de Radio Rebelde, si Muñoz no hallaba corredores en circulación- Y viene “el gigante del Escambray”, los tándems están repletos- decía entonces si en cada posición anotadora se encontraba un compañero de equipo.

munoz-popularidadLourdes Gourriel es, sin dudas, uno de los bateadores más sensacionales que se ha podido en Series Nacionales; no obstante, la oportunidad de Muñoz también se puso a prueba, por ejemplo, cuando en 1980, en el Campeonato del Mundo celebrado en Japón, conectó, en el séptimo inning, contra la selección ipona, un largo home run por el jardín derecho, para decidir el partido que le dio a Cuba la posibilidad de discutir la medalla de oro ante Estados Unidos; ese juego concluyó 1-0, y la victoria cubana la obtuvo Braudilio Vinent, “El meteoro de La Maya”; Yukio Takemoto, por su parte, si mi memoria no de traiciona, el tercer lanzador que empleó el team nacional del país sede, cargó con la derrota.

Casi una década después, en la Serie Selectiva de 1989, y en las postrimerías de su carrera deportiva, y ante los envíos de Rafael Gómez Mena, decidió el primer partido del play off Ciudad de la Habana- Las Villas, en el estadio Latinoamericano, icono del béisbol cubano, y cuartel general de los equipos capitalinos. Lo que se traduce que “El gigante del Escambray” fue irreverente con el público habanero, conectando un decisivo cuadrangular en su propio patio. Ganaba el campeonato quien venciera 2 juegos, en serie extra. Las Villas relegó a Ciudad de la Habana al vencer en el “Latinoamericano”, de visitante; y, posteriormente, en el “Genaro Melero”, sito en la ciudad de Jatibonico, Sancti Spiritus, aprovechado su condición de home club.

descargaCasualmente, en esa Serie Selectiva, lo vi llorar, por única vez, y lo sucedido, aún me resulta inexplicable, a pesar del tiempo transcurrido. Quisiera preguntarle a Muñoz, ¿qué pasó?; o interrogar a Rafael Orlando Acebey para que me explique los motivos que le condujeron a asumir una actitud tan antideportiva, contra alguien que se había destacado, en nuestro beisbol, además, por poseer una elevada actitud deportiva.

Es domingo. Doble juego entre Ciudad de la Habana vs Las Villas. El equipo de la capital había ganado la noche anterior, si vence en uno de los 2 partidos dominicales todo acaba, y el sueño, tan largamente acariciado, por los de la principal urbe cubana, de ser titulares en una Serie Selectiva, se podía cumplir. Una doble derrota, algo impensado pero factible, tal y como sucedió, provocaría un empate en la clasificación, y el posterior desarrollo de una serie de play off. El primer partido con altas y bajas. El primer partido colmado de discusiones. Roberto Almarales le pega la bola a Lázaro Vargas, lo que provoca una caldeada discusión, y, a su vez, la expulsión de ambos; Rolando Verde tiene que sustituir a Vargas en la antesala. Continúa el juego. Rolling por tercera. Rafael Orlando Acebey, excelente fildeador, captura en posición incómoda, lanza a primera, pero Muñoz no puede conseguir atrapar el lanzamiento, y el corredor es quieto en primera base. Y con el grito de “safe” comienza lo que, al menos para mí, nunca se había visto en el béisbol. Acebey, visiblemente molesto, comienza a proferir insultos, no me consta pero lo supongo por el desenlace final, contra Antonio Muñoz; mientras más grita Acebey, Muñoz intenta ofrecerle disculpas; disculpas que no aceptó el tercera base, y abandonó el partido; y al abandonar el partido, las lágrimas de un Antonio Muñoz, impotente ante la injustica de la que había sido víctima.

Nunca comprendí la situación, y aunque me la expliquen creo que tampoco voy a entender la molestia, extrema, contra alguien que, dentro, y fuera, de un terreno de juego; vistiendo, lo mismo, su uniforme en Series Nacionales, Series Selectivas, o Series internacionales, había sido señalado con el único calificativo de CABALLERO.

munoz-cheitoLa única ocasión en que vi a Antonio Muñoz perder, en todo el sentido de la palabra, los estribos, fue, ante República Dominicana, durante los Juegos Panamericanos realizados en Caracas, Venezuela, en 1983. Esa imagen de “El gigante del Escambray” bate en mano, cuan mambí a la carga al machete, corriendo detrás del pitcher tras ser golpeado por lanzamiento, con el cátcher quisqueyano, a las espaldas, o Víctor Mesa, no recuerdo, es inolvidable.

– Había golpeado a otros compañeros- aseguró Muñoz en una entrevista- Le grité que tuviera cuidado conmigo. Me pegó. En un inicio yo no iba a reaccionar, pero me dio rabia que, cuando me le quedé mirando, tras el pelotazo, se echara a correr. Ahí no aguanté y le fui atrás. Es de las pocas veces que me han expulsado de un juego.