“¡3 gagos en un solo pelotón!”

emccEn 1984, año, y lo voy a repetir hasta el último de mis días, en que, felizmente, comencé como aprendiz de oficial de las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias en la EMCC de Capdevila, la población cubana arribó a la astronómica cifra de 10 millones de habitantes.

Con mucha alegría, campaña mediática de por medio, se festejó el acontecimiento. ¡Hasta el grupo “Afrocuba”, ese tocaba “con una lata y un palo/ lalalalalalalala”, lo plasmó en una canción!

Creo que demasiado alboroto por algo que debió ser un llamado de atención por la escasez, ya palpable, de materiales de construcción y otros insumos. 10 millones de seres humanos, considero, una cuantía excesiva para un espacio geográfico pequeño, más largo que ancho; 10 millones de gente repartidas, como suele suceder, en las principales ciudades, fundamentalmente por la capital, que en el caso de Cuba, Ciudad de la Habana es la más pequeña de las provincias. Por eso, en 1983, los Van Van, de Juan Formell (1942-2014), pusieron de moda “La Habana no aguanta más”, y, aunque no en los medios sino a sotto voce por la alusión a Celia Cruz y su grito ¡Azúca!, “No hay cama pá tanta gente”, en la versión del Gran Combo de Puerto Rico, liderado por Rafael Ithier, se volvió un himno.

Es muy poco común, cuando se archiva un número poblacional tan alto, que confluyan en un mismo espacio personas con características muy particulares, a no ser que, por alguna razón, sean convocados.

Les pongo ejemplos, y ruego no malinterpreten, por lo que pido que no se tome a manera de burla; estos ejemplos que expondré solo son para fomentar el motivo de este artículo.

A ver, si convocan a una reunión de daltónicos, se concentrarán cientos de daltónicos; si convocan a reunión de liliputienses, acudirán cientos de liliputienses; en la llamada “Casa de los Gordos”, allá por Centro Habana, siempre veíamos a personas pasadas de peso, por el simple hecho de que en ese lugar la oferta de ropa, aunque no muy variada, se adecuaba a la masa corporal que poseían.

Pero sucede que ese memorable 23 de agosto de 1984, y sin convocatoria alguna, en el pelotón #6, de la compañía #2, iniciaron, iniciamos para ser exactos, la vida preuniversitaria, nada más y nada menos que… ¡3 gagos!

Muy, pero muy llamativo el hecho. ¿Verdad?

Los tartamudos eran, éramos rectifico, Oscar (Del que no recuerdo el apellido, vaya mala memoria que tengo, pero le decíamos “Oscarito”, por su complexión física pequeña y delgada), Mario Betancourt Echeverría (Alias “Mayito” o “Fosfato”, después voy a explicar los motivos del segundo alias, porque los del primero son obvios), y un servidor, Aldo Luberta Martínez.

Con “Oscarito” y “Mayito”, o “Fosfato”, se me repetía, en parte, la experiencia de la secundaria; estudié en la ESBU “José Antonio Echeverría”, sita en Ciudad Escolar Libertad, donde, todo el lapso, 1981-1984, estuve acompañado por… ¡Una tartamuda! Mi compañera, con verbo tan intermitente como el mío, se nombra Tama Ortega.

¡La vida no solo me había premiado con ser tartamudo, sino que se había encargado de hacerme acompañar por otros tartamudos, supongo que para que no me sienta tan solo en mi existencia terrenal!

Como les narraba, éramos 3 gagos, y cada uno con una manera muy peculiar de manifestar su falencia verbal. “Oscarito”, por ejemplo, y lo reconozco, era el que menos se “enclochaba”, pero cuando sucedía… ¡Pobre hombre de Dios! Comenzaba a mover, frenéticamente, la cabeza hacia delante y hacia atrás. ¡Como el baile clásico de los rockeros, para aquellos que no me comprenden!

“Mayito”, por su parte, podía estar hablando horas sin tartamudear, pero si aparecía la letra “F” todo se convertía en sal y agua. La letra “F” era el Talón de Aquiles de “Mayito”; una letra tan indispensable, tanto como el oxígeno, en el argot escolar. Vocablos como “Profesora”, “Geografía”, “Fosfato”, de ahí el sobrenombre… ¡Un día se las vio negras gritando, en un acto político “Viva Fidel”! Y cuando se trababa, profusamente con la letra “F”, hacía silencio, repetía en voz baja la frase, y la expresaba, más despacio, y con cierto éxito, en alta voz. O sea, hablar con él se transformaba en algo interminable por la “Ffffffffffffffff” que le caracterizaba, el silencio que proseguía, y la exclamación final. Debido al proceso descrito anteriormente, una frase de “Mayito”, o “Fosfato”, podía durar entre 2 minutos y 2 minutos y medio, demasiado para una entidad militar donde todas las actividades era cronometradas.

Finalmente, estaba yo, yo, como una especie de “Yo, Claudio”, “Yo, Aldo” sería la versión “capdevileña”, que, sin más allá ni más acá, sin darle más vueltas a la noria, soy, porque lo sigo siendo, el tartamudo clásico. Ese que le viene bien cualquier letra, cualquier sílaba, cualquier frase, para dar a conocer que no solo es tartamudo, sino que es tartamudo de raza, de cepa, de ralea… ¡Si yo fuera perrito, de la raza tartamudo, me agarrarían por el cuello y no chillara!

De los 3 expuestos, según mi poder de análisis, el más tartamudo era yo; y de los 3, también según mi poder de análisis, al que menos le importaba tartamudear era yo.

Si algo aprendí de chiquito (Sí, porque llevo tantos años siendo tartamudo que ahorita me otorgan la jubilación), fue, precisamente, a eso: A tartamudear sin pena. No me importan las burlas ni algo que se parezca. Los que han rodeado a través del tiempo se han acostumbrado a mi tartamudez, aunque, como suele suceder, siempre hay su excepción, y la excepción en tierras “capdevilianas” fue el recordado subteniente Humberto Ubals, y lo de recordado lo expreso sin ningún tipo de rencor aunque en su momento me hizo sentir mal.

Desde la primera ocasión en que reclamó por zambrán flojo disfrutó del defecto comunicacional que es parte de mi personalidad:

– Compañero sub… Sub… Sub… Sub (No pude terminar de decir Subteniente, aunque me lo propuse con una marcialidad que sobrepasa los límites de la imaginación).

– ¿Qué le pasa, alumno? ¿Está nervioso?

– Es que soy tartamudo.

Esa primera vez fue mi sentencia, porque cada vez que Ubals tenía la oportunidad me ordenaba dar parte. ¡Hasta de cuartelero de baño, cuando solo el clase de cuartel lo hacía!

Él manifestaba hacía mi persona cierto rechazo, y lo manifiesto recordando el siguiente intercambio de palabras:

– ¿Y esa cara, Luberta?- me preguntó

– Estoy mal. Suspendí Química, solo tengo el extraordinario, si suspendo de nuevo, me sacan.

– Tienes que estudiar.

– Eso hago, pero no me entra la química. La profesora Gisela no me tiene paciencia, ni yo a ella. (Gisela alias “Sudorípara” esposa de otro profesor, también de química, que le decían “El leproso”).

– ¿Tú sabes lo que pasa?- me preguntó asumiendo total expresión de burla- Es que tú tienes gago hasta el pensamiento. Vete a hacer chistecitos con tu papá en el radio, porque para los brutos y para los gagos no hay chance en las FAR. ¡Tú ni el parte puedes dar, Luberta! Y no me mires así que te lo digo por tu bien. Te vas con tu papá, te pones a hacer chistes, y vas a tener éxito porque los gagos siempre dan risa.

Nunca más lo vi, pero si lo encuentro le doy un abrazo, y le expreso mi gratitud por su profecía, que se cumplió el de 2 diciembre de 1988, cuando el Consejo del CEM, de la Escuela Interarmas de las FAR “Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo, decidió que el cadete Aldo Luberta Martínez, estudiante de 2do año de Ingeniería Mecánica en Tanque y Transporte, tenía que causar baja del centro porque, y cito textual, “su personalidad no es acorde con los principios éticos que se inculcan en nuestra casa de altos estudios”.

Fue como un homenaje a las FAR el haberse librado de mí el 2 de diciembre de 1988, y, se me antoja, que también fue un homenaje a la EMCC de Capdevila porque junto a mí fueron conminados a salir del CEM Alexis Suárez y Oscar Luis Pomares Iturrralde; ellos, también, iniciaron sus pasos como aprendiz de militar el ya lejano 23 de agosto de 1984, en los predios liderados por el entonces mayor José Manuel Rodríguez Corcho.

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Un comentario sobre ““¡3 gagos en un solo pelotón!”

  1. mire compadre,ud. es tan buena persona como todos los de su familia..lo conozco de niño…lo he visto correr …..andar… reir,,,hacer un discurso el dia de los padres….le he oído hablar….y nunca me di cuenta de ese detalle…..así que las FAR….perdió,posiblemente tener en sus filas a uno de los mejores hombres con tremenda condición humana….sirva esto para ti y toda tu familia…que es mía también…porque ahora en la distancia entiendo el slogan de Radio Progreso”la emisora de la familia cubana”….claro…..porque todos y todas, con berrinches incluidos….eramos eso….FAMILIA.(30 años….casi nada).
    Gracias por tus escritos.

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