“¡Multiplicar penes!… ¡Amén!”

penesEl evangelio afirma que el acto de multiplicar panes y peces es uno de los milagros de Jesús, que logró con apenas con cinco panes y 2 peces, alimentar a 5 mil hombres, cifra que, obviamente, resulta aproximada. Reitero, y me detengo en el alimento, vital para no pocos, a base de trigo, Jesús solo necesitó cinco panes para satisfacer la necesidad alimenticia de 5 millares de seres humanos.

Jesús, redundo, no solo multiplicó panes, y peces, sino que fue difamado por el señor, ¡como si no bastara Presidente de la República Bolivariana de Venezuela!, Nicolás Maduro Moros que, como si tampoco bastara, expresó públicamente, y cito textual, “así como Cristo multiplicó los penes…”.

Aseguro que la frase anterior provocó, sin lugar a dudas, un sinnúmero de burlas, y, al mismo tiempo, en todo aquel que confía en la ideología bolivariana, un ápice de remota esperanza ante la, muy remota, posibilidad.

¡Multiplicar pene! ¿Se imaginan? Podríamos contar con más de uno, y, evidentemente, al contar con más de uno, aumentaría la posibilidad de procrear. ¡Si Jesús con cinco panes alimentó a 5 mil personas, Maduro con 5 penes duplicaría la población mundial! ¡Les aseguro que con la mencionada cantidad de penes, falos, miembros, bálanos, órganos viriles, los mortales que ocupamos un espacio en el globo terráqueo nos incrementaríamos de 7 mil millones, a 14 o 15 mil millones! ¡Demasiada gente en el planeta tierra, pero un suceso que será imposible de obstaculizar ante tantos falos copulando, aseguro, tan desorganizadamente!

Además, por ejemplo los pertenecientes al sexo masculino, al acceder a más de un pene, alternaríamos su actividad; o sea, el uso sería por etapas, a gusto del usuario, enfocando, y demostrando, nuestro sentido de conservación. Esto sería muy, pero muy útil al arribar a la senectud, entiéndase vejez, donde apreciamos, con dolor infinito que, por la avanzada edad y el uso continuo, el miembro viril va decayendo, hasta el punto de exclamar “mira que cosa, nacimos juntos y falleciste primero”.

También, por ejemplo, y continúo analizando los beneficios de la posibilidad de multiplicar los penes, al tener a mano no uno sino varios, se nos abre la opción de seleccionar, rectifico, que la pareja distinga entre una variada oferta, el pene que más le convenga, atendiendo a sus características físicas. ¡Sería algo así como una mesa buffet!

Se eliminarían las burlas por pequeño, por grande, por delgado, por grueso. No habrá más burlas, o manifestaciones de bullyng, como aquella de “había un pene tan, pero tan, pero tan grande, que tenía prepucio, pucio, y pospucio”.

Confieso que Maduro se está convirtiendo en mi ídolo; aclaro que ya lo es de un octogenario señor, amigo de la casa, que aguarda, con ansias, desenfrenadas e infinitas, el momento en que se multipliquen los penes. Lo que desconozco es si desea poseer más de uno, o hacer un cambio radical del suyo. Ese dato se mantiene incógnito.

Le aplaudo, señor Maduro, su idea, genial, de multiplicar los penes. Y aclaro, no lo expresé yo, lo hizo usted, y públicamente. ¿En qué estaba pensando, dilecto Presidente? ¿Qué estaba pasando por su disparatada mentalidad? Le aseguro que su raciocinio no se ubicaba, precisamente, en orar por el alma de Hugo Chávez para que esta no pene.

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