“¿Usted le faltó el respeto a Maceo, cadete?”

maceoFue la pregunta del entonces coronel Armando Miralles Calvo, segundo jefe de la Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo”, ante el sui géneris reporte que mostraba mi hoja de servicios. Sucedió una noche de jueves, día que, indefectiblemente, se concretaba la corte militar en la que, a su vez, se analizaban los méritos y deméritos de cada uno de los cadetes, y según el balance, a favor en contra, estos recibían congratulaciones o castigos. Por ejemplo, 6 deméritos equivalían a un fin de semana sin pase, pero si tenías 6 deméritos y, a la par, 3 méritos, estos se restaban, desaparecían los pros y los contras eran reducidos en un 50%, ¿me comprenden? También explico que cada reporte, por el nivel de infracción; obvio que todo aquel que era castigo por insubordinación, no recibía la misma sanción que el reportado por cama ajada, botas sucias, o ropa desalineada.

– ¿Usted le faltó el respeto a Maceo, cadete?- repitió Miralles, atónito, estupefacto, con apenas un hilo de voz.

– No, compañero coronel- respondí con voz marcial, y asumiendo una posición de firme solo vista en las afueras del Kremlin.

– Explíqueme entonces porqué el mayor Arnaud lo reportó por “Faltarle al respeto al insigne prócer de la independencia de Cuba que la escuela honra con su nombre”.

– Le explico, compañero coronel.

– Explíqueme, le ruego, porque en los años que tengo de servicio en este centro, nunca había visto un reporte como este. Le escucho.

Todo sucedió un mediodía, eran la 01.30pm aproximadamente, del mes de mayo de 1988, al concluir las actividades matutinas. En la mencionada fecha, de la que non recuerdo el día exacto, yo era estudiante de segundo año de Ingeniería Mecánica en Tanque y Transporte, de la “Maceo” (Era más rápido, para cualquiera, sea este tartamudo, como en mi caso, o no, expresar “Maceo” que Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo”, orden “Antonio Maceo”). A la “Maceo”, oficialmente, ingresé el 13 de agosto de 1987, tras obtener, el 2 de julio del mencionado año, mi título de “Bachiller en Ciencias y Letras”, al concluir estudios en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos” de Capdevila.

La “Maceo” era, literalmente hablando, como el paradigma de los Centros de Enseñanza Militar (CEM), de todo el país. La “Maceo”, sita en el poblado de Ceiba del Agua, municipio Caimito, actual provincia de Artemisa, era, o es, por así decirlo, un centro de referencia donde, y alguien dijo, creo que Fidel Castro, “los cadetes se gradúan de oficiales veteranos sin haber ido a la guerra”. Las historias de la “Maceo”, por lo estricto de su disciplina interna, provocaban pavor, y la “Maceo” me fui, y lo reitero públicamente, a sabiendas que mis intenciones de convertirme en Ingeniero Mecánico en Tanque y Transporte tenían paupérrimas, casi nulas, oportunidades de concretarse.

Para concluir con el preámbulo introductorio, el 13 de agosto de 1987 (Ya saben los motivos de haber comenzado ese día), inicié mi etapa previa, y el 27 de septiembre, apenas mes y medio después, juré, rodilla en tierra, 25 años de servicio en las invictas fuerzas castrenses de la República de Cuba.

Para aclarar los motivos de tan pomposo reporte tengo que dejar bien claras 2 cuestiones:

  1. Pablo Arnaud Fortes, mayor de graduación militar, era de los tantos oficiales que, recién llegados de Angola, había sido enviado a prestar servicios en la “Maceo”, quizás para amilanar tensiones nerviosas. Arnaud, muy buena persona y con estado físico impresionante, no solo había derrochado valor, sudor, y bríos en tierras africanas, sino que, además, y quizás lo más importante, el haber prestado, con desinterés y desprendimiento, el internacionalismo proletario, tenía muy, pero muy limitadas, casi en un 80%, sus capacidades mentales. En otras palabras, y sin tanto rodeo lingüístico, el mayor Arnaud estaba completamente loco; era, redundo, muy buena persona, pero al mismo tiempo, un verdadero orate.
  2. A pocos metros de la entrada principal de la “Maceo”, entiéndase en las afueras de la escuela, existe una impresionante estatua del Lugar Teniente General, señalado históricamente como “el titán de bronce”. La obra, que no admitió otro metal para su confección, se aprecia en la fotografía que lidera esta narración.
  3. Si matriculé en la “Maceo” el 13 de agosto de 1987, y el curso escolar en Cuba, comienzan, oficialmente, en septiembre y concluyen en julio, la anécdota de mi supuesta falta a la integridad de uno de los hijos de doña Mariana Grajales, al haber ocurrido en mayo, fue de las tantas que cometí durante mi primer año de cadete. Y que conste, con mi ocurrencia solo quise hacer reír. Todos los presentes están convencidos de… Rectifico, todos no, Arnaud nunca comprendió la intención de mi frase. Ya lo verán.

Arnaud era un demente, un pobre perturbado bélico que, y como si no fuera suficiente, acompañaba su canija luz mental con profusas ínfulas intelectuales, por lo que no solo era capaz de cometer actos desequilibrados, sino que acudía a citas, a frases célebres, en momentos inoportunos.

Mayo de 1988. 01.30pm, aproximadamente. La compañía de 1er año de la Facultad #3, señalada como la de “Tanque y Transporte”, se encontraba formada frente al cuartel correspondiente. El mayor Arnaud, tras pedir parte a cada uno de los jefes de pelotón, y revisar, nadie sabe los motivos, una y otra vez, su inseparable agenda, comenzó a discursar sobre la necesidad, imperiosa, que tenía la escuela, la “Maceo”, de “hacer un buen papel en los Juegos Inter – CEM”, que, simplemente, eran las competencias deportivas entre los diferentes Centros de Enseñanza Militar del país. La “Maceo”, la Academia Naval “Granma”, el Instituto Técnico Militar “José Martí” (Conocido también como ITM), la Escuela de Artillería “Camilo Cienfuegos (Conocida como “La escuela de La Cabaña”)…

A pesar de la hora, serían ya las 02.15pm (¡45 minutos hablando de los Juegos Inter – CEM!), Arnaud continuaba orando, a viva voce, sobre la futura competición deportiva, y, sin más allá ni más, expresó: “Voy a concluir con una frase del General Antonio Maceo no estaré donde no pueden estar el orden y la disciplina, porque vivir de esa manera sería llevar la vida de un perfecto bandolerismo”.

En efecto. Había reproducido, fotográficamente, un fragmento de una carta que Antonio Maceo, el 5 de julio de 1878, había enviado al también General Mambí Vicente García. Esa frase, entronizada en la historia de Cuba, había sido repetida por Arnaud que, además, demostró poseer una memoria más que fotográfica, e insisto en el vocablo fotográfico.

Ahora, la pregunta que rondaba la mente de todos era… ¿Qué tenía que ver la cita con los Juegos Inter – CEM? Por eso, y no olvido la pregunta de mi madre… “¿Tuviste que ser tú, Aldo?”… Por eso mi pregunta, mi ocurrencia, mi chanza, mi broma…

– Permiso, compañero mayor.

– Lo tiene, cadete Luberta Martínez.

. – Maceo dijo que no puede estar el orden y la disciplina.

– Efectivamente, cadete.

– ¿Por ese motivo Maceo está en las afueras de la escuela?

La explosión de risas fue general. Todos rieron de… Todos no, rectifico; casi todos, porque Arnaud, a pesar de tu tez oscura, enrojeció, gritó ¡Firmesssssss!, y me solicitó mi tarjeta de reporte. “Le voy a poner un reporte que se van a reír todos, menos usted, cadete Luberta. Le voy a poner un reporte que no se le va a olvidar mientras viva, y no se me va a olvidar a mi mientras yo viva”.

– Evidentemente, usted, no le faltó al respeto a Antonio Maceo, cadete- analizó, muy ecuánimemente, el coronel Miralles Calvo, tras escuchar mi relato.

– Así mismo, compañero Coronel- respondí aliviado, pensando que podía librarme de un castigo sin precedentes en la historia de la “Maceo”.

– Lo que hizo, usted, quizás no es tan grave como faltarle el respeto a Maceo, pero grave de todas maneras. ¡Usted, le faltó al respeto a la escuela, y por ello tiene 60 deméritos, 10 fines de semana sin pase!

Los 10 fines de semana sin pase se redujeron, drásticamente a 8, por mis buenas calificaciones en la práctica de tiro; no obstante, estuve casi 2 meses sin salir del CEM, en los que, machete en mano, poco faltó para echar abajo el marabú de la escuela, de Ceiba del Agua, de Caimito, y barrios adyacentes. ¡Y todo por un mal entendido, porque solo fue una ocurrencia que lejos estuvo de mancillar la memoria de Antonio Maceo, hermano de José, esposo de María, e hijo de Marcos y Mariana. Así lo entiendo yo, espero que así lo entiendan ustedes, aunque así no lo entendieron ni el mayor Arnaud, ni el coronel Miralles.

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3 comentarios sobre ““¿Usted le faltó el respeto a Maceo, cadete?”

  1. Hola me llamo jorge y estuve en ceiba del agua pasando el SMO desde el año 1976 al 1979 durante la dirección del mayor Cagigal y después de Jose Palacio Suarez. Me gustaría hacerle una par de preguntas,,,,,, en el tiempo que usted estuvo ¿todavía trabajaba un teniente de apellido Grato?. Ese teniente se llevó muy bien conmigo fue muy bueno dentro de lo que cabe y nunca me trató mal. Él era mi jefe por la parte militar de la compañía, pero no por mi trabajo y me explico

    Yo era sanitario y los médicos eran los que controlaban mi trabajo. Era ademas muy bueno porque suturaba cogía venas y curaba con muy buen arte sin haber sido enfermero. De manera que siempre los médicos me protegieron en ese sentido y así escape del rigor de las compañías ya que incluso dormía en el mismo hospital.

    En mi tiempo pasaron varios médicos por allí como Fidalgo, Fermin, hoy neuro y nefrologo, Pedro Pablo, el dentista, que despues fue maxilo en el hospital militar de marianao, el cirujano Sanfiel, la doctora-dentista- Aida Lominchar que fue del equipo cuba de voleyball, también una enfermera de Bauta y un doctor que no recuerdo ahora su nombre y que me enteré años después que estuvo preso en la Condesa, también recuerdo a las enfermeras Julia gonzalez y Julia Sanchez, dos mulatas que ya estaban algo mayores, en fin gente que no se si aun siguen vivos siquiera .

    Recuerdo que yo me fugaba por un naranjal que estaba detrás por las aulas de madera de la facultad obrera justo al lado del hospitalito y que daba a una carretera que venía de Artemisa, y donde me recogía un camión que el chófer vivía en mi barrio en la Habana por lo que siempre escape de los guardias que capturaban a los reclutas sin pases en la calle. No obstante serví 3 veces en el calabozo de la unidad, una con 8 días y dos veces mas, una con 5 y otra con 15 días ya que esa vez nos sorprendió el propio coronel palacios entrando en la mañana por esa zona con los pantalones empapados en agua del rocio

    En fin que si pudiera usted aquí mismo decirme si conoció a algunos de estos oficiales o si supo algo de ellos me gustaría saber que fue de ellos. De Miralles me extraña mucho que haya durando tanto porque ya para entonces era bastante mayor y me parece que el vivía allí mismo en el barrio el Rancho que estaba al lado. Recuerdo a un oficial de apellido deroux dominguez y bueno en mi caso también mantuve muy buenas relaciones con los oficiales de la cátedra de educación Física ya que yo era muy muy deportista de artes marciales. Ok un saludo

  2. Fuy cadete de esa mi gran escuela durante los años 2000 al 2004, y siempre escuche hablar de ese jocoso relato y hasta hoy conozco la historia y el origen verdadero….. en verdad me rei con su historia amigo pero… no dejo de reconocer q SI fue una falta de respeto😉

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