“No olvido los gritos de la niña pidiendo socorro”

tatiPara Edgar Bogarín, bombero de profesión, conversar no es hándicap, no obstante, suele ser escueto en sus respuestas. Él es de los cientos héroes anónimos que prestaron su servicio el 1 de agosto de 2004, día domingo, cuando ardió el supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, y, como consecuencia, perdieron la vida más de 400 personas. Edgar fue el bombero que se encargó de rescatar de las llamas a Tatiana Gabaglio; es la razón por la que en estos 11 años, ellos, han establecido una relación de padre e hija. “No olvido los gritos de la niña pidiendo socorro”, afirma emocionado, “solo deseo que continúe su lucha, y que sea alguien bien importante en Paraguay”.

¿Qué recuerdas de aquel día?

Era un domingo como cualquier otro. Estaba de guardia, se escuchó la alarma. Al formar en el patio de la unidad, vimos, a lo lejos, la columna de humo negro. No imaginamos que el incendio provenía de un supermercado. Pensábamos que era una distribuidora de gas licuado. Yendo nos enteramos que el Ycuá de Trinidad estaba ardiendo.

Llegaste, entraste, y encontraste a Tatiana…

No. No fue tan fácil como puedes imaginar. Llegué y comencé, junto a otros compañeros, a auxiliar a las víctimas que habían logrado rescatar del interior del supermercado. Ayudamos a trasladar a algunas hacia los centros de atención. Luego de 2 viajes, es que entro al Ycua, y logro ver a Tatiana, que en ese momento tenía 7 años. Estaba tirada en el sueño, con un pedazo de falso techo derretido, quemándole su pierna. No olvido los gritos de la niña pidiendo socorro. Me le acerqué, me identifiqué, le dije que soy bombero y que estaba ahí para ayudarla. Cuando la cargué me dijo algo que no voy a olvidar nunca: “Papá, dame agua”. Imagínate, yo, en ese momento, tenía una hija de 4 años; la veía en Tatiana. ¡Y me pidió agua, y agua yo no tenía! La saqué, y un compañero la hidrató. De ahí la llevamos al sanatorio Santa Bárbara, y de ahí al sanatorio “Bautista”.

edgar1¿Cómo comenzó tu relación con ella?

En esa misma semana. El incendio fue un domingo, y el marte fui a verla. Fui a interesarme por ella. Ahí iniciamos una amistad, una linda amistad. Estuve al tanto de todo. De la amputación de su pierna, de su recuperación…

Imagino que no solo auxiliaste a Tatiana aquel 1 de agosto.

No, rescaté, rescatamos, a muchas personas.

¿La relación que tienes con Tatiana, la estableciste con alguien más?

No. Con ella es la única. A los otros nunca más les vi. Pero eso es normal en el trabajo del bombero. Salvas una vida, salvas dos, salvas cientos, y pocas veces sucede como con Tatiana. Muy pocas veces continúas la relación.

¿Las puertas estaban cerradas?

Totalmente. Los Paiva, los directivos, ordenaron el cierre para evitar robos. Incluso, los primeros bomberos que llegaron cuentan que Daniel Areco, el guardia de seguridad, impidiendo que se abran las puertas, realizó disparos al aire. Fue un acto criminal. Ellos dicen que no, que las puertas no estaban cerradas, pero la pregunta es: Si las puertas no estaban cerradas, como ellos dicen, ¿qué necesidad hubo de romper las paredes para poder realizar el rescate?

¿Qué le dirías a los Paiva, hoy a casi 11 años de la tragedia?

Disculpa, Aldo, pero me reservo la respuesta. Esa sí no te la voy a responder.

tatia¿Y qué dirías a Tatiana, hoy, a casi 11 años de la tragedia?

¿A Tatiana? ¿Qué le diría?

Pausa en la conversación. Edgar, visiblemente emocionado, suspira. Quiere contener las lágrimas, pero es imposible. Demasiados recuerdos atropellan su memoria. No obstante, responde.

A Tatiana le diría que estoy muy orgulloso de ella. Solo deseo que continúe su lucha y que sea alguien bien importante para Paraguay.

“Réquiem por un amigo desconocido”

Imágenes-de-luto-en-mi-corazón-7Acaba de fallecer un amigo.

Un amigo que nunca conocí, si tan siquiera en fotografías. Un amigo del que solo sé su nombre y edad: Se nombra Fabricio, tenía apenas 4 años.

Supe de su accidente por la prensa, y, dio la casualidad que era vecinito de la empresa donde presto funciones. Fabricio, hace aproximadamente poco más de 2 meses, sufrió graves quemaduras. Un día domingo su mamá, a la que tampoco conozco, tuvo que dejarlo al cuidado de una vecina para ir a su puesto de trabajo. Fabricio, vestido de hombre araña, máscara incluida, jugaba con los hijos de su protectora ocasional, cuando decidieron hacer una fogata. Lo demás es de suponer. Cuentan que las llamas derritieron en su carita el antifaz de su héroe; los vecinos, desesperados, vertieron agua sobre él, en el intento de sofocar el incendio; lo lograron, es cierto, pero al mismo tiempo provocaron que ese plástico ardiente se adhiriera aún más al rostro.

Fabricio sobrevivió, pero hoy, a la mañana, uno de los medicamentos que empleaban como factor de crecimiento epidérmico, penetró en su boca, y le provocó una grave intoxicación. Pasadas las 11.30am se constató su deceso, según me cuentan los vecinos.

Huérfano de padre e hijo único, Fabricio nos abandona. Insisto en que nunca lo conocí personalmente, pero se me había hecho un hábito averiguar sobre su salud.

También me informaron que la madre, de 28 años, al conocer la noticia, sufrió un derrame cerebral.

Cooperé en lo que pude. Son de muy, pero muy escasos recursos.

“Hay otro ángel en el cielo”, me dijo su abuela entre lágrimas.

Descansa en paz, mi amigo. Te vamos a extrañar.

“Perdí mi vida en ese incendio”

IMG_4692Con apenas 6 palabras resume, don Miguel Samudio, lo que para él significó la tragedia del Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, el domingo, 1 de agosto de 2004.

“Murió mi hijo Gerónimo, de 35 años, mi nieta Elizabeth, de 13, y Roberta, mi nuera, que tenía 29 años. Ellos nunca iban a almorzar a ese lugar, y ese día fueron. Todo fue terrible. El cuerpo de mi hijo, por ejemplo, me lo entregaron, 4 meses después, totalmente despedazado, envuelto en una bolsa de plástico. La demora, en la morgue judicial, fue porque le tuvieron que aplicar las pruebas de ADN. Estaba irreconocible. Y hace 4 años, el 6 de agosto de 2011, falleció Luisa, mi esposa. Estuvo, desde el 1 de agosto de 2004, en estado depresivo. Ella quería morir, y se fue yendo poco a poco”.

Samudio, actualmente, es el encargado de cuidar el pequeño memorial “Mártires del Ycua Bolaños”, que perpetua la memoria de los fallecidos en el siniestro. El sitio se ubica en los predios, en ruinas, de lo que hasta, hace 11 años, fue uno de los locales comerciales más novedosos de la ciudad de Asunción.

“Siempre estoy acá. Acá estoy mejor que en mi casa. Acá es como estar más cerca de los míos. Acá siento que no se fueron. Acá siento que se han ido solo por un tiempo, y que están esperando por mí. Cada día falta poco para volverlos a ver, y cuando ese día llegue no nos vamos a separar jamás”.

“El estado paraguayo también me cerró las puertas”

IMG_4554Tatiana Gabaglio, sin lugar a dudas, es un ejemplo de voluntad y entereza. “Tati”, siendo apenas una niña de 7 años, sufrió la amputación de su pierna derecha. “Tati”, convertida en una joven de 18 años, es una de las víctimas del incendio del supermercado “Ycuá Bolaños”, sucursal Jardín Botánico, el 1 de agosto de 2004. El pasado domingo, 19 de abril, ella, con paso seguro, y sin temores, entró en las ruinas del centro comercial. ¿El motivo? Iniciar el rodaje del documental sobre su historia de vida. “Para mí este lugar es símbolo de muerte, de injusticia. Para cualquier persona, no solo para nosotros, las víctimas, este lugar es un monumento a la avaricia. Regresar a este lugar me causa dolor e impotencia, pero al mismo tiempo, y a casi 11 años de la tragedia, me da fuerzas, fuerzas que me empujan para salir adelante, para seguir luchando, junto a gente honesta, por una justicia verdadera para nosotros”.

¿Qué recuerdas de aquel domingo 1 de agosto de 2004?

Recuerdo poco, realmente, pero si puedo decir que mi mamá no quería yo fuera al supermercado. Tenía que irse a trabajar, y Gladys, una vecina que falleció en el incendio, prácticamente, le convenció para que yo fuera con ella y con su hija, en ese momento de 15 años, para que yo las acompañara al supermercado “La bomba”. Tenía que comprar algunas cosas, sobre todo café, azúcar, y pan, para una amiga que había dado a luz. Y sucedieron 2 cosas muy llamativas. La primera, es que no se dio la voluntad de mi mamá, y fui con ellas; la otra, es que decidimos no ir a “La bomba”, y fuimos al “Ycuá Bolaños”, que nos quedaba muy cerca de casa. Era el nuevo supermercado, supuestamente tenía todas las condiciones de seguridad. A mis 7 años iba a conocer algo diferente de lo que era mi casa.

tatianaLlegaron al “Ycuá Bolaños”, ¿y qué sucedió?

Todo fue muy rápido porque no nos tomó ni 10 minutos recorrer el salón de ventas. Estábamos en la caja, íbamos a pagar, cuando se escuchó una explosión proveniente del patio de comidas. Ahí, al darnos la vuelta, nos dimos cuenta de que el “Ycuá Bolaños” se estaba quemando. La explosión se produjo en la chimenea, luego el fuego comenzó a destruir todo muy rápidamente. El cielo raso, por ejemplo, comenzó a caer en forma de zigzag. Precisamente un pedazo de cielo raso ardiendo fue lo que cayó en mi pierna. Cuando comenzó todo, la señora Gladys le dice a su hija que fuésemos corriendo hacia la puerta, y que no me suelta la mano porque mi seguridad estaba bajo su responsabilidad. Corro hacia la rampa de salida, se apagan las luces, tropiezo, caigo, le pierdo de vista a Gladys y a su hija, y comienza el verdadero calvario.

 ¿A qué llamas verdadero calvario?

Al caer me doy cuenta de que algo había sobre mi pierna derecha, algo pesado, pero no tenía idea de que era. Sentía los gritos de las personas muriendo, el clamor. Estaba luchando, por mi vida, a los 7 años, completamente sola, sin nadie que me ayudara. Ante mí había una densa humareda, una bola de fuego que daba vueltas y vueltas, y veía como esa bola de fuego convertía a las personas en antorchas. Veía gente calcinada, veía cómo explotaban las botellas que contenían líquido inflamable, veía gente que ardía y aun así se arrastraba buscando la salida.

IMG_4549¿Sostienes que hubo cierre de puertas?

De que hubo cierre de puertas, estoy convencida, ahora no sabría decirte quién dio la orden de que cerraran las puertas. En pocas palabras, el grito era “cierren las puertas que la gente está robando”. La avaricia primó sobre lo humano. Evitando pérdidas económicas, provocaron centenares de pérdidas humanas.

¿Qué tiempo estuviste protagonizando, junto a otros, lo que llamas el verdadero calvario?

Según el bombero que me salvó la vida, fueron, aproximadamente, 2 horas y media. Fue muy fuerte haber estado consciente durante todo ese tiempo, pero el hecho de estar consciente fue lo que ayudó a mi rescate, porque fueron priorizando todas esas personas que mantenían algún signo de vida. Fueron las 2 y medias más terribles de mi vida, lo recuerdo todo, a pesar de que apenas tenía 7 años, y no olvido que, constantemente, me repetía la misma pregunta: ¿Por qué no nos dan un minuto más de vida? Me cuestionaba el hecho, no comprendía porqué mi vida iba a terminar a tan corta edad, porqué no iba a tener otra oportunidad para seguir. En un momento le supliqué a Dios, y un ángel se me presentó y me dijo “Levántate que tú estás viva”. Ahí comencé a escuchar que desde el exterior estaban intentado darnos auxilio, escuché también las sirenas, y ahí me di cuenta de que podía salir con vida.

tati¿Quién te rescató?

Edgar Bogarín, un bombero de la Policía Nacional. Él se identificó y me dijo “no te preocupes, soy bombero, y voy a sacarte de aquí”. Me alzó en sus brazos, y lo primero que le dije fue “papá, dame agua; quiero salir”. El queda en silencio, sin saber qué decir, y un compañero, otro bombero quiero decir, me moja para tratar de enfriar el cuerpo que tenía totalmente quemado. El panel de cielo raso derretido que había en mi pierna no me lo pudieron quitar en el sanatorio “Santa Bárbara”, por eso me trasladaron al sanatorio “Bautista”. Ahí me dijeron duerme que después de la curación te vas a ir a tu casa. Desperté en terapia intensiva, sin mucho conocimiento de lo que había pasado. Me amputaron la pierna porque yo tenía que viajar a Chile para hacer un tratamiento de rehabilitación y reconstrucción, porque mi pierna estaba prácticamente calcinada. Entonces aparece un cirujano y le dice a mi mamá que no puedo viajar porque no había los medios correspondientes, no había terapia intensiva para trasladarme, y por el camino podía morir. Ahí mi mamá, entre mi vida o mi pierna, tomó la decisión de mi pierna, por eso me amputaron la pierna derecha, por debajo de la rodilla.

Tengo entendido de que tú y Edgar tienen una relación como de padre e hija.

2 días después de la tragedia, Edgar fue a buscar al sanatorio “Santa Bárbara” alguna noticia mía. Quería saber si había sobrevivido. Ahí comenzó nuestra relación. Nuestra bonita relación que ha durado hasta hoy. Cuando salí de terapia intensiva, cuando me pasaron a sala común, Edgar me visitaba, me hablaba, me llevaba su apoyo.

Tatiana, háblame del proceso de recuperación.

Todo fue muy duro. Todo fue terrible. Tuve en mente suicidarme. La emprendía contra los doctores, las enfermeras… Mi actitud cambió cuando vi, por televisión, la lucha que se llevaba porque se haga justicia, y me dije que tenía vivir para luchar yo también para que olviden las 400 personas que fallecieron en este lugar. Además, me llegó el comentario de que había una niña de 4 años, compañera mía en el hospital, que se había quemado por completo. Tuve que luchar con la prótesis, con la burla de mucha gente, con las miradas indiscretas de muchas gentes, y, por segunda vez, con el cierre de puertas. Sufrí el cierra de puertas el 1 de agosto de 2004, y al ser una discapacitada, que no me considero como tal, he tenido que luchar con el cierre de puertas del estado paraguayo.

IMG_4542Te salvaste, y te incorporaste en la lucha.

Estoy muy vinculada a la lucha por la cusa del “Ycuá Bolaños”, y también muy comprometida con la lucha civil. De veras me ha sorprendido mi nivel de liderazgo. Aspiro algún día poder ser la Presidenta del Paraguay, quizás no la primera mujer, y ser agente de cambio. Quiero ser ejemplo viviente de que sí se pueden hacer las cosas.

Eres bombero y quieres ser psicóloga.

Quise ser como las 2 personas que me ayudaron a sobrevivir. Ser bombero como Edgar Bogarín, y psicóloga como Carmen Rivarola, mi mamá de corazón. Carmen me ayudó mucho en mi rehabilitación. No pude entrar en la facultad, por eso me incliné por la carrera de Criminalística. Me gusta mucho también, y sé que voy a ayudar a resolver muchos hechos delictivos. Voy a ayudar a que se haga justicia, precisamente lo que me está faltando en el caso Ycuá Bolaños.

¿Trabajas en el Poder Judicial?

Trabajo en el Sistema Nacional de Facilitadores Judiciales, de la Corte Suprema de Justicia, y estoy vinculada al Programa Nacional de Acceso a la Justicia a Personas en Condiciones de Vulnerabilidad, donde coordino las tareas de los Facilitadores Judiciales Estudiantiles, que son estudiantes electos por sus compañeros que trabajan para que la justicia sea más accesible desde las escuelas.

ycya¿Imaginaste alguna vez que ibas a trabajar en el sector que más le ha arruinado la vida la víctimas del “Ycuá Bolaños” después de la tragedia”?

No. En verdad que nunca me pasó por la cabeza. Ni tampoco luchar desde dentro, por mejorar toda esa estructura que ya está carcomida. Pero tengo, y retengo, las palabras de mi jefe que me dice que solo, desde dentro de una institución, las personas van a poder cambiar todo. Sigo luchando, como ya dije, por la causa del “Ycuá Bolaños” ayudada por mucha gente, y por 400 ángeles. Esos 400 ángeles apoyan todo lo que hacemos.

“¡Qué gente, caballero, pero qué gente!”

luberta“Sabía que si sobrepasaba los 3 meses, aprobaba el examen, ahora sí, nunca imaginé que iba a estar tanto tiempo al aire, y, como si fuera poco, en la preferencia de los oyentes”.

La frase, citada textualmente, la ha repetido Alberto Damián Luberta Noy, hasta el cansancio, por más de 5 décadas. Sí, porque desde aquel 15 de abril de 1965 en no pocas ocasiones, siempre hasta la saciedad, ha tenido que explicar, escuetamente por su probada escasez de palabras, los malabares que ha tenido que hacer, los obstáculos que ha tenido que vencer, para escribir, inventar, crear, un libreto diario, humorístico por demás, para la oferta que Radio Progreso emite, a las 11.50am y 07.50pm, desde hace 50 años.

En cierta ocasión un compatriota, acá en Asunción, y trágicamente asesinado en Guayaquil, Ecuador, me confesó que no conocía “Alegrías de Sobremesa”, y, mucho menos, tampoco tenía idea de quién es Alberto Luberta.

“¡Estás loco, brother! ¿Tú vives debajo de una piedra o qué? El padre de este ha hecho reír hasta el copón divino!”, fue la respuesta, casi a coro, de los participantes en la plática.

Y tienen razón. No es porque, afortunadamente, sea mi progenitor, pero si un mérito tiene Alberto Luberta es que, quizás no su figura, pero su nombre y apellido paterno no es ajeno para los cubanos. Tampoco, y aclaro, sentencio al amigo guanabacoense por su desconocimiento. Aunque es llamativo, insisto, su desconocimiento, tampoco es condenable.

Hoy, redundo, 15 de abril, “Alegrías de Sobremesa” arriba a su 50 cumpleaños. Hoy, Alberto Luberta, mi padre, ese joven de 83 “septiembres”, festeja bodas de oro, y no precisamente con Caridad, la autora de mis días.

“Ese programa es tu apellido”, sentenció, vía FACEBOOK, Ivette Carnota Costa, una amiga de la infancia, afirmando, además, que sí existen los imprescindibles. Quizás Luberta no lo sea para la radio cubana, pero sí para “Alegrías de Sobremesa”; un día, lejano probablemente, mi viejo dejará de escribir, y la radio cubana continuará su andar, pero, y salta la interrogante, ¿”Alegrías de Sobremesa” sobrevivirá a la ausencia de su basamento intelectual?

Particularmente creo que no: Luberta abandona sus actividades creativas, y “Alegrías” comenzará a ser historia.

De los aniversarios “cerrados” del programa radial que me ha visto crecer, recuerdo desde aquel lejano 1980, 15 años en la ocasión, y los espectáculos en el Teatro Nacional. En 1985, en el estudio #1 de Radio Progreso, mi hermano, con sus 10 años, tuvo la osadía de leer un pequeño escrito por él; yo, con 15 primaveras, no pude hacer lo mismo con el mío: la emoción no me dejó. En 1990, las bodas de plata de “Alegrías” se celebraron en el teatro “Carlos Marx, y aún tengo vívido el recuerdo de Argelio García, “Chaflán”, recibiendo una impresionante ovación de los allí presentes que, sin saberlo, le estaban ofreciendo al gran humorista una sentida despedida, ya que su deceso se produjo apenas 2 años después, el 27 de junio de 1992…

No quiero ser extenso. Solo dar gracias a mi padre por su ejemplo, rozando el sacerdocio, por mantenerse, hercúleamente, durante 50 años en el pináculo de la popularidad radial.

Merece ser distinguido con la orden de “Héroe Nacional del Trabajo”, merece, al menos, 2 premios Guinnes… Quizás no sea, oficialmente, “Héroe Nacional del Trabajo”, es cierto, también, que no le han sido otorgados los reconocimientos Guinnes, pero nadie puede negar que mi viejo es una gente… ¡Qué gente es este Luberta, caballero, pero qué gente!

Gracias, mi viejo. Yo también le agradezco a la vida por haberme dado tanto, y tú eres parte, fundamental e indisoluble, de este tanto.

Un beso, viejuco.

“Desprecio hubo en Panamá, desprecio hubo en Asunción”

panamaLos sucesos acontecidos en el día de ayer, 8 de abril, en Panamá, país sede de la Cumbre de Las Américas, hizo que, indefectiblemente, recordara un hecho que, tristemente, culminó con el deceso de un compatriota residente en Asunción, Paraguay. El enfrentamiento entre cubanos, en la nación istmeña, provocado por el desprecio que impulsan las diferencias políticas, reprodujo en mi pensamiento el trágico final de Richard Alain Izarra Oviedo, el 22 de mayo de 2011. Impulsado por la indiferencia de la Embajada de Cuba, en Paraguay, hacia su delicado estado de salud, y posterior defunción, escribí el artículo que a continuación reproduzco. Cubanos despreciaron a cubanos, por diferencias ideológicas en Panamá, y cubanos despreciaron a un cubano, agonizante, por diferencias ideológicas en Asunción. Cubanos somos, y patria no es revolución, como señalo.

Sucedió el pasado domingo, 22 de mayo. Apenas conozco su nombre. Se llamaba Richard. Ignoro sus apellidos, y su lugar exacto de origen. Reitero, su gracia era Richard, tenía 37 años, ejercía la profesión de fisioterapeuta, y, como tantos compatriotas, abandonó Cuba para radicarse en nuestra querida Asunción. Escasamente sostuvimos algún que otro intercambio de saludos.

Nuestros encuentros fueron tan excesivamente exiguos, que su fisonomía llega a mí confusa, ambigua, indeterminada, equívoca. No logro descifrar su personalidad, empero, la odisea apocalíptica de la enfermedad que lo aquejó, meningoencefalitis e hipofunción hepática, me apenó hasta límites indecibles.

– Falleció- certificó la doctora que, en la Sala de Terapia Intensiva, del hospital de Clínicas, atendió su caso- No se pudo hacer nada más.

En efecto. Richard, mi compatriota, dejó de existir, en el mencionado nosocomio asunceno,  tras un vano, menesteroso, y agónico, intento por aferrarse a la vida. Richard, redundo, dejó de existir, rodeado de la acostumbrada solidaridad que caracteriza a los seres humanos, y, además, siendo víctima de la habitual discriminación que hieden, atufan, inficionan,  rezuman, y exudan los funcionarios de las embajadas cubanas, hacia los compatriotas residentes en el exterior.

Sí, porque el desprecio no es característica de la Embajada de Cuba en Paraguay, sino de todas las representaciones diplomáticas de la isla repartidas en todo el orbe. Insisto, de todas, sin excepción.

Desde el mismo preciso momento en que Richard fue reportado de muy grave, se comunicó sobre la situación a todos, y todos, que estuvieran en la disposición de contribuir con nuestro coterráneo, así lo hicieran. Y así lo hicieron. Muchos se personaron en el centro hospitalario, otros no dudaron en ofrecer sangre… Muchos y otros… Otros y muchos…

Pero no hubo, ni en entre los muchos, ni entre los otros, un funcionario de la misión diplomática cubana en Paraguay.

– Nada podemos hacer. No está censado- se excusaron irónica y “ponciopilatéticamente”.

Estar “censado”, para facilitar la compresión de todas, es, para ellos, estar registrado, a saber qué macabro, lúgubre, siniestro, y tétrico listado. Estar “censado” es, también, participar en las muchas actividades que a medida se organizan; festividades que son coordinadas con un fin, y luego resultan que fueron compaginadas como salutación a alguna que otra fecha asociada al invicto proceso revolucionario cubano. Richar no estaba censado, y por lo tanto era imposible que recibiera paliativos, insisto, provenientes de la Embajada Cubana en Paraguay, jalifas del gobierno cubano, no de los cubanos.

¡Qué paupérrimamente se valora la vida de un ser humano cuando, por sobre todo, priman las ideologías!

¡Qué vergonzosa actitud ante el padecimiento del prójimo!

¡Qué pusilánime, apocada, ignominiosa, abyecta y granuja postura de los representantes del gobierno cubano en estos lares geográficos!

No reclamo apoyo económico. No. El traslado de un cuerpo sin vida, allende las fronteras, resulta costoso, según averiguaciones, sobre los 10 mil dólares, y esa cantidad monetaria, en verdad, resulta elevada, aunque, y obviamente, si algunos de los administrativos sufre un percance parecido, y espero que no suceda, los trámites de traslado se agilizan en un periquete, 10 mil dólares incluidos.

Reitero, no exijo favores pecuniarios, solo presencia. Solo acudir. Solo personarse. Solo asistir. Pero no. No lo hicieron. Y no lo hicieron porque, sencillamente, Richard se había convertido en apátrida desde el preciso instante en que decidió radicarse fuera de Cuba. Lo hicieron porque, y a lo mejor no lo sabe, desde 1959 se confundió la palabra patria, con la palabra revolución, por eso, y según la ideología que identifica al sistema social imperante, en la mayor isla de las Antillas, hace poco más de 10 lustros, los que no se identifican con la revolución, no pueden, indefectiblemente, querer a la patria.

Richard abandonó Cuba, por eso no quiso a la revolución, por eso no fue patriota, por eso los funcionarios de la Embajada de Cuba en Paraguay, le negaron el apoyo moral y espiritual que tanto necesitó antes del fatal, e irreversible, desenlace. Revolucionario no fue, ni comunista, ni socialista, quizás ni le interesó la política, aspecto que desconozco, pero la patria sí estuvo con él. Una bandera cubana cubrió su ataúd durante el lapso en que transcurrió el velorio.

Apena, en demasía, la actitud anteriormente expuesta, pero sopesa que no pocos integrantes de nuestra comunidad, conjuntamente con amigos paraguayos, lo hayan asistido y, a su vez, permitido que recibiera digno tratamiento tras apagarse su escasa existencia.

Quizás los familiares en la isla, su anciano progenitor y una hermana, se les imposibilite visitar donde su amado Richard descansa eternamente; quizás lloren, además, por no presentarse en el último adiós al hijo idolatrado, al hermano querido; quizás anhelen colocar, al menos una flor, en el cenotafio que cubre su cuerpo inerte, pero de seguro agradecerán el encomiable esfuerzo de la colectividad cubanoparaguaya.

En lo que a mí respecta no estuve con él, o mejor, no pude estar con él. Supe de su afección ya en los estertores, y ofrezco disculpas. Ofrezco disculpas, y parafraseo la conclusión de “Paula”, novela de la excelsa chilena Isabel Allende, para finalizar esta consecución de ideas:

“Adiós, Richard, hombre; bienvenido, Richard, espíritu”.

“Sobrevivo pescando y alquilando el carro”

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAunque Lisinia Lugo, su esposa, es amiga mía desde hace mucho tiempo, con Raúl León Domínguez pude conversar en el mes de enero de 2003. Pese a sus sobrados méritos como ex integrante del equipo nacional de remos, reside, prácticamente, olvidado en La Boca de Mariel. Pese a ese olvido por parte de las autoridades deportivas cubanas, se le suele ver sonriente, locuaz, y, llamativamente, se expresa sin rencor alguno. Unos le dicen Raúl, otros le dicen Raulito, para mí, simplemente, es “El campeón”. Y campeón no solamente en el plano del atleta, sino por la sencillez que lo caracteriza, y, al mismo tiempo, lo señala como el excelente ser humano que es. Nuestra plática, inolvidable, estuvo marcada por la frase que da título a este material, y por el hecho de haber llegado al deporte, casuísticamente, cuando tenía 15 años.

De inicio me dices algo que me cuesta trabajo procesar: ¿Fuiste malo con tu mamá?

Te explico para que me entiendas. A los 15 años le dije a la vieja que no quería estudiar más. Que con lo que sabía me era suficiente. Que lo que yo quería era trabajar para ganarme la vida. A ella se le unió la tierra con el cielo. Imagínate decirle eso a una madre. Ella rompió a llorar y a pedirme que no dejara la escuela, pero ya lo tenía decidido. No quería estudiar más.

¿A qué escuela ibas?

A la “Juan Marinello”.

¿Y qué querías hacer?

Le pedí que fuera hablar con mi tío Cheyo, que tenía una finca. Quería trabajar en lo que sea. Me daba lo mismo darle de comer a los animales, que limpiar corrales. Yo quería trabajar. Hacer algo hasta alcanzar la mayoría de edad, y luego conseguir otra cosa.

¿Empezaste a trabajar con Cheyo?

Sí, y como mismo comencé lo dejé. Duré apenas 6 meses. Aquello no había quien lo aguantara. Yo no tenía idea de lo que era trabajar en el campo. Había que levantarse bien temprano, y a veces anochecía y yo todavía estaba en pie. Duré 6 meses, y creo que duré bastante.

¿Qué hiciste después?

Mi tía Viva me dijo que la única posibilidad que tenía era que iba a hablar en la “Juan Marinello” para que me aceptaran nuevamente, pero yo me mantenía con aquello de que no quería estudiar más. Si bien no quería seguir trabajando en la finca de mi tío, tampoco quería regresar a la escuela. ¡Mira tú qué cosa!

¿Y ahí fue que comenzaste a practicar deportes?

Más o menos. Algo así, porque tía Viva me dijo que habían ido a la “Juan Marinello” de la presa “La Minerva”, en Santa Clara, captando muchachos que les gustara, y que tuviesen condiciones para practicar remos. Te aclaro que en la presa “La Minerva” practicaban los alumnos remeros de la EIDE provincial (EIDE: Escuela de Iniciación Deportiva).

Y allá te fuiste…

Y allá me fui. Sí, porque con tal de no trabajar en el campo y de no matricular en la “Juan Marinello”, yo hacía cualquier cosa. ¡entiende que hacía cualquier cosa, hasta someterme a una prueba de remos sin haberme montado nunca en un bote!

¿Nunca te habías montado en un bote?

En mi vida, Aldo, te lo juro.

O sea, comenzaste a los 15 años a practicar un deporte que no conocías. ¿Y cómo te fue en el examen?

Me entrevisté con el profesor Jorge León que no me aceptó.

¿No te aceptó?

No, me dijo primeramente, eso que te llama la atención: Tenía 15 años y nunca había practicado remos. Me dijo que era un deporte que normalmente se comienza a practicar de niño. Lo otro fue mi estatura. Yo soy bajito; bueno, mido 1 metro 78 centímetros, estatura normal, pero no para ser remero. El profesor Jorge me dijo que con 1.78 no iba a ser buen remero nunca.

No te aceptó de un inicio, pero terminó aceptándote.

Lo convencí, compadre. Le dije que me diera una oportunidad, que me había trasladado desde Jicotea, un pueblo de Ranchuelo, hasta Santa Clara, y que no quería que mi mamá siguiera sufriendo. Lo convencí. Me aceptó. Comencé a entrenar, y a los 2 meses me llevaron al Campeonato Nacional Juvenil Abierto en Cienfuegos, para que mirara.

¿Te llevaron para que miraras? Nunca supe de alguien que lo llevaran a un torneo a mirar.

Yo no tenía nivel para competir, y me llevaron para que fuera conociendo cómo era el ambiente en una competencia. Eso sí, al año siguiente sí competí en el 8 con timonel, y gané 2 medallas de plata. Competimos en Cienfuegos y luego en Santiago de Cuba. En apenas un año, ya tenía 2 medallas. Ya había dejado de ser un mataperro, para convertirme en un medallista nacional.

Por lo que me dices calculo que tus 2 conquistas fueron en el año 1986.

Exactamente. Tenía 16 años. Recuerda que nací el 8 de marzo de 1970, en Jicotea, un pueblo de Rancuelo, Villa Clara.

A los 16 años comenzaste a acariciar el sueño de llegar lejos como atleta.

Te confieso algo. Siempre supe que mi actuación en el remo no se iba a quedar en esas 2 medallas de plata, pero nunca imaginé, por ejemplo, que iba a participar en 2 Juegos Olímpicos. Lo mejor comenzó en 1987.

Raúl#2¿Qué pasó en 1987?

Comencé a competir, además, en el doble par ligero con Alexis Arias, atleta del equipo nacional pero como era oriundo de Villa Clara, igual que yo, representaba a la provincia en el Campeonato Nacional. Para mí fue algo grande que siendo un juvenil, era pareja de Alexis, todo un consagrado. Y el primer resultado mío con él fue una medalla de plata en Santiago de Cuba, y la medalla de oro en Villa Clara. ¡La alegría era inmensa, ya era Campeón de Cuba y me habían captado para la preselección nacional! Cuando yo me vi entre los mejores remeros del país me quise morir. Reconozco, y agradezco que independientemente que yo era juvenil me trataron con mucho respeto.

Hablas de Alexis Arias con mucho cariño.

Con él, de pareja en el doble par ligero, estuve 11 años. De 1987 hasta 1998. 11 años invictos. Luego remé con Armando Arrechavaleta de 1998 al año 2000, y estuve invicto también. En Campeonatos Nacionales, aclaro.

¿Cuándo Raúl León Domínguez tiene su primera experiencia internacional?

En los Juegos Centroamericanos de México, en el año 1990. Fue mi primera experiencia internacional, donde también obtuve mi primera medalla internacional. Alexis y yo llegamos en tercer lugar. Y ese bronce mejoró al año siguiente, en 1991, en los Juegos Panamericanos, acá en Cuba. Fuimos medallistas de plata en el 4 single. No competí en el doble par ligero, sino en el 4 single, donde hay 4 remeros pero con un solo remo, no con 2.

¿Por qué no asististe a los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992?

Esa fue mi primera gran tristeza en el deporte, aunque no fue una injusticia de los dirigentes, ni nada que se parezca. Las injusticias llegaron después, pero no precisamente en 1992. Resulta que, hasta ese momento, en los Juegos Olímpicos no se compite en doble par ligero, y por eso me quedé en Cuba. Nadie tuvo la culpa. Ni los dirigentes, ni yo. Y te aclaro que hasta ese momento, porque 4 años después, para Atlanta’ 1996, si se incluyó el peso ligero en el remo, y pude asistir a unas olimpiadas, por primera vez.

Raúl#31993 fue un año bien complicado para todos los cubanos. ¿La crisis económica afectó tu participación en competencias?

Te cuento que 1993 fue uno de mis mejores años. En lo deportivo, y en lo personal, porque en la boda del hermano de Carlos Pulido, masajista del equipo nacional, conocí a Lisinia, la madre de mis hijas.

De tu familia quiero hablar después, porque sé lo importante que ha sido en tu vida, sobre todo tras haber dicho adiós al deporte activo. Juegos Centroamericanos de Ponce, Puerto Rico. ¿Competiste?

Sí, pero antes de los Centroamericanos de Ponce, en mayo, participamos en las Universiadas Mundiales en Búfalo, Estados Unidos, donde, y por pura negligencia nuestra no accedimos a la final.

¿Qué sucedió?

En la semifinal, Alexis y yo íbamos en primer lugar, ampliamente, y nos detuvimos a festejar sin haber llegado a la meta, imaginando que sí, que sí habíamos llegado. Nos quisimos morir. No accedimos a la final “A”, y al llegar primeros en la final “B” clasificamos en 7mo lugar general. Pudimos haber ganado el oro mundial universitario, porque estábamos en muy buena forma física. El trabajo de meses se echó a perder en unos segundos.

¿Y en Ponce, finalmente?

Fuimos campeones en el 4 par, y subcampeones en 8 con timonel y en el doble par, además, un sexto lugar en el 4 single; o sea, en Ponce gané una medalla de oro y 2 de plata, pero antes de irnos a los Centroamericanos Lisinia me había dado la noticia de que estaba embarazada.

Raúl#4La familia para dentro de un rato, no lo olvides. Tu primera medalla de oro internacional en 1993, y en 1994 participas en el Campeonato del Mundo en Estados Unidos. Siempre supe que compitieron bajo condiciones muy tensas.

Primero el viaje en sí. Habana – Caracas – Houston. Fueron muchas horas en el aire. Luego, al llegar se quedó Wilfredo Suárez, y quedándose “Wilfre” nos comenzaron a acosar. Aquello fue terrible, porque era la gente acosándonos, y por otro lado, los de la delegación cuidándonos, entre comillas. El resultado fue un noveno lugar en el doble par. No le echo la culpa al acoso, fíjate. Creo que ese noveno puesto fue acorde con el nivel que teníamos, pero el acoso, por ambas partes, fue insoportable. No nos dejaban vivir. Mucha presión psicológica.

Conversando, en cierta ocasión, con Norge Marrero, Comisionado Nacional de Remos, me explicó lo difícil que fue el año 1995 para ustedes.

Difícil es poco. En 1995 fue el Mundial en Tampere, Finlandia, el Preolímpico en Río de Janeiro, y los Juegos Panamericanos en Mar del Plata. A los Juegos Olímpicos de Atlanta, clasificaban los 12 primeros botes del Mundial; más específicamente, los 6 de la final “A” y los 6 de la final “B”; si no clasificabas en el Mundial, había otra opción, la del Preolímpico, pero en el Preolímpico solo clasificaba el bote ganador. Aquello estaba difícil de verdad. Comenzamos con el oro en los Juegos Panamericanos en Mar del Plata, Argentina; oro en el doble par, plata en el 4 par, bronce en el 8 con timonel. Ya era Campeón Centroamericano y Campeón Panamericano, además de Campeón Nacional. Nos quedaba el Mundial y la clasificación a Atlanta’ 1996. En el Mundial no clasificamos a la Olimpiadas, y en el Preolímpico, nosotros llegamos primero a la meta, pero le dieron el oro a los argentinos.

Pero tú fuiste a Atlanta’ 1996.

Porque la Federación Internacional invitó al bote cubano a los Juegos Olímpicos. Fue una manera de reconocer lo injusto que habían sido con nosotros en el Preolímpico de Río de Janeiro.

¿Fue ahí donde te lesionaste?

No, la lesión ya la tenía. Se me dormía la mano derecha, y el acuerdo fue de operarme el túnel carpeano después de regresar de Atlanta, porque de lo contrario no podía irme a mi contrato en Brasil. Porque en Río los directivos del club “Álvarez Cabral” se interesaron en Alexis y en mí, con el objetivo de contratarnos por 2 años.

Por partes, Raúl. ¿Atlanta’ 1996?

Fueron mis primeros Juegos Olímpicos. Linda experiencia que nos ubicó en el lugar 16 de la clasificación general. Pagamos la novatada.

¿Qué hubo de tu mano?

Me operé en el “Frank País”, y luego, tras la fisioterapia, fui a Brasil a cumplir con el contrato que te comenté.

¿Cómo fue tu participación en el “Álvarez Cabral”?

Estuvimos 2 años. Nos fue muy bien. Salimos campeones varias veces, y teníamos mucha rivalidad con el club “Saldaño”. Recuerdo que nuestras actuaciones eran muy seguidas por la prensa. En 1998 terminó el contrato, yo regresé; Alexis no, Alexis se quedó, por eso mi pareja comenzó a ser Armando Arrechavaleta.

Tu última competencia fue en Sídney, durante los Juegos Olímpicos, y tu contrato con el “Álvarez Cabral” terminó en 1998. ¿Qué hiciste en esos 2 años?

Mantuve mi invicto en el Campeonato Nacional, fui subcampeón centroamericanos en los Juegos de Maracaibo, 1998, aunque la sede del remo fue Guatemala; ganamos plata en el doble par y en el 4 par, y bronce en el 4 single. En los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1999, ganamos la plata en el 4 par, y bronce en el doble par. En Sídney, mi última competencia, mis últimos Juegos Olímpicos, significó apenas una participación. Después me retiré.

Pudiste fomentar una linda familia, a la par de una brillante carrera deportiva.

Conocí a mi esposa, Lisinia Lugo, como te dije, acá en la Boca de Mariel, en 1993. El 21 de junio de 1994 nació Chavelys, mi hija mayor, y casi 2 años después, el 21 de abril de 1996, nació Sheyla. ¿Mi familia? Me vas a hacer llorar, compadre. Mi familia es lo más grande. Lisinia ha sido una mujer. Ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Yo, en el fondo, siento que no he sido así con ella. A ver, cuando nació Sheyla yo estaba en Brasil; ella vino en abril y yo la conocí en noviembre, cuando estuve de vacaciones. Lisinia enfrentó todo solita. No sola, porque hubo mucha, pero mucha gente que nos ayudó, pero a mí me tocaba estar con ella, y no fue así. Y no solo fue enfrentar sola el embarazo, sino que existía mucho temor que nos sucediera lo que en el 95; en ese año, de tanta actividad deportiva, ella perdió un embarazo. Mi familia lo ha sido todo, y Lisinia el todo de esa familia.

Raúl#5¿Qué hace actualmente Raúl León Domínguez?

Espero que alguien se acuerde de que existo, y que alguna vez le di glorias a este país, y mientras tanto sobrevivo pescando y alquilando el carro. ¿Qué más puedo hacer?

Agradezco la colaboración, incondicional, del ingeniero Ovidio Acosta Hernández, mi hermano de andanzas y correrías, en la realización de este material.

“El dolor no solo es intenso, sino eterno”

SilviaChivásLa visité en su casa, sita en el reparto Sevillano, en el mes de mayo de 2001. Entrevistarla era una vieja deuda que tenía “Estrellas y Antorchas”, propuesta radial, dramatizada, donde, por espacio de poco más de 7 años (Noviembre de 1998 – Febrero de 2006), abordé tópicos de la historia del deporte, cubano y mundial. Tras un cálido recibimiento inicié con Silvia Chivás Baró, y con su esposo Irolán Echeverría, una plática inolvidable, y así lo reconozco. “¿Un roncito?”, “¿Pancito con pasta?”, “¿Maní?”, fue la antesala de un intercambio permeado de risas y lágrimas. Silvia se expresó sin dobleces, sin miramientos, sin recelo, sin desconfianza, sin ese orgullo consecuente de ser la única mujer cubana en haber podido ganar 2 medallas en una misma edición olímpica; al mismo tiempo, “La gacela del Guaso”, como también es conocida, despojada de todo rencor confesó su dolor tras ser excluida del egregio grupo que acoge a los 100 mejores atletas del siglo XX en Cuba. “El dolor no solo es intenso, sino eterno”.

¿Naciste en Guantánamo?

En Cureira. No conocí a mi papá. Me crió mi mamá, Reina Chivás Baró, y mi tía Ana Valentina. Como te puedes dar cuenta, llevo los apellidos de mi mamá. Ah, mi fecha de nacimiento es el 10 de septiembre de 1954.

¿Cómo llegas al atletismo?

Se lo impuse a Fernando Brú, el entrenador de mi escuela (Risas).

silvia¿Se lo impusiste al entrenador? No te creo

Te explico. Yo corría con los niños del barrio y le ganaba siempre. Eso fue algo que me llamó la atención, y como me llamaba la atención, fui a ver al profesor Brú y le dije que quería practicar atletismo. Me preguntó, y le conté lo de las carreras con los niños del barrio. Me dijo que me iba a hacer las pruebas, y le dije que las quería hacer en ese momento. “Pero, Silvia, son la 1 y media de la tarde”. ¿Te imaginas con el calor que hace en Guantánamo y yo queriendo hacer pruebas de atletismo casi al mediodía? Eso nada más se le ocurre a una niña de 14 años (Risas).

Por tu historia posterior, supongo que te aceptó

Nos citamos a las 4 y media en la pista. Yo quería a las 4, él a las 5, y finalmente le dije que a las 4 y media, y que si no iba yo lo buscaría hasta debajo de la tierra. Ya en la pista, me hizo una prueba en 100, otra en 200, y, como sabes, me aceptó. Eso fue en 1968. Yo quería ser como Miguelina Cobián.

Miguelina que ese año fue la última posta del relevo 4×100 que obtuvo medalla en los Juegos Olímpicos de México.

Miguelina, Fulgencia, Violeta, Marlene… Ellas me empujaron al atletismo, sin saberlo.

Entonces, el profesor Fernando Brú Te aceptó, comenzaste a entrenar…

Me aceptó, comencé a entrenar, y en 1969 participé en los Séptimos Juegos Escolares Nacionales. Pero no solo en velocidad, sino que competí también en Salto Largo. La alumna que representaba a Oriente se lesionó y me tocó a mí sustituirla.

¿Por qué me miras con esa cara?

Porque gané el Salto Largo con 4 metros y 53 centímetros (Risas)

¿Me estás hablando en serio?

Gané el oro en Salto Largo, el oro en los 100, cuarto lugar en 200, y me gané, también, el derecho a matricular en la EIDE (Escuela de Iniciación Deportiva) “Orestes Acosta” de Santiago de Cuba. Dejé ser alumna del profesor Fernando Brú y pasé a ser alumna de Conrado Correa. El profesor Conrado quería que practicara también el Salto Largo, y le dije que no; que el Salto no me gustaba; que competí en los Escolares en Salto Largo por necesidad de la provincia; que a mí me gustaban las distancias cortas, o sea, 100, 200, el relevo… Afortunadamente entendió, y me entrenó fuerte en 100 y 200; y en esas distancias fui campeona en los Juegos Escolares de 1970. Para que tengas una idea, en 100 metros hice 12 segundos, el mismo tiempo que hizo Miguelina Cobián cuando ganó la final de los 100 metros planos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Kingston, Jamaica, en 1962.

Silvia Chivas 3¿De la EIDE pasaste a la ESPA acá en Ciudad de la Habana?

Eh, ¿y cómo tú lo sabes? (Risas)

Es de suponer, ¿no?

Así mismo fue. Antes competir en los Escolares del 70, el profesor Conrado me dijo que Blas Beato me había visto entrenar, y que estaba muy impresionado conmigo; incluso, Conrado, me aclaró que tenía un pie en la EIDE de Santiago y otro en la ESPA (Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético). En la ESPA también conocí a ese que ves sentado ahí (Señala a Irolán Echeverría que escucha sonriente), sin saber que, con los años, iba a ser mi esposo.

O sea, para 1971, año en que se realizaron los Juegos Panamericanos en Cali, Colombia, ya eras alumna de la ESPA.

Todo fue muy rápido. Miguelina sufre ruptura de la vaina del Tendón de Aquiles de la pierna derecha, y la tengo que sustituir. ¡Con apenas 16 años, tenía que sustituir a una corredora como Miguelina! ¡Por poco me muero, muchacho! (Risas).

¿Qué sucedió en Cali?

Primero hice una gira por Europa, y en Cali, en los 100 metros, gané mis 2 hits eliminatorios, y llegué tercera en la final. En un abrir y cerrar de ojos, era medallista de bronce panamericana.

silvia2Como medallista de bronce panamericana, en los Juegos de Cali’ 1971, le abriste los brazos a 1972 que, realmente, fue tu año consagratorio. Me refiero, específicamente, a los Juegos Olímpicos de Munich, ex República Federal Alemana.

Resulta que Miguelina se lesiona nuevamente. Repite la ruptura de la vaina del Tendón de Aquiles de la pierna derecha, y decide retirarse. Con eso te digo que me afiancé en el equipo nacional sin haber cumplido los 18 años. Como dijiste, 1972 fue mi año consagratorio porque, no solo participar, sino conseguir no una, sino 2 medallas olímpicas. Incluso, en semifinales implanto récord mundial juvenil en 100 metros planos.

Quiero detenerme en tu participación olímpica. Primeramente, háblame del relevo.

Queríamos, al menos, repetir la actuación de México’ 1968. Claro, superarla iba a ser difícil, porque en México se ganó plata, y teníamos nosotras que ganar el oro; por eso el repetirla. Ganar nuevamente la plata iba a ser una actuación sin precedentes en la historia del atletismo cubano, aunque ganando el bronce logramos algo que hasta ahora no se ha repetido. En México’ 1968 corrieron, en ese orden, Marlene Elejalde, Fulgencia Romay, Violeta Quesada, y Miguelina Cobián; para Munich’ 1972, se sustituían el 3er y 4to relevos; o sea, Carmen Laura Valdés corrió por Violeta, y yo por Miguelina. En la final llegamos terceras, como sabes, como saben, con un tiempo de 43 segundos y 36 centésimas. En primer lugar llegó la cuarteta de Alemania Federal, que hizo tiempo de 42 segundos y 81 centésimas, muy pegadita, entró segundo las chicas de Alemania Democrática, con 42 segundos y 91 centésimas, y en tercero nosotras. Fue una alegría enorme.

¿Y en los 100?

También llegué tercera. Hice 11 segundos y 24 centésimas. En los 100 ganó Renate Stecher, de la República Democrática Alemana (11 segundos 7 centésimas), y le siguió la australiana Raelene Boyle (11 segundos 23 centésimas). Por cierto, la Stecher ganó también los 200 metros.

¿Y el récord mundial juvenil?

Esa fue otra gran alegría en Munich. Fue en la semifinal. Al llegar a la meta busqué la pizarra y vi el tiempo: 11 segundos y 18 centésimas. Sabía que había implantado Récord Mundial Juvenil.

silvia1Te habías convertido en recordista mundial juvenil, y en la única mujer cubana en ganar 2 medallas en una misma edición olímpica.

Y con 17 años, porque cumplí 18 el 10 de septiembre, estando en Munich.

En 1973 ganaste 3 medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe en Venezuela. Pero tras esos títulos (100, 200, y relevo 4×100) hubo como una disminución en el rendimiento de Silvia Chivás.

Según como se vea.

Por ejemplo…

Si te das cuenta, en 1974, en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo, República Dominicana, obtengo segundo lugar en los 100 y oro en el relevo; en los Juegos Panamericanos de México’ 1975, es cierto que obtuve cuarto en 100 y quinto en 200, pero llegamos segundas en el relevo…

¿Montreal’ 1976?

Los Juegos Olímpicos de Montreal’ 1976 fueron mi gran frustración. Tenía muchas ilusiones, el país depositó en mí una confianza increíble, y tanto en 100 como en el relevo, no pude llegar a la final.

¿Por qué esa merma?

Estaba un poco decepcionada con todo. Para que me entiendas, en todo tenía un poco de decepción. Veía a dirigentes del INDER (Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación) vivir bien y exigir, hasta lo imposible, cómodamente sentados en una oficina con aire acondicionado, mientras que nosotras nos rompíamos la vida entrenando. Vi a dirigentes del INDER limitar nuestro viático, mientras ellos compraban de todo, y con dinero del estado. Nosotras no teníamos nada, y éramos las que traíamos las medallas. Además, esos mismos dirigentes, que muchos ni fueron atletas, cuando no conseguías los resultados que ellos esperaban, había que aguantarlos. Muchas veces, sin contar con nadie ni con nadie, decían “Silvia va a ser campeona, va a traer tantas medallas de oro, y bla bla bla”, y eso no estaba bien. Me fui decepcionando, por eso le dije a Irolán que si en la Copa del Mundo de 1977 no alcanzaba medalla, me iba del deporte.

Pero representando al equipo América fuiste tercera en 100.

Gracias a eso competí en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Medellín, Colombia, en 1978, donde obtuve las 3 de oro: 100, 200, y el relevo. Ahora, la decepción en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, 1979, si provocó mi retiro.

Cuarto lugar en 100, séptimo en 200, y bronce en el relevo.

Así mismo.

¿Con 25 años te retiraste?

Con 25 años no aguanté más y me retiré.

¿Qué hiciste después de tu retiro?

Me casé con Irolán, estudié Licenciatura en Economía, tuve mis hijos…

¿Imaginaste que ibas a ser excluida de la lista de los 100 mejores atletas del Siglo XX en Cuba?

No. En verdad que no. Eso fue a principios de este año (2001), y hasta hoy, en el atletismo, solo somos 4 mujeres que hemos obtenido 2 medallas en Juegos Olímpicos: la difunta Marlene Elejalde, Fulgencia Romay, Ana Fidelia Quirot, y yo; y yo, de ese grupo, soy la única que he ganado las 2 medallas en una misma edición olímpica. ¿Cómo me van a excluir de la lista de los 100 mejores atletas del siglo XX? ¿A quién se le ocurrió tal barbaridad? Ese día me arreglé para ir, aunque nadie me había avisado de nada, yo supuse que era un olvido, pero lo triste fue al llegar, cuando me dijeron que no, que yo no estaba. Pregunté los motivos, y me dijeron que había sido una elección del pueblo. Que el voto había sido popular. Según me dijeron a Ismael Carbonell, el mejor remero cubano de todos los tiempos, no lo seleccionaron porque no había ganado medalla olímpica, ¿y a mí? ¿Qué pasó conmigo? Me dolió, me duele saber que me excluyeron de entre los 100 atletas del siglo en Cuba, y el dolor no solo es intenso, es eterno. Ese un dolor que me va a acompañar hasta el día en que me muera. ¿De qué valió tanto sacrificio? De nada, Aldo, de nada (Lágrimas)

Agradezco públicamente a 2 personas, pues sin ellas este material no hubiese visto la luz. A Tomás Godofredo Herrera Martínez, “El jabao”, persona que colaboró infinitamente con “Estrellas y Antorchas”, y fue quien me facilitó el nexo con el matrimonio Echeverría Chivás; a Néstor Camino Peraza, más que un compañero de trabajo, un amigo, más que un amigo un hermano, por prestarme su bicicleta; “toma y cuídamela, sin ella no vas a poder llegar al Sevillano. En tiempos normales era difícil llegar allí, ahora que no hay guaguas es imposible”.