“Cuando se pierde un hermano…”

hector-pérez-ramírezQuerido Iván:

Te juro que, en mis casi 46 años, en muy, pero muy escasas ocasiones me he visto en la encrucijada de escribir. Esta es una de ellas. Cuando me despedí de ustedes, aquel día viernes 4 de marzo de 2006, salí de Radio Progreso y enrumbé hacia a mi casa caminando, bien despacio, por la calle Infanta, no imaginé que, apenas unos minutos atrás, le había dado el último abrazo, literalmente, a mi también querido Héctor. Recuerdo que hizo prometer, encarecidamente, que me cuidaría, y, sobre todo, que pronto volveríamos a andar, y desandar, los pasillo de la emisora.

Tristemente, afirmo, aunque me cuesta, y duela, reconocer, que esto último nunca más se va a poder concretar, tras la partida definitiva de la persona que, cuando se me ocurría “molestarle”, simplemente le preguntaba si era descendiente de Matías Pérez.

hectorOcurre que si bien es cierto que provengo de una familia radial, muchos no imaginan que di mis primeros pasos, y obtuve mi primer contrato, allá por noviembre de 1992, en CMBF Radio Musical Nacional; ocurre, también, que independientemente de mis apellidos, Luberta Martínez, ejecuté mis primeros pasos, y reitero en el término literalmente, de la mano de Héctor Pérez Ramírez. Refiero a mis “primeros pasos” cuando, fugazmente, fungí como aprendiz de efectista. En términos beisboleros, Héctor me dio la primera bola en “Las damas de Misalongui” (Alicia Fernán, Georgina Almanza, y Yolanda Estevan), y “Cristóbal Colón, las desventuras de un soñador” (Usted, Iván, y Jorge Rivera, si mi memoria no me traiciona).

Y creo que no me traiciona porque en el último capítulo de la última serie que cito, “Cristóbal Colón…”, lloré, emocionado, por primera vez, en un estudio de radio (algo que hice en solo 2 ocasiones). No pude contener las lágrimas cuando, al concluir el capítulo, Héctor, con la humildad que le caracterizaba, entró al estudio y le dio un beso a usted. Ahí me dije “ojalá pueda yo algún día besar a mi hermano al concluir un programa”. Recuerde que en esa época, Albertico, el Cuco, su orgullo, como ha dicho tantas veces, no pensaba trabajar en Radio Progreso.

ivanEse deseo de cumplir funciones laborales junto a alguien tan imprescindible para mí como mi hermano, me la transmitió Héctor Pérez Ramírez, con un gesto no voy a olvidar mientras continúe dando lucha en el mundo de los vivos.

Recuerdo, también, que un día, ya siendo yo director de dramatizados, entro al estudio, y él me llama aparte. Estaba sonriente, pero lloroso. Me abrazó, me dio un beso, y me dijo, mil veces, “gracias, gracias, gracias”. No entendía aquello, y se lo hice saber. Ipso facto la explicación: “Usted dio buenas referencias de Javier para que sea aceptado a pasar el servicio militar en la Escuela INTERARMAS de las FAR “Antonio Maceo”, me lo dijo Rolando; me dijo que gracias a usted él fue aceptado”. “Caramba, Héctor, Javier y Martica, son como mis hijos también”.

progresoLe cuento algo: Que Javier entrara en la INTERARMAS me permitió bromear con Héctor diciéndole que las nueras de Caimito, Ceiba, y Artemisa, le enviaban muchos cariños. La primera vez me miró sorprendido; “¿sí?”, me preguntó; “así mismo, Héctor, son una manada de yeguas que exige la presencia…”. No me dejaba terminar porque explotaba en risas.

Un día le hice el cuento a mi vieja, con mi abuela delante, y Caridad puso el grito en el cielo; y mi abuela, como es de suponer, me hizo jurarle por San Juan Bosco que nunca más le iba a faltar el respeto a una persona tan decente como Héctor.

Héctor, a su forma y manera, disfrutaba de todo aquello, y, sin temor a equivocarme, hasta lo agradecía.

Hace unos días pregunté por usted, y redundo en lo literal, me contestaron: “Iván está hecho mierda, pero es una persona muy fuerte”. Cuídese, Iván. Cuídese mucho. Nosotros lo merecemos, Héctor también. Le prometo, a usted, volvernos a ver; y cuando nos volvamos a ver, también le prometo, darle 2 fuertes abrazos; el suyo, y el inconcluso con Héctor; de todas formas, al abrazarlo a usted, tendré la sensación de abrazarle a él también. De todas formas, y a pesar de la partida definitiva, está, en usted, y omnipresente, la impronta de Héctor Matías Pérez Ramírez.

Transmítale a Mercy, Martica, y Javi, mis más sentidas condolencias.

Cuídese, Iván; cuídese, Fico Jutía

Aldito Luberta Martínez

PD: La segunda ocasión que lloré en un estudio de radio fue grabando “Para ti, mi viejo”; aquel cuento que tuve la oportunidad de escribir; y luego grabé, junto a mi hermano como musicalizador, dirigido por Caridad.

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Un comentario sobre ““Cuando se pierde un hermano…”

  1. Muchas veces he escuchado decir que nadie es imprescindible, pero para mí Héctor lo era. Me hubiera gustado mucho compartir más de lo que lo hice con él, aunque por suerte la vida me dio la oportunidad hermosa de conocerlo, de ser su amiga. Gracias por todo a Héctor; por ser como siempre fue con mi Yolexis, por ser imparcial y escucharnos cuando todo parecía estar al revés en nuestras vidas. Gracias mi Héctor querido, aún te veo en cada rincón de todo lugar, y te veré siempre. Irene

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