“Angola me arrebató a un amigo”

Angola– Mi hijo nooooooooooooooooo…

El grito estremeció la tranquilidad habitual, vespertino nocturna, de la calle 84-A, entre 41 y 43, sita en la barriada de Santa Felicia, municipio Marianao, en Ciudad de la Habana, Cuba.

Calle adorada, barriada querida, municipio amado, provincia idolatrada, isla a que de muchos le debemos la vida. Abuelas y abuelos, madres y padres, hijas e hijo, tías y tíos, sobrinas y sobrinos…

Es apenas un ruta pequeña, asfaltada, que recibe la denominación de 84-A; es apenas insignificante, pero nos vio crecer; mi hermano y yo, tuvimos la dicha de confluir, en tiempo y espacio con Alain y Yamira, Boris y Denis, Pablo y Fernandito, “Chacho” y “Papito”, Carlitos y David, Carlitos y “Mongui”, Janette y Elsa María, William y “Mayito”, Sandra y Denis, Nereyda e Ivón, Aramis e Ileana, Rolandito y Oscar, Anabel y “Tato”…

– Mi hijo noooooooooooooo- aún el reclamo piadoso de “Caruca” constata presencia en mi pensamiento.

No entendíamos lo que sucedía aquella tarde de viernes, previo al segundo domingo de mayo, Día de las Madres. No entendíamos, o no queríamos entender, porque mientras nos acercábamos a la residencia marcaba con la numeración 4105, nuestras dudas, triste y trágicamente, se iban despejando.

– ¿Qué pasó?

– “Tato”- le escuché balbucear, entre sollozos, a mi madre- Mataron a “Tatico” en Angola.

A Jorge Oliver Hernández nunca le llamé por su nombre; para mí continúa siendo, a pesar de la partida definitiva, mi querido “Tato”. Crecimos jugando a las bolas, béisbol, empinando papalotes… A pesar de ser 4 años menor que él, pudimos compartir los inolvidables entretenimientos callejeros que le son común a una partida de niños.

– ¿Mataron a “Tato” en Angola?

Repetían todos aletargados. Una guerra inexplicable, como le suelen nombrar a cualquier conflicto bélico, nos había arrancado al amigo, al hijo, al sobrino, al nieto, al hermano… Sí, porque “Tato”, “Tatico”, era amigo de todos, hijos de todos, sobrino de todos, nieto de todos, hermano de todos.

– ¿Qué le pasó?

“Tato”, que en el momento de su muerte apenas contaba con 18 años, quiso ir a cumplir su servicio militar a Angola. Un país, ubicado en el centro sur de África, a unos 14 mil kilómetros de distancia de la isla de Cuba, del que poco, o nada, se sabía. “Tato”, si mi memoria no me traiciona, partió hacia la lejana nación, en el mes de noviembre de 1983, a pesar del pedido de muchos, no solo de sus allegados sanguíneos, para que no se fuera. A “Tato”, niño que jugó a ser hombre, se le despidió con tristeza, con orgullo, pero sin imaginar que el adiós era para siempre. “Cuídame las palomas, abuelo”, fue su pedido a Servilio.

– ¿Qué le pasó a mi niño? – preguntaba, constantemente, Dora en su angustia de abuela.

Informaciones muy confusas afirman que se desplazaba en una caravana, y el camión que lo transportaba “pisó” una mina; narran también que llegó con vida al hospital campamento, y que, encarecidamente, le pedía al teniente ver a “Caruca”, su mamá; cuentan que, minutos después, su mirada tornó vidriosa, y la sonrisa de siempre se transformó en rictus mortal.

Sucedió el 11 de mayo de 1984, y me atrevo a afirmar que su muerte trazó un antes y un después en los vecinos de la calle 84-A; todos, sin excepción, no fuimos nunca más los mismos; todos, sin excepción, a pesar de los 31 años transcurridos, nos cuesta creer en su partida definitiva tan prematuramente, y menos olvidar el grito desesperado de “Caruca”:

– Mi hijo noooooooooooooooooo

“Tato”, nunca te imaginé mártir, sino compartiendo conmigo, con nosotros, la vida que nos merecíamos juntos. Hasta siempre, “Tatico”, hasta un día.

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3 comentarios sobre ““Angola me arrebató a un amigo”

  1. Haci es mi hermano y lo más triste fue que después de muerto lo volvieron a citar para el servicio militar y mi padre tuvo que llamarle la atención a los de la oficina que citaban ese día tú y yo hacíamos una fiesta y por supuesto la suspendimos por esta desgracia saludos hermano

  2. Gracias mil por este homenaje tan sentido. Ha pasado muchos años pero su precencia siempre vivió con todos nosotros. Nuestra familia le fue fiel a su recuerdo y su sonrisa y carisma nos acompañaron toda la vida. Mis tíos no volvieron a ser los mismos, este hecho los marcó, pero yo preferí llevarlo vivo en mi corazón y mis acciones.

  3. Tremendo, Aldito! Y tu cronica es excelente por el ahorro preciso de adjetivos y calificaciones. Y me extremece porque a mi me pudo pasar! Un dia de la 2da mitad de los 80s, no muchos años mayor que Tato tambien me dio un pronto de esos, y buscando respuestas a muchas preguntas, también me fui a Angola. Por suerte la aventura no le trajo tan grande dolor a mi madre, pero me perdi casi año y medio del crecimiento de mi hija bebé. Solo por eso tan absurdo idealismo no vale la pena!

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