“Sueño con comodidad”

pileta“Qué fácil es trascender con fama de original/ pero se sabe que entre los ciegos/ el tuerto suele mandar…” Silvio Rodríguez

Soñé, porque tengo derecho a soñar, y me refiero al sentido literal del sueño. Ese que nos avisa de su llegada, feliz o infeliz, paulatina o bruscamente, cuando experimentamos cierta comezón en los ojos, y, al mismo tiempo, otro tanto de pesadez en los párpados. Ese que nos indica, bostezo mediante o no, que las actividades deben de tener un breve receso, lapso en que Morfeo nos arrulla en sus brazos cual bebé amamantado.

“Soñar/ la luna me hace soñar/ porque ella dice que está/ enamorada del mar…”… Reza una vieja canción, cuya letra no domino, no obstante, supongo que, independientemente del sueño, aborde el tema de amores imposibles, porque, realmente, sentido literario a un lado, no me imagino a la luna enamorando al azul infinito.

Soñé, por ejemplo, que, tenía 10 años menos (aproximadamente 36), y junto a mi familia, residía en un complejo de viviendas fuertemente amurallado, parodia, arquitectónica, del afamado, y tristemente célebre, búnker que poseía el dictador Anastasio Somoza en su natal Nicaragua. Soñé, también, que, sin apenas conocer, era propietario, además, de un canal de televisión, 2 emisoras de radio, y de un diario. Soñé, fue lindo soñar, que mi cómoda y moderna oficina de trabajo, ubicada dentro del recinto amurallado, estaba situada debajo mismo de la piscina, para, así, recibir del exterior un mundo distorsionado y surrealista, semejante a una descripción de Salvador Dalí, Alfred Hitchcock, Luis Buñuel, Giuseppe Arcimboldo, o Pablo Picasso…

Soñé, y sonreía en sueños, que vivía en un país donde se anunciaba, y esperaba, la visita del Sumo Pontífice. Soñé que, desde la placidez de mi habitáculo laboral, dispuse la participación de los funcionarios, bajo mi égida poco brillante, en la amplia cobertura propuesta.

Soñé, poseído por ínfulas con escaso basamento, que mi plan estratégico era ovacionado, hasta el enrojecimiento de las palmas, por 3 de mis más fieles acólitos, mis simpáticas marionetas. Soñé que me enorgullecía de mí mismo, de mis brillantes proyecciones, y, soñé también, que despedí, de manera justificada, a un funcionario disidente, traidor a mis principios empresariales, porque fue capaz de dudar al exponer que los medios dirigidos por mi sapiencia no contaban con la tecnología necesaria para enfrentar tan magno evento. “Necesitamos inversión, señor, además el personal no cobra hace 3 meses”… “Fuera de mi vista”, grité enfurecido, “eres un traidor, conspirador, judas, renegado, desertor, desleal, infiel, alevoso, felón, ingrato. Mancillas la mano que te da de comer, intrigante, apóstata, chaquetero, avieso…”.

Soñé, irrepetible experiencia, que eché, como a un perro bastardo, al deshonesto, y amenacé a quienes quedaron delante de mí, a esos 3 que ovacionaron mi disertación estratégica para la cobertura a su Santidad. “Sé que tenemos problemas, sé que existen atrasos en los pagos a funcionarios, pero por favor, no me lo recuerden más. Yo paso horas encerrado en esta oficina, que me ahoga, pensando, ideando, creando, maneras visibles de que todos tengamos una mejor vida. Tenemos problemas. Lo sé. Yo también tengo problemas. Gastos de luz, de agua, gastos de mis hijas… Mi economía tiene problemas también, por eso entiendo a esos trabajadores, abnegados, que no perciben salario desde hace 3 meses, y a los que me es imposible, no solo pagarles en tiempo, sino pagarles lo que merecen. ¿Creen que me siento bien conociendo que la mayoría gana menos de salario mínimo? ¿Creen que esos despidos que hemos tenido que hacer, todos en contra de mi voluntad, no han sido sino para proteger a esos que hoy reclaman salarios atrasados? Sé que descontamos el seguro social, y que no pagamos el seguro social, tenemos esa deuda, pero es problema de la crisis mundial, de la globalización que nos está hundiendo”.

Soñé, y me emociona evocar el sueño, que mis 3 interlocutores, mis 3 leales compañeros, puestos de pie, apoyaron mis palabras, con gritos, efusivos, de “amigo/ estamos contigo”. Así son, así reaccionan mis 3 marionetas: La Drea, el Gus, y el Las

Soñé, me es imposible contener las lágrimas recordando, con la visita de Su Santidad; soñé con la cobertura de medios; soñé con el sacrificio de mis funcionarios; soñé que llovía, y se trasmitía, soñé que bajo una fuerte tormenta, mis trabajadores cumplían; soñé que la cobertura, tras la despedida del Sumo Pontífice, todos me felicitaban, halagaban mi gestión…

Soñé, que, muchos, silenciosamente, increpaban mis acciones, al tener que despedir a 5 de mis mejores trabajadores; a 5 integrantes que, minutos antes, en sueños, los había contemplado, desde la comodidad de mi moderna oficina, convirtiendo, mágicamente, los misérrimos medios de trabajo, en tecnología de punta.

Soñé que pensé: “Tengo que contratar a una chica nueva; no la conozco, pero es hermosa; no sé su capacidad, pero tengo que retribuirle un buen salario, y para lograr eso, tengo, indefectiblemente, que despedir a esos 5, y lograr que el trabajo de esos 5 sea cumplido por otros, sin tener que pagar salarios extras”.

Soñé, y desperté… Afortunadamente.

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Un comentario sobre ““Sueño con comodidad”

  1. Excelente narración…ideal para un monólogo en las tablas o en la radio…y bueno la pesadilla al menos no incluyó que se te ocurriera crear un “picadillo de soya” (que ambos conocimos desdichadamente) para ofrecerle a tus funcionarios y empleados…

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