“El daño mayor no es solamente por los mosquitos y el calor”

tomenta1“Habla con mi primo Alfredo para que cuente a vos lo que está pasando en San Lorenzo”, me comentó, apesadumbrado, Arnaldo Javier Aranda. “Hace 3 días que no en su casa no hay ni luz  ni agua, y él tiene una despensa. En la tormenta del viernes su casita no sufrió mucho, pero prácticamente todo lo de su venta se le está echando a perder. Helados, barras de chocolate, queso. Está desesperado”.

Conversé con Alfredo Aranda, comerciante de 34 años, a través del celular de su primo, y, reconozco, que no necesité tenerlo frente a frente para palpar su desesperación. Vive con su madre, su esposa, en avanzado estado de gestación, y 2 niños pequeños. “Sin luz apenas vendo, porque mi cerveza, mi gaseosa, y mi agua, están calientes, y nadie las compra así. Y según me dijo Arnaldo, le contó sobre los productos que, sí o sí, necesitan frío. Los helados ya se derritieron todito, los chocolates por el estilo, el queso también. De verdad que no sé qué hacer, amigo”.

EN APENAS 30 MINUTOS…

En la madrugada del pasado viernes, 4 de diciembre, una infernal tormenta, de aproximadamente 30 minutos en los que cayeron 68mm de lluvia, azotó no solo la capital del país. Asunción, San Lorenzo, Lambaré, Capiatá, Fernando de la Mora, Limpio, exhibieron, desde horas tempranas, las huellas del fenómeno climatológico.

Dos menores fallecidos, en Asunción y Capiatá, de 14 años y 3 meses de vida, respectivamente, engrosaron, trágicamente, el reporte de víctimas fatales. Aguaceros, fuertes vientos, y granizo, dieron lugar a los temidos raudales, caída de árboles, derrumbes arquitectónicos, y desprendimiento de cables de alta tensión.

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“PENSÉ QUE SE IBA A ACABAR EL MUNDO”

“Me despertó el fuerte viento. Abrí la ventana del cuarto que comparto con mi esposa e hijos, y me di cuenta que se había desatado una tormenta. Se despertó mi esposa, y luego los niños que, de tanto susto comenzaron a llorar. Yo pensé que se iba a acabar el mundo. Una rama cayó sobre el techo de la sala y lo rompió. Comenzó a entrar agua. ¡Fue terrible todo!”.

Arnaldo asegura que, afortunadamente, “aquello duró poco”, no obstante “comenzó otra odisea” cuando los cortes de agua y luz “se han hecho interminables. El problema es, señor, y es lo que más me preocupa, que hace 3 días que no tengo ni luz ni agua, pero no sé qué tiempo me queda en esta situación. La ANDE y la ESSAP dicen que están trabajando, pero no hay esperanza alguna de que todo se arregle pronto. Le digo que el daño mayor no es solamente por los mosquitos y el calor. El daño mayor viene porque apenas vendo, y si no vendo con qué mantengo a mi familia”.

“NOS HA CONVERTIDO EN MÁS POBRES”

“Esta tormenta, creo que la más feroz que he visto en mi vida, nos ha convertido en más pobres. Apenas tengo ingresos, mis productos se me han echado a perder, y, encima, tengo que arreglar el techo de la sala de mi casa, porque si llueve de nuevo, la casa se me llena de agua”.

Alfredo refiere que su principal fuente económica radica en la comercialización de bebidas. “Cervezas, gaseosas, y agua. Vendo también muchas golosinas. Además, de panificados. Mi esposa frita empanadas que tienen bastante salida. Un buen día de ventas podemos recaudar entre 300 mil y 350 mil guaraníes, pero nos dan para el diario, para los costos del día a día, no para algo más. Porque según vendemos, gastamos; tenemos los gastos de la casa, de los niños, y de la despensa. Hay que invertir a diario. Días de fútbol vendo bastante cerveza, pero, por ejemplo, el sábado hubo partido, pero no vendí porque nadie compra cerveza caliente, y como mis vecinos están en idéntica situación, se fueron a ver el juego a otro lado. ¡Ni hielo puedo hacer!”.

Pero según un comunicado de la ANDE han restablecido el servicio eléctrico en un 90% de las zonas afectadas.

Pues mi zona está en el 10% que falta.

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¡FIAT LUX!

Fiat lux es una alocución latina, de origen hebreo, que significa “que se haga la luz”, “hágase la luz”, “sea la luz”, que proviene del tercer versículo bíblico del libro Génesis. La traigo a colación porque, precisamente, mientras se concretaba nuestra conversación telefónica, a Alfredo y su familia le llegó la gran alegría.

“Acaban de restablecer el servicio eléctrico, che amigo”, me comunicó mi interlocutor con gran alegría. “Discúlpeme, pero tengo que cortar la comunicación. Voy a conectar mis equipos, y ver cuánto perdí en estos 3 días. Discúlpeme”.

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