“Si muero antes quién me lo va a cuidar”

Mercado41Ña Cristina, roza las 7 décadas de existencia, y nos recibe con una inigualable sonrisa, muy sincera por cierto, en su humilde lugar de trabajo sito en sitio recóndito del Mercado Municipal Número 4. “no quiero fotos porque estoy muy fea”, acota divertida esta sencilla, pero admirable, mujer, no mostró hándicaps  para dar detalles de su vida “que a pesar de lo mal que he vivido doy gracias a Dios por haberme dado la posibilidad de estar en este mundo”.

“Vivo en Itá y hace 60 años que vengo al mercado a trabajar. Con la edad que tengo me despierto a las 3 de la madrugada para poder estar aquí a las 6. Vendo las frutas que busco en el Abasto. Porque primero paso por allá, busco mis productos, y luego vengo. Aquí crecí, aquí nacieron mis hijos, y aquí me voy a morir. Nací muy pobre y me voy a morir muy pobre también. Tuve 8 hijos y 5 están vivos, y de esos 5 hay 2 que están presos en Tacumbú por tráfico de drogas. Mi esposo está postrado en una cama. No se puede mover porque tuvo un problema en el cerebro. Yo me siento bien. Una de mis hijas me ruega que ya no venga más, pero no. No quiero ser carga para nadie. Mientras tenga fuerzas y salud, sigo trabajando. A veces me duelen las piernas por las várices, pero nada que me detenga por ahora”.

MERCADO DE INFORMALIDAD

Se afirma que en América Latina según la Organización Internacional del Trabajo (OIT),Mercado4 estimativamente, existen 270 millones de desempleados, y de esta cifra, cálculo aproximado, 130 millones realizan trabajos informales. El ente mundial señala que en nuestra zona geográfica Honduras, Perú, y Paraguay, son los países que más alto índice exhiben en ambas vertientes.

“Tengo 68 años, y desde que tenía 5 estoy viniendo a trabajar acá. ¿Usted sabe de cuentas? Entonces podrá ver que llevo 63 años en este lugar, y lo más triste no es lo trabajado, sino que nadie se ha interesado nunca por mí. Me conocen los clientes que compran las frutas que vendo, pero fuera de eso nadie sabe que estoy acá. O sea, nadie de forma oficial”.

SINNÚMERO DE TRABAJADORES INFORMALES

El caso de Ña Cristina no es único. Se conoce que, sobre todo el Mercado Municipal número 4 y el Mercado de Abasto, sitos ambos en territorio asunceno, existe un sinnúmero de trabajadores informales.

Están José el verdulero, Pedro que ofrece Cd’s de música internacional y DVD’s con las últimas producciones fílmicas, María que a bajos precios comercializa bóxer y lencería, Sinforiano que a pesar del calor corre para subir a los colectivos anunciando “jugos fríos para aliviar el calor”… Y, como pueden ver, no nos queda espacio para continuar nombrando porque la cantidad, realmente, es inexacta.

CIFRAS MUNICIPALES

mercado43Guarismos proveídos por la Municipalidad de Asunción dan fe que, a su vez, por ejemplo, Christian Bareiro, Director del Mercado Municipal Número 4, asegura que en la entidad que lidera existen 2.848 vendedores permisionarios; Víctor Otilio Sánchez, por su parte, figura cimera en el Mercado de Abasto, afirma que la cifra, en el centro de referencia, es de 1.500 comerciantes.

Los datos enviados, muy cordialmente, por Juana Miranda, Coordinadora del Departamento General de Comunicación de la Comuna capitalina, están acompañados con una petit aclaración: “El Director del Mercado 4 inició un censo para actualizar esos datos”.

MUCHA DESIGUALDAD

El Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que “la informalidad se asocia a niveles elevados de desigualdad, corrupción, e instituciones económicas de escasa calidad. Los trabajadores asociados a este fenómeno reciben pagos paupérrimos”.

mercado44“Que me lo digan a mí”, refiere Ña Cristina, con un velo de humedad en los ojos. “Gano muy poco. Soy el sostén de mi casa, porque te dije que me mi esposo no se puede mover. Hay que hacérselo todo. Una nieta mía lo atiende mientras yo estoy trabajando. Sueños ya no tengo. Quise tener una casita digna, pero ya ni eso. Amanezco agradeciendo a Dios por un día más, y me acuesto pidiendo a Dios que no me lleve. No quiero morirme antes de mi esposo, porque si me muero antes quién me lo va a cuidar”.

Me alejo de Ña Cristina agradeciendo por su tiempo. “No tienes nada que agradecer. No me molestaste, al contrario”, riposta sonriente.  Me alejo pensando en mi entrevistada y en los cientos de trabajadores informales que buscan sus sustento, no solo en el Mercado Municipal número 4 y en el Mercado de Abasto.

“Sería excelente que se les reconozca”, murmuré. “Por el bien de ellos. Por el bien de todos”.