“Duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”

Dr PalaciosTanto para Felipe Palacios como para su esposa María Estela Morínigo rememorar lo sucedido en la mañana del 1 de agosto de 2004 les hace vivir el día más fatídico de sus existencias. “Perdimos a nuestras 3 hijas. María Epifanía de 12 años, María del Carmen de 9 años, y María Estela de apenas 4 años. Ellas murieron solitas, y nos duele no haber estado con nuestras hijas en sus últimos momentos”. Nos recibieron en su residencia, sita en el barrio Trinidad, de Asunción, para iniciar el rodaje del documental “Ycuá Bolaños, el genocidio”, idea que desde hace no pocos años vengo acariciando y que finalmente podré concretar con el apoyo de Press, entidad audiovisual que lidera Christian Núñez, como hermano para mí. El matrimonio Palacios Morínigo, además, muestra, en sus cuerpos, las huellas de las severas quemaduras que sufrieron en aquella fatídica jornada donde, in situ, se constató el deceso de más de 400 personas. “El incendio del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín Botánico, es la mayor tragedia civil en la historia del Paraguay. Aunque se sabe es bueno repetirlo. Repetirlo hasta el cansancio para que algo tan siniestro no vuelva a suceder”.

¿Qué recuerda de aquella mañana del 1 de agosto de 2004?

Para ese domingo teníamos un programa previamente establecido. María Epifanía y María del Carmen, las 2 niñas mayores, estaban en la catequesis. Mi esposa y yo, junto a Estelita, la más chica, las fuimos a buscar para llevarlas a una consulta odontológica, de regreso pasaríamos a retirar unas adhesiones con el objetivo de almorzar acá en casa. Adhesiones teníamos en 2 lugares. En el colegio de Epifanía y Carmencita habíamos reservado en una pollada que iban a hacer, y luego, acá en el barrio, la Junta de Vecinos, que estaban haciendo un asado para adquirir equipos de seguridad.

O sea, tenían la intención de retirar 5 raciones de pollo otras 5 de asado vacuno para almorzar en familia. ¿Dónde surge la idea de ir al Ycuá Bolaños?

Cuando salimos de la consulta odontológica las niñas quisieron comprar chipa. Ahí decidimos pasar primero por el supermercado. Nosotros éramos clientes habituales del Ycuá Bolaños. Era una construcción hermosa, con tecnología muy actualizada, de la que nos sentimos orgullosos, sin saber que un día esa construcción se iba a convertir en un crematorio.

Supongo que llegaron al Ycuá, estacionaron…

Primero se bajaron las niñas, y nosotros nos quedamos en el auto para estacionar. Y pudiendo hacerlo cerca de la entrada, no sé los motivos, lo hice un tanto alejado. Y aclaro que no sé los motivos, porque algo, desconozco qué fuerza, hizo que no me estacionara en la entrada. De haberlo hecho, tanto mi esposa como yo, hubiésemos fallecido también, porque en ese lugar la temperatura alcanzó 800 grados.

¿Ustedes no estaban dentro del supermercado en el momento del incendio?

No. María Estela y yo estábamos en el estacionamiento, las niñas sí, por eso no pudimos estar con ellas en sus últimos momentos. Cuando escuchamos la primera explosión salimos a buscar a las niñas, entonces se produjo la segunda explosión. Ahí no recuerdo nada más, porque desperté del coma el 16 de agosto, 15 días después del incendio, sin tener noción de lo que había pasado, y regresamos a casa el 21 de septiembre.

En cierta ocasión leí unas declaraciones que usted, doctor, hizo a la prensa, y me llamó la atención un detalle interesante: usted no puede asegurar que las puertas esteban cerradas.

Exactamente. Se afirma, y es algo que tiene fundamento, que el guardia de seguridad cerró las puertas, por orden de los directivos del supermercado, para que los clientes no se marcharan sin pagar, para evitar robos. Yo no puedo mentir, amigo, a nosotros no nos consta que eso sucedió, porque nunca estuvimos dentro del local. Las niñas subieron y nosotros nos quedamos en el estacionamiento.

Hubo un proceso judicial que ustedes vencieron a los Paiva, ¿hablaron con ellos alguna vez?

No, hablar no, pero si me le paré delante para que viera lo que habían hecho conmigo, con nosotros. Tenemos vida limitada, las quemaduras nos impiden tomar sol, ya no somos los de antes. Mis manos, por ejemplo, estas manos que usted ve, fueron reconstruidas. Mire mi rostro. Eso es lo que quería que Paiva, Juan Pío, el padre de Víctor Daniel, viera. Solo bajo la cabeza. No dijo absolutamente nada. Además, nos quitaron a mis niñas, nuestro más preciado tesoro, nos quitaron la posibilidad de procrear. Intentamos volver a tener criaturas pero no pudimos. El incendio del Ycuá Bolaños nos destrozó en vida. Nos sepultó.

La justicia debe a las víctimas…

No hay justicia, amigo. Acá en Paraguay, si no tienes dinero, no se hace justicia. Todo lo que nos ha sucedido, no solo a nosotros, es un bochorno. Hay mucha gente que ha ganado crédito con la causa del Ycua Bolaños, hay mucha gente que ha escalado puestos con la causa del Ycuá Bolaños, hay mucha gente que ha lucrado con la causa del Ycuá Bolaños. Es una vergüenza, por eso quiero que nuestro caso se conozca en el mundo, por eso accedí a que me entrevistaras para tu documental.

He conversado con muchos sobre la causa, y no pocos coinciden, y catalogan el siniestro como un genocidio. ¿Coincide con el adjetivo?

Totalmente. ¿Qué significa genocidio? Según el diccionario, y así lo expuse en mi libro, es la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento. ¿Qué fue el Ycuá Bolaños? Un genocidio donde murieron más de 400 personas. Un acto criminal en grado superlativo, donde un grupo de indolentes, cuidando intereses económicos, exterminó a 400 personas. Me comentaste que tu documental se va a titular “Ycuá Bolaños, el genocidio”, ¿cierto? Pues recibe nuestra aprobación, porque, precisamente, el incendio, el 1 de agosto de 2004, del supermercado Ycuá Bolaños, sucursal Jardín botánico, fue un genocidio. No hay otro calificativo.

María Epifanía, María del Carmen, y María Estela…niñas

María Epifanía fue sepultada el 5 de agosto; su cuerpo se recuperó íntegro, pero los de María del Carmen y María Estela, no. A María del Carmen nos la entregaron en 2 momentos; y el cuerpo de María Estela, la más pequeña, en 3. Ambas niñas tuvieron que ser identificadas por el ADN. Yo supe de la muerte de ella estando convaleciente. Pregunté por ellas El 21 de septiembre de 2004, día de la primavera, 51 días después del incendio, a continuar la recuperación en casa, y nos parecía que ellas estaban en todos lados. Algo que continuamos sintiendo. Es como si ellas no se hubieran marchado. Yo converso con ellas casi a diario y les digo que no las vamos a olvidar nunca, que ellas están con nosotros, y aunque adoptamos 2 niños, aunque tenemos 2 hijos de corazón, ellas siempre serán nuestras niñas. Iris Nathalia y Matías de Jesús no vinieron a nuestras vidas para reemplazarlas, sino para llenar el hueco que ellas dejaron. Las lloramos a diario, y esperamos el momento de reencontrarnos.