“¿Por qué tanta saña contra él?”

Kwon Ho Sim, Lazaro Rivas Yong Gyun KangEl Festival Nacional de la radio cubana correspondiente al año 2000, en territorio de la provincia de Sancti Spiritus, es, y será, inolvidable para mí. No solo en el plano profesional fui reconocido, sino que personalmente tuve la oportunidad de compartir con colegas, mis eternos colegas, de emisoras sitas desde el Cabo de San Antonio hasta la mismísima Punta de Maisí, sino que, además, tuve el privilegio de competir en el lugar que pernoctamos, el hotel “Zaza”, se alojó el equipo cubano de Lucha Grecorromana participante en el tradicional Torneo “Cerro Pelado” que en la ocasión tenía la sede en la tierra de Serafín Sánchez.

Al reaccionar, ante tal selecta constelación de estrellas, me di a la tarea de saludar, con respeto, privilegio, y admiración a figuras, establecidas, como Filiberto Azcuy, Reinaldo Peña, y otras, como Lázaro Rivas Scull, que a pesar de su notable juventud ya exhibía el título de Campeón Mundial de Mayores, categoría 54 kilogramos, obtenido en Atenas, Grecia, en 1999.

“Sí, mi nombre es Lázaro Rivas, pero cuando preguntes por mi llámame por mi apodo. Me dicen ‘Cocuyo’. Allá en mi tierra, San Nicolás de Bari, me pusieron así y así me dice todo el mundo. Soy negro, bajito (1.59 metros), flaquito (54kgs), y tengo los ojos saltones. ¿No me parezco a un cocuyo?”, me comentó sonriente. “Así que no tengas pena de decirme ‘Cocuyo’ porque ya estoy acostumbrado.

Y así sucedió. A pesar de que fueron escasas las circunstancias de intercambiar siempre, siempre, le llamé “Cocuyo”.

A su regreso de los Juegos Olímpicos de Sídney, año 2000, nos encontramos, casuísticamente, y me expresó su inconformidad con el resultado obtenido. “No quería la medalla de plata, pero no se pudo hacer otra cosa. Sim Kwon Ho (Corea del Sur) me ganó. Él fue mejor que yo”.

Solíamos enviarnos saludos a través de terceros. “Oye, gordo, ¿sabes quién te envía un abrazo? ‘Cocuyo’. No sabía que ustedes se conocen. ¿De dónde tú conoces al loco ese?”

Cuando el 6 de marzo de 2006 me trasladé a residir en Paraguay perdí todo contacto con él. Solo sabía de sus éxitos a través de notas de prensa publicadas en Internet. Por internet estuve al tanto de sus éxitos, insisto, y, también, por Internet, un año después, supe de su trágico, e inexplicable, fallecimiento el 22 de diciembre de 2013.

Escuetos artículos referían al ex atleta asesinado, con apenas 38 años, durante las festividades de fin de año en San José de las Lajas, municipio cercano al que lo vio nacer. “Aldito, fueron 11 puñaladas”, me escribió Alexis Rivalta, “Macao”, un amigo en común. “Estuvo en terapia intensiva. Había perdido mucha sangre. Le estaban operando una herida en el cuello y le dio un infarto masivo. El que lo asesinó se entregó a la policía. Creo que se llama Wilfredo. Fue muy triste todo”.

Aún guardo el correo electrónico. Lo recibí a comienzos de 2015 y, confieso, que lo he leído cientos de veces porque aún me cuesta saber que Lázaro Rivas Scull, “Cocuyo”, ya no está con nosotros. Pero lo más difícil es que no hallo respuesta a la interrogante que en tantas ocasiones me he formulado: ¡11 puñaladas! ¿Por qué tanta saña contra él?

A manera de información:

Lázaro Rivas Scull (San Nicolás de Bari, 4 de abril de 1975 – San José de las Lajas, 22 de diciembre de 2013. Además de titular mundial (Atenas’1999) y subcampeón olímpico (Sídney’2000) fue campeón, en 2 ocasiones, de los Juegos Panamericanos (Winnipeg’1999 y Santo Domingo’2003), y subió, 8 veces, a lo más alto del podio de premiaciones en torneos continentales (1996, 1997, 1998, 2000, 2002, 2004, 2005, y 2006). Su palmarés muestra medallas de bronce mundiales en los torneos de Patras, Grecia (2001) y Creteil, Francia (2003). Era un atleta que se destacaba por una depurada técnica y una formidable velocidad en el colchón.

“Nos dimos cuenta de que no podíamos mantenerlo alejado”

juan emilioElla fue a nacer/ en una fría sala de hospital/ cuando vio la luz/ su frente se quebró como el cristal/ porque entre sus dedos a su padre como un pez se le escurrió/ hace un mes cumplió los veintiséis/ solo pienso en ti

“Solo pienso en ti”, es el título de un tema musical interpretado, y puedo afirmar que también inmortalizado, por el español Víctor Manuel. “Solo pienso en ti”, que en no pocas ocasiones Víctor Manuel lo ha interpretado a dúo con Ana Belén, narra la historia de amor de 2 jóvenes con capacidades especiales recluidos en un centro especializado. Ella y él, o él y ella, como son identificados, protagonizan el relato musicalizado, que suele provocar emociones en quienes son dados a escucharlo.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

Sin embargo, los protagonistas, y redundo en la palabra, de este artículo no son ella y él, o él y ella, sino María José y Juan Emilio, 2 jóvenes con capacidades especiales, pero con realidades muy distintas a los que encarnan la descripción expuesta en la canción de referencia.

Él nació de pie/ le fueron a parir entre algodón/ su padre pensó/ que aquello era un castigo del señor/ le buscó un lugar para olvidarlo/ y siendo niño le internó/ pronto cumplirá los treinta y tres/ sólo pienso en ti

María José Cáceres y Juan Emilio Schaerer, o sencillamente “Majo” y Emilio, son muchachos, en plena mocedad como lo muestran sus edades, que padecen Síndrome de Down, trastorno genético descrita por, primera vez, por el médico británico John Langdon Haydon Down, en 1886.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

“Al principio el mundo se nos vino encima”, afirmó Ada Liz de Schaerer, madre de Juan Emilio, “pero luego nos dimos cuenta de que no podíamos mantenerlo alejado, escondidito de la sociedad. La sociedad los relega, los discrimina, y un poco comprendo que las madres de un niño normal no quieran que sus jueguen con un niño que padece el Síndrome de Down, por eso, mi esposo y yo nos propusimos explotar las capacidades físicas que Dios le dio a nuestro hijo, y el resultado es que en Paraguay, actualmente no existe ningún otro joven con Síndrome de Down que domine tanto el patinaje de carrera, como el patinaje artístico.

En el comedor/ les sientan separados a comer/ si se miran bien/ les corren mil hormigas por los pies/ ella le regala alguna flor/ y él le dibuja en un papel/ algo parecido a un corazón/ sólo pienso en ti

Pero la realidad de Juan Emilio va más allá de ser el único joven con Síndrome de Down que domine ambas variantes del patinaje; este noble mocete se ha coronado varias veces Campeón Sudamericano, en la modalidad de patinaje artística, tanto en el plano individual, como en pareja. En esta última lo ha acompañado a lo más alto del podio de premiaciones, su amiga, y compañera en el deporte, María José Cáceres, siempre bajo la mirada crítica y paternal del entrenador Marcio de Castro.

Hey, sólo pienso en ti/ juntos de la mano, se les ve por el jardín/ no puede haber nadie en este mundo tan feliz/ sólo pienso en ti

Los conocí en el evento de Pesca de Playa para jóvenes con capacidades especiales que, de manera excepcional, organizó la Asociación Paraguaya de Caza y Pesca. Conversé con ambos y, además de su locuacidad, comprobé el orgullo que experimentan al ser representantes del deporte paraguayo. Al marcharse, en compañía de sus familiares, tuvieron la gentileza de ofrecerme un gesto de despedida, durante la espera para el comienzo del evento de Pesca de Playa vespertino, como merecido homenaje a “Majo” y Emilio, se me ocurrió modificar la estrofa más popular de “Solo pienso en ti”:

Hey, solo pienso en ustedes/ juntos de la mano, se les ve bien competir/ no puede haber nadie en el este mundo más feliz/ solo pienso en ustedes