La mujer a la casa, no a los Juegos Olímpicos

ama de casaImaginemos que hoy es 6 de abril de 1896 y que estamos en Atenas, Grecia, para ser testigos de la inauguración de los Primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, donde van a competir 241 atletas de 14 países.

Los relojes marcan las 16 y 40 horas. El estadio olímpico hace silencio. El rey de Grecia Jorge IV se acerca lentamente al estrado principal para dejar abierta, oficialmente, la 1ra edición olímpica de nuestros tiempos:

“Proclamo la apertura de los primeros Juegos Olímpicos internacionales en Atenas. Larga vida a la Nación. Larga vida al pueblo griego”.

Expresa el soberano y el silencio es roto por una larga ovación. Se aplaude. Se aplaude emocionadamente. Se aplaude a los futuros campeones olímpicos, pero además, se aplaude a uno de los actos más discriminatorios contra la mujer que se ha podido constatar: Los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.

pierredecoubertinEl francés Pierre de Freddy, Barón de Coubertain, segundo presidente en la historia del Comité Olímpico Internacional (COI), fue el gran culpable de lo anterior ya que se opuso totalmente a la participación femenina en ese tipo de eventos.

Afirmaba que “la mujer estaba destinada a la casa; a atender al hombre para que este pudiera enfrentarse a los más rudos deportes sin preocupación alguna”.

Nada es perfecto, y muchísimo menos la mentalidad de un Barón. A Coubertain se le agradece el hecho de retomar los Juegos Olímpicos, pero no el discriminar al mal llamado sexo débil.

La mujer reclamó el derecho al deporte y lo logró tras 32 años de lucha. El primer paso se da en 1917 cuando se constituye la Federación Francesa de Deportes Atléticos, y 2 años más tarde, en 1919, se crea una institución similar en Inglaterra.

1921 señala el inicio de las competiciones de atletismo femenino con motivo de los Juegos de Montecarlo. En dicho certamen participaron mujeres de 5 naciones, resultando vencedoras las representantes inglesas en 5 de las 11 pruebas celebradas.

También, en 1921, exactamente el 31 de octubre, se crea en París la Federación Deportiva Femenina Internacional (FFIS) que solicitó al COI la apertura del programa olímpico a la participación de la mujer. La petición fue denegada y en consecuencia la FFIS organizó los I Juegos Olímpicos Femeninos con la partición de 5 equipos franceses.

La edición de los II Juegos, en 1926, en Gotemburgo, Suecia, tuvo que cambiar de nombre. De Juegos Olímpicos Femeninos pasó a nombrarse Juegos Mundiales Femeninos, pero aun así tuvieron, con justeza, gran destaque de la prensa y, por sobre todo, muchos elogios por su organización y calidad participativa.

La lucha iniciada en 1896 estaba dando sus primeros frutos.

Tal es así que para los Juegos Olímpicos en Ámsterdam 1928 la mujer estuvo presente en el atletismo, tenis, natación y gimnasia, destacándose en esta última la italiana Luigina Giavotti, medallista de plata con solo 11 años de edad que le arrancó a Johnny Weissmüller, quien años más tarde se convirtiera en el mítico Tarzán, el titular de la prensa: “Niña italiana asombra al mundo con su presea de plata, mientras que el nadador estadounidense Johnny Weissmüller se convierte en el primer humano en cronometrar menos del minuto en los 100 metros espalda”.

De 1928 a la fecha han transcurrido 81 años; 81 años de glorias olímpicas; 81 años donde la mujer, con justeza, no ha estado ausente en los Juegos Olímpicos tejiendo, a la par de los hombres, leyendas deportivas dignas de admirar.

wilmaNombres como los de la mozambicana María Mutola, la cubana María Caridad Colón, la mexicana Ana Guevara, la japonesa Rioko Tamura, la estadounidense Wilma Rudolph, conocida también como “La Gacela Negra” están inscriptos en la historia olímpica moderna.

“La Gacela Negra” de niña sufrió poliomielitis, de niña padecía parálisis en sus piernas, y gracias al empeño de su madre abandonó el sillón de ruedas para escalar 3 veces, durante los Juegos Olímpicos de Roma, 1960, lo más alto del podio de premiaciones convertida en campeona.

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“Alegrías de Sobremesa”: mi eterna gratitud

pipo cmq1“El 1 de julio voy a trabajar con deseos para tener la enorme satisfacción de haberlo hecho durante 70 años de mi vida”, me cuenta mi madre que así le decía, constantemente, Alberto Damián Luberta Noy, su compañero en la vida durante 48 años, más que escritor, artífice de tan gustado espacio humorístico que, desde hace más de 5 décadas, 52 “abriles” para ser exactos, emite Radio Progreso, “La emisora de la familia cubana”, bautizada por mi progenitor como “La emisora de la familia Luberta Martínez”.

Según archivos el 1 de julio de 1547 su Santidad Paulo III crea la diócesis de Paraguay, el 1 de julio de 1908 se adopta el SOS como pedido de auxilio internacional, el  1 de julio de 1924 se funda la República Popular de Mongolia, el 1 de julio de 1942 durante la II Guerra Mundial se produce la cruenta batalla de El Alamein, el 1 de julio de 1947 en La Habana, Cuba, inicia sus transmisiones la emisora Radio Reloj, y en la mencionada fecha, un bisoño de apenas 15 primaveras, nacido el 27 de septiembre de 1931, comienza sus labores, como copista de libretos, en la Radio Cubana, como copista de la desaparecida CMQ, carrera interrumpida, únicamente, por su deceso, víctima de cáncer, el 23 de enero de 2017, a la edad de 85 años.

“Tengo el honor de haber copiado, íntegramente, ‘El derecho de nacer’, la novela de pipo y yo3Félix B. Caignet. A mí me confiaron desde el primer capítulo hasta el último. Y el haber sido copista de libretos me dio la oportunidad de adquirir una gran cultura y cotejar estilos. Es como leer. Gracias a eso me convertí en escritor”, afirmó “el viejo” en innumerables oportunidades.

Antes de continuar una anécdota:

En 1981, en los albores de mis 12 años de vida, tuve la oportunidad de visitar, por vez primera, la provincia de Sancti Spiritus, exactamente el municipio Yaguajay. Para mí, además de la aventura de conocer nuevos lares, significó la primicia de viajar a otros lares sin la compañía de mi núcleo familiar. La invitación fue hecha por Zenaida La’O Borroto, mi querida Aidita, que con el correr de los años fue, también, compañera mía en Radio Progreso.

Un día viernes, a la tarde, partimos (Aidita, Miguel- su ex esposo- y Ariel y Abel, fruto del matrimonio de ambos), y ese mismo día, en horario nocturno, arribamos a buen puerto, y en la jornada siguiente, sábado, muy temprano, partimos hacia la localidad de Jobo Rosado, campestre lugar que había servido de residencia a Ramón y Onelia, abuelos maternos de mis amigos, hasta unos escasos meses antes de nuestra visita.

La alegría de los pobladores fue emocionante. Besos, abrazos, saludos efusivos por la repentina, y no anunciada aparición. Yo, haciendo gala de algo que no me ha caracteriza en mis cuasi 48 “junios”, quedé detrás embargado por un sorpresivo miedo escénico, hasta que alguien se percató de mi presencia.

“¿Este quién es?”, se escuchó decir a una voz masculina. “Un amigo de nosotros que lo trajimos de La Habana para que conociera el lugar”, respondió la siempre cariñosa Aidita. “Por cierto”, agregó Miguel, “es hijo de Alberto Luberta el escritor de ‘Alegría de Sobremesa’”.

alegrias2La reacción aún me emociona. Reconozco que me asusté, un tanto, cuando el grupo de personas se abalanzó hacia mí profesando un cariño inmenso hacia mi padre y su programa. “Que Dios siempre lo bendiga”, “mucha salud para él”, “dale un abrazo y dile que lo queremos mucho”, “yo nunca lo he visto pero debe de ser un hombre hermoso”, “él nos acompaña siempre”, “imagínate que acá hasta hace poco no había luz eléctrica y lo que hacíamos era escuchar radio”, “dile que se cuide que nos hace mucha falta”…

Ahí comprendí quién es mi padre, ahí comprendí la importancia de “Alegrías de Sobremesa”, no solamente para la radio sino para la vida del cubano.

Concluyo la anécdota y continúo.

La buena salud de “Alegrías de Sobremesa”, que salió al aire por vez primera el 15 de abril de 1965, era, sin dudas, asombro de cubanas y cubanos, empero, la pregunta sempiterna siempre estuvo latente: ¿qué va a suceder con el programa cuando Luberta no lo haga?

La interrogante que acompañó por buen tiempo la vida del gustado espacio humorístico tiene ya respuesta: las emisiones cesan, definitivamente, el próximo 1 de julio, fecha en que Luberta, “Pipo”, “Papi”, “Berty” o “El padrino”, como cariñosamente le llamaban en la emisora, hubiese arribado a 7 décadas de vida artística.

Decisión dolorosa pero inevitable.

Casi 6 meses después de la partida de mí progenitor se marcha, también, su mejor alegrias1proyecto audiovisual. Para “Alegrías de Sobremesa”, espacio que aglutinó a lo más selecto del humor y la música en Cuba entre 1965 y 2017, mi eterna gratitud. Mi formación, mi proyecto de vida, la ruta profesional que con acierto escogí, se los debo también a “Paco y Rita”, como también es señalado “Alegría de Sobremesa” por los nombres de sus personajes protagonistas, interpretados por Idalberto Delgado y Marta Jiménez Oropesa (ambos en la fotografía), fallecidos en 1989 y 2015, respectivamente.

Luberta dejó de existir y “Alegrías de Sobremesa” lo hará el 1 de julio próximo. Para ambos la inmortalidad y la añoranza. Para ambos la nostalgia por el viaje sin regreso. Para ambos ese deseo del reencuentro. Convencido estoy de que se va echar de menos de la ausencia en el dial del tan familiar “Aquí… Radio Progreso… Presentando… ‘Alegrías de Sobremesa’”. Por eso parafraseo y hago mío eso que una vez alguien escribió para exclamar: “alguna vez nuestros nietos preguntarán quién fue Alberto Luberta el escritor de ‘Alegrías de Sobremesa’”.

“Con el título… ¡pero sin el himno!”

josyLa XV edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna se celebraron, exitosamente, en Helsinki, capital de Finlandia, entre los días 19 de julio y 3 de agosto de 1952. E insisto en el vocablo exitosamente porque, por ejemplo, la cita finesa estableció récord en cuanto a marcas mundiales impuestas solo superado por los juegos de Beijing’2008… ¡56 años después!

Helsinki’1952 marcó el debut olímpico de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas e Israel, y protagonizó el regreso a este tipo de competiciones de Japón y Alemania. Participaron 4 mil 955 deportistas de 69 naciones y se disputaron 149 juegos de medallas en 17 distribuidas en 17 disciplinas.

Entre los atletas participantes, 4 mil 436 hombres y 519 mujeres, el checoslovaco Emil Zatopek, apodado “La locomotora humana”, asombró al mundo al conquistar los títulos, con récord olímpico incluido, en las agotadoras pruebas de 5 mil y 10 mil metros, y, como si no bastara, también en la maratón, a pesar de que en esta última era la primera ocasión que competía.

Además, su esposa, Dana Zatopekova, para no ser menos que el cónyuge, subió a lo más alto del podio tras lanzar la jabalina más lejos que ninguna de sus contrincantes.

En el atletismo, además del célebre matrimonio, trascendió los nombres de Ademar Ferreira da Silva (Brasil – titular en triple salto), Marjorie Jackson (Australia – oro en los 100 y 200 metros planos), John Mikaelsson (Suecia – vencedor en los 10 kilómetros – Marcha), las soviéticas Gabina Zybina y Nina Ponomaryova, campeonas en Lanzamiento de la Bala y Lanzamiento de Disco, respectivamente y… el luxemburgués Joseph Barthel, “Josy”, que, contra todos los pronósticos, llegó primero a la meta en los mil 500 metros.

Hago énfasis en Barthel (24 de abril de 1927-7 de julio de 1992) porque, independientemente de su éxito, además de ser el único representante de Luxemburgo que ostenta la condición de campeón olímpico, fue centro de un suceso, quizás, único en la historia.

Sucede que “Josy”, alias con el que también es reconocido en los anales históricos, tras su victoria debió de ser premiado, tal y como tradicionalmente sucede, no solo en Juegos Olímpicos, sino en cualquier competencia deportiva. El luxemburgués en lo más alto del podio de honor, presea dorada en su cuello… emocionante momento, pero sin el himno de su país.

¿Sin himno? ¿Por qué sin el himno? ¿Problemas políticos? ¿Alguna situación étnica o racial? ¿Por qué en la ceremonia de premiación de los mil 500 metros planos, de los Juegos Olímpicos de Helsinki’ 1952, no se escuchó el himno de Luxemburgo?

La razón es tan sencilla como insólita.

Al parecer ninguno de los miembros del Comité Organizador de los juegos reparó en eljosy2 atleta luxemburgués, o si alguien lo hizo no imaginó que iba a sorprender son el título en la disciplina que participó, porque la orquesta que interpretaba, en vivo, los himnos nacionales de los vencedores, ni tenía idea de la melodía ni tampoco poseía partitura alguna del canto patrio de Luxemburgo.

Por suerte el título de Joseph Barthel eclipsó la ausencia del himno. En las fotografías se aprecia a “Josy” recibiendo el título, feliz, esbozando una sonrisa, como es costumbre de un gran campeón, de un atleta que se encargó de ubicar a Luxemburgo, minúscula nación europea, entra las naciones que exhiben, al menos, una medalla de oro en citas olímpicas.

Como justo homenaje el estadio sede del equipo nacional luxemburgués lleva su nombre al igual que el liceo técnico de Mamer, su ciudad natal.

Me entrevisté con Aldo Zuccolillo pero…

ABC-ColorCuando el 6 de marzo de 2006 arribé a Paraguay la mayoría, la gran mayoría, por no afirmar que absolutamente todas, de las personas que fui conociendo me dieron el mismo consejo: procurar por todos los medios trabajar en el diario ABC Color, porque es el de más prestigio que existe en Paraguay.

Agradecí a quienes, con tan buenas intenciones, me habían formado sobre el muy renombrado medio de prensa, y comenzaron mis malabares, por así decirlo, por pertenecer al staff de periodistas del informativo impreso.

Entregué ¿decenas? (creo que perdí la cuenta) de currículums vitaes impresos, envié ¿docenas? (creo que también perdí la cuenta), también currículums vitaes, en versión digital, fui entrevistado por ¿7 u 8? (volví a perder la cuenta? jefes de áreas y departamentos.

Incluso, con uno de ellos entablé una larga conversación al preguntarme si yo conocía de la vida de José Raúl Capablanca Graupera, el gran ajedrecista cubano, titular del mundo entre los años 1921 y 1927; de hecho, en el ámbito de los trebejos, es el único jugador que ostenta la condición de campeón del proveniente de un país de habla hispana.

Tras ofrecer “una tesis cuasi doctoral” acerca de la vida de una personalidad cubana que admiro tanto, después de darle a conocer que en la localidad asuncena de Ciudad Nueva hay una pequeña escuela de ajedrez que lleva su nombre, luego de informarle que en la urbe lambareña existe una calle que fue bautizada José Raúl Capablanca, me felicitó por mis conocimientos y me informó que “lamentablemente no hay vacantes pero te vamos a tener en cuenta”.

En los años que refiero, finales de 2007 y comienzos de 2007, yo ejercía la docencia en la Universidad del Norte, Uninorte. Entre mis alumnos de periodismo se encontraba, y me reservo el nombre, un muchacho que es funcionario del diario. Hicimos buena amistad, amistad que, afortunadamente, aún conservamos, y cuando le comenté de mis intenciones, y no dudó en ofrecerme su comentario al respecto: “profesor, le voy a decir algo, trate de entrevistarse con Aldo Zuccolillo, el dueño y director del diario. Solo él decide quién entre y quién no. Ahora, le explico algo. Si Zuccolillo conversa todo el tiempo con usted, o sea, la entrevista se la hace él, únicamente él, tiene el 95% de probabilidades de trabajar en ABC, pero si él habla unos breves minutos con usted y lo deriva con otro funcionario entonces olvídese del diario”.

Ahí comenzó mi otro “calvario”. Ya no era entregar el currículum vitae; a lo anterior se sumaba concretar una conversación, nada más y nada menos que con Aldo Zuccolillo. “Mi tocayo tiene que recibirme”, y así fue. Una mañana recibí la comunicación de su secretaria que “Acero”, así le dicen aunque muchos afirman que es su segundo nombre,  iba a recibirme.

Me coloqué mis mejores galas, me embadurné con mi mejor perfume, y cual Quijote de la Mancha, partí hacia el diario a enfrentarme con uno de los gigantes de la realidad paraguaya.

No llegué a la hora en punto, sino, como es mi costumbre, unos minutos antes. Aguardé, apenas, hasta que una figura femenina, supongo que la misma que había conversado conmigo vía telefónica, me convidó a penetrar en la oficina de tan afamada personalidad.

Reconozco que me impresionó. Pensé que mi interlocutor, por la edad referida, iba a ser un anciano encorvado, pero no. Me recibió un señor alto, fornido, y, lo que más llamó mi atención, andaba descalzo. Sí, andaba descalzo, y no porque no tuviera economía para un par de zapatos, sino que, y lo supuse, era su costumbre.

Tras un fuerte estrechón de manos me invitó a sentar. Algo que hizo después de que acepté su invitación. Se acomodó en su silla de trabajo, sobre su mesa descansaba mi currículum vitae, el enésimo que había entregado, y… “Me gusta tu hoja de vida, pero sucede que yo no contrato cubanos porque vienen a Paraguay y al poco tiempo se van a Estados Unidos. Ven, que Rubén Céspedes te va a atender”, comentó con velocidad vertiginosa.

Esa fue mi entrevista con Aldo Zuccolillo. Así de rápida y desalentadora. Cuando me derivó a Rubén Céspedes recordé las palabras de mi alumno y comprendí que las puertas del diario ABC Color se habían cerrado para Aldo Luberta Martínez. Al concluir el fugaz encuentro me vino a la mente el velocista  jamaicano Asafa Powell, que en el año 2007 había impuesto la mejor marca de la temporada en los 100 metros planos con tiempo de 9 segundos y 74 centésimas.

– Creo que mi tocayo hizo trizas el tiempo de Asafa- ironicé para mis adentros- no importa, la vida sigue- me autoconsolé impotente.

Siempre que comento la anécdota lo hago en tono jocoso y divertido, qué otra opción tengo porque ya han transcurrido 10 largos años y mi vida profesional la encaminé en otros medio de comunicación tan importantes y de referencia como ABC Color. Por ejemplo, Radio Ñandutí, Telefuturo, canal 13, el diario 5dias, y la productora audiovisual “El bagre” a la que agradezco, infinitamente, el haberme dado la oportunidad de vincularme a la realización de documentales para ls televisión nacional.

Con Aldo Zuccolillo nunca más conversé. La vida no me dio la oportunidad de volver a coincidir con su persona, algo que me hubiese gustado. Después de 10 años le doy gracias por su tiempo, aunque fueron unas centésimas más que la marca del exitoso velocista caribeño, y le expreso que, como toda ley tiene su lado flaco, aún me encuentro en Paraguay.

No todos los cubanos se marchan a Estados Unidos, tocayo; Sandra, Owen, Abelito, Lissette, Don Pino, llevan, como yo, más de una década en nuestro querido Paraguay. Llevan no, llevamos, quise decir. Llevamos no, llevaremos, es mi intención de decir. Para usted, un abrazo sincero.