“Con el título… ¡pero sin el himno!”

josyLa XV edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna se celebraron, exitosamente, en Helsinki, capital de Finlandia, entre los días 19 de julio y 3 de agosto de 1952. E insisto en el vocablo exitosamente porque, por ejemplo, la cita finesa estableció récord en cuanto a marcas mundiales impuestas solo superado por los juegos de Beijing’2008… ¡56 años después!

Helsinki’1952 marcó el debut olímpico de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas e Israel, y protagonizó el regreso a este tipo de competiciones de Japón y Alemania. Participaron 4 mil 955 deportistas de 69 naciones y se disputaron 149 juegos de medallas en 17 distribuidas en 17 disciplinas.

Entre los atletas participantes, 4 mil 436 hombres y 519 mujeres, el checoslovaco Emil Zatopek, apodado “La locomotora humana”, asombró al mundo al conquistar los títulos, con récord olímpico incluido, en las agotadoras pruebas de 5 mil y 10 mil metros, y, como si no bastara, también en la maratón, a pesar de que en esta última era la primera ocasión que competía.

Además, su esposa, Dana Zatopekova, para no ser menos que el cónyuge, subió a lo más alto del podio tras lanzar la jabalina más lejos que ninguna de sus contrincantes.

En el atletismo, además del célebre matrimonio, trascendió los nombres de Ademar Ferreira da Silva (Brasil – titular en triple salto), Marjorie Jackson (Australia – oro en los 100 y 200 metros planos), John Mikaelsson (Suecia – vencedor en los 10 kilómetros – Marcha), las soviéticas Gabina Zybina y Nina Ponomaryova, campeonas en Lanzamiento de la Bala y Lanzamiento de Disco, respectivamente y… el luxemburgués Joseph Barthel, “Josy”, que, contra todos los pronósticos, llegó primero a la meta en los mil 500 metros.

Hago énfasis en Barthel (24 de abril de 1927-7 de julio de 1992) porque, independientemente de su éxito, además de ser el único representante de Luxemburgo que ostenta la condición de campeón olímpico, fue centro de un suceso, quizás, único en la historia.

Sucede que “Josy”, alias con el que también es reconocido en los anales históricos, tras su victoria debió de ser premiado, tal y como tradicionalmente sucede, no solo en Juegos Olímpicos, sino en cualquier competencia deportiva. El luxemburgués en lo más alto del podio de honor, presea dorada en su cuello… emocionante momento, pero sin el himno de su país.

¿Sin himno? ¿Por qué sin el himno? ¿Problemas políticos? ¿Alguna situación étnica o racial? ¿Por qué en la ceremonia de premiación de los mil 500 metros planos, de los Juegos Olímpicos de Helsinki’ 1952, no se escuchó el himno de Luxemburgo?

La razón es tan sencilla como insólita.

Al parecer ninguno de los miembros del Comité Organizador de los juegos reparó en eljosy2 atleta luxemburgués, o si alguien lo hizo no imaginó que iba a sorprender son el título en la disciplina que participó, porque la orquesta que interpretaba, en vivo, los himnos nacionales de los vencedores, ni tenía idea de la melodía ni tampoco poseía partitura alguna del canto patrio de Luxemburgo.

Por suerte el título de Joseph Barthel eclipsó la ausencia del himno. En las fotografías se aprecia a “Josy” recibiendo el título, feliz, esbozando una sonrisa, como es costumbre de un gran campeón, de un atleta que se encargó de ubicar a Luxemburgo, minúscula nación europea, entra las naciones que exhiben, al menos, una medalla de oro en citas olímpicas.

Como justo homenaje el estadio sede del equipo nacional luxemburgués lleva su nombre al igual que el liceo técnico de Mamer, su ciudad natal.

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