“Mi tía Bernardita quería que yo fuera costurero”

guru“Ciudad de Dios” es una excelente, y muy recordada, propuesta fílmica brasilera que data del año 2002. Dirigida magistralmente por Fernando Meirelles, “Cidade de Deus”, título en portugués, fue merecedora, en el 2003, 4 nominaciones a los premios Óscar. Independientemente de no haber recibido estatuilla alguna, “Ciudad de Dios” es una de las mejores películas que los cinéfilos han podido disfrutar.

El argumento de la producción audiovisual, indefectiblemente, me obliga a hacer un parangón con la existencia de Christian Robert Núñez, fotógrafo al igual que el protagonista de la película, que vio la luz de sus días el 16 de abril de 1974, en el barrio San Pablo, de Asunción. La vida de “El gurú”, como cariñosamente se le conoce, nos demuestra la manera en la que un niño de dura infancia, puede llegar a acariciar el éxito profesional.

“VIVÍ CON CULPA POR LA MUERTE DE MI MADRE”

“Elvira se llamaba. Elvira Núñez y murió de cáncer cuando yo tenía 8 años. Recuerdo la noche en que falleció que mi tía llegó a casa y lo comentó en voz baja. Yo estaba acostado y escuché. Solo atiné a taparme la cabeza con la sábana y echarme a llorar. Mi papá nos había abandonado cuando yo tenía 5 años. ¿Qué iba a ser de mí?”.

Christian afirma haber vivido 5 años con culpa por la muerte de su progenitora. “Yo me quería quedar en el hospital. Ya había estado todo un fin de semana junto a ella, y mi tía me pidió que fuera a casa a descansar. Precisamente esa noche murió mamá. Desde los 8 años hasta los 13 años, erróneamente, me increpaba por el hecho de que mi vieja había muerto porque yo no estaba a su lado. Viví con culpa por la muerte de mi madre todo ese tiempo, hasta que entendí que no. Que murió porque estaba muy malita, que no se podía hacer nada”.

DE VENDEDOR DE PERIÓDICOS A EMPRENDEDOR EXITOSO

A pesar del cariño y la entrega de sus tíos, Alfredo y Bernardita, la vida de un infante sin padres se hace difícil en cualquier sociedad.

“Mis tíos me lo dieron todo. Me dieron lo que tenían y lo que no también, pero comencé a entender que tenía que lograr mi independencia, por eso comencé a trabajar. Vendí periódicos, trabajé en una panadería, trabajé en una fábrica de ropas porque mi tía Bernardita quería que yo fuera costurero porque ella es costurera, hasta que un amigo me dijo que en la productora donde trabajaba, Asuncine, estaban buscando un asistente, y allá me fui”.

Tan buen desenvolvimiento tuvo que fue, nuevamente convocado. Tanto se compenetró con el mundo audiovisual que comprendió que no quería otra profesión en su vida.

“Comencé a pasar cursos. Muchas personas me ayudaron, por eso mucho de lo que ahora hago es como agradeciendo ese gesto que una vez tuvieron conmigo. Entre mis ocupaciones actuales está ‘Chacarita Digital’, proyecto donde imparto cursos gratuitos a personas que escasos recursos, no solo de ese barrio que es donde vivo con mi familia”.

“Me considero un eterno soñador, un facilitador, un eterno emprendedor. No olvido que siendo un adolescente, trabajando en la fábrica de ropas, me di cuenta de que mis compañeros tenían que caminar 10 cuadras para encontrar un copetín. ¿Qué hice? Hacer empanadas en mi casa para venderlas allí. Abrí un emprendimiento con servicio de delivery. ¿Qué te parece? Les hice la vida un poco más fácil”.

AÑO 2000, VERDADERAMENTE DEFINITORIO

Año bisiesto. Año de Juegos Olímpicos. Año del Dragón, según el horóscopo chino. Año Mundial de las Matemáticas. Año importante para unos, intrascendente para otros. Año definitorio, realmente, en la vida de “El gurú”.

“En el 2000 conocí a María Vizcarra, mi esposa, y ese año también, aunque no lo creas, con 0 guaraní abrí “Press”, mi productora”, señala sonriente.

“Quería independizarme y hablé con una amiga que tenía un Salón de Belleza. Me dejó estar en la parte trasera del su local. Le dije que, como no tenía dinero para pagar el alquiler, le iba dejar que se quedara con el 100% de los trabajos que nos hacía de maquillaje y peluquería. En una semana ella había ganado alrededor de 4 millones de guaraníes, y yo 15. Ese dinero lo comencé a invertir y ‘Press’ comenzó a crecer?

Pasados más de 3 lustros “Press” es una productora de prestigio en el mercado nacional, que exhibe una amplia y prestigiosa hoja de servicios.

“Hemos trabajado, por ejemplo, en 3 películas, donde me desempeñé como director de fotografía; también tenemos comerciales, cortometrajes, producciones fotográficas, y desde hace 4 años, producimos para HispanTV, canal iraní”.

MARÍA VIZCARRA, EL AMOR A PRIMERA VISTA

Intercambiaron miradas en una fiesta y, 15 años después, unidos en feliz matrimonio, son protagonistas de una nutrida, y hermosa familia.

“Fue amor a primera vista. Nos conocimos, y días después su hermano, mi cuñado, me dio un papelito con un número de teléfono. Resulta que María le dio la encomienda de que yo le llamara. La llamé, y bueno, Arturo, Leo, Gabriel, Luna, y Martín, son el producto de esa llamada. María ha sido el horcón de mi vida. ¿No dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer? No sé si soy un gran hombre, pero ella sí es una gran mujer. Me ha dado las alegrías que de niño pensé nunca tendría. Y no solo son mis hijos, a mis suegros, don Vizcarra y Ñá Naita, es agradezco también. Por cierto Ñá Naita se llama Bernardita, igual que mi tía”.

Si tuvieras la oportunidad de conversar con Elvira, ¿qué le dirías?

“Gracias, mamá, te fuiste muy rápido pero me has inspirado mucho”, responde Christian visiblemente emocionado. “Discúlpame, no lo puedo evitar”, concluye.

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Entre el sexo canino y la dentadura postiza

emccNunca fue mi jefe, ni tampoco tuvo que ver, directamente, con mi persona en ninguno de los 3 años que cursé en la Escuela Militar “Camilo Cienfuegos” de Capdevila,  debe der ser que lo recuerdo únicamente por su alias: “El zombo” o “El sombo” o “El sonvo” o “El zonvo”; de hecho desconozco la ortografía correcta para dicho vocablo pues, como deben de suponer, la palabra nace una ingeniosa mente que en ese momento no tuvo algo más interesante que hacer sin saber, obviamente, sin proponerse que su aporte lingüístico iba a trascender décadas.

“El zombo”, y vamos a asumir así la palabra, ostentaba los grados de capitán, y su función laboral lo vinculaba a la compañía #3, cuando ingresé que mi querido e inolvidable centro escolar, entiéndase el primer año del preuniversitario, o lo que es lo mismo el décimo grado.

Era bajito, de tez oscura, y lo distinguían 2 cualidades: una establecida gordura que cuando caminaba hacía temblar su cuerpo cual flan de leche vertido en plato o taza de gelatina, y una, desesperante puedo decir, lentitud que le atrasaba desde el caminar hasta el razonamiento.

– Ehhh/ ehhh/ ehhh/ ehhh/ que baile “El zombo”/ Ehh/ ehh/ ehh/ ehh/ ehh/ que baile “El zombo”

Se solía escuchar, a coro, a viva voce, en horario nocturno con bastante frecuencia desde los predios donde pernoctaban los alumnos de la compañía #3, grado #11, lo que hacía suponer, o ratificaba, que el querido “Zombo” estaba cumpliendo con su servicio de guardia.

– A ese tipo nadie le hace caso- me comentó en cierta ocasión José Pablo Sánchez Ríos, Pablito, mi hermano de la infancia, que estaba bajo la égida de tan ilustre oficial de las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- es buena gente pero con esa figura y la idiotez que tiene todo el mundo le dice hasta alma mía y él como si nada.

Y precisamente Pablito, subordinado de “El zombo”, fue quien, siendo alumnos ambos de la EMCC de Capdevila, me contó “lo que se puede decir la mala suerte del capitán, pues quiso imponer respeto pero las cosas de la vida se lo impidieron”.

LA ANÉCDOTA COMO TAL

Mes de mayo de 1985, 03.30pm, aproximadamente. Polígono de infantería. Los alumnos de la 3ra compañía en posición de firme bajo el extenuante, y calenturiento, sol tropical. Los alumnos de la 3ra compañía, promedio de edad 16 años, vistiendo, con mucho sofoco, el nada elegante uniforme de campaña, reitero en posición de firme, y en silencio absoluto.

“El zombo”, también en posición de firme y también vestido de campaña, había ordenado, por 4ta o 5ta ocasión, “firmeeeeeeeeeeeeeeeee”, y los adolescentes, aprendices de militares, habían acatado la orden, quizás por lástima con el intrascendente jefe, o quizás sabiendo que de no cumplir con la voz de “firmeeeeeeeeeeeeee” el castigo bajo el astro rey sería interminable.

Cuenta José Pablo, Pablito, el nieto de Olga y Rodolfo e hijo de Nidia y Pablo, que cuando “El zombo” percibió que el quórum uniformado había cumplido su objetivo comenzó a arengar, a amenazar, sobre la necesidad de profesar respeto hacia los superiores.

– Yo he sido bueno con ustedes- acotó- pero de ahora en adelante no va a ser así. Ustedes no merecen que uno sea complaciente, porque se les da un dedo y se hacen dueños de la mano completa. Yo he querido en todo momento ser bueno con ustedes, y lo que he recibido son burlas y abusos. Yo no merezco eso que…

Un refrán, antiquísimo, expresa que “el que nace para martillo del cielo le caen los clavos”, frase que, perfectamente, se puede aplicar en el caso de “El zombo”.

– Quiso imponerse, pero le salió mal- me comentó divertido Pablo- pobre tipo. De verdad que me dio pena.

Sucedió que arengando en su reclamo surgieron, de la nada, cual Ave Fénix, una perra y un perro, propiedad de Eleuterio, anciano encargado del hato de carneros y la cría de gallinas de la escuela, “viejo verde prostibulario y mentiroso como pocos”, como lo calificaría, quizás en broma, Julito, profesor de Física, un negro delgado y alto como una vara, que mostraba una guapería al hablar que daba risa.

Los perros de Eleuterio, perra y perro, aclaro, no inspiraban temor alguno; eran mansos y, al mismo tiempo, nos resultaban familiares. No obstante, lo que interrumpió el dolido discurso del “El zombo” no fue la fiereza de los caninos, algo que no tenían, ni los ladridos que sí molestaban; lo hizo trizas la intervención del capitán fue el deseo sexual la aparición mamífera.

Imagínense la escena: “El zombo” intentando imponer respeto y, de la nada, surgen representantes de ambos sexos del “mejor amigo del hombre” y comienzan a concretar el coito a escasos centímetros de su persona.

– El capitán quedó impávido, hermano, tenías que haberlo visto. Y a nosotros no nos quedó más remedio que estallar en risa. Pero no quedó ahí

– ¿Hay más?- le pregunté a Pablo.

– Muchacho…

“El que nace para martillo del cielo le caen los clavos”, repito, y “como no hay una sin dos”… “El zombo” interrumpió su blablablá y pudo ahuyentar a la pareja de perros (pobrecitos tan deseosos estaban) ante la burla de los alumnos, y cuando quiso retomar…

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

Caso omiso.

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

Continúan las risas.

– Firmeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

El quórum insiste en la diversión.

– Firm…

Silencio total. Ni “El zombo”, imposibilitado de continuar hablando, ni los alumnos, disfrutando aún el inconcluso proceso coital canino,  daban crédito a lo que había sucedido: la dentadura postiza del compañero capitán había salido proyectada con fuerza brutal y rodado hasta los pies de los “camilitos” ubicados en primera fila, mostrando no pocas partículas de tierra incrustadas.

– ¿Y qué pasó después?

– La explosión de risa fue tan grande que “El zombo” recogió la dentadura, la limpió en el pantalón, se la puso, y mandó a romper fila. ¡No podía seguir hablando”.

Me contó Hernán Telléz, compañero de aula de Pablito, que alguien gritó: “el capitán no puede seguir hablando porque se le cayó el cassette”.