Patria es humanidad

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Yulieski Gourriel, a la izquierda, y Yasiel Puig con mucho orgullo representan el béisbol cubano en la Serie Mundial

En la noche de ayer, día martes, 23 de octubre, dio comienzo la Serie Mundial que dirimirá el titular, de este año 2017, entre los equipos Astros de Houston y Dodgers de Los Ángeles. La edición otoñal que, con frecuencia anual, atrae la atención de la fanaticada beisbolista del orbe, verá en acción a 3 cubanos: Yulieski Gourriel, jugador de cuadro del equipo texano, mientras que Yasiel Puig y Yasmani Grandal, outfielder y receptor, respectivamente, defienden la franela por la representación californiana.

Yulieski, Yasiel, y Yasmani son apenas 3 de los nacidos en la isla que actualmente brillan en el mejor béisbol del mundo. José Dariel Abreu (Medias Blancas de Chicago), Aroldis Chapman (New York Yankees), Yonder Alonso (Marineros de Seattle), Adonis García (Bravos de Atlanta), Yoennis Céspedes (New York Mets), entre otros, también merecen reconocimiento por haber impuesto calidad en las Grandes Ligas de los Estados Unidos.

Anoche se inició la Serie Mundial, con victoria de Los Dodgers 3 anotaciones a 1, y, asombrosamente, en horas de la tarde, accedo a un artículo, publicado en la versión digital del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), en el que se hace referencia al acontecimiento deportivo, mencionando, además, y elogiando a los compatriotas que tomarán parte. (El trío de las “Y”).

No obstante, y como si no bastara, aún estupefacto por la publicación que menciono anteriormente, leo en la web, no recuerdo el sitio, embargado por la sorpresa, la emoción, y la duda extrema, que el tan gustado espectáculo final de play off, de “La Gran Carpa”, será transmitido en vivo para Cuba.

¿Cierto? ¿Falso? ¿Las autoridades han decidido eliminar obsoletas medidas o todo es producto de una broma?

Si la noticia se ajusta a realidad, porque el contenido del artículo sí lo pude comprobar, entonces aplaudo el hecho de la apertura; aunque es un petit avance, entiendo que los fanáticos del béisbol en “La perla del Caribe” tienen el derecho, vetado por años, de disfrutar de la actuación de sus ídolos en territorio estadounidense.

No obstante, e indefectiblemente, empero la satisfacción que experimento, la situación me obliga a recordar a aquellos atletas que por decisión personal, motivados por causas diversas, establecieron residencia en la norteña nación, y que por el injusto concepto de que “el que no es revolucionario no es patriota” fueron, prácticamente, eliminados de la historia del deporte cubano.

Y aclaro el uso del vocablo PRÁCTICAMENTE porque existe un lugar donde viven, y vivirán, de manera sempiterna: el corazón de los aficionados. De ahí nunca los han podido arrancar. Ahí están, cual árbol centenario que, por decenios, ha soportado los embates de la fiereza natural.

Inolvidable son las actuaciones, en las Series Nacionales cubanas, de los beisbolistas Bárbaro Garbey, René Arocha, Orlando “El Duque” Hernández, su hermano Liván, Rolando Arrojo, Euclides Rojas, y Ariel Prieto; pero también, y a pesar de la inmaculada  absurda ideología,  han trascendido las de, por ejemplo, José Legrá, Guillermo Rigondeaux y Yuriorkis Gamboa, (Boxeo), Rioger Ramírez (Clavados), Annia Portuondo (Gimnasia Artística), Niurka Montalvo (Atletismo), y Roberto Urrutia (Levantamiento de Pesas).

Recuerdo perfectamente a Urrutia, uno de los mejores exponentes de la halterofilia cubana que decidió abandonar Cuba en 1979, previo a los Juegos Olímpicos de Moscú, 1980, y que reapareció a la vista de sus compatriotas en 1987, durante los Juegos Panamericanos de Indianápolis, representando, sin éxito en la división de los 75 kilogramos, y en el ocaso de su carrera, a Estados Unidos, país donde finalmente estableció su residencia, algo que el gobierno cubano asumió como una provocación sin tener en cuenta que, en esencia, “su mayor pecado” fue intentar renacer en la disciplina deportiva que lo habría encumbrado casi una década atrás; sin tener en cuenta que “su principal herejía” fue competir versus Pablo Lara, un prometedor bisoño convertido, años después, en titular olímpico, Atlanta’1996, y recordista del mundo.

Representar a Estados Unidos no fue delito para Urrutia, al menos así lo analizo, como tampoco considero una ofensa de Orlando Ortega, subcampeón olímpico en los 100 metros con vallas durante los Juegos de Río de Janeiro, 2016, el hecho de integrar la delegación española.

Incluso, también fue condenada al ostracismo al ser excluida de guarismos oficiales la ex nadadora María Carlotta Llanio (Artemisa, Cuba, 8 de diciembre de 1917- Fort Lauderdale, Estados Unidos, 5 de marzo de 2009), la primera mujer nacida en territorio cubano que obtuvo un título internacional: oro en los 100 metros estilo libre durante los III Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en San Salvador en el año 1935 con tiempo de un minuto 16 segundos y 8 décimas. María Carlotta, además, repitió la hazaña, en 1938, la edición atlética centroamericana y caribeña de Ciudad Panamá, integrando la cuarteta de los 100 metros estilo libre junto a Ruth Gil, Margaret Chapman, y Olga Luque.

Es tristemente inadmisible que María Carlotta sufra esa situación porque más allá de ser la primera representante cubana en obtener un título internacional, tiene la primicia entre las féminas oriundas de Centroamérica y el Caribe en haber escalado lo más alto del podio en lo que respecta a los 100 metros estilo libre porque, precisamente, la tan gustada disciplina de la natación debutó, en los juegos regionales más antiguos de la historia, en la edición de 1935 celebrada en San Salvador.

No es denigrante representar a una nación extranjera, pero si lo es, en demasía, despreciar a los atletas por el simple hecho de hacerlo. Patria no es revolución, concepto errado hace casi 6 décadas por el gobierno cubano, y es el motivo por el cual, no solo deportistas, sino egregios representantes de la cultura como Celia Cruz, han sido defenestrados de la historia oficial cubana.

El amigo Julián Rizo, tras una publicación en mi página de FACEBOOK, muy respetuoso comenta, y cito textual: “es cierto que se cometieron serios errores, pero ninguno de ustedes menciona la raíz del problema porque un pelotero cubano, tiene que renunciar a su patria para jugar en Grandes Ligas, es bueno criticar los excesos por parte de muchos extremistas-oportunistas, pero no miren un solo lado del problema, Estados Unidos también utilizó y utiliza este tema para su juego político, no se puede blandir el hacha cuando se critica los errores del INDER (Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación) con los peloteros que se fueron a Estados Unidos, y tener un espada de palo para no criticar lo que hicieron y hacen los del otro bando”.

Le respondí, muy amablemente también porque no puede ser de otra forma, que no refuto sus palabras pero sí agrego de que la responsabilidad de que se les margine, que se les tilde de traidores a todas y todos que han determinado emigrar de Cuba es solamente responsabilidad de la parte insular.

Los beisbolistas de Puerto Rico, República Dominicana, México, Venezuela que integran clubes de Grandes Ligas se les permite, ¿por qué no?, vestir los colores de su selección nacional en torneos internacionales, algo que se les ha impedido a los jugadores cubanos. ¿A cuál de las 2 orillas atañe lo anterior? La respuesta está implícita.

Para concluir traigo a colación a Luis Fernández, despreciable y mediocre ser humano que fungió como director de la emisora Radio Arte donde por espacio de 7 años tuve mi programa “Estrellas y Antorchas” que abordaba los anales deportivos de Cuba y el mundo. “Tengo que mencionar al ‘Duque’, a Arrojo, a Albertico Hernández porque son campeones olímpicos, no puedo hacer referencia a la medalla de oro del béisbol en Barcelona, 1992, sin traerlos a colación, yo no puedo cambiar la historia”; nada convencido me respondió: “está bien, hazlo, pero una sola vez en el capítulo. Son apátridas, son traidores”.

Quizás existan muchos como el ceporro de Luis, señalado por su pertinaz halitosis, que se desgastan en mancillar las glorias deportivas de nuestros atletas, pero la afición, con su cariño incondicional, tiene la misión de contrarrestar el intento de olvido.

Insisto, patria no es revolución. Patria es humanidad, tal y como afirmó José Martí.

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