“Pregunte por Caridad Martínez que fue la Presidenta de la OTI”

caridad de rojoComencé mi labor radial como aprendiz de realizador de efectos en los espacios dramáticos, bajo la tutela de Orlando Hernández Rivero, “Landy”. Tras mis frustradas incursiones en la Escuela Interarmas de las FAR “General Antonio Maceo” y en el Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría”, el 1 de septiembre de 1992 me inicié oficialmente como polizón en esa gran nave que es la realización sonora transmitida, posteriormente, por frecuencias hertzianas.

Poco tiempo después de mis inicios, ad honorem, tuve la oportunidad de ser contratado como realizador de sonido en la Sala de Transmisiones de CMBF, Radio Musical Nacional, en el horario nocturno, y transcurrido un breve lapso alterné mis funciones, también a la noche, en la cabina de Radio Progreso.

La responsabilidad y el tedio me brindaban una simbiosis muy sui géneris. Fue antagónica la sensación de tener en mis manos la programación de 2 emisoras nacionales con el sueño que rozando la medianoche comenzaba a provocar en mi bostezos y convulsos cabezazos que hacían recordar, a muchos, la enconada lucha que protagonizaban los pescadores en altamar.

Asombrosamente, en buena medida, las noches en CBMF Radio Musical Nacional, especializada en la llamada música culta (óperas, operetas, zarzuelas, conciertos, sinfonías, espacios especializados en polifonías contemporáneas y electroacústica…), eran más amenas por 2 motivos fundamentales: 1) en esa época las transmisiones cesaban a las 12 en punto de la noche; y 2) Alfredo Zayas, el locutor de turno, exhibía tan preocupante nivel de demencia que era capaz de mantenerme en vigilia todo el turno de trabajo. Imagínense que los sábados, sí, porque mi labor incluía el fin de semana, los sábados él llevaba un aparato de radio, marca Selena, y sintonizaba las películas que emitía Cubavisión. Él no sabía inglés, pero escuchaba los filmes… ¡y les ponía una portentosa atención!

Pero la cabina de Radio Progreso, independientemente que, por las penurias del tristemente célebre Período Especial, concluía sus transmisiones a las 01.00hs (de lunes de viernes y domingos) y a las 02.00hs (sábados), tenía un atractivo especial: la cantidad de oyentes que, debido a la inactividad, llamaban para conversar cualquier motivo.

En el tiempo que estuve como realizador de sonido en la “Onda de la Alegría” o de la “Emisora de la Familia Luberta Martínez”, como decía mi padre parafraseando eso de “Emisora de la familia cubana”, 1992 y 1994, atendía innumerables de exigencias telefónicas de personas que, evidentemente, no poseían sus cabales muy bien puestos que digamos.

Noche tras noche que “mi perro ladra mucho y no puedo dormir”, “necesito que me mi esposa no ronque más”, “quiero leerle un poema que escribí estar tarde, ¿puedo?”, “¿usted conoce algún remedio para no orinar tanto?”, “¿me puede indicar algo para el estreñimiento?”… hasta Lores, un amigo de mi viejo, que se tomaba el trabajo de discar el número para pedirme “por favor, un número de los Fórmula Quinta o Los Mustang”… y yo les atendía, muy correctamente hasta que el oyente se aburría de hablar conmigo sin darse cuenta que había propiciado un momento de solaz esparcimiento, tal y como afirmaba el inolvidable locutor Eduardo Rosillo.

En cierta ocasión, creo que los relojes indicaban las 23.30hs, suena el timbre. Atiendo y escucho la voz de un señor que, sin ofender, exigía una explicación sobre el recién finalizado Festival de la Canción OTI (el, o la, intérprete ganador o ganadora, representaba a Cuba en la convocatoria internacional).

A través del hilo telefónico pude comprobar su molestia, extrema. Con gran vehemencia reclama, me reclama, ¿a mí?, argumentos concretos sobre los motivos que condujeron al jurado a declarar vencedora a la cantante (no recuerdo su nombre pero juraría que fue una mujer).

El señor no me dejaba hablar. Decía, decía, decía, y paciente le asimilé toda la arenga. Quería hacerle entender que estaba haciendo catarsis con la persona equivocada, que yo era un simple realizador de sonido sin jurisprudencia alguna en el evento.

– ¿Cómo me lo saco de encima?- pensé al tiempo que tramaba hacer alguna de las mías- señor, escúcheme- le dije, en mal momento- lo único que puedo hacer por usted es darle el teléfono de la Presidenta del Jurado- error de mi parte fue darle el número de mi casa- pregunte por la compañera Caridad Martínez González, ella fue la Presidenta del Jurado OTI, reclámele a ella, no a mí.

Agradeció mi gesto, ¿de buena voluntad?, y cortó la comunicación. Mi alborozo era doble porque, en primer lugar había logrado evadir la andanza de exigencias del ofendido espectador, y, además, le había gastado una broma a mi madre que… Ringggggggggggggg… sonó el teléfono de la cabina apenas 3 minutos después de haber concluido mi última conversación y, para sorpresa mía, era la autora de mis días con un tono de voz nada agradable.

– Aldooooooooooooooo… ¿qué hiciste?- exclamó sin mediar otro tipo de saludo.

– ¿Yo?- pregunté haciéndome el inocente- estoy trabajando desde las 6 de la tarde.

– Llamó un hombre, preguntó por Caridad Martínez, y cuando le dije que soy yo me ofendió, me dijo que soy una corrupta porque estaba seguro que me pagaron para y cuando logré decirle que estaba equivocado, me dijo que soy una mentirosa porque había llamado a la cabina de Radio Progreso y le habían dado este número, y que Radio Progreso es una emisora seria donde no engañaban a nadie.

¿Cómo terminó la historia?

Me encontraba desayunando y mi viejo se me sentó al lado.

– Tú tienes que estar mal de la cabeza- reprochó fingiendo seriedad- ¿cómo tú les vas a hacer eso a tu mamá? ¡Tú no sabes bien en el lío que tú te metiste! ¿Tú sabes cómo se puso? Y lo peor vino cuando le dije que se tranquilizara, que se podía sentir orgullosa, porque gracias a Aldito, a su ingenio, habías sido, por un momento, Presidenta del Jurado de un evento tan importante como la OTI.

– ¡No fastidies!- exclamé estallando en risa- ¿qué te dijo?

– Uffffffff…me mandó lejísimo- contestó divertido mí inolvidable progenitor- no te tengo que decir para donde.

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