Y Dayán tuvo su bandera

dayanRecibí la llamada de Dania, nuestra compatriota, a las 19.38hs del día de ayer, miércoles, 21 de marzo de 2018. “Aldo, me pediste que te mantuviera al tanto.  Mi hijo acaba de fallecer”, fue la frase que, entre sollozos, apenas pudo balbucear la buena señora.

A ella, a su familia, la conocí en el año 2012 cuando escaso tiempo de su arribo a tierras guaraníes. “Son mis hijos”, los presentó orgullosa. “Se llaman Salvador, Dayán y Damián. No les tengo que decir que ellos son gemelos”, agregó sonriente.

Pasado un tiempo dejé de tener contacto con la familia, oriunda de la provincia Granma, sita en el oriente cubano, “pero vivimos en La Habana Vieja desde mucho antes de venir a Paraguay”.

Anoche recibí la triste noticia que Dayán, a sus 18 “abriles, había dejado de existir. “Está muy mal en Emergencias Médicas”, comunicó Luis Cuevas, también cubano en el grupo de WhatsApp que aúna, o al menos lo intenta, a un conglomerado interesante de nacidos en la isla. “Le extirparon el bazo, pero está muy mal”.

Unos minutos después la comunicación del fatal desenlace.

“Mi niño y un amigo venían en una motocicleta y un camión le salió al paso. Ellos viajaban por la preferencial. El camionero no respetó la señal y los muchachos no tuvieron tiempo de frenar. Mi hijo murió, pero el amigo está grave pero estable. Ahí están los videos, van a ver que no digo mentiras”.

Los compatriotas nos movilizamos y con un mancomunado esfuerzo ayudamos y acompañamos a Dania en tan terrible momento. Que si los papeles, que si un abogado, que si medicamentos, que si una bandera…

Y me detengo en el detalle de la enseña nacional pues fue resuelta gracias al gesto desinteresado de un paraguayo. Alguien llamó a la embajada cubana en Asunción solicitando ayuda para ese fin y la respuesta fue escueta: “solo podemos prestarla”.

Desconozco si es el bloque, o la crisis de Venezuela, o la situación que vivimos con el cambio climático, lo cierto es que lo que no pudo, o no quiso resolver, la sede diplomática cubana en la capital paraguaya, lo hizo, sin miramientos alguien totalmente ajeno al compatriota fallecido.

Alguien de gran corazón extendió la mano y Dayán tuvo su bandera.

“Hasta pronto, mi niño. Continúa volando alto”, dejé planteado en la escueta visita que pude hacer en su último adiós.

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