Naim Süleymanoğlu, de la palanqueta a la eternidad

naim“Murió de cirrosis, hermano, creo que en noviembre del pasado año”, así me lo hizo saber Serguei Delgado, compatriota, residente en Asunción, Paraguay, en una plática que sostuvimos a través de WhatsApp concerniente a figuras cimeras de la historia mundial de la Halterofilia, o Levantamiento de Pesas.

Crecí en un núcleo familiar en el que mi abuelo y mi padre se encargaron de transmitir, tanto a mi hermano como a mí el amor por los deportes; no obstante, reconozco que mi primer acercamiento a “las pesas” lo tuve a través de Boris Loynaz Herrera, mi hermano de crianza.

“Boricua”, como cariñosamente le tildo, fue el primer “pesista” que admiré y al que apoyé, a gritos, cuando asistí a sus competencias. ¿Irónico? Puede parecer que sí, porque después de mi idolatría por Boris, luego de experimentar deslumbramiento por mi inseparable, cuasi consanguíneo, allegado de mi infancia, comencé a maravillarme por Daniel Núñez (titular olímpico en los Juegos de Moscú’ 80; el primero en ganar por Cuba una medalla de oro en la halterofilia en citas estivales), Pablo Lara (campeón olímpico en la edición de Atlanta’ 1996), los ex soviéticos Vasily Alexeev (con sus más de 80 récords del mundo), Yuri Vardanyan, Sultan Rakhmanov, y Anatoli Pisarenko; los búlgaros Yanko Rusev, y Naum Shalamanov, este último nacionalizado turco por tal motivo su nombre cambió a Naim Süleymanoğlu.

La historia de Naim Süleymanoğlu (nacido en la ciudad búlgara de Pitchar, el 23 de enero de 1967) es tan maravillosa como sus 3 medallas de oro olímpicas (Seúl’ 1988, Barcelona’ 1992, y Atlanta’ 1996), y sus 7 títulos del mundo.

Conocido como “El Hércules de Bolsillo”, porque apenas medía 1,47 metros de estatura, en el Campeonato del Mundo celebrado en Södertälje, Suecia, en 1985, con apenas 18 años se convirtió en el pesista más bisoño de la historia en colocarse en la cima de la división de los 60 kilogramos a nivel del orbe. Al año siguiente en Sofía, capital de su nación natal, repitió la hazaña implantando marcas del orbe en arranque (147.5 kilogramos) y biatlón (335 kilogramos).

Fue precisamente en 1986, y en desacuerdo con la política establecida por el gobierno socialista búlgaro, que decide radicarse en Turquía. Dejó de ser Naum Shalamanov para convertirse en Naim Süleymanoğlu.

Seúl, urbe principal sudcoreana, fue merecedora de organizar los Juegos Olímpicos de 1988, y en esa competición, “El Hércules de Bolsillo” no solo obtuvo su primer título en ese tipo de eventos, sino que con un biatlón de 342.5 kilogramos, que significó récord del mundo en su momento, aventajó al búlgaro Stefan Topurov, medallista de plata, por más de 30 kilogramos. Pero como si no bastara, Naim Süleymanoğlu, representante turco de los 60 kilogramos, levantó más peso que el campeón de la división inmediata superior (el alemán Joachim Kunz consiguió 340 kilogramos). Es un tanto difícil de creer, pero así sucedió; y es penoso, al menos para mí, que cuando se hace referencia a los Juegos Olímpicos de Seúl se obvie la proeza de quien con valentía supo enfrentar la hostilidad socialista del gobierno búlgaro en la controvertida década de los años 80’s.

Naim Süleymanoğlu falleció el 18 de noviembre de 2017, a los 50 años de edad, en la ciudad de Estambul. En el año 2009 le fue diagnosticada cirrosis hepática, padecimiento que, finalmente, provocó su deceso a pesar de haber sido sometido a una cirugía de trasplante de hígado.

“Era un deportista de otra galaxia. Iniciaba las competencias con pesos que sabía que los rivales jamás iban a alcanzar. Fue muy dolorosa su muerte a una edad tan temprana. Se le va a recordar por siempre. Acá en Turquía fue ídolo, es un ídolo, y será un ídolo. Pasó de la palanqueta a la eternidad”, aseguró emocionado un simpatizante tras el sepelio.

Por su vasta carrera deportiva Naim Süleymanoğlu, en el año 2004, con justeza, fue exaltado al Salón Internacional de la Halterofilia.

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Pie forzado: El infeliz seguroso

trompetistaHagámonos la idea de que la censura en Cuba desaparece como por arte de magia, y en los medios de comunicación comienzan a plantearse temas que eran verdaderos tabúes, o, sencillamente, de manera tremebunda eran vetados por razones ideológicas.

Imaginemos que, dado lo anterior, en la emisión dominical de “Palmas y Cañas” en el momento de la tan gustada controversia campesina (inolvidables los “encontronazos” en décima que protagonizaban Justo Vega y Adolfo Alfonso) un televidente escribe, obstinado de la actitud de aquellas y aquellos que se han adjudicado el derecho informar a los cuerpos represivos de las actitudes supuestamente no acordes al régimen imperante desde hace casi 6 décadas, por lo que solicita un pie forzado: El infeliz seguroso.

Hecha la abstracción comienza el encuentro poético.

Dicen que es un informante

Que nada tiene que hacer

Y arruina hasta su mujer

Echa a la gente pá’lante

Repudiable, de mal talante

Un ser humano oneroso

De hecho un gran chismoso

Que en el fondo lástima da

Pero mucho molesta ya

El infeliz seguroso

Se la pasa predicando

Según como sople el viento

Y sin poseer algún talento

No quien les pare escalando

El barrio se está cansando

Que alguien poco jocoso

Les enturbie el disfrute, el gozo

De aspirar a una vida sana

Porque harta desde horas tempranas

El infeliz seguroso

 

Cada gota de energía

La malgasta como vive

Y en las ofensas que escribe

Demuestra una pobre ortografía

No se percata que su día a día

Con pensamiento mohoso

Alejado de lo “culturoso”

Al analfabetismo llega

Plasma “abla” y “olle” sin “I” griega

El infeliz seguroso

Ejemplo de doble moral

Porque con discurso simplón

Defiende a la revolución

Que acaba de abandonar

Dice que está a reventar

Dice que está belicoso

Que se enfurece como un oso

Que no provoquen su decir

Pero en el fondo es hazmerreír

El infeliz seguroso

Por eso nadie lo respeta

Por eso le dicen chivatón

Cobarde, sumiso, mal aguilón

Cara dura y trompeta

Ya concluyo esta gambeta

Con sentido muy jocoso

Y esquivando lo tedioso

Se cumplieron todos los fines

De Aldo Luberta Martínez

Para el infeliz seguroso