Hola, Miguel, soy Liborio…

liborio1Supongo que me conozcas a pesar de que mi padre, Ricardo de la Torriente, me dio vida allá por el 1904. Hace muchos años que existo. Nací hace más de un siglo por la necesidad de mi progenitor de satirizar la situación cubana de comienzos del siglo XX. Represento al pueblo y, sobre todo, a las necesidades del pueblo.

Mi semblante quizás no transmite optimismo, sino por el contrario soy la representación, antropomórficamente hablando, de la desesperanza, la tristeza, el desamparo… Mi rostro solo comunica desolación, pero, independiente a todo, le agradezco a mi papá Ricardo que me haya dado vida para, como ya te dije, representar al pueblo y alzar mi voz protestando contra los desmanes de los gobiernos de turno.

¡Esa fue mi función, Miguel, y por eso he trascendido a la historia de nuestro país como un icono del humor político gráfico!

Mi viejo, falleció en 1934, y parte de su legado, o su más preciado legado soy yo, afortunadamente. En todos estos años he echado de menos a papá Ricardo. Sufrí, sufro, su pérdida, irreparable, porque el dolor de la partida un ser querido es, irremediablemente, intenso y eterno. Lloro al recordarle pero la nostalgia se trastoca en orgullo cuando rememoro sus luchas por mantenerme vivo a pesar de las oleadas de censura.

A Papá Ricardo le quisieron cercenar la creatividad, la libertad de expresión, pero siempre logró imponerse. Pensamientos obsoletos y paleolíticamente enquistados en argumentos paupérrimamente creados intentaron poner freno a su más preciada intención y, por eso, siempre estuve yo al lado del pueblo, representando al pueblo, denunciando las necesidades del pueblo. De hecho, y me enorgullece, muy a menudo escucho expresiones como: “¿Quién sufre? Liborio”, “¿Esto quién lo paga? Liborio”, “¿Otra medida en contra de Liborio?”

Así estoy yo, Miguel, así sigo yo. Más de una centuria la transcurrido y sigo siendoliborio2 Liborio. El hijo de Ricardo de la Torriente. El que venció a la censura. Uno de los eternos símbolos del humor político gráfico en la historia de la isla. El que aprendió que el humorismo, al igual que toda expresión artística, no puede sufrir imposiciones.

Estoy con los humoristas cubanos de hoy. No puede ser de otra manera porque de lo contrario estaría traicionando la memoria de mi padre. Estoy con ellos porque, ellos, tienen también mucho de mí. Insisto, represento al pueblo cubano, como también lo representan toda esa pléyade de humoristas que se empeñan en arrancar una sonrisa al público que con delirante ovación agradecen una pizca de alegría entre tanto chaparrón de penurias.

Miguel, no olvides un detalle: la risa queda y se agradece, los directivos pasan y se olvida. La risa es eterna como los buenos recuerdos por eso, en nombre mío y de mi papá Ricardo, deja que los humoristas, con respeto y buen gusto, continúen perpetuándose en la memoria de cada compatriota. Los discursos se diluyen y desaparecen, sin embargo te puedo citar que no pocas frases que el humor cubano ha eternizado en la estructura mental del cubano. ¿Te cito una? ¿Al menos una? No olvides, Miguel, que los humoristas cubanos son una clase de gente… ¡Qué gente, caballero, pero qué gente!

Saludos

Liborio, el hijo de Ricardo de la Torriente, el eterno representante del pueblo cubano

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