“Saborear lo que es un buen café”

cafe– Fíjate lo que te voy a decir- me dijo mi esposa, entre autoritaria y sarcástica- estamos en cuarentena, ¿verdad? Entonces, como vamos a estar en casa te voy a dar la oportunidad de que nos brindes algo que salga de tus manos.

– De acuerdo- contesté apocado.

– Como tú no tienes criadas, ni mamá ni yo vamos a cocinar. ¿me escuchaste?

Dirigí la mirada hacia los miembros de mi núcleo familiar buscando compasión, pero no lo logré. Mis suegros dieron media vuelta y se marcharon a la sala.

– ¿Qué esperas?- preguntó mí cónyuge.

– Ahora mismo empiezo.

Fui a la alacena y comprobé que había suficientes reservas como para 2 semanas. “Estoy salvado”, pensé.

El primer día de cuarentena, mi familia supo saborear lo que es un buen café.

El segundo día, igual.

Lo mismo sucedió en el tercero, en el cuarto, en el quinto, en el sexto…

Al décimo día de la cuarentena estábamos todos internados en un centro asistencial, expuestos a contagiarnos con el COVID-19 u otra infección hospitalaria.

– ¡Qué extraño todo!- murmuró un médico mientras analizaba los historiales médicos de nosotros 4- es raro que toda una familia, al mismo tiempo, padezca de gastritis aguda.

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