“Teófilo Stevenson vs Las abuelas de Luberta”

abuelasA pesar de que mi estancia en la Escuela Interarmas de las FAR “Antonio Maceo” fue relativamente efímera, apenas un año y 4 meses (13 de agosto de 1987-2 de diciembre de 1988) acumulé no pocas anécdotas que se mantienen vigentes en mi memoria, y en la de mis compañeros, independientemente de que han transcurrido más de 3 décadas de mi salida, nada victoriosa, de ese centro de enseñanza militar.

Anoche rememoré una, quizás de las más sui géneris, leyendo un artículo sobre el ex boxeador cubano Teófilo Stevenson (Las Tunas, 29 de marzo de 1952-La Habana, 12 de junio de 2012), 3 veces campeón olímpico (Múnich’ 1972, Montreal’ 1976 y Moscú’ 1980) y 3 veces campeón mundial (La Habana’ 1974, Belgrado’ 1978 y Reno’ 1986).

Me ocurrió en el segundo semestre de mi primer año de cadete, estudiaba Ingeniería Mecánica en Tanque y Transporte, por lo que calculo que lo que les voy a contar sucedió entre los meses de abril y mayo de 1988.

En una clase se Historia la profesora, de la que no recuerdo el nombre solo que le decíamos Giovanna Cavalcanti por uno de los personajes de la novela brasileña de turno, trajo a colación una supuesta disputa que el lugarteniente general Antonio Maceo, nombre que honra ese centro de enseñanza militar, tuvo con José Martí, el cubano más universal que recoge la historia.

Se afirma que la reyerta llegó al extremo de un intercambio de golpes. Yo mantengo, con mis razones, que la situación de marras nunca pudo ocurrir por una sencilla razón: Historiadores describen a Maceo como un hombre muy alto y fuerte, contrario a lo que han escrito sobre Martí, que era bajito y enteco de complexión.

Pero no todo sucedió tan ecuánimemente. Les cuento.

– Profesora, yo no creo que eso haya sucedido.

La docente se sonríe aprobando.

– Pienso lo mismo, cadete Luberta, pero explíquese.

– Es que estoy convencido que si Maceo le hubiese pegado a Martí, Martí no muere en 2 Ríos porque Maceo lo hubiera matado ahí mismo.

Mis compañeros explotaron en risa, al tiempo que Giovanna Cavalcanti se ponía colorada de la ira.

teófilo– Para que me entienda mejor – acoté intentando, infelizmente, paliar el caos que se me aproximaba –. Es como si Teófilo Stevenson se pusiera los guantes para boxear con mis abuelas.

¿Conocen el refrán que afirma que fue peor el remedio de la enfermedad? Pues fue peor el remedio que la enfermedad.

– Cadete – dijo molesta –. ¿Usted está comparando al Héroe Nacional de Cuba con 2 señoras? – y agregó cuasi en un grito – ¡Deme su tarjeta de reporte!

Los jueves eran los días asignados para realizar la corte militar. Se analizaban los méritos y deméritos, y, si el balance de méritos y deméritos, era superior a 6 puntos adiós al pase del fin de semana.

– Usted le faltó el respeto a José Martí según estoy viendo – comentó en voz alta el teniente coronel Francisco Gómez Escolarte, ingeniero mecánico de profesión.

Se escucharon risitas contenidas de mis compañeros presentes.

– Pero veo que usted, hace 2 meses, fue reportado por faltarle al respeto a Antonio Maceo, amonestación que finalmente quedó como falta de respeto a su centro de enseñanza militar.

Más risitas contenidas. Mis compañeros se estaban divirtiendo con mis multas de estudiante, no tipificadas en el reglamento militar.

– Parece que usted, cadete Luberta Martínez, va por el mundo burlándose de los próceres – comentó serio Gómez Escolarte –. ¿Me puede explicar qué sucedió?

Y le conté. Y mis compañeros se rieron a carcajadas. Como también lo hizo el oficial que me increpaba.

– Absuelto – dijo sonriente –. Hay que tener sentido del humor – concluyó.

Gómez Escolarte me salvó, literalmente hablando, de otros fines de semana encerrado en la Interarmas, como me sucedió cuando el blanco de la broma fue Antonio Maceo. De lo que no me salvé fue de la burla de mis compañeros, de mis inolvidables e inseparables Carlos Plaza, Emilio Richard, Orestes Izquierdo… Cada vez que tenían una oportunidad gritaban a viva voce:

– ¡Va a empezar el combate de boxeo! ¡En la esquina azul de Cuba, Teófilo Stevenson! ¡En la esquina roja, las abuelas de Luberta!

2 comentarios sobre ““Teófilo Stevenson vs Las abuelas de Luberta”

  1. Jajaja mi querido amigo q gusto caminar por una pintoresca retorica simple q ilustra la actitud ortopédica de muchos docentes de esos años, yo también pertenezco a ese grupo q en broma nos identificamos como rebeldes sin causas. Un abrazo amigazo seguí escribiendo estamos detras de los pasos

  2. Aldo, tú tienes tantas anécdotas que darían para escribir un libro. ¿Recuerdas cuando yo estaba ingresada en Maternidad de Marianao por el embarazo de riesgo de tu hermano? Le pusiste el sombrero de guano que llevabas puesto al busto de Martí. Y así por el estilo unas cuantas.

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