“El ‘Gallego’ Huerta y sus espaguetis con frijoles negros”

Andrés HuertaEs parte de la familia adoptada. Cierro los ojos y me parece tener frente a mí a Andrés Huerta Lorenzo, “El Gallego”, con su profuso bigote, buen carácter, excelente sentido del humor, vasta cultura y una inteligencia que le permitía analizar cualquier tópico de conversación.

“Me gustan los temas políticos”, solía comentar sonriente, no obstante, y me consta, lo vi, en infinidades de ocasiones, argumentar motivos ajenos a lo que consideraba su afición.

Recuerdo su partida los Estados Unidos, su visita a Cuba en enero de 1996 y la triste noticia de su fallecimiento en el año 2001. La congoja de mis padres, la nuestra, la de sus hijos, es tan inolvidable como su sepelio en la necrópolis de Colón de Ciudad de la Habana. A partir de ese momento “El gallego”, como era conocido, comenzó a ser parte de nuestras tertulias como tema recurrente.

Mil y una anécdotas protagonizó en su relativa corta existencia. Algunas más simpáticas que otras pero que dan muestra, incluso a los que no lo conocieron, de lo inverosímil de sus ocurrencias.

Hoy, 5 de junio de 2020, vino a mi memoria una de la que fui parte. Resulta que Andrés, cierto día, llegó a mi casa, como tantas veces. Si mal no recuerdo fue un sábado pasado el mediodía, o sea, horario de almuerzo. Mi madre, como tantas veces, le invitó a la mesa. Caridad, y todos en la familia, sabían de su buen paladar y, sobre todo, que “El gaito” aceptaba gustoso ser convidado a comer.

Vivía solo y “me fastidia cocinarme”, eran sus respuestas a los consejos de “tienes que alimentarte, mi hermano”.

Ese día llegó. Como era lógico se escuchó en la voz de mi vieja “Andrés, ven. Almuerza con Berty (Mi padre) y Aldito”. “Gracias, Cary, me siento a la mesa, pero no tengo hambre. Ya almorcé en casa”.

Su réplica nos sorprendió. Nos miramos atónitos. Mi vieja, mi padre y yo no podíamos creer que “El gallego” rechazara una invitación de ese tipo. Papá le suplicó en voz alta y él mantuvo su posición. “No, Berty, no es pena. Ya almorcé. Hoy me hice una cazuela de espaguetis y otra de frijoles negros. No sabes el banquete que me di”.

¿Espaguetis con frijoles negros? Nos pareció tan sui géneris la mezcla de alimentos que explotamos en risa. “¿De qué se ríen ustedes? Es riquísimo”, decía una y otra vez Huerta, mientras describía cómo había disfrutado de la liga de platos tan disímiles.

La anécdota quedó grabada, obviamente, y cuando hacíamos mención de una situación parecida siempre saltaba la pregunta: ¿Te acuerdas de los espaguetis con frijoles del “Gallego”?

Hoy Andrés estuvo más presente aún y les comento los motivos.

Almuerzo antes de venir a canal GEN, televisora donde desempeño funciones. Me estaba vistiendo cuando escucho la voz de mi suegra: “Aldo, apúrate que Hurrem está dando vueltas. Tu comida ya está en la mesa”.

Presto me acerco y cuál no sería mi sorpresa al ver un plato con coditos, embadurnados de salta de tomate y queso, y otro, más pequeño, rebosante de frijoles colorados.

Me sonreí y le envié un cálido a Andrés Huerta Lorenzo, al “Gallego”, al “Gaito”, a ese tío adoptivo que entre risas me dijo un día que los espaguetis y los frijoles, perfectamente, se pueden combinar.

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