“Juan Castro, homenaje póstumo al más elegante”

jcastroLos que me conocen de niño saben que, aunque infructuosamente, puse todo mi empeño en ser jugador de béisbol. En mis inicios incursioné alternando la receptoría y la primera base; empero, y por una antiquísima lesión en mi hombro derecho, últimos años de mi fugaz e intrascendente carrera en el deporte de las bolas y los strikes me vi envuelto en los misterios monticulares.

Mi relación con la posición de cátcher fue como un amor a primera vista. Impulsado, tal vez por las historias de padre, otro malogrado receptor, me enamoré de esa responsabilidad en el partido de béisbol donde el jugador, ataviado con estrafalaria indumentaria, es capaz de conducir al lanzador pro la victoria.

Además de las historias de viejo, tuve 3 paradigmas: Tadanori Murakami, Pedro Medina Ayón y Juan Castro García. Del primero, que visitó Cuba con equipos japoneses, me llamó la atención sus movimientos detrás del home; de Medina, que, como si no bastara, defendía los colores de mis amados Industriales de la capital, admiré sin límites su bateo de largo alcance y su ecuanimidad en el terreno de juego; de Juanito Castro, indudablemente, quería imitar su elegancia, su seguridad a la defensiva.

Daba gusto verlo jugar. Maravillaba la manera de conducir a los lanzadores; y, sin dudas, su presencia en el campo de juego aumentaba las oportunidades de victoria.

Nunca vi que lo expulsaran de un terreno. Creo, y me atrevo a asegurarlo, que cuando más exaltado lo vi fue en la famosa jugada en home en home, el 19 de enero de 1986, en la disputa de la corona nacional, 1985-1986, que protagonizaron los equipos de Industriales (Ciudad de la Habana) y Vegueros (Pinar del Río). Unas fuertes palabras, tras una jugada en home con Lázaro Vargas, provocaron que se detuviera el juego de pelota y la intervención de los árbitros actuantes y de los jugadores de ambas selecciones.

Afortunadamente no trascendió la situación. Por años los implicados, entre sonrisas, minimizaron el hecho. “Juanito es mi hermano”, repite Vargas; “nada. Fue en el calor del juego. Después nos dimos un abrazo”, acotaba el más elegante de los receptores.

De su participación en eventos internacionales tengo grabados 2 de sus más oportunos jonrones: Disputando el título ante Estados Unidos, en los Juegos Panamericanos de Caracas, 1983; y ante Puerto Rico, en el Campeonato Mundial celebrado en Ciudad de la Habana, Cuba, en 1984.

La noticia me la dio “Kitin” Rodríguez Girado, otrora comentarista deportivo de la hermana provincia Pinar del Río. Hoy, 14 de junio, a los 66 años, falleció Juan Castro. Desconocía de su grave estado. Según supe, hacía un par de años que el legendario número 13 de los equipos de la más occidental de las provincias cubanas, luchaba contra el cáncer.

Hoy dejó de existir el más elegante de los receptores. El más seguro de los catchers que ojos humano han podido ver, parafraseando al almirante.}

Hoy la vida conectó un foul tan complicado que Juanito no pudo alcanzar. No obstante, a pesar de lo difícil del trance recibió su última ovación.

Así se despiden los grandes. Así se les dice adiós a los grandes.

Hasta siempre, Juanito. Tu gente, la del terruño, la de Cuba, te agradecemos, sinceramente. No existen palabras de consuelo para tanto dolor.

Esto es muy duro, hermano, ¿nos dejas llorar aunque sea un tantito?

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